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miércoles, enero 07, 2026

Quimera, revista de literatura #505

Monstruos que piensan el sistema: un inicio
Este editorial inaugura una nueva etapa en Quimera, con la responsabilidad que implica trabajar sobre el sedimento y el legado de décadas que no queremos traicionar. La abrimos con el deseo de proponer una revista que sea un espacio de análisis y de descubrimiento, que asuma la crítica como forma de lectura exigente y se arriesgue en sus elecciones y en sus modos de leer.
Nuestro punto de partida: las novelas, ensayos, obras de teatro, poemas y cualquier otra manifestación cultural con un componente literario relevante no son textos independientes, sino partes de un sistema interrelacionado. La literatura no vive aislada, ajena a otras artes ni al mundo. Como recuerda Claudio Guillén, toda obra forma parte de un entramado de textos, géneros, tradiciones y discursos; ‘literatura’ nombra este conjunto relacional, no un simple agregado de obras sueltas. Y, como diría Julia Kristeva, todo texto es un mosaico de citas, una absorción y transformación de otros textos. Una obra es siempre un punto de cruce, una reconfiguración de discursos ya existentes dentro de una red intertextual.
Nuestra propuesta: que esta concepción del sistema literario sea filosofía y modo de organizar la revista. Cada número se concibe como una constelación donde artículos, entrevistas, ficción y textos híbridos funcionan como nodos de una red de relaciones articulada en torno a uno o varios conceptos en diálogo. Algunos textos estarán estrechamente ligados entre sí y otros operarán como puntos de fuga, asociaciones laterales o relaciones oblicuas que abran el campo de lectura.
El primer número de esta nueva etapa orbita alrededor de lo monstruoso, lo posthumano y el límite de lo humano. En este inicio de 2026 se cumplen 175 años del fallecimiento de Mary Shelley y, a partir de Shelley y su famosa criatura, abordamos lo monstruoso con Fernanda García Lao, concepto que se reformula a través de la noción de género con las versiones teatrales de Frankenstein hechas por mujeres, gracias a Miriam Borham-Puyal. Rodrigo Fresán nos introduce en el universo monstruoso de Guillermo Del Toro, y conversamos con la curadora Maria Ptqk sobre narrativas híbridas, raras y posthumanas. Nuestro artista invitado, Guy Kinnear, trabaja la figura del gólem en un regreso a la tierra. Beatriz García Guirado nos arroja a los desechos de J. G. Ballard y a un mundo en destrucción ecológica; Manuel Santana propone distopías atravesadas de esperanza. También hablamos con Michel Nieva para desmontar las categorías de lo humano y lo no humano, y Benjamín Labatut nos entrega un relato de ficción donde se contaminan ambas etiquetas.
Este número es un inicio, no un programa cerrado. Habrá tanteos, desvíos y descubrimientos inesperados. Cada texto arriesga porque creemos que leer y escribir pueden transformar nuestra visión del mundo. La revista quiere ser un lugar donde experimentar, mezclar registros, incomodar un poco y, a la vez, ampliar las posibilidades de lectura. La apuesta de este mes es también la apuesta general de Quimera de seguir explorando y contribuyendo, número a número, a este sistema literario vivo y en transformación.
Gracias por andar en este camino.
Jofre Casanovas
Una reflexión sobre los límites de la simetría en el seno de la naturaleza humana, sometida a la potencialidad disruptiva del arte.

sábado, septiembre 20, 2025

Estación Saturno, novela.

Fotografía de portada: Arturo Aguiar.
"En Estación Saturno, con la prosa afilada, el humor dolorido y la imaginería poderosa e inquietante que caracteriza a Fernanda García Lao, se condensan todas las obsesiones del originalísimo universo literario de esta escritora indispensable de la literatura latinoamericana actual: los legados familiares oscuros, las estirpes suicidas y el fantasma de la locura, la confusión de identidades y el tema del doble, la indagación en la naturaleza esquiva del tiempo, la dimensión política de lo grotesco y el erotismo como antídoto de la angustia". Candaya narrativa, 2025
"El diálogo que la narrativa de Fernanda Garcia Lao establece con el otro lado y lo fantástico viene de lejos. Lleva haciendo terror latinoamericano al menos desde 2007. Se adelantó a la tendencia, y el gótico contemporáneo, ahora tan de moda, es en su caso natural". Vicente Luis Mora.
"Su discurso es poético y profundamente político. Y desde ese lugar casi oracular, con un velado sentido del humor, expone los dobleces que nos hacen más humanos". Adriana Bertorelli.

sábado, abril 06, 2024

Persona en alquiler, en El Pais

Para leer el cuento hay que suscribirse. O mejor, comprar el libro. Teoría del tacto de editorial Candaya.

viernes, marzo 15, 2024

El fantástico feminista de Fernanda García Lao: cuerpo, reproductividad y violencia

