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viernes, noviembre 23, 2012
La perfecta otra cosa
Matricule des Anges
Por Eric Bonnargent
Entrevista con Fernanda García Lao (traducida por Mélanie Gros-Balthazard)
1. Tal como en Muerta de hambre, la descomposición familiar es el eje central de La Perfecta otra cosa. Los niños aparecen como las víctimas de la violencia física o psicológica que, en vez del amor, unen a sus padres. ¿ Por qué este tema se vuelve tan presente en su obra ?
Creo que hay un cruce de cuestiones en La perfecta otra cosa. No sé si hay un eje central. En todo caso, es el vacío el que organiza el relato, cierto deseo de trascendencia personal que no llega. Pero sí es verdad que el marco que elijo es el de la familia. Yo nací en los sesenta, es decir, en coincidencia con la descomposición de ese núcleo hasta entonces sagrado. La contradicción se instaló en el seno de lo íntimo, los vínculos primeros estaban en crisis. Quizás, ahora haya nuevos modos de entender la familia, con roles intercambiables menos estereotipados que en aquel momento. Pero presenciamos a menudo debacles propias o ajenas con origen en la infancia. Y cuando observamos con frialdad a la mayoría de las familias, encontramos reproducidos los grandes conflictos sociales en escala : la hipocresía y el abuso de poder suelen practicarse primero en casa. Yo no soy épica, más bien me interesan las batallas domésticas. El odio en miniatura. Ahí, encuentro una usina de conflictos de enorme belleza para construir ficción.
2. Inmundo con las mujeres, Adolfo es un personaje que compara su pene a Dios e invierte los papeles afirmando que es víctima de ellas (« Sí, las mujeres me utilizan y las dejo hacer ».)
¿Por qué presentar tan a menudo a sus personajes masculinos como seres bribones y lúbricos ?
En Adolfo, hay una voluntad de parodia. Tomé el modelo de Don Juan, uno muy patético y pueblerino, y lo puse frente a su propia debacle: fue un ejercicio de puro disfrute. Ese tipo de macho aún susbsiste en algunos climas templados. Por otro lado, el perverso siempre supone que la víctima es la responsable. No hay asesino que no justifique su crimen, nunca es uno el que tiene la culpa. Siempre es el otro.
3. Se ve que las mujeres, por su parte, sufren su cuerpo, aguantando la imagen social que refleja sobre todo, sin que puedan deshacerse de ésta. Eva sueña con la perfección física y, al igual que María Bernabé, Rosalin lucha en vano contra su obesidad. Incluso Jessica, mujer rebelde, no consigue realizarse como mujer y vivir su feminidad de manera serena. ¿Será tan difícil ser una mujer feliz ?
Es dificil ser feliz. No importa el género. En el caso de la mujer, a pesar de cierta liberación, más bien de índole sexual y laboral, continuamos bastante esclavizadas por la forma. Hay un temor atroz al paso del tiempo, compartido por hombres y mujeres, que ha convertido a la sociedad en una especie de galería de monstruos : viejos disfrazados de niños, gordos a dieta, niñas vomitando. El cuerpo se ha transformado en un objeto de consumo, es decir, un bien descartable. Madurar carecería de valor. Las superficies se han impuesto. Todo se ve desde afuera, como en un supermercado de carne, en el que no importa más que lo visible. Un buen envoltorio en el que se oculta la nada. No hay tiempo para profundizar, nadie quiere sufrir y por eso, la idiotez es moneda corriente.
4. Cretando afirma que, para un hombre, « haber nacido significa tener ganas de estropear las cosas. » Resulta ser el único personaje que tiene cierta lucidez en lo humano, de manera general, y en lo masculino más precisamente. ¿Por qué haber hecho de él un personaje homosexual ?
Nació homosexual, yo no lo hice. No suelo manipular a mis personajes, los dejo ser. Su voz me fue contando quién era. En este libro, más que en ningún otro, utilicé el método automático surrealista. Casi no tiene corrección. Logré cierto estado, pude correrme y renegar de la función maniquea del narrador omnisciente. Ese oscuro placer me lo he reservado para otros libros.
5. Tanto en Muerta de hambre como en La perfecta otra cosa, usted impide que el lector tenga una visión objetiva de sus personajes. La perfecta otra cosa se compone de siete capitulos, cada uno representando un punto de vista subjectivo sobre el drama contado. ¿ Usted diría como Jacques Lacan que lo real no existe, independientemente de cómo se percibe o cómo se concibe ?
Efectivamente, la visión objetiva es imposible. Somos víctimas de las versiones: no hay dos testigos que vean el mismo accidente. Esa libertad para interpretar los hechos, es fundamental para hacer literatura. Las generalidades no me interesan. Además, en ambos libros, hay una tentativa de oralidad sin intermediario. Me interesaba trabajar la primera persona como una caja de resonancia, donde la insatisfacción o el deseo no tuvieran filtro. Hay una voluntad confesional, como de último momento. El personaje se abre antes de desaparecer. La verdad frente al abismo.
