jueves, noviembre 17, 2022

Golem Fest, 2022

Fernanda García Lao, narradora, dramaturga y poeta; con la publicación a cuestas de varias novelas y libros de cuentos, participará en el Golem Fest Valencia en un cara a cara con Valeria Correa sobre el relato. Sulfuro (Candaya, 2022), su último libro publicado de relatos de miedo y de fantasmas es, a la vez, una lúcida exploración de la fragilidad mental y una mordaz crítica a los esquemas sociales convencionales y a la perversa hipocresía de las “buenas costumbres”, siempre con la intensidad poética y la imaginación desbordada que singularizan la literatura de Fernanda García Lao.

I Festival del Cuento Literario - Torrijos Cuenta

Nuevas visiones del cuento. Con Pilar Adón, Fernanda García Lao, Daniel Monedero y Elvira Navarro. Modera: Ángeles Encinar.

viernes, octubre 21, 2022

Autobiografía con objetos, Granada

Cuadernos Hispanoamericanos

Juan Vico y Fernanda García Lao. Queriendo traicionar soy parte: A(r)mar y desa(r)mar "Desde mi lugar, lo biográfico no tiene ancla. Por eso me resulta imposible imaginar un texto fiel a la tradición. Crecí mezclando, no sólo continentes sino textos. Y te soy sincera, los fieles a cualquier género me aburren. Prefiero un mal texto experimental que un cover eficiente. En eso, me temo, soy muy argentina. Queriendo traicionar soy parte". (Enlace en el título)

LAT, encuentro de editoriales independientes en Madrid

IV Festival Lata Peinada, Barcelona

Mesa inaugural con Clara Obligado.

martes, agosto 30, 2022

Taller de escritura en Barcelona

Arranca en septiembre/2022

Nación vacuna, Fernanda García Lao. Candaya

Coordinador de la crítica: Javier López Menacho COORDENADAS LITERARIAS Fecha original de publicación: 2020 Número de páginas: 144 Temáticas: Género: Dictaduras | Lucha de clases | Destacados | Distopía | Maternidad | Narrativa contemporánea | Sexo Con una historia de fondo feminista, sexo casi carnívoro y un genial sentido del humor, Fernanda García Lao escribió hace algunos años una nouvelle que recuperó felizmente Candaya y que hoy suena moderna y desenfadada.
Sucede una paradoja con Nación vacuna. Ha tenido el don de la ubicuidad para bien y para mal. Al lanzarse en España de forma previa a la insufrible temporada pandémica, dobla su sensación de ucronía. Por un lado, la ucronía consciente que establece su autora, Fernanda García Lao, con respecto a la guerra de las Malvinas (nada imprescindible para comprender el relato). Por el otro, podría valer perfectamente como una ucronía pandémica. Sea como fuere, Nación vacuna es un obra impactante, sorprendente y literariamente en estado de gracia. En apenas ciento cuarenta páginas, la novela te va atrapando en este viaje a ninguna parte que sufre su kafkiano protagonista. * Resumo. Estamos en un tiempo indeterminado, en Argentina. En una isla remota han quedado unos supervivientes de una guerra, envenenados por los enemigos y en situación de cuarentena. La “heróica” sociedad de la que partieron es ahora un estado autoritario, burocrático e impío, torpe y entregado al populismo con tal de elongarse en el tiempo. La sociedad es una sociedad hastiada de sí misma, con vecinos vigilantes y patéticos, donde cada uno mira por lo suyo y deja pudrirse al reto. En el mundo, para colmo, hay una extraña enfermedad que limita el libre albedrío. La vida vale poco y la existencia es gris como las aguas que dominan el relato. * En ese asfixiante contexto, Jacinto Cifuentes forma parte de un tenebroso casting que le ha encargado el estado. Tendrá que seleccionar, junto a otros pobres infelices, a varias mujeres para que estas se conviertan en cobayas y visiten la isla donde quedan esos combatientes olvidados que proporcionan un relato a su gobierno. El plan es vacunarlas y preñarlas para repoblar la isla y que la épica sobreviva, adormeciendo al resto de la población. * Con este original planteamiento y un lenguaje poético, con frases cortas y certeras, Fernanda García Lao repasa algunos de los traumas de su tierra natal (las desapariciones de la dictadura o la susodicha guerra de las Malvinas), construyendo el relato de liberación de un protagonista que busca una ranura en el sistema para huir, con una relación materna ausente, vegano en un mundo cárnico, escapando de una realidad que casi nadie comprende que es un absoluto fracaso. El relato, en un comienzo costumbrista a lo 1984, se transforma en una road movie hasta su sorprendente giro final. * Con una historia de fondo feminista, sexo casi carnívoro y un genial sentido del humor, Fernanda García Lao escribió hace algunos años una nouvelle que recuperó felizmente Candaya y que hoy suena moderna y desenfadada. Suele suceder que a la buena literatura, por arte de magia, el tiempo le sienta muy bien.

viernes, julio 22, 2022

Revista de Letras: "Aquella casa al lado del cementerio". Reseña de Sulfuro por Jesús García Cívico

