lunes, abril 13, 2026
miércoles, enero 07, 2026
Quimera, revista de literatura #505
sábado, septiembre 20, 2025
Estación Saturno, novela.
domingo, enero 19, 2025
lunes, octubre 14, 2024
lunes, mayo 27, 2024
sábado, abril 06, 2024
Persona en alquiler, en El Pais
viernes, marzo 15, 2024
El fantástico feminista de Fernanda García Lao: cuerpo, reproductividad y violencia
miércoles, diciembre 27, 2023
Niña sin patria
miércoles, diciembre 20, 2023
El vacío es otro cuerpo
viernes, diciembre 08, 2023
Teoría del tacto, reseña
martes, octubre 17, 2023
Teoría del tacto
martes, agosto 15, 2023
‘Cajonera’, por Fernanda García Lao
"Cada pesadilla anuncia su carácter artificial, pero el miedo es verdadero. Esos pies recurrentes, las uñas duras que raspan sin querer las piernas. El peso de un cuerpo macizo sobre las costillas. Cuando abre los ojos, sola. Tarda en recordar dónde está".
martes, mayo 02, 2023
La maleta de Portbou
lunes, marzo 27, 2023
Mis dos hemisferios
No recuerdo si hubo despedida. El cerebro anestesia lo que no entiende. Pero supongo que las vimos antes de viajar. Cuando pienso en mi abuela y en mi tía, sus siluetas están en camisón. En sus cuerpos siempre había una siesta cercana. También una tortuga, un limonero, paredes que mi abuela hacía blanquear y un teléfono negro. Vivían juntas, eran insondables. Dos versiones de lo femenino. Una ancestral. Cocinera, tejedora de crochet, de exuberancia mamaria. La otra, independiente, solterona, lenta de reflejos y dueña de un seiscientos. Adorables. Diminutas y cerradas. Hubieran cabido en una caja de cartón. Mi tía guardaba los papeles de regalo y los moños como si fueran criaturas para después. Embriones de felicidad que no llegaba nunca.
También tenían un pianito de madera sobre el armario. Aquel individuo de teclas mínimas representaba para mí la imagen del deseo. Conseguir que lo bajaran, hacerlo mío un instante, muy parecido a la felicidad. Me hubiera gustado que me lo regalaran, llevármelo en el viaje, pero no. Mi deseo fue condenado al vértigo del armario. Entonces, no hay imagen para la despedida. A las cosas que no están, se suman los momentos. El tiempo se alimenta de eso. Cada minuto, una masticación.
Es cinco de octubre por la tarde, el avión carretea. Sé que después de cenar, en medio del Atlántico, va a ser mi cumpleaños. Mis padres se conocieron sobre esas mismas aguas, pero dentro de un barco y en sentido inverso. A las doce en punto, me cantarán el cumpleaños feliz en el aire y no soplaré ninguna vela. Somos un árbol al revés: las raíces al descubierto. Fragmento de "Mis dos hemisferios". Victoria Torres y Miguel Dalmaroni pensaron, prologaron y compilaron Golpes. Relatos y memorias de la dictadura.
Mi relato del exilio familiar en el 76 lo escribí expresamente para ese libro, que pueden leer enlazado al título del post.
Ni olvido ni perdón.
viernes, octubre 21, 2022
Cuadernos Hispanoamericanos
martes, abril 05, 2022
Sulfuro, edición española
Candaya 2022
"Entre los delirios suicidas de una madre obsesionada por las vidas de santos y el desinterés silencioso de un padre proctólogo, la protagonista de Sulfuro se obsesiona por conquistar una cierta normalidad: se casa pronto y se divorcia, se vuelve a casar y se muda a un barrio en apariencia tranquilo. Sin embargo, al otro lado de la calle hay un cementerio y cuando la vida de “los otros”, de los muertos, se mezcla con la suya, inicia un viaje sin retorno hacia lo que Lovecraft definió como las montañas de la locura.
Relato de miedo y de fantasmas, Sulfuro es, a la vez, una lúcida exploración de la fragilidad mental y una mordaz crítica a los esquemas sociales convencionales y a la perversa hipocresía de las “buenas costumbres”, siempre con la intensidad poética y la imaginación desbordada que singularizan la literatura de Fernanda García Lao, una de las escritoras más originales e irreverentes de la nueva narrativa latinoamericana".
Fernanda García Lao nació en Mendoza (Argentina), aunque vivió en España desde 1976 hasta 1993. Es narradora, dramaturga y poeta. Ha publicado las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula y Nación Vacuna (Candaya 2020); y los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro. Ha escrito también los libros de poesía Carnívora, Dolorosa y Autobiografía con objetos. En coautoría con Guillermo Saccomanno ha publicado la novela erótica Amor invertido y el libro de relatos Los que vienen de la noche.
Algunos de sus textos han sido traducidos al francés, al portugués, al inglés, al sueco y al griego. Ha colaborado en distintas publicaciones a ambos lados del Atlántico (Babelia, Revista Quimera, Letras Libres, El Buensalvaje, Página/12, Revista Ñ) y desde 2010 coordina talleres de lectura y escritura.
jueves, marzo 03, 2022
Sulfuro
Sulfuro cuenta el recorrido de una mujer que no tiene paz en el mundo de los vivos ni en el de los muertos.
Narrada en segunda persona desde la disociación de la protagonista −hija de un proctólogo y una suicida serial−, la novela atraviesa hospitales, piletas, autopistas, matrimonios y cementerios con naturalidad y espanto por partes iguales. En estas páginas, abortos, santos y vecinos conspiran contra los mandatos de fecundidad, de fe en la iglesia, de matrimonio burgués, de felicidad familiar, de cordura y raciocinio. Un fantasma puede ser mejor compañía que un concejal, un escribano o un bebé.