6. Alude varias veces a la corrupción política. ¿ La Argentina de hoy no es una democracia como las otras ? ¿ Sigue siendo prisionera de sus viejos demonios ?
La corrupción politica es un vicio implícito al juego de poderes. No creo en las democracias prístinas. Y no hablo de Argentina, o Latinoamerica. Los partidos políticos son muy poco democráticos en cualquier parte del mundo. Sus financiaciones, oscuras. Los objetivos, tibios. La libertad no existe : Se siguen los intereses de la cúpula de turno.
7. Después de su terrible derrota, Adolfo se hace evangelista y Tancredo, el sacerdote, considera que Dios es su empleado. ¿ Por qué usted se mete con la religión de manera tan violenta ?
A estas alturas de la entrevista, podemos sacar la conclusión de que disparo contra todos los órganos fundamentales de la organización social: familia, estado, religión. (risas). La religión católica está basada en la crueldad y el espionaje. Castiga al diferente, condena el pensamiento individual. Hablo de la Institución, no de la figura de Cristo, un personaje de una desolación magnífica. Ninguna religión que mate en nombre de Dios merece mi respeto. Así que pienso que he sido fiel a lo que inspira: Violencia. ¡Ahí tiene pura objetividad!
8. ¿ Podría dar una pista a los lectores para ayudarlos a entender lo que es esta misteriosa « perfecta otra cosa »... ?
Por supuesto que no.
La Parfaite autre chose. Éditions de la Dernière Goutte. Traduit de l’espagnol (argentin) par Isabelle Gugnon. 15 €
La Faim de María Bernabé. Éditions de la Dernière Goutte. Traduit de l’espagnol (Argentine) par Isabelle Gugnon. Éditions de la Dernière Goutte. 18 €
jueves, junio 07, 2012
Vértigo doméstico, por Eric Bonnargent

"Con cruel ironía Fernanda García Lao, prometedora novelista argentina, explora la esfera familiar devorada por los demonios y un deseo de absoluto".
Hermosa reseña + entrevista para Le Matricule des Anges, prestigiosa revista francesa de literatura, que realizó Eric Bonnargent por La parfaite autre chose. La segunda novela que me publica en Francia Editions La Dernière Goutte.
¡FELICIDAD!
Aquí, la tapa del número de junio

Para ver el sumario de la revista en su página web, click en el título.
La nota, sólo en papel.
domingo, noviembre 18, 2007
¿Qué cosa?

Página12
RADAR LIBROS
18 de Noviembre de 2007
garcia lao
Siete personajes y un deseo inasible conforman el dosificado humor de un relato hecho de versiones.
Por Jorge Pinedo
La perfecta otra cosa
Fernanda García Lao
El cuenco de plata
125 páginas
Siete personajes tan dudosa como biológicamente emparentados relatan en otros tantos capítulos sus vicisitudes en torno de y en pos de ese objeto buñuelescamente oscuro o brillantemente fálico que tanto enciende como apaga su deseo. Cuasi palabra si las hay, cosa designa un ente inclasificable que requiere de una trama a fin de hacerse concepto, categoría. Y esto es lo que formula Fernanda García Lao en su novela La perfecta otra cosa al desarrollar un artefacto narrativo que arremete con un bagaje de lenguaje, no por conciso menos generoso. Resultado de ello es un relato que funciona a la manera de las versiones de un mismo mito, cuyo origen (como la infancia o el paraíso) se encuentra irremediablemente perdido por definición.
Escritura dotada de una poética multidimensional, parece reírse de ese oxímoron conocido como castellano neutro, logrando un fraseo extranjero en todas partes: “A miles de pasos de nuestra casa, exótica y sin zapatos, estás mirándonos. Yo no te veo, pero adivino tu desnuda suerte. Nos vigilas. A veces te escucho y creo que estornudas. Eres la única cosa libre que se pasea por la tierra”.
Sin repetirse, las distintas voces que asume el relato se suman y restan hasta adquirir una dinámica paralela al folletín, capaz de evocar –en la otredad del título, en su propia dimensión– algunas obras de Copi. Cosa perfecta, contrapuesta a hombres y mujeres de una imperfección descarnada, desopilante. Con un escepticismo no menos visceral que sistemático, el texto se desenvuelve en su ambigüedad, sin dar respiro ni escamotear sus claves: “Escribo desde mi silla gastada en el molino. Vivo aquí desde hace años. Fui un hombre de la iglesia, supongo que aún lo soy, pero no siento nada. No creo en dios porque él tampoco cree en mí. Soy un hombre sin destino”. Frases de no más de quince palabras, párrafos nunca mayores a diez líneas ofertan pasión por las imágenes más que mezquindad minimalista. Como para jamás darle escapatoria a la inteligencia del lector, García Lao abre la novela con sendos esquemas que dan cuenta de los protagonistas de cada capítulo, sus ejes de conducta, los partícipes secundarios y hasta un árbol genealógico. Suerte de manual para desprevenidos y colgados, la exposición de tal estructura, sin resultar indispensable, colabora al momento de urdir la trama al tiempo que torna las voces en un orden aleatorio, intercambiable. De tal modo se accede a los relatos en forma unitaria y a la vez se obtiene un panorama del conjunto, donde lo sórdido se desliza hacia lo cínico por el sendero de la risa.