Corresponde al crítico cultural ya desaparecido Mark Fisher el mérito de haber actualizado el discurso del fantasma sociopolítico como hauntología. Para el autor de Realismo capitalista, el estado anímico actual (aquel que pedía transformar en ira politizada) tenía tanto que ver con la pérdida del futuro como con el destino que la nueva izquierda identitarista parece haber reservado a los espectros universalizables de Marx. El caso es que los fantasmas sociopolíticos que Fisher tenía en mente (a la antigua solidaridad de clase, la esperanza de una sociedad decente, la ilusión por la inminente llegada del porvenir) no solo no parecían espeluznantes, sino que podrían resultar, si no se caía en una retromanía estéril, fundamentales y salvadoras. Y eso es lo que le ocurre a la protagonista de Sulfuro (Candaya, 2022), la última novela de la escritora argentina Fernanda García Lao. La voz de esta novela inquietante, por momentos dura y siempre perturbadora, encuentra en la posibilidad de comunicarse con los muertos un mecanismo de supervivencia pero también de sentido.
Desde la localización de una casa enfrentada a la necrópolis –lo que nos ha permitido jugar arriba con el título del film de Lucio Fulci (Quella villa accanto al cimitero, 1981)–, García Lao, con toda su experiencia en el arte de la dramaturgia, comienza a despojar de serenidad una existencia frenética y dolorida (entre el tono íntimo de Alejandra Pizarnik y los personajes femeninos desasosegantes del infravalorado cineasta polaco Andrzej Żuławski) un constante ir y venir de personajes de lapsos muy distintos («el escribano», «los chicos», «la insulsa malpeinada de la vuelta», «la perra»). Como en un drama de entradas y salidas tras las cortinas de un escenario con ecos de Lucrecia Martel y David Lynch, la casa al lado del cementerio no es solo el marco de una serie de velocísimas escenas anímicas y relacionales hipersubjetivas sino un emplazamiento donde la normalidad como repetición de una costumbre se subvierte. Bajo el potencial destructivo (y autodestructivo) de la mujer del relato subyace, pues, tanto una invectiva contra los micro-poderes domésticos más salvajes (del entorno laboral a la familia) en los términos del jurista italiano, Luigi Ferrajoli, como una potente metáfora que apuntala con fina lucidez las fallas de la vida patriarcal más convencional.
La otra fuente de inquietudes que enseguida golpeará al lector de esta novela editada con el esmero habitual de Candaya (cuidadoso paratexto y grata oxigenación de las páginas) apunta también al director que mejor supo combinar el terror y el malestar sexual (de nuevo Fulci): en Sulfuro, el sexo, ora violento ora descarnado se presenta paradójicamente siempre como amenaza física y psicológica mientras que la muerte observada desde esa casa al lado del cementerio mantiene la promesa intermitente de liberación y sentido. También la religión católica aparece en su faceta más cruenta y literal como fuente primordial de alienación –el espíritu santo como intruso, el «Señor» como voyeur, la resurrección de Cristo como historia proto-zombie, la propia aparición de Dios como fantasma, el cuerpo cristiano como garaje de torturas, la salvación de los muertos como ficción de George A. Romero– y resulta una primera clave cuasi-explicativa de las acciones de ese ser dolido que se expresa en segunda persona del singular en la novela.
La autora de Nación vacuna va trazando así en una serie de capítulos tan breves como magnéticos, entre finas disquisiciones, denuncias de una estructura opresiva (entre el patriarcado y la biopolítica) y oscuros sobresaltos morales, entre la imagen del fantasma que vaga solitario de David Lowery, antiguas querellas foucaultianas y nuevas digresiones lúcidas sobre el «yo», una historia desasosegante, de fulminante ritmo y cadencia. Lo hace, como señalamos ya, con herramientas muy propias del arte dramático a partir de una serie de actos encabezados por permutas de protagonistas en operaciones de entrada y salida: players que juegan a su vez tanto con el encanto y el magnetismo de lo teatral como con la turbadora travesura del Doppelgänger (cada personaje vivo más genérico apunta a un correlato fallecido con nombre y apellido). Poco a poco, conforme conozcamos mejor a la protagonista, el frontispicio (muy bien escogido) de Teresa Wilt («Mi corazón es un pájaro de mal agüero) se antojará más una amenaza poética que un disclaimer prosaico. El elenco de seres espectrales en el que es posible distinguir aquí y allá ecos de una literatura universal sobre los muertos (de Marguerite Duras a La mortaja de Miguel Delibes, de Pedro Páramo a Edgar Lee Maters, de Berardi a Carlos Fuentes, de «Bifo» a un Lamborghini rescribiendo a Henry James) obrará, a su vez el hechizo de la familiaridad. Los varones referenciados por su profesión (como el escribano, aquí en España, notario) se revolverán con violencia como animales nocturnos y la mujer abismada que lee las lápidas derramará finalmente la misma sustancia de la que están hechos, al fin y al cabo, todos nuestros miedos y todas nuestras ilusiones.
Novela física y sensorial (estupendo el juego inicial con los olores) pergeñada de un raro e inteligente fatalismo y una aterradora penetración psicológica: blasfemias, conductas desordenadas y rebeldía frente al orden más odioso, tánatos y Afrodita, tangas rosa en aguas corrompidas, tropos impactantes, fetos como bocetos, cliff hangers emocionales, estigmas, cadáveres profanados, metáforas descarnadas («luna como un útero antiguo»), ojos y cerraduras, desdoblamientos vitales, cuchillos y tacones, giallo, fragilidad íntima, silencios, apariciones, fingimientos, viento negro de Adelaida Crepsey, performances, condición femenina que emerge contra el mutismo y la obediencia, testigos irresponsables, personajes fatídicamente arrastrados por los acontecimientos. Y es que si uno observa a Fernanda García Lao, sus ojos vivos, lúcidos y clarividentes expresan un pensamiento que nunca se detiene, una firme voluntad de narrar experiencias y pensamientos, de descubrir corrientes subterráneas y procesos de des-reconocimiento que para nuestro bien tampoco se interrumpe. Menos mal, si es cierto como propone esta mujer desconcertante tocada por el duende y el mundo es un malentendido donde de tanto en tanto acontece la excepción y se dialoga, esta obra y su propia cordura resultan una más que celebrable excepción.

sábado, julio 09, 2022

Nota en LA NACIÓN: “La bajada de línea, lo didáctico y lo pueril son un plomazo; escribir con corrección política es una pérdida de tiempo”

