jueves, mayo 02, 2024

Teoría del tacto, reseña en Cuadernos Hispanoamericanos

UNA VUELTA AL MUNDO
Mayo 1, 2024
POR DANIELA TARAZONA
Cuando leemos Teoría del tacto, de Fernanda García Lao, somos testigos de la consistencia de las palabras, a la manera en que un actor en escena saborea la que está diciendo porque viene desde el fondo de sí: la palabra que sustrae la vida en acción, y se nos llena la boca de saliva.
Estos relatos son cuerpos palpitantes. Resuenan la escritura de Lispector, de Marosa di Giorgio, de Margaret Atwood, la de Quiroga ¿la de Felisberto Hernández? ¿la de Edgar Allan Poe?
Es un libro para releerse. Libro criatura que parasita los ojos, que los convierte o los desvela como «ojos en quiste». García Lao conoce las implicaciones colosales de la existencia, cuando escribe: «Uno nace y se incorpora a un asunto cruel, en movimiento». Y en «Para no sentir», uno de los relatos de este libro, se lee: «Desde que soy solo, la carne me acompaña distinto, y quien dice carne dice palabra». La escritura de Fernanda García Lao es eléctrica. El cuerpo vivo es electricidad, sus palabras son carne encendida.
La autora consigue la crueldad a través de la belleza o al revés o las dos cosas. Hay, de frase en frase, de una imagen a otra, la continuación de un impulso tan voraz como el de una célula, y los textos se bordan así, medio extrañas mórulas, particulares criaturas: «Cada latido, una pezuña», leemos.
Me gustaría quedarme a vivir en el relato «Las crueles». A pesar de todo. Y ser otra vez la «Gaviota en mi lugar», otro relato que me llamó desde el origen de lo propio, desde las raíces terrosas.
Hay, además, párrafos que sobresalen del texto, como trenzas, como pelos largos que abonan a ese carácter inquietante y conmovedor de su escritura. Son pelos-disfraz, son costuras macabras. Además, el ritmo, el dominio del vaivén y la sonoridad. «Caza y pesca», por ejemplo, un cuento que es poema, como lo es también «Segundo acto».
Desde la «Gracia del mundo», el cuento que abre el libro, el viaje se anuncia a través de umbrales: cuando la muerte acecha a un ser querido; el misterio de lo que permanece oculto para siempre; los ángulos macabros de la realidad; la familia asfixiante, los padres como una loza; los vientres de alquiler; la orfandad y su ligereza feliz; la intervención de la tecnología en los deseos; las miradas horribles de habitantes insertados en la convivencia o las identidades temblorosas interrumpidas por las acciones de los otros.
El tema de la herencia atraviesa como una flecha envenenada de vida. El sabor de la crueldad y el deseo vinculan los reinos intempestivos de los personajes. Pareciera que, al internarnos en cada cuento, quebráramos también el tiempo: son historias con inicios disueltos, pero gestadas hace miles de años.
La escritura de Fernanda García Lao es feroz, inclemente y la piedad dispara imágenes como bocados gordos. Son cuentos desplazados por los huecos del tiempo, como bichos en las esquinas de un cuarto. La variedad de criaturas nos hace comprender por qué la narradora dice en «Mis dos hemisferios», el cuento que cierra el libro: «En breve mi cáscara será perfecta. Quiero mimetizarme para sobrevivir». Y esta condición camaleónica en Teoría del tacto asombra por su contundencia.
García Lao es narradora, dramaturga y poeta, ha publicado siete novelas, tres libros de poemas y dos libros de cuento al que se suma ahora Teoría del tacto. En su escritura se ha distinguido la voluntad de atravesar la muerte. «Contra la muerte, decido escribir. Me obligo a fracasar», leemos en el cuento final, y desde esta contradicción que guarda el deseo de respirar con las palabras y fallarse, García Lao viaja hacia el centro de la tierra interior de sus personajes y allí, como exploradora antigua, trae al mundo el corazón de esos seres ultrapasados que vamos siendo. Su escritura implacable es, sin embargo, orgánica, como si el deseo no pudiera definirse nunca.
Y cerraremos el libro para volverlo a abrir porque está construido con frases que aparecen después de darle la vuelta al mundo o de atravesarlo, frases de saliva fresca que dibujan las entrañas de los pensamientos de sus habitantes, y abriremos otra vez el libro pues dentro de sus páginas: «Un huevo marrón es el centro del nido».
*Enlace en el título