Sara Barberán Abad Universidad de Zaragoza
Fragmento.
"En la actualidad, la literatura escrita por mujeres en Latinoamérica, y en concreto en Argentina, ha alcanzado, como apunta Ana Gallego Cuiñas, un protagonismo «insólito» en nuestros días (2020: 71). Dentro de esta producción, quizás por esa vocación de la que habló Revol (1968: 206), o quizás por la rica tradición que el género tiene en el Río de la Plata, la literatura fantástica ocupa un lugar privilegiado. Algunas de las autoras más reconocidas de esta «Nueva Narrativa Argentina» –tal y como la denominó Elsa Drucaroff (2011)– cultivan esta literatura, como es el caso de Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Agustina Bazterrica, Gabriela Colombo, Valeria Correa Fiz, Yanina Rosenberg, Gabriela Cabezón Cámara, Ana Llurba o Fernanda García Lao.
La obra de esta última será el objeto de análisis del presente artículo, en el que nos proponemos señalar los mecanismos por los cuales buena parte de la producción narrativa de Fernanda García Lao puede adscribirse no solo a este género sino, más concretamente, a lo que se ha venido a llamar literatura fantástica feminista.
El cuerpo es absolutamente central en muchas de las novelas y relatos de Fernanda García Lao y, sobre todo, como veremos, en aquellos en los que lo turbio, lo extraño y, en última instancia, lo inexplicable se abre camino. La corporalidad se despliega y vincula con distintas ramas temáticas. Si bien en las páginas restantes de este artículo nos centraremos en las que tienen que ver con la reproductividad, no son estas las únicas que explora la narrativa de García Lao.
Encontramos, por ejemplo, la problemática de los cánones de belleza y los estereotipos femeninos ya en su primera novela, Muerta de hambre (2005), que narra la historia de una mujer que convierte su obesidad y su apetito en una protesta social contra la sociedad bienpensante que la rodea. La deformidad está también presente en el breve relato «Asterisco» (Cómo usar un cuchillo, 2013), donde los protagonistas someten su monstruosidad a un proceso quirúrgico para volver a integrarse en una sociedad que los margina. Así, vemos cómo en los relatos de García Lao se produce una constante trasgresión de los límites del cuerpo humano mediante atroces transformaciones que llevan a sus protagonistas a la más fina frontera entre la cordura y la locura» (Ferrante, 2018: 869).
Por otro lado, algunos de los motivos fantásticos por excelencia se convierten en una expresión de la inactividad de las mujeres, del papel pasivo y mediocre al que les ha relegado constantemente la historia. Podría ser esta una de las interpretaciones del motivo del autómata en Fuera de la jaula (2014). En esta novela, la mujer de un coronel muere mientras canta la «Canción a la bandera», al ser atravesada por un LP. Entonces, el coronel decide fabricar una especie de ¿muñeca, criatura, autómata? para sustituirla, a la que llama, significativamente, Lana Carne. En estos casos, la ausencia de cuerpos vivos, o más bien, la sustitución de los mismos por otros ajenos y artificiales expresa el lugar secundario de esas mujeres y lo sustituible de sus existencias para el patriarcado. La experimentación con las posibilidades o, más bien, imposibilidades de la ciencia reproductiva están muy presentes en las autoras argentinas contemporáneas, cuyos relatos logran hibridar la literatura de anticipación con los mecanismos del relato fantástico.
Tenemos en la obra de Fernanda García Lao dos ejemplos perfectos, ambos procedentes de la colección El tormento más puro (2019): «Tan de cerca» y «Cuánto vive un óvulo». Los dos parten de una imposibilidad científica, al menos, en nuestros tiempos: la realización de un trasplante de útero y la exhumación de una mujer fallecida para obtener descendencia de sus óvulos, respectivamente. Uno de los modos de creación de lo fantástico se basa en la exageración de un elemento cotidiano. En una entrevista, la autora confesó haberse inspirado en Angelina Jolie (García Lao y Mucci, 2019) para crear a la protagonista de «Tan de cerca», que, del mismo modo que la actriz, decide someterse a cirugías para extirparse los senos y el útero. Si bien la actriz tomó la decisión de hacerlo a modo preventivo, la protagonista del relato de García Lao persigue otro objetivo: la liberación. Esto empieza a percibirse cuando, a medida que va haciendo desaparecer sus órganos reproductores, los seres vivos bajo su cuidado perecen: las flores se pudren tras la primera intervención y, después de la extirpación del segundo pecho, muere su tortuga doméstica. Tras la extirpación de útero, leemos: «Al volver a casa, se siente libre. No hay plantas ni mascotas muertas. [...] Una armonía ardiente la iguala al resto del mobiliario» (García Lao, 2019: 113). ¿De dónde viene esa liberación, esa armonía? La clave nos la dan las palabras que el doctor pronuncia cuando la protagonista ofrece su órgano:
«Haremos de su útero una industria de futuro. Un vergel de prosperidad. Su resto, al servicio de una causa grande» (112). Su útero es «reubicado en un cuerpo con más apetito social, con más ansia reproductiva» (113), y la protagonista vuelve a su hogar, liberada, comprendemos, del mandato de la maternidad obligada.
Fernanda García Lao describió Sulfuro (2022) como una novela existencial con fantasmas (García Lao y Ramos, 2022). La percepción de la protagonista es constantemente puesta en cuestión. Solo ella parece ver y poder comunicarse con los muertos, que viven en el cementerio de al lado de su casa. Sin embargo, en ocasiones llegan objetos del más allá, como la bombacha o el pañuelo bordado, supuesta prueba de la existencia de los espectros. Otro aspecto fantástico encontramos cuando, tras abortar en dos ocasiones, la protagonista decide enterrar a sus hijos en el jardín y de ellos nacen dos quinotos.
Si Sulfuro era, en palabras de la autora, una pesadilla individual, Nación vacuna (2020) se erige como una pesadilla colectiva (García Lao y Ramos, 2022). Se trata de una de las obras más brillantes y con mayor reconocimiento por parte del público y la academia".