La autora mendocina presentó en simultáneo en la Argentina y en España una nueva novela, “Sulfuro”, y un libro de prosas breves y poéticas, “Autobiografía con objetos”; claves de una escritura original y atrevida 1 de julio de 2022 Daniel Gigena LA NACION
Solo los difuntos tienen nombre y deseos en Sulfuro (Emecé), la nueva novela de Fernanda García Lao (Mendoza, 1966). Robertita, Petra, Di Tulio, Fermín, Gertrudis Vázquez habitan el más allá y, a la vez, el más acá de la ficción, donde una mujer cuyo nombre se ignora -hija de un proctólogo adicto al hachís y de una suicida devota- ronda el cementerio vecino, hospitales, casas ajenas y oscuras riberas en busca de sensaciones que destierren la pasividad que la trastorna. La protagonista -archicatólica- está recién casada con un escribano viudo y padre de dos hijos; instalada en la casa de su pareja, cuidará a los dos hijastros menos que a sus dos fetos (convertidos en lozanos árboles de quinotos, que ella protege de una perra alocada, tormentas e hijastros). Ambos son fruto -nunca mejor usada la metáfora- de su anterior matrimonio con un concejal ambicioso y sádico, que se apropia de las cenizas de la madre de su exmujer para vengarse. No obstante, más temprano que tarde el karma ejecuta su ley en la novela, estructurada en capítulos hilarantes y siniestros, entregas episódicas de una comedia negra. Una vez publicada su séptima novela (sin contar la erótico-epistolar que coescribió con Guillermo Saccomanno), García Lao viajó a Praga, donde viven sus hijas, y luego a España. Como Nación Vacuna, su “profética” novela de 2017 en la que una enfermedad desconocida jaqueaba a la sociedad, Sulfuro fue lanzada por la editorial barcelonesa Candaya. “Tuve muy buenas críticas y devoluciones, pero suena pésimo que lo diga yo”, comenta la autora, que vivió en España entre 1976 y 1993; allí hizo una gira promocional de la novela, que es una de las pocas de la literatura argentina narrada en segunda persona. “Te cuesta reaccionar -se lee-. Estás perdida, de nuevo. El cotorreo de los árboles se parece a tu alma, el sonido inasible, una tragedia de comunicación que envicia el aire. Los loros dirían quién soy, si tuvieran lenguaje. No como vos, tan abismada y en silencio”. Este mes, se presentó en la Feria del Libro de Praga.
En simultáneo, llegó a librerías Autobiografía con objetos (Zindo & Gafuri), que agrupa breves prosas poéticas o entradas de una enciclopedia de cachivaches, muchos vinculados (de otro modo que en la novela) con la maternidad y la sexualidad, como un moisés, una sillita reposera, “un andador que no avanza”, un garabato, un reloj barato, una camilla, una estatua ecuestre y “un sillón muy transitado”. En España, el sello Kriller71 lo lanzará en septiembre con un prólogo del chileno Alejandro Zambra. -¿Cómo surgió la idea y la voz narrativa de Sulfuro? ¿Escribiste la novela durante la pandemia? -Surgió a partir de pesadillas propias y de la aparición de una vecina nueva, en la vereda de enfrente. Estábamos a dos cuadras del cementerio. Ella se acababa de mudar, vino a preguntar por un olor que percibía. No supe su nombre ni el de su marido. Pero comencé a observarlos. Uní mis miedos a los de ella, enlacé universos. El suyo, el mío y el de los muertos. La escritura comenzó hace un par de años; en pandemia la corregí varias veces. -Se condensan varios núcleos de tu literatura: el erotismo, la violencia, la crítica a la familia y la muerte. ¿Cómo hiciste para unirlos en una “novela de fantasmas y muertos vivientes”, aunque no sé si estás de acuerdo con esa caracterización? -No la pienso como una novela de fantasmas, en todo caso hay apariciones que ponen en duda la categoría de lo muerto. Es una pregunta. De qué lado de la vida hay deseo. Enfrentada a la muerte, la protagonista solo puede actuar, no tiene voz, no sabe de sí misma. Su órgano más desarrollado es el miedo, huele y huye de lo que le da pavor. Su familia, por ejemplo. Está en una especie de eternidad traslúcida donde sus compañeros de ruta viven del otro lado. Es que los hombres vivos con los que se cruza ejercen violencia sobre su cuerpo. Los muertos son más amables, incluso la ven. -¿Por qué elegiste la segunda persona, las frases y los capítulos breves titulados como en un guion? Sobre la segunda persona, se puede suponer que es la de la protagonista. -La segunda persona me permite sacarla de sí y extremar lo artificial del artefacto, es decir, estamos frente a un objeto que esquiva la pretensión de verosimilitud. Quería dejar en evidencia que esta persona es llevada y traída por una voz superior, por esta especie de conciencia duplicada que la nombra. Ella es dicha por alguien. La elección del punto de vista no es menor. Cuestiona políticamente al propio texto. ¿O acaso todas las mujeres tenemos voz? Nos entienden como cuerpos. ¿Por qué no extremar la operación privándola de un nombre y un yo? No tiene lugar, ni siquiera en sí misma. Como creyente, su cuerpo no es suyo, es de Dios. Como esposa, su cuerpo ha de satisfacer la obligación del deseo ajeno. Ha de parir. Y no pasa. Sin voz, ella es objeto. Hasta su liberación y desobediencia. -Los personajes vivos son anónimos y los muertos tienen nombre, ¿por qué tomaste esa decisión? -Los muertos tienen placa, son gente que se puede leer. Los vivos tienen función, son gente utilitaria: un proctólogo, un escribano, un concejal, un cirujano. Esos tipos adquieren valor por su tarea, son títulos. Si tienen o no alma es un asunto menor. -¿Qué relación hay entre catolicismo y erotismo? -Es la religión que inventa lo erótico, la que lo encarna. Es la religión de la sangre y del cuerpo de Cristo, la que imagina un embarazo, una concepción entre una mujer y un espíritu. Un relato que, al marcar la falta, el pecado, lo nombra. La mujer aparece como un receptáculo mudo, en el mejor de los casos. En Sulfuro el deseo se desborda, atraviesa planos. Ella se ofrece al deseo del Otro. Discute así, en el absurdo. -Dos temas sensibles, como son el suicidio y el aborto, están presentados con desparpajo, sin perder el carácter ritual que tienen para los personajes. ¿Cómo trabajaste esas cuestiones? -Precisamente al ser temas sensibles no me parecía atinado subrayarlo. La protagonista se desembaraza del horror resolviendo situaciones con mucha velocidad, sin detenerse. Quiero que dé la sensación de que su vida está ocurriendo ahora, mientras el texto es leído. Por eso el presente. El pasado también a mucha velocidad: el que se detiene pierde. Ella está obligada a saltar al vacío cada vez, y levantarse. -¿Es verdad que te vas a vivir afuera del país? -Ya estoy afuera. Lo que no sé es por cuánto tiempo. Mi extranjería fortalece la escritura. Camino por Praga, sin entender una palabra. Regreso a mis archivos con descubrimientos. Todo es nuevo, menos yo, que ya me sé. -¿Cómo ves el panorama literario y editorial en la Argentina? ¿Muy concentrado en pocos nombres, pese a la diversidad de propuestas? -No sé si hay pocos nombres, lo que hay son los mismos lectores. Un puñado. La curiosidad se ha traslado a otros dispositivos. Que no haya papel, que las tiradas sean cada vez más chicas, es un síntoma. Tengo talleristas con escrituras muy potentes y no hay editores a su altura. Digo, ¿quién arriesga hoy por nombres desconocidos? -¿En qué medida la poesía influye en tu narrativa y viceversa? -La única diferencia es la dimensión espacial, hay algo de la zona del objeto que lo distingue, que refiere a su propio deseo. Pero en cualquier caso el fraseo está muy contaminado, nada de descripción en línea recta. Trabajo los intervalos, eso intento, y pretendo que cada frase suene como si fuera la última. Me gusta imaginar que lo que escribo se puede tocar. Que se puede perder. -En la novela se percibe cierto hastío por las cuestiones de género y la corrección política, ¿es así y si es así por qué? -Sí, es un fastidio. Ya estamos en el siglo XXI, no puede ser que se lea peor que en el XIX. La pereza conceptual se me hace inadmisible. La bajada de línea, lo didáctico o lo pueril me resulta un plomazo. Escribir con corrección política es una pérdida de tiempo. De quien escribe y de quien lee. Con las buenas intenciones se hacen pésimos libros. -Hay escribanos en la novela. ¿Qué connotación tiene con la tarea de una escritora? -Ninguna. Aunque hace mil años, cuando estudiaba francés, me preguntaron a qué me dedicaba y respondí: “Je suis écrivain”. Una alumna dijo: “Ah, mirá, escribana, nunca lo hubiera imaginado”. .................................................................................................................................................................Breve texto autobiográfico de Fernanda García Lao ........................................................................................................................................................................... La escoba de tu abuela en la vereda Barre hojas de otoño, movimiento ciego. Vos, en el acto de mirar como si fueras otra. Dos veredas, treinta metros. Dos planos de tiempo irreconciliables. Imposible cruzar la calle. Sos el pasado. El presente no te conoce. Prohibido acercarse, dijo tu tía. Prohibido ocasionarle un futuro desgraciado. No te registra tu abuela. Supone que estás lejos, que sos feliz. De Autobiografía con objetos.