miércoles, abril 24, 2024

Transoceánicas

En el Día Del Libro Femiñetas y Centro Cultural Parque de España presentan Trabajadoras de la palabra, un nuevo episodio de 📢 Transoceánicas Podcast.
Una conversación a dos orillas entre Argentina y España, un diálogo entre periodistas, escritoras, artistas de diferentes territorios para acercar miradas sobre el continuo y cambiante universo cultural contemporáneo.
🙋‍♀️ Con la conducción y producción de Flor Coll, las escritoras Fernanda Garcia Lao y Selva Almada hablan sobre procesos creativos, violencias, los hombres, el registro poético, los espacios, el cuarto propio, la falacia del boom, los talleres y este presente.
Edición: Pablo Zini
Ilustraciones: Vicky Cuello
Música: Juani Favre y Ani Books
📍Podés escucharlo en Spotify: Centro Cultural Parque de España o en www.ccpe.org.ar

Teoría del tacto, entrevista en Diario.es

Fernanda García Lao, escritora: “Si hubiera dios sería una hembra, no cabe duda”
La experiencia de desarraigo, el duelo por el origen perdido y, a la vez, la libertad que ofrece saberse libre de deudas y pruritos nacionalistas, son marcas de su poética, como lo es una mirada oblicua propia de una identidad nómada y feminista, autora del libro de cuentos 'Teoría del tacto'.
Por Jesús Montoya
Fernanda García Lao, mendocina de nacimiento, es una de las más originales y brillantes voces del panorama literario actual en español. La biografía de esta escritora argentina, que ha vivido en España muchos años, se ha desarrollado entre su país natal y el nuestro. En 1976 se exilia junto a su familia para escapar de la dictadura y vive en Madrid, con algún paréntesis, hasta 1993, fecha en que regresa a Argentina para estudiar piano, interpretación y escribir y dirigir teatro. En aquel país da comienzo su carrera literaria.
La experiencia de desarraigo, el duelo por el origen perdido y, a la vez, la libertad que ofrece saberse libre de deudas y pruritos nacionalistas, son marcas de su poética, como lo es una mirada oblicua propia de una identidad nómada y feminista, una mirada también política, en el más amplio y digno sentido del término, que se manifiesta en un estilo literario mordaz, lírico, tierno y afilado a un tiempo, anudado con frecuencia a la metáfora del cuerpo. Como poeta ha publicado los libros Carnívora, Dolorosa y Autobiografía con objetos.
Como narradora, es autora de las novelas Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura o Fuera de la jaula, y los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro. En Candaya, editorial donde ocurren algunas de las cosas más interesantes de nuestro país, han aparecido los títulos Nación vacuna (2020), premonitoria ficción biopolítica que relee la historia de Malvinas como relato de ciencia ficción; Sulfuro (2022), novela entre lo fantástico y lo delirante, y Teoría del tacto (2023), libro de cuentos que viene a presentar a Murcia estos días. Actualmente reside en Barcelona.
La primera pregunta, a propósito de tu último libro de cuentos, sería ¿por qué “teoría”? ¿Por qué del “tacto”?
Cada libro que escribo es una exploración distinta. Pienso la ficción por fuera de las anécdotas, interesada más bien en carnalizar algunas ideas. En este caso, identifiqué el título al entender que los cuentos eran pura especulación en torno al tacto. En el más amplio sentido de la palabra. Cómo se toca un texto, qué provocan las palabras en la garganta al ser pronunciadas, dónde impacta la falta de amor, un duelo, la locura. Conjeturar no excluye el cuerpo. Pensamos con los sentidos. La teoría en conexión con el acto de ser vulnerable se vuelve más potente.
Teoría del tacto se abre con un paratexto, una cita de Delirio y destino (1953) de María Zambrano: “El pensamiento, por lo visto, tiende a hacerse sangre”. En alguna entrevista has hablado del cuerpo como “el primer mapa que tenemos”: “A partir de ahí, entendemos el mundo”. ¿Qué nos permite pensar el cuerpo?
No logro hacer lo contrario, la verdad. El cuerpo es esencial para decodificar el mundo. La conciencia ocurre en una forma concreta, no existe como pura abstracción. Un caparazón es la parte visible del miedo. Si vamos más allá, cada texto es un cuerpo/organismo que se mueve y respira según una gramática particular. Cada voz del libro suena distinto, o eso pretendía. La forma dispara el discurso y viceversa, se pervierten entre sí.
Leerte hace pensar en el manejo de un cuchillo, en una lengua hecha de tajos inesperados, de iluminaciones líricas o aforísticas. Los cuentos de Teoría del tacto están llenos de poesía. ¿Qué te ofrece el lenguaje de la poesía a la hora de escribir narrativa? ¿Crees que hay una progresión lírica en tus novelas y cuentos que funciona en paralelo a otras estructuras narrativas?