Con la fortuna de haber superado la atmósfera de diario íntimo de su novela anterior (Muerta de hambre, 2005), García Lao conserva y despliega aquel humor sin perder hondura mediante el artilugio literario por excelencia: el deslizamiento de los sentidos.
Escritura dotada de una poética multidimensional, parece reírse de ese oxímoron conocido como castellano neutro, logrando un fraseo extranjero en todas partes: “A miles de pasos de nuestra casa, exótica y sin zapatos, estás mirándonos. Yo no te veo, pero adivino tu desnuda suerte. Nos vigilas. A veces te escucho y creo que estornudas. Eres la única cosa libre que se pasea por la tierra”.
Sin repetirse, las distintas voces que asume el relato se suman y restan hasta adquirir una dinámica paralela al folletín, capaz de evocar –en la otredad del título, en su propia dimensión– algunas obras de Copi. Cosa perfecta, contrapuesta a hombres y mujeres de una imperfección descarnada, desopilante. Con un escepticismo no menos visceral que sistemático, el texto se desenvuelve en su ambigüedad, sin dar respiro ni escamotear sus claves: “Escribo desde mi silla gastada en el molino. Vivo aquí desde hace años. Fui un hombre de la iglesia, supongo que aún lo soy, pero no siento nada. No creo en dios porque él tampoco cree en mí. Soy un hombre sin destino”. Frases de no más de quince palabras, párrafos nunca mayores a diez líneas ofertan pasión por las imágenes más que mezquindad minimalista. Como para jamás darle escapatoria a la inteligencia del lector, García Lao abre la novela con sendos esquemas que dan cuenta de los protagonistas de cada capítulo, sus ejes de conducta, los partícipes secundarios y hasta un árbol genealógico. Suerte de manual para desprevenidos y colgados, la exposición de tal estructura, sin resultar indispensable, colabora al momento de urdir la trama al tiempo que torna las voces en un orden aleatorio, intercambiable. De tal modo se accede a los relatos en forma unitaria y a la vez se obtiene un panorama del conjunto, donde lo sórdido se desliza hacia lo cínico por el sendero de la risa.
Con la fortuna de haber superado la atmósfera de diario íntimo de su novela anterior (Muerta de hambre, 2005), García Lao conserva y despliega aquel humor sin perder hondura mediante el artilugio literario por excelencia: el deslizamiento de los sentidos.
miércoles, noviembre 07, 2007
opción libros 07

La perfecta otra cosa
Reseña: Historia múltiple, delirante y profunda, La perfecta otra cosa signa su itinerario desde el acápite mismo de Georges Perec que cifra la novela: “…a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo”. El discurso cotidiano, familiar, construye al tiempo que discurre en la voz de los protagonistas esa fractura de las voces individuales componiendo una estructura completa. Centrada en la anomalía de esta institución, ironiza y desarma las piezas para que, la cerrar esta nouvelle, el lector recomponga la historia íntegra. Con un humor despiadado que va desde lo bufonesco hasta lo dramático, García Lao elude el desborde apelando al tono coloquial que emplean sus criaturas, capaces de lo profundo y lo siniestro con la absolta impunidad de lo cotidiano: “La libertad me da ganas de llorar”; “Mi hermana también era sucia”; “No soporto la idea de compartir el aire con hombres y mujeres lujuria”; “…aquel ser superior era un cerdo…”. Este fraseo, reconocible, despojado de urbanidad, tan ingenuo como brutal, marca una estética propia que la autora ya mostrara con absoluta solvencia en “Muerta de hambre”.
sábado, septiembre 15, 2007
ADN Cultura

La Nación
15/9/2007
Tema
Esta "narración polifónica" sobre una familia disparatada se compone de siete voces: el padre, la madre, sus dos hijos mellizos, una tía y otros dos parientes. Cada uno cuenta su historia personal en la que se acumulan veloces episodios situados en las antípodas de un argumento convencional, regidos por el absurdo y un agresivo erotismo. Los relatos pueden leerse de manera independiente o como capítulos de una nouvelle.
Esta "narración polifónica" sobre una familia disparatada se compone de siete voces: el padre, la madre, sus dos hijos mellizos, una tía y otros dos parientes. Cada uno cuenta su historia personal en la que se acumulan veloces episodios situados en las antípodas de un argumento convencional, regidos por el absurdo y un agresivo erotismo. Los relatos pueden leerse de manera independiente o como capítulos de una nouvelle.