miércoles, diciembre 27, 2023

Niña sin patria

UNO
No es igual irse a que te vayan.
DOS
Quién es esa que fui sino la que creo haber sido. Quién subió al avión el día de su cumpleaños en 1976. ¿Yo? Mi hermana dice que saludé a una platea inexistente desde la escalerilla. No recuerdo. Pero escucho de aquel día a un grupo de pasajeros, entre nubes, que cantan.
TRES
Del reiterado Yo es otro de Rimbaud, hay varias interpretaciones. La más obvia es el desdoblamiento. Yo es otra en cuanto bajo del avión. Pero quién. La dueña de un libro, una muñeca.
CUATRO
Un amigo, que además de psicoanalista es editor, me escribe: “Renacer a través de las elecciones extremas es, también, una marca compartida. ¿No se podía elegir dos libros y cero muñecas? Para una niña, le contesto, elegir una muñeca es fundamental, es nuestra primera doble. Hoffman lo sabía bien, me dice. Y Silvina Ocampo, le digo. Pienso en Icera, la que no quería crecer. Soy todo lo contrario. La infancia arrebatada de golpe me hace vieja. Al menos, esa sensación. Una mujer impostando su niñez frente a las demás. En la escuela, cara de póker.
CINCO
Yo es una representación ilusoria que necesita de otro para existir, como mero límite del mundo, dice Wittgenstein. Hay un yo porque hay un vos, porque hay otro. Si el otro es móvil, si la familia se recorta de su origen, quién ve. Por otro lado, un país que no se ve, ¿existe? Argentina no es más que un tipo de sobre. Cuando llega carta se reconoce el origen por el borde. La palabra suena a misterio.
SEIS
Ese núcleo familiar en movimiento se hace mundo y, a la vez, recluye. Mejor no abrirse, no dar demasiada información. El país del padre sustituido por el de la madre. El concepto de patria ha muerto. La bandera, el himno, también. La fila se rompe, no hay letra en el nuevo, solo una melodía que suena de lejos. Liberarse de lo anterior. Entender es el propósito excluyente de la niña. Desaprender una doctrina pone en duda la que pretendan imponer después.
SIETE
Cómo hacer un yo si lo que hay es distancia. Mi yo, ocupado por la doble. Fabrico a esa otra con material descartable, de oídas. Aprendo a ser, lo consigo. Cumplo diez, once, doce en el documento, pero en el fondo las cuentas no cierran. ¿Soy mi propia muñeca? Qué fue de la que traje de Mendoza, no sé. La abandono en cuanto tengo un ropero.
OCHO
La nueva no coincide con la anterior porque es vulnerable, ha sido modificada por el exilio. Y no sólo. Mi yo pasado, mi niña yo, se vuelve una imagen difusa. Imaginar viene de imagen, pero en movimiento, el lenguaje no hace otra cosa que proyectarse hacia adelante o hacia atrás. El país, en estricto pasado. Qué vértigo imaginar el océano en el medio. Cada llamado incluye el eco de las olas, la interferencia. Operadora es una palabra que suena a ciencia ficción, a barco hundido. Se habla rápido, para no gastar.
NUEVE
Además de una conciencia, una es cuerpo, sistema de creencias, un imaginario, una condición, una característica social determinada, una historia colectiva. Pero la Historia es otra. En el relato del país nuevo hay un elenco diferente. Isabel y Fernando. Felipe el hermoso y Juana la loca. ¿Habitar una torre es igual que carecer de territorio? Desacralizar lo impuesto. Me veo en la torre, pero bajando. Por el lado de afuera.
DIEZ
Ausentarse no es una elección. Al vivir lejos, se toma conciencia de la distancia entre el yo y lo que eso significa. Para la gramática, yo es la palabra que remplaza al sujeto. Entonces, yo es el modo que tenemos de sustituirnos. Y no tiene género. Yo es nadie: puedo ser quien quiera. Yo soy nadie, vos quién sos, escribió Emily Dickinson. Yo es quien dice serlo. Digo soy argentina, pero hago mis zetas, aprendo el mundo en Madrid. Cada minuto es un metro más de distancia. También se entiende así: sacarse la responsabilidad de ser alguien. Permitido inventar, cambiar de nombre. La niña se administra sola.  
ONCE
Olvidar la herida, el país que se dejó, es importante. Sin recuerdo no hay nostalgia. El presente se hace tierra, dominio. La distancia es visual, existencial, auditiva. Mejor leer lo que se aproxima. Palabras y caras nuevas. El vocabulario incluye incógnitas sencillas: rollo, prisa, melocotón. Comerse el diccionario, autorizarse.
DOCE
Yo es una desconocida, yo es otra incluso físicamente: quién soy vista de atrás, de espaldas, yéndome. La niña ha pegado un estirón, las piernas flacas parece que fueran a quebrarse. Los pies no crecen. Qué difícil la clase de gimnasia. Terror a los saltos, las volteretas. Luego, actuación, certificado, excusas.
TRECE
Ser una extranjera que se ocupa en su adaptación y va mutando es un trabajo de tiempo completo. Yo es el que prueba la realidad, dice Freud. Pero, tal vez, es la realidad la que nos prueba. Somos su experimento. Del otro lado del océano, sólo malas noticias. El padre ha viajado solo, para ver a su mamá. Vuelve triste, desolado. No voy más, dice. Los amigos no están, los que quedan, irreconocibles.