Gracias por la observación. Me atrae la contaminación de géneros. La narrativa sin la poesía es una máquina expendedora de acciones. Sube, baja, abre, cierra. Necesito que ocurran cosas en el lenguaje. Que haya variación, salto, torcedura. Capas de sentido que se toquen, discutan entre ellas. Busco la tensión entre la lírica y la física. Las frases son anzuelos. Por otro lado, la puesta en página es un concepto que se practica más en la poesía y que yo preciso siempre. Qué vacíos habrá, cómo es el cuerpo del relato. ¿Apretado, líquido?
En en el cuento “La gracia del mundo”, señalas “cuántas veces puede matar un libro, siendo que algunos no logran siquiera provocar un buen dolor de estómago. pasan lisa y llanamente por el cuerpo y son olvidados antes de encontrar su estante en la biblioteca”. ¿Sería este un deseo para tu literatura? ¿Cómo debe “matarnos” un libro hoy?
Hay mucho cover, la verdad. Textos que imitan a otros textos, sin el alma original. Producción industrial de contenido. Me gustan los libros que dialogan con su propio delirio. Como lectora busco lo raro. Es decir, lo que esquiva el lugar común. Lo que está de moda lo postergo, a ver qué queda cuando baja la espuma. En general, queda poco. Una baba que se borra. Matar lo que te rodea, eso provoca un buen libro. Qué te olvides del tiempo, de la cafetera al fuego, de vos. Creo que hay que alternar lo contemporáneo con lecturas sin tiempo, para enriquecerse. Quedamos si no muy atravesadas por lo periodístico. Lo real es repetición temática. El futuro sucede en reversa.
En Teoría del tacto hay una red semántica que vincula literatura y cuerpo, y estos dos elementos, con otros conceptos, como la comida. Se diría que es un asunto central de tu poética. Muerta de hambre, Nación Vacuna, son dos títulos de novelas tuyas, Cómo usar un cuchillo, se titula uno de tus libros de relatos, Carnívora, uno de tus poemarios. ¿Adónde nos lleva esa red de sentido a través de la presencia de lo alimenticio, de la comida, en tu obra?
Quizás sea porque lo nutricio en mi familia estaba relacionado con la creación artística y no con el estómago. Habia necesidad de literatura, de música o pintura. Y poca cosa en la heladera. Mi madre cocinaba rápido, como un trámite que no podía evitar. Era poeta. Mi padre hacía asado, sólo los domingos. Entonces, escribir como quien muerde y traga. Con hambre (risas). La opción dos, que excluye esta hipótesis, sería que como leo en voz alta todo lo que escribo y es en la boca donde pruebo los materiales, la escritura queda asociada a la masticación. Se convierte en alimento. El afán por identificar el hambre con la rabia sucedió en mi primera novela publicada, Muerta de hambre. Mi cuerpo es mi discurso, decía Maria Bernabé, allá por 2005. Y se dedicaba a deglutir como método de protesta, para desobedecer el mandato de delgadez y feminidad. En Cómo usar un cuchillo, la necesidad era lastimar afiladamente al propio lenguaje. El cuerpo en Nación vacuna se corta, se eviscera y se cabalga sexualmente para su reproducción. Las mujeres se consumen para beneficio de la Junta, de la patria.
Un tema recurrente del libro es la maternidad. En ocasiones, como en “Fruto seco”, la maternidad se intuye monstruosa: “He parido cosas del tamaño de una almendra, justo yo, que soy alérgica”. Otros relatos, desautomatizan determinadas asunciones que la sociedad proyecta sobre la misma. E incluso hay algunos cuentos que abordan fórmulas extremas o desviadas de experimentarla: “Persona en alquiler”, por ejemplo, uno de los cuentos más potentes del libro, habla sobre la maternidad subrogada desde la óptica de una madre que alquila su vientre a una pareja de hombres. ¿Qué te seduce del tema? ¿Qué quisiste contar a propósito de un problema de tanta actualidad como este?
La fecundación, la generación de vida es un tema que me apasiona. Creo que no se ha explorado lo suficiente. Si hubiera dios sería una hembra, no cabe duda. En las cosmogonías occidentales la mujer no aparece como creadora sino como creada. Es una idea que la mente masculina expulsa de su cabeza, una costilla arrancada o barro residual. La mujer como criatura siniestra y peligrosa. De ese concepto venimos. De ese miedo. La libertad del cuerpo significa una amenaza. Parir o negarse sigue siendo un asunto que genera conflicto. Por un lado, el capitalismo en su afán de producir, aspira a comerciar con nuestro cuerpo de todas las formas posibles. Por otro lado, desde la experiencia, fui madre muy joven. El cuerpo me enseñó cosas desconocidas, lo onírico y lo real ocurrian al unísono mientras era habitaba.