Opinión
Hay un manejo original del lenguaje que sobresale por su vigor poético, con imágenes sorprendentes y giros insólitos. La carga nihilista se expande carente de signos de epifanía y el caudal surrealista, sin perder encanto ni lucidez, dispersa la dirección narrativa en la mayoría de las historias. Podría reclamarse una brújula que oriente el vértigo imaginativo de la autora, sin traicionar su visión literaria.
Hay un manejo original del lenguaje que sobresale por su vigor poético, con imágenes sorprendentes y giros insólitos. La carga nihilista se expande carente de signos de epifanía y el caudal surrealista, sin perder encanto ni lucidez, dispersa la dirección narrativa en la mayoría de las historias. Podría reclamarse una brújula que oriente el vértigo imaginativo de la autora, sin traicionar su visión literaria.
Felipe Fernández
viernes, agosto 31, 2007
Familia para armar
Nota
La Voz del Interior
Suplemento Cultura
30-08-2007
Gustavo Pablos
La perfecta otra cosa
En la literatura argentina joven predomina el contraste entre quienes ejercen ciertas formas de la solemnidad y quienes se inclinan a otras tantas variantes del desenfado, y en ambas zonas están aquellos que –más allá de esas tensiones– además buscan desarrollar una voz propia. Esa voz quizás sea la única garantía de que las cosas puedan ir realmente bien, ya que dedicarse a la dicotomía solemnidad versus desenfado suele ser poco productivo porque va acompañada de otra no menos injustificable: lo nuevo frente a lo viejo. Tanto la ironía y el exceso de unos como el rigor y la precisión de otros tienen una extensa tradición. Por eso no basta con disparar la escritura y desorganizar la trama ("ser chistoso e informal") ni tampoco ajustarse a ceñidos mecanismos ("ser serio y disciplinado") para ilusionarse con la posibilidad de despertar –y "conectar" con– los impredecibles deseos del lector. En ambos casos, quizás sea más interesante pensar que sólo la invención de una lengua dentro de la lengua, de un estilo personal, podrá conceder un plus sin que necesariamente éste se convierta en garante de una confirmación (sea masiva o reducida). Sólo ese registro de voz –único e intransmisible– permitirá desarrollar las historias que cada uno tiene para contar. Fernanda García Lao puede ubicarse en el grupo de los desenfadados y su nouvelle presenta la elegancia de una prosa fluida, rápida, ligera pero matizada con un tono poético áspero, sórdido y levemente desesperanzado. Es el tono que esta historia necesitaba, o mejor, la historia salió porque la autora se encontró con ese tono. La perfecta otra cosa muestra un territorio alucinado y por momentos absurdo, donde cada una de las voces de los siete capítulos narra desde un tiempo inmemorial (¿estarán muertas?) la historia de una familia, o algunos de sus episodios, y lo que hicieron con sus vidas a partir de ese origen o de ese paso. Todos los protagonistas tienen una versión de los hechos, y desde su perspectiva cuentan el cuento de una microsociedad humana que con silencios, omisiones, rencores, indiferencias, infidelidades y secretos bien protegidos se convirtió en una máquina de expandir malentendidos y sus efectos. Los personajes son Adolfo, un padre de familia con una doble vida; su esposa, Rosalín, una aparente madre clásica con una sexualidad contenida; sus delirantes hijos, Eva y Adonis, que buscan calmar el desconcierto estimulado por el núcleo del que provienen y por sus extravagantes decisiones y desplazamientos. También la inquieta y voraz tía Jessica; un excéntrico abuelo, Isidro, y el disparatado o psicótico cura del pueblo, Tancredo. Un cuadro de sufrimientos y tragedias asoma a través de las confesiones irónicas, absurdas, cáusticas, pero también crueles, autoindulgentes, egoístas, de quienes vivieron entre el malestar y la desesperanza. Pero además, en los pliegues de esos relatos, se desliza un enigma que será el lector quien deberá esclarecer hacia el final. En esta vertiginosa narración cada una de las voces es la de una criatura perdida, una identidad con un singular stock de experiencias que la condena a buscar permanentemente la –quizá– perfecta otra cosa.