Reseña en El mundo Lecturas: Cuando lo normal es el miedo

martes, junio 28, 2022

“INTIME DISTOPIE” – ANNA RITA MERICO SU “DONNE DA MACELLO” DI FERNANDA GARCÍA LAO

(Fragmentos del ensayo de Anna Rita Merico) ------------------------------------------------------------------------------------------------------- Iperrealismo iniziale. La narrazione apre il proprio sipario sulla macelleria in cui il protagonista ha trascorso infanzia e adolescenza. Immagini in bilico tra tele di Francis Bacon e interni da squarci di cucina nella pittura fiamminga. La ripetizione ossessiva che lì aveva a che fare con la sottolineatura della ricchezza accumulata, qui ha a che fare con il vuoto nullificante dell’ossessione. La notte è il primo attacco di tempo. Notte e, subito, alba. Un baratto: io affilo coltelli e tu mi paghi corso. Legame zero. Solo movimenti rapidi, reiterati. Odore di ferro. Quel particolare odore che ha a che fare con i tagli sanguinolenti, con il rancido e con la morte. Tagliare, disinfettare, pulire, fuggire. Tagliaredisinfettarepulirefuggire mentre l’uccello che sveglia l’alba si dissolve. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------- Il corpo si presenta subito irretito tra ripetizione e indifferenza. La scena cambia. La narrazione procede a salti. Il cambio è repentino quasi che l’ambientazione nella macelleria paterna fosse solo uno sprazzo randagio di memoria. La dimensione della narrazione diviene narrazione di dentro. La città di Rawson è apocalittica, custodisce corpi tranciati e lucide descrizioni di come le donne vengono sempre più immesse e connesse al progetto della Giunta al governo. Unici testimoni un uomo e una bambina che irrompono intorno e dentro ad un autobus, per due volte, due trasparenze che vanno. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------- Selezione, analisi, test, esame, vaccino. Tutto incalzante in un assoluto immobilismo, il gigante ha i piedi nel fango. Moloch che si nutre di corpi, di pezzi, di inganni del tempo, di menzogna. Ciò che si svela è un interno battuto dai venti della perdita di sé. La mistura di corpi e linguaggio tiene il protagonista nel dentro-fuori: un occhio per guardare quanto gli accade intorno, un occhio per registrare i propri movimenti alla macchina da scrivere al fine di registrare, catalogare formulari, redarre, riportare, tenere dentro al protocollo, elaborare, archiviare. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Corpi sfatti e disfatti, putrescenze inspiegabili. La distopia, nella trama, è una psicosi dell’anima, una psicosi che inchioda l’occhio al dentro in maniera irrimediabile. Tutto scorre e mi avvicino al momento in cui le selezionate raggiungeranno gli eroi con cui mettere al mondo la purezza della perfezione. Jacinto, lascia essudare uno scorcio di pensiero critico rispetto alla situazione gommosa in cui si trova. Non riesco a staccarmi dalla lettura, incalzante, scrittura asciutta oltre ogni dire, ritmo da tamburo. Una trama che si apre a ventaglio. Mi affascina una scrittura ispida, angolosa, precisa come taglio di bisturi eppure mai avvitata su se stessa, mai torbida pur rostrando scenari torbidi. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Quale il tema dell’Origine di una scrittrice in America Latina? Nel fondo fondo di ogni sostrato cosa farne di un’Europa, terra madre, che ha macellato cultura del/nel continente americano? Dal punto di vista dei periodi storici, questa è storia recente, quanto continua a lavorare questa Storia se pur in aspetti apparentemente rimossi? Letteratura internazionale, dunque, come necessità di inforcare occhiali che ci indichino dinamiche di fondazione di una scrittura letteraria. Se ciò non avviene rischiamo di restare in un mentalismo fatto di paragoni con altri autrici/ori o con etichette che fuorviano comprensioni. Un grande cambiamento ha a che fare, sempre, con il ripatteggiamento del tema della maternità ossia dell’elaborazione dell’origine. Di ciò il testo ci dice. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Il viaggio di Jacinto è viaggio di uscita dall’utero, è viaggio di ricerca della forma umana al di là di ogni Storia obiettivamente data. Ogni pagina di Storia riguardante la guerra o una dittatura, a qualsiasi latitudine avvenga, mette in scena il disprezzo per l’umanità, agita la sevizia dei corpi e delle volontà. Ogni pagina di storia in cui parla la dittatura, dice sempre di una regressione dell’umanità, di un disprezzo dell’alterità. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------- In questa narrazione è presente tutto il tema della maternità, del corpo femminile: luogo della prima alterità e della prima radice di umanizzazione. Tra le righe è narrato tutto l’odio covato nel progetto vendicativo con cui inseminare la Vita. Di tanto in tanto compaiono sentimenti quali la paura, l’attesa ma, nulla di talmente forte da riportare i personaggi alla memoria del proprio essere umani. Spreco di sperma, disvalore della procreazione. Regressione allo stato precedente la stessa umanità, lì dove il vivente pulsa ma senza forma. È la parte separata e oscura che attraversa l’umanità, oggi. Fernanda ci chiede di vederla. Fernanda ci chiede di riconoscerla. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Ciò che resta in sottofondo in Donne da macello, è – dunque- la Storia, sia la storia legata agli anni del regime, delle sparizioni, del valore zero dato ai corpi dei dissidenti, sia la storia che ha dato la stura alla nascita degli Stati nel continente americano. Le vicende storiche accadute in Argentina sono quelle che vengono lasciate “nella stanza accanto”, alitano tra le pagine del testo, non chiaramente nominate. Ciò che l’Autrice ci mostra non è la mera vicenda che un libro di storia può narrare, documentare con fonti, qui è la storia del grado zero cui si giunge in una situazione limite che va perpetrandosi nel tempo. Cosa scardina un regime nell’animo umano, nel fondo dei fondi della psiche? --------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Fernanda Garcia Lao ha conosciuto personalmente i pennini sismici che hanno fatto impazzire la “normalità” in situazione estrema quale quella della dittatura in Argentina e la resa del suo testo mi dice di una piega colma di riflessioni su uno status di attacco che, prima ancora di essere volto al nemico è volto alla propria umanità. Passaggio apparentemente difficile da comprendere. Passaggio su cui occorre ancora tanta riflessione per dire… Fernanda Garcia Lao si è assunta parola che intaglia i movimenti della distruttività e dell’auto distruttività. Lo ha fatto con maestrìa e, soprattutto, lo ha fatto ricordandoci il pertugio d’uscita. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------- “Questo progetto fallito mi sta trasformando in meglio. Il cinismo e l’ipocrisia della Giunta sembrano racconti della preistoria. Lontano dalla vita pubblica mi sento imprevedibile. Sembro quasi una persona.”6 --------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Grazie Fernanda per questo passaggio letterario non semplice, né scontato; passaggio di un’attualità cocente, cruna d’ago che ci interroga chiedendoci di posizionarci al di là d’ogni morale perché ciò che è umano, troppo umano, affonda lì la propria radice. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------

martes, junio 14, 2022

La scrittrice argentina Fernanda Garcia Lao presenta "Donne da macello"

Una delle più importanti nuove voci della narrativa di area latinoamericana presenta a Lecce il suo romanzo, pubblicato dalla casa editrice salentina Musicaos
LECCE - Venerdì 17 giugno Astràgali Teatro, in via Giuseppe Candido, in collaborazione con Musicaos Editore, ospita un incontro con Fernanda Garcia Lao. La scrittrice, drammaturga e poeta argentina, una delle più importanti nuove voci della narrativa di area latinoamericana, presenterà il suo romanzo "Donne da macello", uscito in Italia per la casa editrice salentina Musicaos nella collana “Vela Latina”. Inizio ore 20:00 con ingresso libero. Dedicata alla letteratura ispanoamericana, la collana diretta da Diego Simini ha già accolto autrici e autori come Miguel Vitagliano, Mauricio Rosencof, Emilia Pardo Bazan, Rosalia de Castro e ospiterà a breve il romanzo d'esordio del giovane autore messicano Laury Leite. All’incontro - con letture a cura Roberta Quarta e Simonetta Rotundo - interverranno Fabio Tolledi (regista e direttore artistico di Astràgali Teatro), Diego Simini (docente di Lingua e Letteratura Spagnola dell'Università del Salento, traduttore del romanzo e direttore della collana “Vela Latina”), la scrittrice Elisabetta Liguori e l’editore Luciano Pagano. "La rilettura della guerra delle Malvinas si innesta qui su un’ambientazione postapocalittica in cui, alla stregua delle ancelle della Gilead di Margaret Atwood, le donne diventano corpi da fecondare per portare avanti un folle progetto nazionalista", ha scritto Anna Boccuti, ricercatrice di lingue e letterature ispanoamericane presso l’Università di Torino, su “L’Indice dei libri del mese”. Il romanzo (titolo originale "Nación vacuna", 2017) è ambientato a Rawson, città sperduta nel sud dell’Argentina, dove si insedia la nuova Giunta di governo che sostituisce i comandanti militari morti nelle isole M, a causa di una sindrome misteriosa contratta durante le celebrazioni per la conquista delle tanto agognate terre. Jacinto, un grigio impiegato statale, partecipa a un folle progetto di cui non coglie subito tutti gli aspetti. Si tratta di selezionare alcune donne da inviare nelle isole M, dov’è rimasto segregato un manipolo di soldati sopravvissuti alla malattia letale e contagiosa che ha decapitato lo Stato maggiore. Le donne vengono scelte per soddisfare gli appetiti sessuali dei soldati, che dovranno renderle gravide per dare vita ai figli alla patria, i primi bambini nati nelle isole riconquistate. La famiglia di Jacinto è composta dal fratello Leopoldo, facente parte della Giunta e ideatore del piano, dalla madre psicologa, che predilige il fratello a Jacinto, dal padre, macellaio, il cui carattere stride con quello del figlio vegetariano, suo bersaglio prediletto. Su questi elementi si fonda una narrazione piena di eventi imprevedibili, con una scrittura densa, fluida, implacabile. ********** Argentina, classe 1966, Fernanda García Lao, tra il 1976 e il 1993 ha vissuto in Spagna. Nel corso degli anni ha studiato recitazione, drammaturgia, musica, danza e giornalismo, tra Spagna e Argentina. Da notare i suoi romanzi “Muerta de hambre” (Primo Premio del Fondo Nacional de las Artes, 2004), “La perfecta otra cosa” (terzo premio Cortázar), “Vagabundas” (finalista Premio Sur de Novela), “Fuera de la jaula” e “Donne da macello” (Nación vacuna, 2017). Ha pubblicato due libri di racconti, “Cómo usar un cuchillo” e “El tormento más puro”, ben accolti dalla critica argentina. Come poeta ha pubblicato “Carnívora y Dolorosa”, per le edizioni della Universidad de La Plata. Insieme a Guillermo Saccomanno ha pubblicato il romanzo erotico-epistolare “Amor invertido” e la raccolta di narrazioni brevi “Los que vienen de la noche”. È stata invitata a Fiere internazionali di Letteratura in diversi Paesi dell’America latina e d’Europa. Suoi testi sono stati tradotti in francese, portoghese, inglese, svedese e greco per riviste digitali e cartacee. I suoi libri sono pubblicati in Francia, Spagna, Messico, Perú, Bolivia, Costa Rica e altrove. Alla Fiera Internazionale del Libro di Guadalajara (Messico) del 2011 è stata celebrata come “uno dei segreti meglio custoditi della letteratura latinoamericana”. I romanzi di Fernanda Garcia Lao rientrano in quelle opere di autrici sud americane «numerose e in armoniosa contiguità, che possono davvero essere intese come parte di una medesima costellazione, e non come astri isolati», sottolinea Anna Boccuti. «Più che esprimere il “femminile”, queste scrittrici riprendono tematiche dibattute a livello globale e assai produttive se scrutate nell’ottica dei femminismi attuali, allineandosi con alcune preoccupazioni della letteratura “mondiale”. Beninteso, nei loro testi non ci si trova sempre di fronte a un femminismo programmatico e militante, e tuttavia la presenza di strategie narrative comuni autorizza a parlare di racconti femministi». ******** Musicaos Editore nasce dall’esperienza di «Musicaos.it – uno sguardo su poesia e letteratura», la rivista online di letteratura e critica nata nel 2004 e divenuta, nel 2015, casa editrice. La linea editoriale è centrata principalmente sulla narrativa e la poesia contemporanee. I volumi sono disponibili in cartaceo e digitale, e possono essere acquistati in tutte le librerie, e negli store digitali; il rapporto coi nuovi media è connaturato alla casa editrice fin dalle prime pubblicazioni, realizzate in formato ebook già dal 2012. Info e catalogo musicaos.org