CATORCE
Habitarse con conocimiento de la usurpación es una toma de conciencia. Hacerse de nuevo dice que se puede discutir el yo, aunque el descubrimiento sea un poco prematuro y no haya herramientas. De vez en cuando la incógnita de quién hubiera sido si... Pero hay que ocuparse de la evolución con audacia. Menstruar junto al mediterráneo anula a la cordillera, no queda ni el contorno. El cóndor muta en buitre adjunto. Instrucciones para utilizar un tampón.
QUINCE
Intercambio de casa y de conocimiento con púber francesa. Salida en tren hacia un tercer país. Primera vez con el wiski, con la independencia. El mundo es más que el país lejano y el de acogida. Ampliación del campo de batalla. Recibir una carta de la madre donde explica la nueva desgracia plus ultra. Ahora han inventado una guerra como método de distracción. La familia se divide en la opinión. Leer sobre Malvinas en francés, vuelve el horror distópico, improbable. Al regresar del viaje, el evento macabro ya terminó. Se han replegado las consignas, abandonado los cuerpos. Resolver que Argentina es un absurdo, desterrarla por imitación. Hacerle al país lo mismo que nos hace. Proscribirlo.
DIECISEIS
En Core, Andrzej Szczeklik relata cómo la cultura griega se vio influenciada por el chamanismo de Siberia: el chamán, aquel que negocia con los espíritus, el que va en lugar del enfermo a lugares donde los demás no tienen acceso, es un personaje similar a lo que los griegos recrean en el mito de Orfeo. El poeta, como los chamanes, tiene la habilidad de llegar hasta el ultramundo para buscar el alma robada de alguien. Chamanismo y catarsis son estados de conmoción. Mientras en el primero, hay que abandonar el propio cuerpo para llegar hasta lo inverosímil, con la catarsis se libera al cuerpo del mal, purificándolo mediante el arte.
DIECISIETE
Core significa muchacha, pero también pupila. La niña. La imagen de la niña crece hasta convertirse en nombre propio. Perséfone o Kore, hija de Zeus y Deméter, raptada por Hades el señor de las tinieblas se ve espejada en esos ojos y a partir de entonces queda ahí, duplicada “en el Palacio subterráneo de la mente”, escribe Roberto Calasso, en Las bodas de Cadmo y Harmonía. Al morir el padre, mi Core se libera. También disuelve el último lazo con Argentina, así se siente. Todo es ahora. No hay allá. La muerte de la palabra padre habilita a la hija a ser, a constituirse. Desatención del alma. Y de las noticias.
DIECIOCHO
Sin saber aún qué decir, aspiración a la poesía. La chamana y la enferma coinciden, pero el verso no aparece. Fracasar en el intento no es perder, la insistencia es el viaje. Hacer teatro permite asimilar todas las que soy, ponerlas a jugar. Catarsis disfrazada de profesión, un objetivo.
DIECINUEVE
Escribir e improvisar, el nuevo vicio. Intervenir la autobiografía desde la ficción para hacerla legible, escriturable, es un modo de construirse sin excluir el vacío, pero inventando un puente. Yo es la elipsis. El salto. Aprender de caídas sin lastimarse tanto.
VEINTE
Niña sin patria, huérfana de padre. Y de ahí, intempestivas respuestas, disfraz oscuro, anarquía y desobediencia a cualquiera que intente la autoridad. La hermana mayor encarna la resistencia al entorno. No ha dejado de sesear, detesta lo español. Aspira a regresar. La madre teme por la disolución de la familia. Sin preguntar, vende, compra. Organiza el traslado, la repatriación.
VEINTIUNO
En estado de desgobierno regresar al país que no quiero, al que he extraído del alma para sanar. Y entonces la sorpresa. Recuperación de un lugar, aunque sea casi una extranjera. El imaginario lo abre. Pero no logro abandonar la certeza de ser una intrusa. Volver incluye el permiso de irse cuando se quiera. Sin dar razón. Volver no tiene destino. Apuro por rajar.
VEINTIDOS
No hay modo de instalarse en nada cuando el yo se ha hecho móvil, se impugna el cerco en cuanto se lo intuye. Mudarse es sinónimo de libertad. El exilio deja huellas definitivas en cada cuerpo, incluido el lenguaje. Quien se pensó a salvo, no está. La manera en que la niña se desprende de sí es haciéndole burlas a la muerte. Escribe para eso, para mantener ocupada a la sombra, aunque sepa que no la puede eclipsar. La sombra resplandece.
VEINTITRES
Irse y volver a irse. Niña sin patria, sin ciudad, cambia de signo. Irse de grande puede ser leído como autocelebración. El yo temporal, desprendido, pesa menos que el territorializado. La maleta, la valija, el movimiento. Si no están, sensación de estanque. Renovarse en el aire, otra vez. Única sanación, aunque sea transitoria. Que el agua no se ponga turbia.
Fernanda García Lao Praga, 2022
Malvinas. Memorias de infancias en tiempos de guerra, editada por CONABIP | Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, con curaduria y prólogo de Maria Teresa Andruetto.