En este nuevo libro de Fernanda García Lao, los muertos y los vivos alternan y a veces se confunden. Sexual, deslumbrante, macabra, feroz, Sulfuro conspira contra el formato tradicional de la novela y cruza los umbrales del realismo destilando humor negro sin perder verdad y belleza.
Autobiografía con objetos
Para
narrarse habría que atribuirle a la memoria dotes de las que carece. Las
coordenadas espacio temporales están viciadas de subjetividad.
Una
biografía podría ser un repertorio de materia.
Escribe
Walter Benjamin: Cada objeto es una enciclopedia de su dueño.
Yo
digo al revés: Cada cual es una enciclopedia de sus objetos.
He
aquí los míos.
viernes, febrero 25, 2022
Cajonera
Cuento inédito publicado en El periscopio. La Marea 86. España, 2022.
Cada pesadilla anuncia su carácter artificial,
pero el miedo es verdadero. Esos pies recurrentes, las uñas duras que raspan
sin querer las piernas. El peso de un cuerpo macizo sobre las costillas. Cuando
abre los ojos, sola. Tarda en recordar dónde está.
La cama de sus padres tiene algo de barco a la
deriva. El colchón se hunde en el medio, la almohada es larga y dura. El
crucifijo en la pared, una amenaza. Siempre pensó que era demasiado grande,
fuera de escala. De chiquita imaginaba un derrumbe cada vez. Entrar al
dormitorio y encontrar a sus padres muertos, sangrando bajo la cruz.
Se levanta antes del amanecer. Se pone la bata
de su madre, que apenas le tapa las nalgas. Las pantuflas del padre no se las
pone. Descuelga a Jesús para llevarlo al comedor. El suelo está helado. Si abre
los labios intuye el vaho que la sigue. Camina descalza por el pasillo, a
oscuras, el interruptor está muy alto. Cómo hacían sus padres para prender la
luz, tan bajitos los dos. Los imagina subidos uno sobre el otro como acróbatas
viejos, perdiendo el equilibrio. Sigue hasta el comedor, doblada por el peso.
No hay más lugar en el bolso que está sobre la mesa. Deja a Jesús en el suelo,
junto a la puerta de servicio. No habrá manera de bajarlo sin ascensor. Se
pregunta cómo habrán subido y bajado las escaleras sus padres hasta el tercer
piso. Aunque es verdad que la muerte los sorprendió en la escalera. Él resbaló
y, al agarrarse de la esposa, la arrastró consigo.
En su antiguo dormitorio no queda casi nada.
La cama se la llevó cuando se fue a vivir sola. Las paredes están desnudas, su
cajonera, vacía. Esas patas con forma de garra todavía la perturban. No le permitían
dormir cuando era chica. Si cerraba los ojos, escuchaba sus pasos sobre el
parqué. La cajonera se deslizaba sutilmente hasta su cama, destapándola. Se
subía sobre ella. Cuántas veces se la quiso sacar de encima. Odiaba el siseo de
esas pezuñas contra las sábanas. La cajonera le respiraba en la oreja, se movía
con desenfreno. Ella tardaba mucho en abrir los ojos cuando volvía el silencio.
Al hacerlo, la encontraba en su lugar, con el jarroncito de rosas encima. Cómo
va a montarte una cajonera. Son tonterías tuyas, le decía su madre, mientras
cambiaba el agua del jarrón, que siempre estaba sobre el mueble.
En el baño, el plástico de la ducha está
hongueado. Se lava las axilas con agua fría y un pedazo de jabón endurecido que
huele como sus padres, como ella recuerda que olían. Se viste rápido, tiene que
irse. La casa entera es un mal sueño. Como aquel en el que golpeó a la cajonera
con el jarroncito y le clavó un pedazo de vidrio. Las rosas quedaron en el
suelo, pisoteadas. A la mañana siguiente, el que estaba herido era su padre y la
cajonera no había sufrido ningún daño. Según dijeron, saltaron los fragmentos,
la madre tuvo que curar al lastimado. Cómo se manchó el camisón de ella, nadie
pudo explicarlo. La sangre parecía una medalla de guerra, una herida brillante
y tenebrosa. Después de aquello, la cajonera desistió de montarla. Y su padre
se volvió más hosco, la cicatriz le había cambiado el gesto.
Termina de acomodar las cenizas de ellos, los
cubiertos de plata. Arrastra el bolso hasta la puerta de servicio, abre
esquivando la cruz. Deja todo en el cuartito de la basura. Cierra. Baja los
tres pisos liviana. Tan huérfana, que casi resbala de felicidad.
Fernanda García Lao.
La sonrisa fantasma de una familia
Juan Mattio lee Estación Saturno (Entropía), el nuevo libro de Fernanda García Lao. Eterna Cadencia Por Juan Mattio. Se dice, en e...
-
“Digo lo que tengo que decir, sin literatura”, escribe Clarice Lispector en “La relación de la cosa”, un cuento bello y muy extraño destinad...
-
La realidad demanda improvisar, hay que moverse. Yo, que nada sé, celebro el evento con alegría, por imprevisto. Me veo sonreír, con una val...
-
Una piedra dos casas tres ruinas cuatro sepultureros un jardín flores un mapache una docena de ostras un limón un pan un rayo de s...
