Otro de los temas capitales del libro es la familia, que se experimenta como un microcosmos doloroso. Tu crítica a la moral familiar judeocristiana es mordaz. Incluso, algunos de tus relatos abordan fórmulas particularmente desviadas de esos vínculos familiares. Por ejemplo, en “La cajonera”, donde la narradora afirma “Baja los tres pisos liviana. Tan huérfana, que casi resbala la felicidad” (31), o en “Yeso”, donde la protagonista, afirma “Al morir mi padre, ni una lágrima derramé. Al enviudar tampoco. Con la mami, sí. No sé por qué”. ¿Nos engañaron cuando nos dijeron que existían familias felices o perfectas?
La familia tradicional, asociada a la propiedad, la patria y la iglesia, me parece una fórmula nefasta. Un aparato represor que ha generado mucho daño. Como oveja negra de la mía de origen, suelo identificarme desde el principio con la gente disfuncional, con quienes no bajan la cabeza. La modalidad obediente es peligrosa y bastante funcional al poder de turno. Creo que poner en evidencia el absurdo a partir del que nos construimos es uno de mis motores. Un ejercicio de terrorismo poético en miniatura, si se me permite la expresión. No aspiro a modificar el sistema. Con torcer el cuello del relato a veces me alcanza.
En ese mismo cuento señalas “El pasado es un aparato que daña cuando se queda quieto. La repetición no desactiva el duelo”. ¿Qué rol crees que juega la literatura en esa ecuación entre pasado y duelo?
La literatura se nutre de la nostalgia. Escribir es fantasmal. Se recrea un pasado sin materia, a partir de algunos rastros. La muerte, además, qué gran asunto. Vivimos amenazados por su causa. Y por olvidarla, somos torpes. Cuando murió mi padre yo estaba matando personajes en una obra de teatro que escribía y luego odié. La simultaneidad de ambos asuntos ha quedado inevitablemente asociada en mi cabeza. Un texto es un cuerpo que empieza y se termina. El diálogo entre esos eventos ha de ser poderoso. Cuando murió mi madre me propuse escribir cada frase. Era un modo absurdo de trabajar contra el olvido. Muchas escenas de este libro son herencia de ese duelo. De todos los duelos. Pero la muerte también es ridícula, ninguna solemnidad ni reverencia hacia ella. Hay que bajarla de su pedestal de gran señora.
A diferencia de lo que sucede en otros textos tuyos, la tecnología digital contemporánea no parece tener una presencia marcada en este libro, salvo en algún cuento. Por ejemplo, en “No atender”, donde no llegan las comunicaciones que se desean y, sin embargo, sí lo hacen aquellas que suponen una carga para la protagonista. ¿Cómo piensas la relación entre literatura y tecnología?
La vengo esquivando todo lo posible. Se pone vieja muy rápido. Y por otro lado, me conflictua entregarle tambien el espacio de la ficción. Ya perdimos tantos objetos: relojes, cámaras, radios, mapas. Soy bastante analógica, la verdad. Me gustan los olores de las cosas, los volúmenes, los cuerpos. Las ficciones más interesantes han huido de la condición tecnológica del momento en que fueron escritas. Cuántos relatos con tv podemos recordar. Novelas fax. Lo que sí me gusta, porque hace juego con mi manera rota de ver el mundo, es la posibilidad de aprehender lo simultáneo. De abrir ventanas, de enlazar asuntos. Robarle a la tecnología su comportamiento me atrae más que incorporar lenguaje o aparatitos concretos. Pero nunca se sabe. No me cierro.
Otra de las redes que se pueden tejer a través del libro tiene que ver con el papel protagónico de animales y plantas. Seres que, en realidad, funcionan a nivel simbólico o proveen formas de metaforizar ideas abstractas, pero que no pierden por completo su otredad, su extrañeza o su lenguaje propio, incomprensible o hiératico a veces. Tu libro está lleno de presencias animales. Algunos cuentos me hicieron pensar en Bestiario, de Cortázar, o en El matrimonio de los peces rojos, de Guadalupe Nettel. En el cuento gótico “Las crueles”, las flores se convierten en unas presencias asesinas. Las moscas repugnan al protagonista del relato “Fricción”. Los abejorros permiten a ese anciano que ve escaparse sus últimos días preguntarse, en “Nido de orugas”, “Cómo será vivir sin conciencia del tiempo”. La protagonista de “Una gaviota en mi lugar” queda obsesionada con la presencia de ese animal carroñero. La pregunta que te haría sería la siguiente: ¿Qué papel juegan estas presencias animales y vegetales en el libro? ¿Qué desplazamientos psicológicos o emocionales te permiten catalizar?
Que lo humano pierda su jerarquía es otro de mis objetivos recurrentes. Una flor puede ser más seductora que cualquier galán de cine entrenado para complacer. Pensar desde el deseo vegetal o animal me resulta más inquietante que revolver en la basura de la humanidad. Lo vivo no humano me atrae y es herencia de mi fascinación adolescente por el surrealismo. Todavía practico con devoción esos otros discursos, nada previsibles.