Tres textos al checo de García Lao

 

                                                                    KRUELY 

                                                              (LAS CRUELES)

                                                          

Ty jasmíny ze starého světa tu úplně zešílely. Madam Arnaudová je přivezla z Francie. Myslela si o sobě bůhvíco, tak jí připadalo, že cestovat s vybranými předměty by bylo málo, a proto naplnila několik zavazadel zazimovanými sazeničkami. Vznešeným květinám s modrou krví se v lodní kajutě dýchalo dobře a domestique je tam chodila každý večer zalévat. Tak jí madam říkala. Ma domestique.

Jakmile se kruely probraly, začaly běsnit. Ten plebejský, vlhký svět Buenos Aires se jim zřejmě nezdál dostatečně zajímavý. Palác v Grassu, odkud pocházely, se ani trochu nepodobal budově páchnoucí přístavem, kterou dala madam opravit. Já je tam měl přivítat místo bratrance architekta.

Jakmile kuchařka uviděla čtvrť, dala výpověď, že prý jejích hrnců není hodná. Hospodyně zůstala ve Francii. Jediná služka tak měla hodně práce. Musela uklízet a obsluhovat, a přitom se také starat o květiny, zasadit výhonky do všech truhlíků na balkónech do ulice a vylákat je z hlíny. Naštěstí mi nechaly dva pokoje v přízemí. Chlap se vždycky hodí, řekla madam Arnaudová. Souhlasil jsem. Starám se o společné prostory. Zbytek času mám pro sebe a nemusím platit nájem.

Jasmíny se rychle rozrostly, dychtivě se rozpínaly, proplétaly se mezi okenními mřížemi. Původní květena, nocenky obrůstající obrubu balkónu, za pár dní zašla. Kruely se přizpůsobily fantaskním rostlinám na kovaných mřížích, podobným hybridním bytostem, tvorům s nezkrotnými kořeny a drápy místo prstů. Jejich strašlivý vykovaný výraz dobře ladil s krutostí středomořských rostlin. Tolik se propletly, že kov od živých výhonků nešlo odlišit. Brzy jsem si všiml, že dovezené květiny v mé přítomnosti sklánějí hlavu. Stačilo jim ukázat nůžky, a už se třásly. Jsem zdejší.

Služka se dožila jen jara, ani jsem neznal její jméno, ale ještě stačila vidět kvetoucí rostliny. Jen tak mimochodem se mi zmínila, že se jí už od příjezdu stahuje hrdlo, ale přičítala to změně podnebí. To děvče omdlelo ve svém pokoji u okna a odevzdaně zemřelo. Poznal jsem, že ji vlhkost vyčerpává, ale nenapadlo mě, že v tom takovou roli sehrály ty květiny. Pocházely konec konců z její země.

Dotkl jsem se jí jenom proto, že jsem si myslel, že spí, řekl jsem pak ráno madam Arnaudové. Bylo deset pryč a snídaně ještě nestála na stole. Ještě nikdy jsem se žádné služky nemusel dotknout, už vůbec ne mrtvé.

Šla se se mnou na ni podívat, nevěřila totiž, že zemřela. Když s ní zatřásla, popřela její pochybnosti nasládlá vůně a namodralé rty. Madam ukázala do okna na vztyčený stonek květin působící ještě pyšněji než obvykle. Bylo to ztvrdlé mystérium, jen trčící pestíky. Madam Arnaudová vykřikla a už se na mrtvou ani nepodívala. Ta ústa měla nestydatý výraz. Jako by ji při posledním vydechnutí zaskočila touha. Jako by kopulaci přerušila smrt. Nebo jako by smrt byla právě tohle, kopulace zoufale toužící být přerušena.

Podle hysterických pokynů jsem musel vzít dívčino ledové tělo a odtáhnout je na terasu. Pohřební službu radši volat nebudeme, ať nevzbudíme podezření. Kdo by nám uvěřil, že se stala obětí květin, řekla madam Arnaudová.  Ještě by mě měli za blázna.

Služka té noci shořela v narychlo připravené hranici zaměnitelné za nedělní grilování v sousedních domech.

Po této události se madam zamkla ve věži a začala sama se sebou mluvit francouzsky. Křičela. Až jsem si pomyslel, že tam má schovaného milence, ale pak mi došlo, že obviňuje bytosti z balkónů a tu mrtvou jim vyčítá. Prý ji vdechla, říkala, prý se jí ústy dostal dovnitř kouř a nyní jí domestique sídlí v plicích.

Okna a dveře věže otvírala, jen když po mně v kteroukoliv hodinu chtěla, abych jí přinesl vodu. Navíc chodila bosa a nemyla se. Vypadala jako prasnice, když se bouká. Za měsíc zhubla několik kilo, sotva lapala po dechu. Ze schodů jsem viděl nedotčené zbytky jídla na stříbrných podnosech, které se hromadily na podlaze. Mouchy měly hody.