miércoles, diciembre 20, 2023

El vacío es otro cuerpo

ZENDA LIBROS Making of
La escritora argentina Fernanda García Lao escribe cuentos desde el temblor, la irreverencia y, también, la poética de lo incómodo. Con esos elementos ha construido un libro de relatos en el que habla de los vientres de alquiler, las redes sociales, la soledad, la prostitución y, por resumir, algunos de los elementos que definen la época en que vivimos.
En este making of Fernanda García Lao recuerda el germen que impulsó Teoría del tacto (Candaya).
***
Empecé Teoría del tacto atraída por la idea de que escribir es un acto. Quería narrar los estados en los que un evento o una palabra me vulneran, sin caer en la descripción visual, en la vieja y exprimida miradocracia.
Explorar el carácter performativo de la palabra tacto. Mis preguntas fueron sencillas. Cómo se cuenta el impacto que deja el amor, la maternidad o la muerte en un cuerpo concreto. Cómo se escribe cuando ocurre en mí o en alguien cercano.
Qué significa que un cuerpo te atraviese para nacer. Introducirse en otro, ¿no es acaso bello y monstruoso?
El tacto, lo que se toca y me toca, ¿interviene en la conciencia y la perturba, o viceversa? La filosofía dónde ocurre: ¿en qué parte de vos se niega a dios?
¿La imaginación es un producto de la cabeza? Si pensar es con el cuerpo, ¿recordar un olor es volver al territorio primero?
Me gusta pensar los libros como asuntos conceptuales. No como historias reunidas. La vida virtual —este libro empezó en plena pandemia— me ratifica en la creencia de que las tragedias antiguas siguen vigentes: el sacrificio, el deseo, la pregunta sobre el alma. Lo que anima a un cuerpo.
Quizás esta especie de inmoralidad licuada, falsa o perversa en que vivimos sólo oculte con torpeza el miedo que el/la/lo otro nos provoca. Hay mucho de pesadilla contemporánea en lo que se refiere a la fecundación, al sexo, al deterioro en este libro. Es que no hay nada peor que esperar el apocalipsis y que no llegue. Somos sobrevivientes de lo que no pasó todavía.
Pero esto lo digo ahora, que ya escribí. Creo que hay un riesgo en ciertas escrituras temáticas que ya saben de antemano lo que van a decir. Si no hay pérdida no hay iluminación. Me gusta no saber, ir sin prejuicio al texto.
Teoría del tacto se alimenta de varios registros. Hay arrebatos de escritura en conversación con cierta lógica formal. Combina temperaturas disímiles. Lo caliente se vale de lo frío: si es pasión lo que narro, bajo el sujeto hasta la congelación.
También necesito escribir desacatada de la forma clásica del cuento. Poniéndola en cuestión. El nudo es la frase. El desenlace ocurre en la sintaxis. El principio no se ve. Se ha olvidado.
El primer cuerpo que atravesé para escribir fue el mío. Me pongo en situación de vulnerabilidad, cada vez más. El artificio literario se alimenta de mi dolor verdadero. Ya no me basta con inventar.
He pasado varios duelos en el último tiempo. Murió mi madre, sucedió el encierro, me separé, dejé Argentina por tercera o cuarta vez, ya no recuerdo. Pero el sufrimiento particular, a quién le importa. Sólo al lenguaje. Entonces la pregunta es cómo lo escribo.
En sus últimos días, mi madre me preguntó, ¿esto es el vacío? Mi respuesta fue escribir. Porque el abismo estaba ahí, en ella y en su frase. Y contra el abismo se escribe. Es lo único que sé hacer. Escribir o abrazar.
Jean-Luc Nancy tiene un libro precioso que está conmigo desde hace bastante. 58 indicios sobre el cuerpo. Lo utilizo en taller, y mi madre, que era poeta pero no lo había leído, cumplió con los indicios: Un cuerpo no está vacío, está lleno de otros cuerpos, escribe Nancy. Parece que le respondía.
Yo soy uno de los cuerpos de mi madre. Mis hijas me llevan. Pero un cuerpo es también una idea. Nada definitiva. Sino un entre. Un diálogo entre lo empírico y lo absurdo. Lo alto y lo bajo. La intimidad a la vista, lo político escondido como otra piel que no se ve.
Cada cuento es un cuerpo que toca distinto. Muté sucesos, alteré nombres, hubo cambios de espacio. Lo falso y lo verdadero con la mismo jerarquía. Aparecieron flores crueles. Abusadores poco imaginativos, coitos deficientes, vírgenes diminutas, humor tenso.
Creo en la sabiduría del cuerpo, en esa especie de cognición física que uno tiene y que hay que conservar. Me asusta que algún día se pierda y me convierta sólo en una persona seria. O peor, en personaje. Desde chica me gusta mirar debajo de la máscara para ver qué hay atrás. Quién se oculta.
Y reír.
Autora: Fernanda García Lao. Título: Teoría del tacto. Editorial: Candaya.