Sant Jordi 2024, firmas

martes, abril 16, 2024

VII Curso de crítica y creación literarias: la escritura como arte

Los lunes, de 19.00 horas a 21.00 horas
Biblioteca del Centro Cultural Ibercaja
Inscripción obligatoria
Descripción
Este curso de creación y crítica literarias continúa una tradición, incoada en la Universidad de La Rioja desde 2010, de ofertar actividades formativas que aportan un tratamiento multidisciplinar de las diversas facetas de la creación literaria. Una vez más, reúne a personalidades del mundo de la escritura en España e Iberoamérica –escritores, críticos, editores, lectores…-- que disertarán sobre sus diferentes áreas de especialización en torno al hecho literario.
En esta edición se abordarán las dimensiones artísticas de la creación literaria, combinando sesiones magistrales con talleres prácticos de escritura creativa dirigidos por escritoras de reconocido prestigio.
Entre el variado elenco de invitados cabe destacar la inauguración por parte de Juan Manuel de Prada, premio Planeta 1997 y Nacional de Narrativa 2004; y la clausura por parte de Sergio del Molino, reciente premio Alfaguara de Novela 2024, un autor que goza de un creciente prestigio en la actualidad. Se añaden a la nómina José Ovejero, autor prolífico y muy reconocido; la argentina Fernanda García Lao, una de las recientes revelaciones dentro de la narrativa experimental; Elvira Valgañón, renovadora de la ficción desde La Rioja con tres novelas muy bien acogidas; el editor Enrique Redel, fundador y director de Impedimenta, una de las editoriales independientes con más proyección en español; José María Lánder, escritor riojano y excelente comunicador; y Ascensión Rivas, catedrática de teoría literaria y crítica literaria en El Cultural.
Cada sesión de dos horas se dividirá en una parte teórica, en el que el ponente desarrollará un componente literario; y otra en la que se pondrá en práctica el tema expuesto a través de ejercicios de escritura o comentarios de textos propuestos.
Se desarrollará presencialmente de 19.00 a 21.00 horas en la Biblioteca del Centro Cultural Ibercaja, todos los lunes desde el 15 de abril hasta el 3 de junio de 2024.
Programa
Lunes, 15 de abril Los maestros del estilo en castellano Juan Manuel de Prada
Lunes, 22 de abril El oficio de escribir: artesanía e inspiración romántica José María Lánder
Lunes, 29 de abril Taller de creación literaria. Narrar con las palabras, narrar con el silencio Elvira Valgañón
Lunes, 6 de mayo Panorama de la narrativa actual en español Ascensión Rivas
Lunes, 13 de mayo Taller de creación literaria. Exploración de la mentira: mi falso yo Fernanda García Lao
Lunes, 20 de mayo Dispare al editor: la experiencia de la editorial 'Impedimenta' Enrique Redel
Lunes, 27 de mayo Cómo contar lo que no se puede contar: estrategias narrativas en la ficción José Ovejero
Lunes, 3 de junio Documentar una novela: el caso de 'Los alemanes' Sergio del Molino