La Voz del Interior

Suplemento Cultura
30-08-2007
Gustavo Pablos
La perfecta otra cosa
En la literatura argentina joven predomina el contraste entre quienes ejercen ciertas formas de la solemnidad y quienes se inclinan a otras tantas variantes del desenfado, y en ambas zonas están aquellos que –más allá de esas tensiones– además buscan desarrollar una voz propia. Esa voz quizás sea la única garantía de que las cosas puedan ir realmente bien, ya que dedicarse a la dicotomía solemnidad versus desenfado suele ser poco productivo porque va acompañada de otra no menos injustificable: lo nuevo frente a lo viejo. Tanto la ironía y el exceso de unos como el rigor y la precisión de otros tienen una extensa tradición. Por eso no basta con disparar la escritura y desorganizar la trama ("ser chistoso e informal") ni tampoco ajustarse a ceñidos mecanismos ("ser serio y disciplinado") para ilusionarse con la posibilidad de despertar –y "conectar" con– los impredecibles deseos del lector. En ambos casos, quizás sea más interesante pensar que sólo la invención de una lengua dentro de la lengua, de un estilo personal, podrá conceder un plus sin que necesariamente éste se convierta en garante de una confirmación (sea masiva o reducida). Sólo ese registro de voz –único e intransmisible– permitirá desarrollar las historias que cada uno tiene para contar. Fernanda García Lao puede ubicarse en el grupo de los desenfadados y su nouvelle presenta la elegancia de una prosa fluida, rápida, ligera pero matizada con un tono poético áspero, sórdido y levemente desesperanzado. Es el tono que esta historia necesitaba, o mejor, la historia salió porque la autora se encontró con ese tono. La perfecta otra cosa muestra un territorio alucinado y por momentos absurdo, donde cada una de las voces de los siete capítulos narra desde un tiempo inmemorial (¿estarán muertas?) la historia de una familia, o algunos de sus episodios, y lo que hicieron con sus vidas a partir de ese origen o de ese paso. Todos los protagonistas tienen una versión de los hechos, y desde su perspectiva cuentan el cuento de una microsociedad humana que con silencios, omisiones, rencores, indiferencias, infidelidades y secretos bien protegidos se convirtió en una máquina de expandir malentendidos y sus efectos. Los personajes son Adolfo, un padre de familia con una doble vida; su esposa, Rosalín, una aparente madre clásica con una sexualidad contenida; sus delirantes hijos, Eva y Adonis, que buscan calmar el desconcierto estimulado por el núcleo del que provienen y por sus extravagantes decisiones y desplazamientos. También la inquieta y voraz tía Jessica; un excéntrico abuelo, Isidro, y el disparatado o psicótico cura del pueblo, Tancredo. Un cuadro de sufrimientos y tragedias asoma a través de las confesiones irónicas, absurdas, cáusticas, pero también crueles, autoindulgentes, egoístas, de quienes vivieron entre el malestar y la desesperanza. Pero además, en los pliegues de esos relatos, se desliza un enigma que será el lector quien deberá esclarecer hacia el final. En esta vertiginosa narración cada una de las voces es la de una criatura perdida, una identidad con un singular stock de experiencias que la condena a buscar permanentemente la –quizá– perfecta otra cosa.
miércoles, agosto 08, 2007
Los Inrockuptibles de agosto

"La perfecta otra cosa, segunda novela de Fernanda García Lao, va construyendo el rompecabezas coral de una suerte de fábula moral o historia de familia alucinada a partir de una serie de voces que giran alrededor de un agujero indecible que las nuclea. Con una mirada tan tierna como cruel sobre sus criaturas, las piezas se van ensamblando, pero nunca del todo, porque las palabras contradicen la lógica realista, embriagadas en su propia voluptuosidad..."
Matías Capelli.
(La nota completa "Tete a tete" entre el artista plástico Alfredo Sabat y García Lao, en la revista de este mes).
Matías Capelli.
(La nota completa "Tete a tete" entre el artista plástico Alfredo Sabat y García Lao, en la revista de este mes).
domingo, agosto 05, 2007
Todos somos chicos perdidos en el bosque

Diario El Litoral
(4-08-07)
Por Jorge Beson
Siete confesiones conforman esta novela ("narración polifónica con tendencia al onanismo", apunta la autora) en la que siete miembros de una familia van armando una red de relaciones y patizambas coordinadas que confluirán finalmente en un rompecabezas distinto para cada lector (pero, como apunta Perec: "... a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo").
No nos encontramos, de todas maneras, ante un enésimo caso de novela con estructura cansinamente juguetona, con enrolladas sagas incestuosas o con esforzadas complicaciones faulknerianas (incluso cuando una guía de personajes, filiaciones y relaciones al principio del libro parece fundar un homenaje al gran autor de "Absalom, Absalom"). Lo que salva a "La perfecta otra cosa" de éstos y tantos otros percances comunes en la rastrera -debido a su parco vuelo estilístico- literatura zafada y delirante de los últimos años en la Argentina, y lo que también la conforma como una novela atrapante y divertida, es la capacidad de García Lao (una capacidad de la que ya había dado muestras en su anterior novela, "Muerta de hambre") por hurgar hondo en las voces de los personajes y en las situaciones, más allá de lo desopilante y de cualquier exacerbamiento.>
En la mejor tradición (en la mejor y esotérica tradición, ni atisbada por cátedras y academias) del humorismo -jovialidad, vitalidad, gracejo- rioplatense, en la que cómodamente se codean Niní Marshall, Felisberto Hernández, Copi y Marosa di Giorgio, el talante de García Lao es conturbado, intrépido e inocente a la vez, unido a un estilo de asociaciones imposibles y exactas, tipo: "Todos decían que mis labios eran imponentes. A los trece años, sufrí una crisis de personalidad y ladré hasta quedar afónica", o "Maya acariciaba los verbos con mano delicada. Y las palabras se daban cuenta. Se vestían especialmente para ella y nunca decían torpezas", o "No importa si tienes los dientes torcidos, porque te veo perfecta".>
Los personajes de "La perfecta otra cosa", más o menos queribles, más o menos asquerosos, son, como todos los humanos, chicos perdidos en el bosque. Los acosan vendavales, bestias lujuriosas e inundaciones. De vez en cuando, cuando el mundo se desdibuja y de las aves sólo queda el pico volando, cuentan con la gracia de encontrar un brazo que se les tiende desde fuera de la jaula y del delirio, y sienten por primera vez que están existiendo puesto que son mirados por unos ojos llenos de brillos. Los ojos de la perfecta otra cosa que es su principio.