Jednoho dne došlo na nevyhnutelné, našel jsem ji na nárožním balkónu, ležela u zábradlí. Osamocená, vyřízená, s očima v sloup. Nedýchala. Z koutku úst jí hutné sliny vytékaly na kombiné a odtud na podlahu. Odtáhl jsem ji do postele s baldachýnem. Abych udělal něco v souladu s tragédii, málem jsem na ni vylezl.

Byt brzy vyplenil houf nemajetných příbuzných. Ani jsem nevěděl, že nějaké má. Po kobercích, svícnech, šatech a špercích se jen zaprášilo. O balkóny a jejich prapodivnou květenu se nikdo nezajímal. Stejně tak je nezajímala postel, ve které ležela nebožka při posledním rozloučení. Ve vzduchu tu visí cosi nechutného. To říkali. Tady se jim to nezdálo dost dobré, přestože sami bydleli až za čtvrtí Palermo.

Pohřbili madam Arnaudovou, ještě než třetího dne zapadlo slunce, a nechali mě tu samotného, abych připravil dům k prodeji. Tehdy jsem je varoval, že mezi sousedy koluje fáma, že je začarovaný. Prý v domě straší a záležitost se může protáhnout. Prý se tam zjevuje služka, prý tam obě poletují a hlas madam Arnaudové splývá s lodními sirénami.

Aby si nemuseli lámat hlavu s penězi, navrhl jsem jim pronájem. Souhlasili. Přijal jsem jistou zámožnou malířku, která v téhle oblasti sháněla ateliér, a ubytoval jsem ji ve věži v třetím patře. Odstěhoval jsem se z prostoru pro služebnictvo a zabral jsem si zbytek domu pro sebe.

Okny se dovnitř valilo letní dusno, a proto se první den ve věži zavřela, dokud se nesetmělo. Když slunce zapadlo, otevřela okenice dokořán a zhasla. Ze všech úhlů byla vidět její silueta ve spodním prádle v téměř prázdném bytě, kde stála jen ta postel a malířský stojan. Nemohl jsem usnout, přemýšlel jsem o jejím těle, že je to cosi jako past, výzva.

Ráno rozmístila rámy, vybalila kufry. Já ani kruely jsme z ní nespouštěli oči. Groteskní bytosti z mříží také ne. Všichni jsme ji ze svých míst špehovali.

Clementina Castelarová se osvěžovala ve vaně. V noci špatně spala, neustále se v posteli madam převalovala.

Připadá mi, jako by ten baldachýn dusil, pronesla jednou nahlas. To musí být tím kyselým větrem z přístavu, pachy z lodí, špínou. Čalouněné čelo postele vypadá jako růžový hrudník, třásně jako dlouhé prsty nebo větvičky hlohu.

Vylezla z postele a uhlem nakreslila sama sebe, přivábená plátnem jako hmyz květinou. Na balkóně vzdychaly kruely a spřádaly, jak jí ublíží. Bytostem z mříží narůstaly končetiny, stávaly se tvrdšími než železo, z něhož byly ukovány. Tak mi to připadalo.

Když malířka usnula, vůně zesílily. Natáhly se až k okraji postele. Napadlo mě zajít za ní, ale ovládl jsem se. Copak snad mohu zvrátit osud, který jí chystají kruely?

Další den jsem však Castelarovou potkal u vchodových dveří. Nastoupili jsme do výtahu a všiml jsem si, že je plná energie, přestože ulice žhnula. Požádala mě o nůžky. Dal jsem jí je. Představoval jsem si, že je chce na stříhání pláten, ale když jsem se večer vracel z jednoho podniku, našel jsem na chodníků několik nejkrásnějších poupat kruel. Jejich šťáva obarvila dlaždice. Stonky olizovala toulavá kočka.

Clementina ve dne malovala a v noci prostřihávala. Na všech plátnech jsou pouze amorfní plodolisty podobné bičům či jazykům, pošetilé semeníky, tak mi to vysvětlila a tvářila se odborně. Vyhýbal jsem se pohledům na její obrazy, ale zdálo se mi, že se tam ženské ohanbí splétá s květinovými motivy.

Rozhodl jsem se zametat, co padalo na chodník. Ochmýřené korunky vypadaly jako rozčtvrcené hlavy. Kočka tehdy poprvé hned opuchla.

Ale ten pravý boj byl čichový. Oleje a malířské barvy soutěžily s vůní kruel. Přišlo mi, že mřížové bytosti ochabují, možná horkem. Vyprahlí staříci ze sousedství padali jako psi bez vody.

Slečna Castelarová se už neoblékala, ani když šla otevřít dveře. Přijímala ve vybledlém kombiné. Nejen mě, kohokoliv. Neustále jsem ji pozoroval, nechtěl jsem ji nechat na pospas její nestydatosti. To, že vzdorovala, ve mně vyvolávalo úzkost.

Včera uplynuly od smrti madam Arnaudové dva měsíce a já jsem zjistil že se mi samy od sebe otevírají balkónové dveře. Není to větrem. Kruely se v noci ježí a brzy se rozrostou. Ne do výšky. Jsou nalité a opuchlé. Ztratily barvu a získali na váze. Zadržují vodu nebo nenávist, nevím. Vytéká z nich slizká sraženina. Sousedé se našemu chodníku vyhýbají.

Nebylo ještě ani osm, když mě malířka požádala, abych pozavíral dveře na balkóny, protože přichází bouře. Neochotně jsem ji poslechl, potom se zavřel v jídelně a čekal, že dopadne jako ty ostatní. Konečně budu mít dům sám pro sebe.

Uběhla asi hodina, když v tom jsem uslyšel hlasitou ránu. Napadlo mě, že skočila z balkónu na ulici, a na okamžik jsem se zarazil. Zamyšleně jsem vyšel po schodech.

Když jsem vešel do jejího ateliéru, zjistil jsem, že okna jsou dokořán. Ona třímá v jedné ruce nůžky a v druhé několik květů kruel, otevřená ústa má potřísněná mlíčím, přichází ke mně a já tam jen ochromeně stojím. Zabouchne dveře. Nabídne mi, abych se zakousl do jasmíny, kterou drží v náručí. Ta sladká vůně mě mate. Věž je nasáklá pachy. Bojím se, že přijdu o rozum nebo místo ní skončím na chodníku. Zlámaný a lesknoucí se jako květina, kterou někdo ustřihl.

 

Přeložila Markéta Hlásková




Síra (Sulfuro)

 

Mé srdce je pták, který nevěstí nic dobrého.

TERESA WILMS MONT

 

 

NOTÁŘ, KLUCI, NEUPRAVENÁ HUSA ODVEDLE

 

Přistěhovala ses před několika dny a už tě otravují ropuchy. Představa, že existují. Proto celou noc rozsvíceno. Bydlíš v domě se dvěma bazény, špinavými jako veřejné záchody. Kvůli listí a květům voda rychle zahnívá. Dům se ti vlastně moc nelíbí. Už jsi začala vnímat pach. Dobrá čtvrť s bungalovy, hlídači u vjezdů, zahradníky a úklidovými službami nemůže takhle páchnout. Notář to nevnímá. Ani kluci. Šla ses poradit se sousedkou, fádní, neupravenou husou odvedle, která ti to taky popřela. Zahrada je vepředu, ale divně to tam páchne.

Že by to přicházelo ze hřbitova? Na výpary vzlínající ze stěny přímo naproti vám jsi zřejmě citlivá jenom ty.

 

 FENA, NOTÁŘ, KLUCI

 

Dveře domu jsou skleněné, máš pocit, že tě kdekdo může vidět, jak tam chodíš v noční košili. Vidět tebe a fenu. Tebe v noční košili, fenu nahou. Ona je dražší, potomek šampionů. Chodí za tebou po celém domě, leze do bazénů, trhá pytle s odpadky. Šlechtěná, rozmazlená a věčně hladová fena, protože nikdy nemá žrádlo a nesnáší rýži. Ty taky nalačno. Nasedneš do auta s prázdným žaludkem a plnou nádrží, abys utekla z domu, od feny, od notáře, od kluků, od zápachu.