lunes, abril 15, 2024

Teoría del Tacto, entrevista en el Diario de Sevilla

BRAULIO ORTIZ 15 Abril, 2024 - 06:30h
Fernanda García Lao sabe que sólo se puede escribir desde la herida, el dolor, el desarraigo. En Teoría del tacto (Candaya), esta narradora, dramaturga y poeta argentina afincada en España firma un libro descarnado y hermosamente fiero en el que indaga en los seísmos y monstruos que acechan en la intimidad. Un retrato sin concesiones de la familia y otras catástrofes que se cierra con Mis dos hemisferios, un emocionante texto autobiográfico en el que recrea su adolescencia como exiliada.
–Uno de los personajes de Teoría del tacto asegura que "vivir no es sinónimo de felicidad".
–No [ríe]. Tal vez sí, pero no en este libro. Hay algo medio obsceno en escribir sobre la felicidad, o eso pensaba, porque quizás ahora que se la echa tanto en falta habría que cambiar los paradigmas. A mí siempre me ha interesado la oscuridad, es un terreno que voy bordeando y al que le pregunto cosas nuevas cuando puedo.
–En el primer texto se dice: "Las palabras están crudas. Si las pruebo, ¿me enveneno?". En la siguiente página alguien se pregunta "cuántas veces puede matar un libro". Parece casi un aviso para los lectores: nadie sale indemne de su literatura...
–Bueno, eso espero [ríe]. Estos cuentos son breves e invitan a entrar en ellos, pero esa apariencia es como una trampa para despistados. El lector piensa que puede leerse el libro de una sentada, y no sabe que hay que pararse a respirar entre cuentos. Yo sí creo que las palabras son venenosas, de hecho hay un montón de malentendidos en la vida en torno a lo dicho, a la palabra dada, incluso cuando nos hablamos a nosotros mismos. En el libro hay mucha gente empantanada en el relato propio, intentando desentrañar su ovillo. Somos Penélopes enredadas todos nosotros, enfrentados a nuestros pensamientos en espacios pequeños.
"YO NO VENGO A SEÑALAR LO QUE ESTÁ BIEN O MAL, PERO LA GESTACIÓN SUBROGADA ME PLANTEA MUCHAS PREGUNTAS”
–Un sentimiento muy propio de los tiempos del Covid.
–Los cuentos fueron escritos durante la pandemia, pero yo no la quería ni nombrar, la considero una palabra que debilitaría cualquier texto. Esa sensación de asfixia también tiene otro motivo, y es que vengo del teatro, y allí los personajes tienen una escena única: están encerrados y a la vista. Se me quedó algo de ese mecanismo de construcción para la narrativa. Tenemos a los personajes como si fueran actores mostrándonos lo que les sucede en loop.
–También la familia, la pareja, son en su mirada entornos muy claustrofóbicos.
–Cuando estás condenada a repetir en circuito una conversación, una serie de acciones con los mismos personajes eso se degrada sí o sí [ríe]. Me dicen a menudo: Pero qué mirada tan cruel tienes sobre la familia. Y yo les respondo: Chicos, ¿en qué mundo viven? [ríe]
–El cuerpo tiene mucha importancia en sus historias. Hay un cuento, Persona en alquiler, sobre la gestación subrogada, y en el título ya expresa su opinión sobre ese asunto...
–Esa cuestión encierra todo un dilema moral. Para mí, todos los cuentos son morales, incluso cuando una narración es amoral está señalando su amoralidad o su pretensión de ir por fuera de la norma. A mí hay algo que me interesa trabajar, preguntarme: si alquilamos el útero podemos alquilar cualquier otro sector de nuestro cuerpo. Creo que la explotación uterina tiene mucho que ver con lo patriarcal. Ahora en Argentina, este monstruo [Javier Milei] que no quiero nombrar, porque es como un virus que si se nombra se sigue propagando, habló en su campaña del mercadeo de órganos. Podemos ser diseccionados para la compra-venta. Si no tenés plata podés poner precio a tu riñón. ¿Cuánto vale el kilo de persona? A mí me parece muy inquietante esto de alquilarse para crear vida por encargo. Yo no vengo a señalar lo que está bien y lo que está mal, pero tengo mis preguntas.