viernes, diciembre 08, 2023

Teoría del tacto, reseña

Hacía semanas que naufragaba en lecturas, nada terminaba de interesarme, me sentía demasiado volátil. Es en esas que abro ‘Teoría del tacto’, leo cinco páginas y voilá, sucede la raíz. A veces la lectura es un asunto de raíces.
He leído estos cuentos despacio, muy despacio. Hay algo asfixiante en la escritura de Fernanda García Lao y me preguntó cómo lo consigue, asfixiar. Para nada es fácil semejante cosa. Es hacer que las palabras ocupen más de lo que ocupan, es hacerlas crecer, es hacer que las cosas se salgan de su lugar, de su contorno, es dinamitar los límites pero sin quemarlo todo, es hacer que todo respire, que respire mucho, tanto, que se quede con parte de tu oxígeno, tú que lees sientes que parte de tu aire se lo quedó la historia. Así es como yo imagino que lo hace, pero tampoco es que estoy segura.
Las primeras frases de los cuentos de Fernanda son un tema y fueron una obsesión mientras leía. Las primeras frases son como una pistoletazo al aire, o directamente a la cabeza, que se quedaba retumbando un rato con su onda expansiva. Algunas: “Cada pesadilla anuncia su carácter artificial, pero el miedo es verdadero.” “Todavía llegan cartas a su nombre, como si los bancos y los seguros quisieran hacerme daño.” “La bebé no se prende, expulsa mi pezón como si fuera veneno.” “En Montevideo vengo a probar que mi cerebro funciona distinto.” “He parido cosas del tamaño de una almendra, justo yo, que soy alérgica.” “Esos lirios del viejo mundo enloquecieron acá.”
Y paro ya, por parar, que podría seguir. Son frases que encierran en sí mismas el principio y el final del cuento. Podrían ser el mismo cuento o el título, pero son las primeras frases que de un empujón te sitúan en medio de no sabes qué pero estás en el medio en la primera frase. Son artefactos que disparan el cuento y su lectura. Tocado y herido. Probablemente estés muerto al final. Ya lo comprendes todo y a la vez casi nada en la primera frase. Joder, no sé si me he explicado porque es rematadamente difícil decir lo que estoy queriendo decir como es rematadamente difícil contar lo que Lao cuenta. Y ya. Compren el libro y una bombonita de oxígeno. De nada.
Susana Sánchez

martes, octubre 17, 2023

Teoría del tacto

El deseo llevado al extremo es la herida que atraviesa los cuentos de Teoría del tacto. Desde el temblor, la irreverencia y una radical poética de lo incómodo, la escritora argentina Fernanda García Lao convierte en cuerpos un conjunto de emociones del mundo contemporáneo: los vientres de alquiler, las redes sociales, la soledad, la prostitución, la pornografía, la muerte, la vejez y la locura. Todo aquello que no encaja. Ensamblando sucesos falsos y verdaderos, estos incisivos relatos desplazan lo verosímil hasta lo delirante y hacen de lo real un objeto extraño, en un claro vínculo con la mejor tradición del cuento latinoamericano.
Teoría del tacto, tercer libro de Fernanda García Lao en Candaya, y el número quince de toda su trayectoria, cierra con uno de los textos más íntimos y autobiográficos de la autora: «Mis dos hemisferios», un recorrido por el pasado familiar, el exilio, la migración, las pérdidas y la reconstrucción de la identidad.Pronto en librerías de toda España.

martes, agosto 15, 2023

‘Cajonera’, por Fernanda García Lao

‘Cajonera’, por Fernanda García Lao: El rincón para la creación literaria de El Periscopio, el suplemento cultural de La Marea. Con Fernanda García Lao.

"Cada pesadilla anuncia su carácter artificial, pero el miedo es verdadero. Esos pies recurrentes, las uñas duras que raspan sin querer las piernas. El peso de un cuerpo macizo sobre las costillas. Cuando abre los ojos, sola. Tarda en recordar dónde está".

martes, mayo 02, 2023

La maleta de Portbou

Asi habló la otra. Texto inédito en el último número de La maleta de Portbou, ya en venta. Les comparto la primera página e invito a que busquen la revista. Gran sumario.
Este relato no fue escrito sino dictado. Todavía estaba en Buenos Aires, desarmando. Decidí grabar los textos en el momento en que se producían. No tocar el teclado. Todo en el aire. Igual que yo.

