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miércoles, julio 22, 2015

Nada está al derecho

Planeta Urbano
Julio 2015
Por Eugenia Zicavo

Ni alta ni en el cielo, Aurora es un fantasma genial y habita en una novela del absurdo.



Aurora está muerta. Estaba cantando la canción de la bandera y en mitad del acorde de “al purpurado cuello”, un elepé se clavó en su yugular como un búmeran desquiciado.
Cayó ensangrentada, irreparable. Su marido, el Coronel Domingo, la lloró un rato y luego la vida familiar volvió a su curso. Pero Aurora sigue ahí, como un fantasma inmaterial y benévolo, para ser testigo y narradora de su vida sin ella. En Fuera de la jaula (Emecé), Fernanda García Lao construye un universo delirante y surrealista, con una prosa cercana a la poesía, en la que la forma y la musicalidad empatan al contenido.
Allí, cualquier situación en apariencia inofensiva puede volverse inquietante, logrando que aparezca la risa con los eventos más trágicos y que se anude la garganta con lo que se suponía que iba a ser un paso de comedia. Sus personajes lo dicen todo: Man/Fredo, un hijo bicéfalo al que los médicos intentaron “separar”; Yedra, una mucama particular, y Lana Carne, una criatura fabricada por el Coronel, remedo de Frankenstein del subdesarrollo ideado para su placer. Y por supuesto, ella, Aurora, la que antes de no ser fue amante de políticos y actriz en un espectáculo en el que sufría las embestidas de una enana sobre el escenario, antes de ser “descubierta” por su esposo militar. En una trama que honra la mejor tradición de la literatura del absurdo, Fuera de la jaula es un experimento inusual que mezcla referencias a los distintos períodos del peronismo con críticas a la idea del “ser nacional” y los simbolismos patrios, con una mirada impiadosa hacia la religión y una burla a la muerte. Una novela que confirma una vez más a Fernanda García Lao como una de las plumas más poderosas y originales de la escena literaria actual.

jueves, enero 29, 2015

“Cuando escribo, me gusta jugar a ser otra”

29/01/2015 12:02
LA VOZ DEL INTERIOR

En su última novela, Fuera de la jaula, la narradora continúa explorando un registro original alejado del realismo y marcado por el absurdo y el delirio.





Por Gustavo Pablos
“El día de mi muerte estaban todos. El invierno se había detenido y giraba sobre sí mismo como un tornado. Era una fecha patria, no recuerdo cuál, pero estábamos exultantes”. Así comienza Fuera de la jaula, la última novela de Fernanda García Lao, y quizás no sea fácil sustraerse al misterio y la promesa narrativa que contienen esas primeras líneas. Una mujer, Aurora Berro, muere en un acto patrio por el impacto de un elepé que “como un bumerán demente” se le clava en la yugular, mientras canta la Canción a la Bandera. Pero lejos de irse de este mundo permanece como una pura conciencia, invisible, que ingresa nuevamente a la casa pero ahora por la ventana, como si se tratase de un fantasma. Y en este hogar disfuncional registra la continuidad de la vida de su familia: Man y Fredo, el hijo bicéfalo, las dos conciencias de que luego alcanzarán cierta conciliación en ManFredo; Domingo, el coronel retirado, que había rescatado a Aurora de su vida de actriz, obsesionado con la actriz Lana Turner, y que siempre ha buscado crear un dispositivo artificial que sustituya a su esposa; Yedra, la enigmática mucama, y muchos más. Con este comienzo, disparatado y absurdo, el lector ingresa en un mundo que tironea y lleva un paso más allá las posibilidades de la lógica, y donde sus sórdidos y oscuros personajes componen una fauna disfuncional con escamoteos, traiciones y diversa clase de locuras.

–¿Cómo surgió la imagen de la muerte con el elepé? ¿Comenzaste a escribir a partir de ella o ya tenías pensada la historia?
–En realidad, es una imagen que vi, pero no fue la primera. Antes llegó la música patriótica, la Bandera, el patio. También que los deformes necesitaban una madre, a la que pensé muerta porque tenía que competir en extrañeza con ellos, y por lo tanto no me servía viva. Quería una madre-dios, presente, pero sin cuerpo.