–Otro tema que aborda en relatos como Cajonera o Yeso es el abuso infantil.
–Me llama la atención que deba ser la abusada o el abusado el que deba asumir esa voz y los demás hagamos como que eso no nos interesa. Que a mí no me haya sucedido no significa que el problema no esté ahí. Trato el tema con rabia y desconcierto, porque la ficción no puede plantear soluciones ni hacer pedagogía.
–Ha aludido antes a su experiencia como dramaturga, y la protagonista de uno de los relatos apunta: "Me casé con un señor que me salvó de la miseria, es decir, del teatro".
–Siempre me río porque digo que me fui del teatro a la literatura. ¡No saldré de pobre nunca! Efectivamente, yo me casé con un señor... [ríe] No para que me salvara del teatro, pero me gusta tomarme el pelo. Aquello no funcionó, por supuesto. Pero la miseria, paradójicamente, es muy rica. Yo creo que nadie podría escribir si no ha pasado un día de hambre, si no ha sido paria en su familia, si no ha tenido una herida... ¿De qué vas a hablar entonces? ¿Desde qué lugar vas a hacerlo? La figura de la escritora o el escritor en un pedestal a mí no me interesa. Esa posición de supuesto respeto, inconmovible, no me atrae nada. Me gusta no respetar el lenguaje, ni los tabús, yo me lanzo como una mosca al azúcar hacia lo que no debo...
"CREO QUE LAS PALABRAS SON VENENOSAS. DE HECHO, HAY UN MONTÓN DE EQUÍVOCOS EN TORNO A LO DICHO”
–Cuenta que cuando abandonó Argentina en 1976 tuvo que escoger un libro y eligió Tom Sawyer. ¿Qué obra se llevaría ahora consigo?
–Me vine hace año y medio a España, y antes estuve cuatro meses en Praga, y debí hacer una selección. ¡Y esta vez fueron 30 libros! Mi capacidad de síntesis es inversamente proporcional a la edad... Mi madre murió en 2019, y ahora se me ocurre un libro que era de ella. Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal, que además era un autor checo. Yo estaba en Praga y viajé a España para presentar Sulfuro, y me dije: ¿Pero yo qué hago allá? Me considero un 70% argentina y un 30% española, pero me siento muy cómoda acá. Pero marcharte de tu país, del lugar donde vives, y yo lo he hecho varias veces, que soy como una deportista del trauma [ríe], te da un aprendizaje: entiendes que ya nunca serás de ningún sitio del todo. Una vez que te has ido ya no vuelves a ser quien eras. Ni vos sos la misma, ni las ciudades son como las recordabas.
–En ese cuento, Mis dos hemisferios, recuerda que el fallecimiento de su padre la empujó a la literatura. "Contra la muerte, decido escribir".
–También fui madre contra la muerte. Me quedé embarazada, y lo sentí como una conversación con la muerte: Vos te llevás y yo traigo. Mi primera hija, pobre, fue como una causa [ríe].
–Cuando vino en los 70, una maestra la humillaba por su deje argentino y se propuso corregir su acento...
–En mi primera visita a España yo fui muy disciplinada, cambié mi forma de hablar, pero ahora ya no pienso serlo, lo siento. Hoy defiendo mi mezcla y sé que es una riqueza. No hablo más de tú ni aunque me apunten con una pistola [ríe].