(4-08-07)
Por Jorge Beson
Siete confesiones conforman esta novela ("narración polifónica con tendencia al onanismo", apunta la autora) en la que siete miembros de una familia van armando una red de relaciones y patizambas coordinadas que confluirán finalmente en un rompecabezas distinto para cada lector (pero, como apunta Perec: "... a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario: cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo").
No nos encontramos, de todas maneras, ante un enésimo caso de novela con estructura cansinamente juguetona, con enrolladas sagas incestuosas o con esforzadas complicaciones faulknerianas (incluso cuando una guía de personajes, filiaciones y relaciones al principio del libro parece fundar un homenaje al gran autor de "Absalom, Absalom"). Lo que salva a "La perfecta otra cosa" de éstos y tantos otros percances comunes en la rastrera -debido a su parco vuelo estilístico- literatura zafada y delirante de los últimos años en la Argentina, y lo que también la conforma como una novela atrapante y divertida, es la capacidad de García Lao (una capacidad de la que ya había dado muestras en su anterior novela, "Muerta de hambre") por hurgar hondo en las voces de los personajes y en las situaciones, más allá de lo desopilante y de cualquier exacerbamiento.>
En la mejor tradición (en la mejor y esotérica tradición, ni atisbada por cátedras y academias) del humorismo -jovialidad, vitalidad, gracejo- rioplatense, en la que cómodamente se codean Niní Marshall, Felisberto Hernández, Copi y Marosa di Giorgio, el talante de García Lao es conturbado, intrépido e inocente a la vez, unido a un estilo de asociaciones imposibles y exactas, tipo: "Todos decían que mis labios eran imponentes. A los trece años, sufrí una crisis de personalidad y ladré hasta quedar afónica", o "Maya acariciaba los verbos con mano delicada. Y las palabras se daban cuenta. Se vestían especialmente para ella y nunca decían torpezas", o "No importa si tienes los dientes torcidos, porque te veo perfecta".>
Los personajes de "La perfecta otra cosa", más o menos queribles, más o menos asquerosos, son, como todos los humanos, chicos perdidos en el bosque. Los acosan vendavales, bestias lujuriosas e inundaciones. De vez en cuando, cuando el mundo se desdibuja y de las aves sólo queda el pico volando, cuentan con la gracia de encontrar un brazo que se les tiende desde fuera de la jaula y del delirio, y sienten por primera vez que están existiendo puesto que son mirados por unos ojos llenos de brillos. Los ojos de la perfecta otra cosa que es su principio.
Imagen: Semilla Bucciarelli
Un modelo para armar
Diario La Capital
Por Lisy Smiles
La perfecta otra cosa, de Fernanda García Lao.
El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2007, 128 páginas, $28.