            Na dálnici, mokré vlasy postupně schnou, navzdory strachu stažené okénko. Vzhledem k rychlosti by bylo lepší je vytáhnout. Úlomek rozbitého podvozku, kousek pneumatiky, rána do oka, a už ti zůstane navždy otevřené. Ale neděje se nic, jen strach. Nač se starat.

            Po návratu rychle zaparkovat auto do garáže, aby tě notář neviděl, aby ti neřekl „už zase?“ tím svým huhňavým tónem, který se čas od času opakuje Hrozně křičí, aby ho všichni slyšeli. Dělá mu dobře tě stavět na pranýř.

            Při parkování se pravé zrcátko odře o vrata. To tě rozhodí, a místo abys zabrzdila, vrazíš do bicyklů a košů.

Ještě jsi nevybalila zimní oblečení, polévkové mísy, sbírku časopisů. Zíráš na tu pohromu. Zrcátko visí jako zralý citron na tenké větvi. Stejně jako tvoje paže, které bolí, když je notář příliš stiskne. Led nepomáhá. Když si na tebe vyleze, vždycky tě chytí za zápěstí a znehybní tě, jako by se bál, že utečeš. A taky ti olizuje uši nebo zadní stranu loktů, jako to dělá fena, když vylizuje talíře od oběda. Růžový jazyk, špičaté tlapky, jako vyhladovělá baletka.

Notářovo slintání ti každou noc zalepuje uši. Ale nejvíc ti vadí jeho zápach. V dechu se mu míchají všemožné zbytky. Neumí žvýkat, trávení se mu hromadí, překrývá.

Chystáš se vystoupit z auta, když zazvoní upozornění nazvané „Kluci“ a ty nejsi tam, kde bys měla být. Zapomněla jsi je ve škole. Zpátečka, zavadíš o druhé zrcátko. Ale na tom nezáleží. Musíš vyjet ven, otevřít bránu, nenabourat. Chovat se spořádaně.

Fena využije příležitosti k útěku. Už se zběsile řítí ke zdi a balancuje na koších jako provazochodec. Projedeš kolem ní, jako bys ji neznala, a ona si nemilosrdně žvýká použitou vložku.

 

Přeložila Eliška Kučerová




ZÍSKAT IMUNITU (NACIÓN VACUNA)


Tátovo řeznictví se na noc vždy vyprázdnilo. Ve dne se na prodejním pultě vystavovaly různé druhy masa. Hřbety, bifteky, kližky. Nakrájené, pečlivě poskládané hromady. Smrt se houpala ve vzduchu jako kočka zavěšená na háku. Nasáklá krví, kterou je třeba umýt. Louh se tam pral se zatuchlým puchem, co přetrvává. Co brání nádechu a prochází celým nervovým systémem. Udržet si odstup. Jako by tam byla zeď.

Léta jsem měl za úkol před svítáním brousit nože. Na oplátku mi pak táta platil účetnické kurzy.

Zpěv prvních ptáků oznamoval začátek mé práce. Zástěra a ocílka. Šli na řadu jeden za druhým: na krájení, na kuchání, na kuřecí, na stahování kůže z prasete. Šíleně dlouhá řada čistých střenek seřazených podle velikosti. Pak naaranžovat petržel. Falešnou stejně jako já. Živá petržel je na nic, rychle uvadá a prozrazuje rozklad. Odporné půlky hovězího, nafialovělý strup na krku dodavatele. Pach krve, co přetrvává celý den. Před osmou jsem si vždy posbíral poznámky a vyrazil do světa. Ale tu práci plnou smrti jsem si nosil všude sebou. Za každým číslem jsem viděl smrt. Naštěstí jsem získal titul a už se tam nikdy nemusel vracet. Vysokoškolák je odborník v ničem, sběratel náznaků. A účetní jsou nejhorší. Jsme mdlí lidé.

Teď, když je ze mě úředník, mě bolí pravá ruka z toho, jak manipuluji se svědomím a papíry. Když vyplním tisíce formulářů, už ji ani necítím. Uvažuji o své horní končetině jako o kusu masa, který na mně visí. Do takhle netečného stavu mě dostalo neustálé opakování. Tak například včera. Přehlídka nahých paží. Postavil jsem se vedle zdravotníka. Já pokládal otázky. On hledal žílu, pach. Strach páchne kysele.

Když jsem viděl, jak tmavé sérum proudí plastovým válcem, vzpomněl jsem si na tátu. Ačkoliv tuto práci člověk musí dělat opatrně, snadno se při ní přestanete soustředit. Z vpichu do kůže a pachu alkoholu se nakonec stane představení bez obsahu. Nos oslepne, svět znecitliví. Jako když se plní jelita.

Když jsme vyhráli válku, vše se zhroutilo. Město zaplnili úředníci, obloha vypadá jinak. Moc převzala junta, a usídlila tady, v Rawsonu. Tvoří ji trio civilistů, žádní výše postavení důstojníci v zemi nezbyli. Jejími členy jsou odborníci. Gynekolog, inženýr a komisař. Junta provozuje různorodou činnost, svůj ubohý program prosazuje s vojenskou rázností. Ale nemá dost prostoru. Těla válčí s Případy v jedné budově.

 

Zavírám oči, sundávám si brýle plné těch paží; fragmenty ženy. Přicházejí po částech. Nikdy se mi nepodaří vidět celé tělo. Buď jsou to hýždě, nebo paže. Náznaky těla. Ale nikdy ne úplná nahota, nikdy úplné odevzdání. Zůstává mi jen obraz vpichu, odlesk jehly. Modřina na kůži je jako stopa v bahně.

Každá očkovaná podstoupí oční vyšetření a testy podle Modelu péče Virginie Hendersonové. Je třeba jim položit čtrnáct základních otázek. Toho testu se ale bojím, jejich odpovědi se mi nelíbí. Mám radši, když mi nikdo neodmlouvá. V hlavách ostatních jsou temné sraženiny.

Pak vše dodělat na stroji, nekonečný úkol. Vzpomínám na první dny. Fascinace ťukáním. Co písmeno, to rána. Inkoust na neposkvrněném papíře je jako tekutý onyx. Na obsahu nesejde, práce zahání hvízdání v hrudi. Vítězí nad smrtí. Drsný úhoz písmene maže rodinu, vlast, svědomí.

Podle výsledků je třeba riskovat a vybrat. Vyhledávat zasažené či ohrožené. Máme malý manévrovací prostor. Jsme netrpěliví. Chtějí po nás, abychom přemohli čas. Abychom pracovali proti němu. Junta je nervózní, stát dlouho nepřežije. Selhává, sotva se narodil.

Bolest kloubů. O válci a papíru se člověku zdá, i když je vzhůru. Písmena mají těla, ale nedotýkají se. Stojí nehybně a vymýšlejí si své cíle. Aby vytvořila slovo, seřadí se pokaždé jinak. Spolčují se a mění si místa. Jsou to panny se snědými těly. Vojsko, které se v palbě rozuteklo a znovu se sbírá, aby něco vyjádřilo. Sval není totéž, co vlas. Změna polohy v jazykové Kámasútře.

Pacienti odevzdávají hlášení vyplněná tužkou a já je nečtu. Jsou plná gramatických chyb: Trpí nezpavostí. Vyhíbá se koupeli. Ani jedna z očkovaných nezíská čtrnáctkrát ano. Ta, co dobře spí, má vysokou teplotu. Ta, co se účastní volnočasových aktivit, se nemyje. Dokonalost neexistuje. Panuje nesouměrnost, faleš. S úzkostným úšklebkem pročítám náhodné odpovědi zkoumaných žen. Nezajímá mě to. Svět se mi hnusí už dlouho. Chci utéct. Nikdy ale neudělám to, po čem toužím.