lunes, marzo 27, 2023

Mis dos hemisferios

La realidad demanda improvisar, hay que moverse. Yo, que nada sé, celebro el evento con alegría, por imprevisto. Me veo sonreír, con una valija en la mano. Lista para no ser yo. Obnubilada por el deseo de partir. Mis padres resuelven no vender el departamento, dejar todo como está. Por si acaso. Dudan de conseguir empleo en un lugar donde nadie los conoce. Hasta las toallas en el toallero, es la consigna. Podemos elegir un libro y una muñeca cada una, somos tres hermanas, y ropa para pocas valijas. Viajaremos ligero. Yo elijo Tom Sawyer. Algún día seré como Tom regresando de la cueva. Pero falta para eso. De momento, parezco Huckleberry Finn, sin casa.
No recuerdo si hubo despedida. El cerebro anestesia lo que no entiende. Pero supongo que las vimos antes de viajar. Cuando pienso en mi abuela y en mi tía, sus siluetas están en camisón. En sus cuerpos siempre había una siesta cercana. También una tortuga, un limonero, paredes que mi abuela hacía blanquear y un teléfono negro. Vivían juntas, eran insondables. Dos versiones de lo femenino. Una ancestral. Cocinera, tejedora de crochet, de exuberancia mamaria. La otra, independiente, solterona, lenta de reflejos y dueña de un seiscientos. Adorables. Diminutas y cerradas. Hubieran cabido en una caja de cartón. Mi tía guardaba los papeles de regalo y los moños como si fueran criaturas para después. Embriones de felicidad que no llegaba nunca.
También tenían un pianito de madera sobre el armario. Aquel individuo de teclas mínimas representaba para mí la imagen del deseo. Conseguir que lo bajaran, hacerlo mío un instante, muy parecido a la felicidad. Me hubiera gustado que me lo regalaran, llevármelo en el viaje, pero no. Mi deseo fue condenado al vértigo del armario. Entonces, no hay imagen para la despedida. A las cosas que no están, se suman los momentos. El tiempo se alimenta de eso. Cada minuto, una masticación.
Es cinco de octubre por la tarde, el avión carretea. Sé que después de cenar, en medio del Atlántico, va a ser mi cumpleaños. Mis padres se conocieron sobre esas mismas aguas, pero dentro de un barco y en sentido inverso. A las doce en punto, me cantarán el cumpleaños feliz en el aire y no soplaré ninguna vela. Somos un árbol al revés: las raíces al descubierto.
Fragmento de "Mis dos hemisferios". Victoria Torres y Miguel Dalmaroni pensaron, prologaron y compilaron Golpes. Relatos y memorias de la dictadura.
Mi relato del exilio familiar en el 76 lo escribí expresamente para ese libro, que pueden leer enlazado al título del post.
Ni olvido ni perdón.

viernes, octubre 21, 2022

Cuadernos Hispanoamericanos

Juan Vico y Fernanda García Lao. Queriendo traicionar soy parte: A(r)mar y desa(r)mar "Desde mi lugar, lo biográfico no tiene ancla. Por eso me resulta imposible imaginar un texto fiel a la tradición. Crecí mezclando, no sólo continentes sino textos. Y te soy sincera, los fieles a cualquier género me aburren. Prefiero un mal texto experimental que un cover eficiente. En eso, me temo, soy muy argentina. Queriendo traicionar soy parte". (Enlace en el título)

martes, abril 05, 2022

Sulfuro, edición española



Candaya 2022

"Entre los delirios suicidas de una madre obsesionada por las vidas de santos y el desinterés silencioso de un padre proctólogo, la protagonista de Sulfuro se obsesiona por conquistar una cierta normalidad: se casa pronto y se divorcia, se vuelve a casar y se muda a un barrio en apariencia tranquilo. Sin embargo, al otro lado de la calle hay un cementerio y cuando la vida de “los otros”, de los muertos, se mezcla con la suya, inicia un viaje sin retorno hacia lo que Lovecraft definió como las montañas de la locura. 

Relato de miedo y de fantasmas, Sulfuro es, a la vez, una lúcida exploración de la fragilidad mental y una mordaz crítica a los esquemas sociales convencionales y a la perversa hipocresía de las “buenas costumbres”, siempre con la intensidad poética y la imaginación desbordada que singularizan la literatura de Fernanda García Lao, una de las escritoras más originales e irreverentes de la nueva narrativa latinoamericana".


Fernanda García Lao nació en Mendoza (Argentina), aunque vivió en España desde 1976 hasta 1993. Es narradora, dramaturga y poeta. Ha publicado las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosaLa piel duraVagabundasFuera de la jaula y Nación Vacuna (Candaya 2020); y los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro. Ha escrito también los libros de poesía CarnívoraDolorosa y Autobiografía con objetos. En coautoría con Guillermo Saccomanno ha publicado la novela erótica Amor invertido y el libro de relatos Los que vienen de la noche

Algunos de sus textos han sido traducidos al francés, al portugués, al inglés, al sueco y al griego. Ha colaborado en distintas publicaciones a ambos lados del Atlántico (BabeliaRevista QuimeraLetras LibresEl BuensalvajePágina/12Revista Ñ) y desde 2010 coordina talleres de lectura y escritura.



jueves, marzo 03, 2022

Sulfuro

 

                                                                         
                                                            Emecé, 2022


Sulfuro cuenta el recorrido de una mujer que no tiene paz en el mundo de los vivos ni en el de los muertos.
Narrada en segunda persona desde la disociación de la protagonista −hija de un proctólogo y una suicida serial−, la novela atraviesa hospitales, piletas, autopistas, matrimonios y cementerios con naturalidad y espanto por partes iguales. En estas páginas, abortos, santos y vecinos conspiran contra los mandatos de fecundidad, de fe en la iglesia, de matrimonio burgués, de felicidad familiar, de cordura y raciocinio. Un fantasma puede ser mejor compañía que un concejal, un escribano o un bebé. 
En este nuevo libro de Fernanda García Lao, los muertos y los vivos alternan y a veces se confunden. Sexual, deslumbrante, macabra, feroz, Sulfuro conspira contra el formato tradicional de la novela y cruza los umbrales del realismo destilando humor negro sin perder verdad y belleza.