–¿Cómo fue el desafío de crearle una voz a una muerta?
–Encontrar una voz es la primera misión de la escritura. Aurora está muerta pero cualquier personaje es una ficción con ganas de decir. La muerta tenía permiso, no estaba atada a un tiempo, limitada por un deseo físico. Era una voz libre que impunemente se puso a monologar. Así como un narrador omnisciente que todo lo ve y nada modifica, ella cuenta desde el borde.

"No tengo nada bajo control, lo que escribo se aparece".

Alrededor de Aurora hay una serie de personajes que componen una galería rara, excéntrica, como su marido, Domingo, el hijo bicéfalo, Fedra, Severino, etc.

–¿De qué manera vas armando los personajes? ¿Cuánta distancia hay entre lo primero que imaginás sobre ellos y la forma que terminan tomando?
–No hay distancia. Nacen así y dejo que se desenvuelvan. Voy asociando, indagando las voces. No los escribo desde el exterior, sino que me los calzo. Me pruebo los personajes en la oscuridad porque la luz excesiva los limitaría. Hablo por ellos. Lo que sí busco son los momentos, sus apariciones, creo los espacios que imagino más proclives a sus deseos. Si tengo un bicefálo con doble conciencia y un solo cuerpo, pienso cómo se las arregla para cojer, para dormir, para hacer silencio. Severino, sin embargo, se parece a alguien que conocí. Un tipo atado a su madre por teléfono. Una prolongación de ella, su brazo ejecutor. Los hijos, a veces, son sucursales de los padres, pero al salir al mundo, aparecen actos inesperados. El amor, el orgullo son urgencias imprevisibles. Severino es un desviado. Alguien que se tuerce fácil.

La historia comienza en el año 1956, y después se producen saltos hacia el 1975 y 1989, pero además hay una serie de datos, como el detalle del pasado de actriz de Aurora, del cual el Coronel la ha rescatado, que en principio pueden guiar al lector hacia una lectura alegórica sobre el peronismo y sus principales actores. Sin embargo, con el correr de las páginas estos guiños se difuminan. “Alegoría sí, pero con cierto grado de rebelión. No quería trabajar la parodia, por eso nombres y fechas eran sólo una excusa para patear estereotipos –argumenta García Lao–. Este parece aquel, pero no es, eso lo reconozco pero se desbanda. Como en las pesadillas, en las que uno es, pero tiene otra cara, o en los espejos deformantes de las ferias. La frikeada que hay detrás de cada uno de nosotros se revela cuando se abandona el realismo, esa construcción presuntuosa de la que se sirve la literatura para narrar el mundo”.

–Esta novela, que sigue las líneas de tus libros anteriores, te confirma en la posición del exceso, el humor, lo desproporcionado. ¿Tenés bajo control ese registro y esos mundos o directamente te desbordan?
–No tengo nada bajo control, lo que escribo se aparece. Yo también soy excesiva, me río seguido y no tengo proporción. Entonces, supongo que me escribo a mí cambiando de forma. No puedo tomarme la vida en serio, desconfío de lo solemne y me gusta jugar a ser otra, todos.

viernes, enero 09, 2015

Lo primero es la familia


Revista Ñ
Reseñas
08/01/15

En “Fuera de la jaula”, García Lao vuelve a mostrar su capacidad de narrar con potencia corrosiva los secretos de un clan disfuncional.
POR PABLO ALi


Fernanda García Lao es una escritora corrosiva, no sólo del lenguaje sino también de las instituciones básicas y de todo aquello que se presente como una jaula para el pensamiento. Su fascinación por hacer oír la voz de los perdedores se manifiesta una vez más en Fuera de la jaula , su última novela. La derrota que da inicio a la trama mezcla lo patriótico con lo burlesco: en medio de una celebración, Aurora es asesinada (¿silenciada?) por un elepé que se clava en su cuello mientras canta a viva voz la Canción a la Bandera. Pero la muerte sólo consigue aumentar su percepción. En estado de libertad absoluta, Aurora comienza a contar la historia de su familia: un marido militar retirado que resuelve todo con su revólver, una mucama envidiosa y maldispuesta, un hijo bicéfalo y una amante artificial inventada para satisfacer los deseos del coronel.