La perfecta otra cosa que motiva el libro de Fernanda García Lao se asemeja en mucho a un dios o a su contracara, aunque vale aclarar que ese opuesto no necesariamente remite a un diablo. Todos los silencios escondidos, las palabras calladas, los gritos negados, la libido sublimada o los secretos mal guardados pueden ser habitantes de esa cosa.El libro puede considerarse una nouvelle. Sí, es corto, pero denso. No tiene una sola trama, menos aún un solo registro o tono. Puede ser tomado como un rompecabezas. Las piezas que lo componen tienen siempre costados punzantes, hirientes, provocadores, que sólo se disipan cuando aparece una válvula que permite un respiro, muchas veces momentáneo. Pero, ¿cuál es la historia que merece ser contada por cada uno de los puntos de vista de sus protagonistas? Ese es el misterio, quizá la trama única. “La perfecta otra cosa” tiene mucho de mística.Escrita como a borbotones, sus personajes no tienen paz. Y pareciera que tras cada monólogo, un desafiante ¿y qué? apareciera como colofón indeleble.García Lao se mete con la familia, esa tan típica, pero en donde los personajes hablan, sin filtro alguno, en primera persona. La autora ha repetido en más de un reportaje que detesta los confesionarios, sean religiosos o psicoanalíticos, pero a sus personajes los somete a una confesión que por momentos parece abusiva, y eso molesta y a la vez atrapa al lector.Un típico padre de familia (Adolfo), una carnosa madre (Rosalin), un par de mellizos al borde de lo psicótico (Eva y Adonis), una irreverente tía (Jessica) junto a un travestido abuelo (Isidro) y a un delirante pariente (Tancredo) componen este fresco donde pareciera que nadie tiene la última palabra, aunque cada uno se viste de autor.Cada personaje se adueña de un capítulo y cuenta su historia, y así refiere al resto, donde obviamente nada ni nadie es lo que parece. No es un texto coral, o en todo caso si lo es no privan ni la armonía ni la melodía clásica, más bien el relato se vuelve desafinado, y ahí encuentra su marca. Cierta oralidad y el manejo del absurdo aportan pinceladas que dan brillo a rincones, a veces, un tanto oscuros.Seguramente aquel que logre armar este rompecabezas conseguirá descubrir la perfecta otra cosa, que acecha sin piedad sobre cada integrante de esta familia tan normal y sin comillas. Esa es la propuesta, y para que no queden dudas, García Lao advierte en el principio del libro: “«La perfecta otra cosa» es una narración polifónica, con tendencia al onanismo. Cada personaje altera, completa o contradice al resto. Hay sobredosis de autoindulgencia. Lector, no sea ingenuo”.Así como el humor, el disloque o el absurdo aparecen en los momentos justos y operan como válvulas en la densidad de los textos, esa irrupción torna fragmentario cualquier atisbo de verdad. Sólo hay verosimilitud asegurada de la mano de la primera persona con la que cada personaje se narra a sí mismo.Al avanzar en los capítulos, y por ende en los personajes, recién es posible sospechar la clave de esta pequeña novela. Y al continuar, la sospecha se ahonda y hasta invita a una lectura cómplice. El final es de cada personaje, como el inicio, y en eso el lector tendrá su propio rol. ¿Acaso alguien no se sintió tentado alguna vez de armar y desarmar el mismo rompecabezas como una forma de desafiarse a sí mismo? Y ese es el juego al que invita Fernanda García Lao.
(5-08-07)
Por Lisy Smiles
La perfecta otra cosa, de Fernanda García Lao.
El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2007, 128 páginas, $28.
La perfecta otra cosa que motiva el libro de Fernanda García Lao se asemeja en mucho a un dios o a su contracara, aunque vale aclarar que ese opuesto no necesariamente remite a un diablo. Todos los silencios escondidos, las palabras calladas, los gritos negados, la libido sublimada o los secretos mal guardados pueden ser habitantes de esa cosa.El libro puede considerarse una nouvelle. Sí, es corto, pero denso. No tiene una sola trama, menos aún un solo registro o tono. Puede ser tomado como un rompecabezas. Las piezas que lo componen tienen siempre costados punzantes, hirientes, provocadores, que sólo se disipan cuando aparece una válvula que permite un respiro, muchas veces momentáneo. Pero, ¿cuál es la historia que merece ser contada por cada uno de los puntos de vista de sus protagonistas? Ese es el misterio, quizá la trama única. “La perfecta otra cosa” tiene mucho de mística.Escrita como a borbotones, sus personajes no tienen paz. Y pareciera que tras cada monólogo, un desafiante ¿y qué? apareciera como colofón indeleble.García Lao se mete con la familia, esa tan típica, pero en donde los personajes hablan, sin filtro alguno, en primera persona. La autora ha repetido en más de un reportaje que detesta los confesionarios, sean religiosos o psicoanalíticos, pero a sus personajes los somete a una confesión que por momentos parece abusiva, y eso molesta y a la vez atrapa al lector.Un típico padre de familia (Adolfo), una carnosa madre (Rosalin), un par de mellizos al borde de lo psicótico (Eva y Adonis), una irreverente tía (Jessica) junto a un travestido abuelo (Isidro) y a un delirante pariente (Tancredo) componen este fresco donde pareciera que nadie tiene la última palabra, aunque cada uno se viste de autor.Cada personaje se adueña de un capítulo y cuenta su historia, y así refiere al resto, donde obviamente nada ni nadie es lo que parece. No es un texto coral, o en todo caso si lo es no privan ni la armonía ni la melodía clásica, más bien el relato se vuelve desafinado, y ahí encuentra su marca. Cierta oralidad y el manejo del absurdo aportan pinceladas que dan brillo a rincones, a veces, un tanto oscuros.Seguramente aquel que logre armar este rompecabezas conseguirá descubrir la perfecta otra cosa, que acecha sin piedad sobre cada integrante de esta familia tan normal y sin comillas. Esa es la propuesta, y para que no queden dudas, García Lao advierte en el principio del libro: “«La perfecta otra cosa» es una narración polifónica, con tendencia al onanismo. Cada personaje altera, completa o contradice al resto. Hay sobredosis de autoindulgencia. Lector, no sea ingenuo”.Así como el humor, el disloque o el absurdo aparecen en los momentos justos y operan como válvulas en la densidad de los textos, esa irrupción torna fragmentario cualquier atisbo de verdad. Sólo hay verosimilitud asegurada de la mano de la primera persona con la que cada personaje se narra a sí mismo.Al avanzar en los capítulos, y por ende en los personajes, recién es posible sospechar la clave de esta pequeña novela. Y al continuar, la sospecha se ahonda y hasta invita a una lectura cómplice. El final es de cada personaje, como el inicio, y en eso el lector tendrá su propio rol. ¿Acaso alguien no se sintió tentado alguna vez de armar y desarmar el mismo rompecabezas como una forma de desafiarse a sí mismo? Y ese es el juego al que invita Fernanda García Lao.
martes, julio 17, 2007
Los inrockuptibles de julio
lunes, junio 25, 2007
Simplemente familia

LAS12
Página 12
Viernes 22 de junio de 2007
La perfecta otra cosa
La perfecta otra cosa
Fernanda García Lao
Ed. Cuenco de Plata
125 páginas
Por Liliana Viola
Siete personajes hablan, cada uno a su tiempo. Como si una obligación de diseñar el propio retrato los impulsara, cuentan su intimidad, justifican, aunque con lógica muy personal, sus ridículas acciones. Sin advertirlo ni negarlo, lo que hacen es confirmar sus lazos, se nombran unos a otros, se parecen entre sí, aunque no se quieran ni deseen. Esto es una familia. Habrá que pensar que cada uno es la causa de la angustia y la razón de ser de los demás. No hay lugar para dudas: el discurso de estos personajes de otro mundo, hable de lo que hable, aun cuando esté sostenido por el disparate, la asociación libre, la desfachatada incoherencia, no escapa jamás al hecho de que quienes enuncian son un padre, una madre, una tía, una hermana, algún abuelo, una hija, un hijo. Disfuncional, clásica, tradicional, o como lo anuncia el título de esta novela, “la perfecta otra cosa” aparece aquí presentada como en un juego de roles donde cada uno se va para otra parte, pero nunca se libera del resto.
La autora, solícita y engañosa, acerca alguna ayuda antes de comenzar. La cita de George Perec avisa que “a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario. Cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo”. Y enseguida, antes de que empiecen las intervenciones que organizan esta novela en sus 7 capítulos, se incluye un diagrama: árbol genealógico, lista de personajes principales y secundarios, la idea que cada uno representa. Como ocurre con el dedo índice que recorre didáctico las fotos familiares, la aclaración es redundante. Pero su carácter obsesivo e inútil, como los episodios elegidos por cada uno de ellos para presentarse, convierten esta pieza en una reflexión poética sobre otra cosa, todas las cosas.
Una original propuesta de una autora que estudió “danza clásica, piano, actuación, dramaturgia y periodismo”, y es autora de otras propuestas también originales como la obra de teatro La amante de Baudelaire, vestida de terciopelo o la novela Muerta de hambre.
Siete personajes hablan, cada uno a su tiempo. Como si una obligación de diseñar el propio retrato los impulsara, cuentan su intimidad, justifican, aunque con lógica muy personal, sus ridículas acciones. Sin advertirlo ni negarlo, lo que hacen es confirmar sus lazos, se nombran unos a otros, se parecen entre sí, aunque no se quieran ni deseen. Esto es una familia. Habrá que pensar que cada uno es la causa de la angustia y la razón de ser de los demás. No hay lugar para dudas: el discurso de estos personajes de otro mundo, hable de lo que hable, aun cuando esté sostenido por el disparate, la asociación libre, la desfachatada incoherencia, no escapa jamás al hecho de que quienes enuncian son un padre, una madre, una tía, una hermana, algún abuelo, una hija, un hijo. Disfuncional, clásica, tradicional, o como lo anuncia el título de esta novela, “la perfecta otra cosa” aparece aquí presentada como en un juego de roles donde cada uno se va para otra parte, pero nunca se libera del resto.
La autora, solícita y engañosa, acerca alguna ayuda antes de comenzar. La cita de George Perec avisa que “a pesar de las apariencias, no se trata de un juego solitario. Cada gesto que hace el jugador de puzzle ha sido hecho antes por el creador del mismo”. Y enseguida, antes de que empiecen las intervenciones que organizan esta novela en sus 7 capítulos, se incluye un diagrama: árbol genealógico, lista de personajes principales y secundarios, la idea que cada uno representa. Como ocurre con el dedo índice que recorre didáctico las fotos familiares, la aclaración es redundante. Pero su carácter obsesivo e inútil, como los episodios elegidos por cada uno de ellos para presentarse, convierten esta pieza en una reflexión poética sobre otra cosa, todas las cosas.
Una original propuesta de una autora que estudió “danza clásica, piano, actuación, dramaturgia y periodismo”, y es autora de otras propuestas también originales como la obra de teatro La amante de Baudelaire, vestida de terciopelo o la novela Muerta de hambre.
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