Kávovar je rozbitý. Stojím u prázdných hrnků. Ve vnitrobloku kouří právníci. Mají od procházení spisů nebo od vdechování kouře ušmudlané prsty. Takže špinaví lidé. Mají jiné rysy. Sdílené prostory ale nakonec rozdíly mezi námi setřou.

Vracím se ke své práci. Bezvýrazné ženy odpovídají na mé otázky, které se táhnou jedna za druhou jako věnec špekáčků. Už mám plné zuby mrhání časem, všude píšu ano. Z otázky číslo šest je mi stydno. Proč jim připomínat, že musí nosit pořád tutéž košili a sukni? Rozhodnu se ji přeskočit. Na této straně světa ztratila koherence význam. Odpovědi si vymyslím. Odevzdám formuláře a odcházím. Nepřizpůsobil jsem se.

Nakonec nejdu do jídelny. Raději se na chvíli projdu. Město je v tuto dobu němé. Jen lehce poprchává. Zastavuji se na autobusové zastávce. Vedle sedí nějaký tlouštík s dcerou a oba hledí nepřítomně před sebe. Zabírají celou lavičku. Postavím se stranou a prohlížím si je. Dívka má sice jemnou pleť, ale kvůli robustní kostře působí buransky. A kašle. Vypadá jako pes, hrůzostrašná kombinace. Pohled na ni děsí. Zatřese rovnými mastnými vlasy, jako by si je chtěla shodit z hlavy. Přijíždějící autobus olízne obrubník. Dívka upozorní otce. Líně se zvednou. Když hledá peníze, střelí po mně pohledem. Myslím, že vycítila můj strach. Nastoupí a dveře se zavřou. Oči má přilepené na skle. Nespouští je ze mě, sápou se po mně, pak se zmenší a už je nerozeznám. Je mi do breku.

Den hnaný větrem ubíhá rychle, pak se ale zastaví a podívá se na mě. Okna se otřásají a skučení z venku zní jako práskání bičem. Běsnění lomcuje okenními rámy. Plískanice mou úzkost ještě umocňuje. Mlha nás činí neviditelnými. Nebe je obrácený pupek se struky mířícími dovnitř. Co chvíli zplodí nějakou zrůdu. Třeba mě.

Někdy dojdu až ke starému mostu. Ostatní se v hloučcích smějí a popíjejí. Advokáti s žalobkyněmi, zdravotní sestry s lékaři. Sliny jedněch na jazycích druhých.

V noci stojím před řekou Chubut, tou ohromnou pomalu plynoucí skvrnou, a močím. A bavím se představou, že ten světlý čůrek v husté tmě zraje a tmavne. Něco ze mě páchá v té řece sebevraždu. Mé ostatky putují do moře.

Dnes jedna očkovaná zemřela. Museli ji odklidit zadním vchodem. Přinesli ji na nosítkách. Erizo, ta nová ji přitáhla a ani si nevšimla, v jakém je stavu. Nechala ji u mě a odešla. Chvíli jsem na ni mluvil, ale dočkal jsem se jen mlčení. Ta holka byla ponořená ve své věčnosti už kdoví jak dlouho. Tady nikdo nemá pěknou barvu, uzavření nás odbarvuje. Mimo formulář jsem jí pověděl něco o sobě. Jsem tvrdý, řekl jsem. Někdy ale zakolísám, vypadám jako náčrt člověka, mohu si přát vlastní konec. S nikým nic nesdílím. To vše, abych ji přiměl k reakci, abych zapůsobil na její zdravý rozum. Nic. Smrt ničí jakékoliv lyrické překvapení. Rovná se demenci. Nebožka stále mlčela, ačkoliv se zdálo, že rozumí. Cítil jsem se svobodně, protože se mě na nic neptala. Když jsem se vyzpovídal ze svého hlubokého utrpení, napadlo mě se na ni podívat. Místo tváře měla netečnou masku, zcela bez barvy, rty bez života, tělo v rozkladu. Krk opanovala zelenošedá barva, která jako ve zpomaleném filmu stékala k trupu. Dotknout jsem se jí nesměl, ale ihned mi došlo, že jsem mluvil sám pro sebe. Ani jsem neznal její jméno. Spis jsem archivoval. Ne u otázky „dýchá?“ zbytek formuláře anuluje. Ruce si umyji velmi důkladně.

 

Přeložila Markéta Hlásková


lunes, junio 06, 2022

Reseñas por Basilio Pujante, Sulfuro

 


Quizás uno de los temas más comunes en la literatura fantástica sea el de los fantasmas. Estos personajes representan uno de los miedos atávicos del ser humano: la vuelta a la vida de los que ya han fallecido. Zombis, renacidos, espíritus… su presencia en este tipo de narrativa ha sido tan abundante que cabría preguntarse si es posible arrojar nuevas perspectivas sobre el tema. Fernanda García Lao nos demuestra que la (buena) literatura es capaz de encontrar nuevos caminos que transiten hasta por los territorios más trillados y nos ofrece en Sulfuro, su última novela, una inquietante novela de aparecidos en el que el tema de los fantasmas se conjuga con otros de gran calado, como más adelante veremos.

El libro está protagonizado por una mujer que tiene una estrecha relación con los muertos. Caminando siempre entre la cordura, desde su perspectiva es algo lógico hablar con fantasmas, y la locura, el resto de personajes la ven como alguien extraño y peligroso. La protagonista posee una relación mucho más fluida con los espíritus que con los que aún permanecen en el mundo de los vivos. García Lao opta para acercarnos a este carácter tan peculiar por la segunda persona, con un narrador muy cercano al personaje que se dirige a ella y que siempre la acompaña, convirtiéndose en una especie de espejo de sus vicisitudes y pensamientos. Además, la narradora argentina emplea un lenguaje muy poético, con frases breves que se organizan también en capítulos de escasa extensión en los que es más importante lo inferido que lo narrado, creando así la atmósfera misteriosa perfecta para esta historia.

Aunque está lejos de ser una narración lineal y de explicitar todos los pasos que da la protagonista, en consonancia a ese tipo de prosa que, como acabamos de señalar, define al libro, el argumento de Sulfuro se puede resumir en apenas unas líneas. Una mujer se vuelve a casar, tras un matrimonio fallido con un concejal con el que tuvo dos abortos, con un escribano que tiene dos hijos de una mujer ya fallecida; la casa en la que se instala con su segundo marido está situada justo enfrente de un cementerio y comenzará a relacionarse con algunos de los muertos que allí “residen”, buscando conocer más sobre el fallecimiento de su madre y de la antigua mujer del escribano.

Esta importancia que poseen los espíritus en Sulfuro se relaciona con otros tres temas que, a mi juicio, también son fundamentales para entender esta historia que camina entre lo sórdido y lo macabro. En primer lugar, la religión sería un elemento fundamental; la protagonista lee constantemente un libro sobre las vidas de santos y también entra en contacto, durante un periodo, con una secta de la que intenta encontrar respuestas a sus dudas existenciales. El sexo sería otro de estos temas fundamentales; si las relaciones con los hombres que tiene la protagonista se caracterizan por la falta de interés cuando no se convierten en verdaderas violaciones, ella muestra un gran interés por los fallecidos, alguno de los cuales le atraen mucho más que los vivos. A estos temas debemos añadir el de la familia, fundamental para entender la novela. El deseo de ser madre de la protagonista desemboca en una disyuntiva que será fundamental al final del libro: elegir entre los hijos de su segundo marido y los abortos que ha trasplantado a una maceta y que cuida de forma maternal.