El absurdo sucede en unas coordenadas espacio-temporales definidas: la Argentina; 1956, 1975 y 1989. La clave alegórica está dada por una serie de referencias con nombres propios (el coronel se llama Domingo), situaciones reconocibles (Aurora era una actriz a la que su marido saca de la escena para convertirla en una mujer de caridad) y climas de época bien delineados (los viajes a Europa para comprar trozos del Muro de Berlín como piezas de arte). Si bien estas alusiones permiten una lectura alegórica de la Argentina, lo más interesante de la novela es su potencia para teatralizar los resortes de la dinámica familiar. Pese a su rareza –o acaso gracias a ella–, esta familia se convierte en arquetípica. Detrás de las formas, los modales y las normas de etiqueta, se esconden las peores abyecciones. Dado que Aurora comparte “los pensamientos del cerebro de cualquiera”, puede ver no sólo la indiferencia ante su muerte, sino también cómo esta familia (dis)funcional sigue tensando los resortes de su perversión. Esta voyeur surrealista permite mostrar los cruces entre lo erótico, lo obsceno e, incluso, lo violento. La carga es tan pesada que Aurora no puede ascender. Como lectores compartimos ese estado de trance, enjaulados en la casa del terror. Por suerte, a diferencia de Aurora, el lector cuenta con el humor nacido de las escenas que confrontan lo solemne con lo cotidiano: “Esperé un rato la bendita ascensión, pero no vino nunca. (…) Entré por la ventana mal cerrada de la cocina”. Tal vez el humor sea el único antídoto ante ciertas actitudes familiares, pero este efecto se activa en el lector y no en sus personajes. En este sentido, se ve la maestría de la dramaturga para trabajar con una de las nociones primitivas del teatro: la catarsis en tanto purificación o liberación humana. Si todos estamos enjaulados, ¿cómo salir de esta gran tragedia? La clave, una vez más, está en hacer oír la voz de los deformes.

Para leer la nota en Ñ, click en el título.

sábado, noviembre 01, 2014

El destello y su sombra



LA VOZ DEL INTERIOR
Por Eugenia Almeida

En “Fuera de la jaula”, su última novela, Fernanda García Lao mezcla el humor y lo siniestro en dosis perfectas.

Una familia que vive en permanente “delirio marcial” se prepara para celebrar una fecha patria. Antes de salir al patio para cantar el himno, Aurora Berro recibe en el cuerpo un proyectil insólito: un elepé acaba de clavarse en su cuello. La muerte es tan inesperada que nadie se percata de ella hasta que Yedra, la empleada, se atreve a decir: “la señora está rara”.
Aurora relata su estancia en un limbo desde el que puede ver la insignificancia de su ausencia. Vendrá el velorio, el entierro, las coronas enviadas por las “amigas del comité”. La difunta espera una ascensión que no llega, descubre que la muerte es pura incerteza, siente que ha tomado una nueva forma (“algo cercano al vapor, tal vez”) y vuelve a entrar a su casa por la ventana de la cocina.
Dicen que un fantasma permanece en los lugares que le eran propios. Hay algo allí que lo retiene, algo de lo que no puede desprenderse. Así deambula Aurora, viendo todo lo que hace su familia, conociendo el otro lado de la realidad, lo que ignoraba cuando estaba viva. Ahora ve a su marido como “un fósil viviente” y a sus hijos como “porciones de materia sin interés ontológico”. Su esposo: un coronel retirado cuyo tema preferido son los resortes; un hombre obsesionado con Lana Turner, la diva de Hollywood; alguien dedicado a la infinita tarea de crear (o reproducir) lo que desea. Sus hijos: dos en un solo cuerpo. O un cuerpo con dos cabezas. Un hijo bicéfalo, alguien que sufre la insoportable intimidad impuesta por la naturaleza.
La historia también incluye un amante que se suicida; un médico cirujano que considera el arte como lo opuesto a la decencia; un empleado que ordena la casa de una coleccionista decadente; sesiones de pornografía; rituales para convocar a los muertos; un velorio presentado como un espectáculo; una prostituta convertida en curandera; una mujer rica que viaja a Berlín para comprar un trozo del muro que acaba de ser destruido: muro y alambres para decorar su living.
Todo se mezcla en un ambiente sobresaturado. