Hasta el sol tiene manchas. Su corazón
no las tiene. Me ofrece usted a diario este
espectáculo: su sorpresa de saber que el
mal existe.
Acaba usted de escribir Los trágicos, un libro
que está por encima de la sintaxis. Cita en él a guisa
de epígrafe cuatro versos míos. Le ofrezco estas notas a cambio,
porque posee usted al natural esa ligereza profunda que imita
un poco al opio.
OPIO
Diario de una desintoxicación
Jean Cocteau
La sonrisa fantasma de una familia
Juan Mattio lee Estación Saturno (Entropía), el nuevo libro de Fernanda García Lao. Eterna Cadencia Por Juan Mattio. Se dice, en e...
-
“Digo lo que tengo que decir, sin literatura”, escribe Clarice Lispector en “La relación de la cosa”, un cuento bello y muy extraño destinad...
-
La realidad demanda improvisar, hay que moverse. Yo, que nada sé, celebro el evento con alegría, por imprevisto. Me veo sonreír, con una val...
-
Una piedra dos casas tres ruinas cuatro sepultureros un jardín flores un mapache una docena de ostras un limón un pan un rayo de s...