Autobiografía con objetos

 


Editorial Zindo&Gafuri, 2022


Para narrarse habría que atribuirle a la memoria dotes de las que carece. Las coordenadas espacio temporales están viciadas de subjetividad.

Una biografía podría ser un repertorio de materia.

Escribe Walter Benjamin: Cada objeto es una enciclopedia de su dueño.

Yo digo al revés: Cada cual es una enciclopedia de sus objetos.

He aquí los míos.



viernes, febrero 25, 2022

Cajonera

Cuento inédito publicado en El periscopio. La Marea 86. España, 2022.


                                                        Foto de Laura Casielles.


Cada pesadilla anuncia su carácter artificial, pero el miedo es verdadero. Esos pies recurrentes, las uñas duras que raspan sin querer las piernas. El peso de un cuerpo macizo sobre las costillas. Cuando abre los ojos, sola. Tarda en recordar dónde está.

La cama de sus padres tiene algo de barco a la deriva. El colchón se hunde en el medio, la almohada es larga y dura. El crucifijo en la pared, una amenaza. Siempre pensó que era demasiado grande, fuera de escala. De chiquita imaginaba un derrumbe cada vez. Entrar al dormitorio y encontrar a sus padres muertos, sangrando bajo la cruz.

Se levanta antes del amanecer. Se pone la bata de su madre, que apenas le tapa las nalgas. Las pantuflas del padre no se las pone. Descuelga a Jesús para llevarlo al comedor. El suelo está helado. Si abre los labios intuye el vaho que la sigue. Camina descalza por el pasillo, a oscuras, el interruptor está muy alto. Cómo hacían sus padres para prender la luz, tan bajitos los dos. Los imagina subidos uno sobre el otro como acróbatas viejos, perdiendo el equilibrio. Sigue hasta el comedor, doblada por el peso. No hay más lugar en el bolso que está sobre la mesa. Deja a Jesús en el suelo, junto a la puerta de servicio. No habrá manera de bajarlo sin ascensor. Se pregunta cómo habrán subido y bajado las escaleras sus padres hasta el tercer piso. Aunque es verdad que la muerte los sorprendió en la escalera. Él resbaló y, al agarrarse de la esposa, la arrastró consigo.

En su antiguo dormitorio no queda casi nada. La cama se la llevó cuando se fue a vivir sola. Las paredes están desnudas, su cajonera, vacía. Esas patas con forma de garra todavía la perturban. No le permitían dormir cuando era chica. Si cerraba los ojos, escuchaba sus pasos sobre el parqué. La cajonera se deslizaba sutilmente hasta su cama, destapándola. Se subía sobre ella. Cuántas veces se la quiso sacar de encima. Odiaba el siseo de esas pezuñas contra las sábanas. La cajonera le respiraba en la oreja, se movía con desenfreno. Ella tardaba mucho en abrir los ojos cuando volvía el silencio. Al hacerlo, la encontraba en su lugar, con el jarroncito de rosas encima. Cómo va a montarte una cajonera. Son tonterías tuyas, le decía su madre, mientras cambiaba el agua del jarrón, que siempre estaba sobre el mueble.

En el baño, el plástico de la ducha está hongueado. Se lava las axilas con agua fría y un pedazo de jabón endurecido que huele como sus padres, como ella recuerda que olían. Se viste rápido, tiene que irse. La casa entera es un mal sueño. Como aquel en el que golpeó a la cajonera con el jarroncito y le clavó un pedazo de vidrio. Las rosas quedaron en el suelo, pisoteadas. A la mañana siguiente, el que estaba herido era su padre y la cajonera no había sufrido ningún daño. Según dijeron, saltaron los fragmentos, la madre tuvo que curar al lastimado. Cómo se manchó el camisón de ella, nadie pudo explicarlo. La sangre parecía una medalla de guerra, una herida brillante y tenebrosa. Después de aquello, la cajonera desistió de montarla. Y su padre se volvió más hosco, la cicatriz le había cambiado el gesto.

Termina de acomodar las cenizas de ellos, los cubiertos de plata. Arrastra el bolso hasta la puerta de servicio, abre esquivando la cruz. Deja todo en el cuartito de la basura. Cierra. Baja los tres pisos liviana. Tan huérfana, que casi resbala de felicidad.


Fernanda García Lao.

 

La sonrisa fantasma de una familia

Juan Mattio lee Estación Saturno (Entropía), el nuevo libro de Fernanda García Lao. Eterna Cadencia Por Juan Mattio. Se dice, en e...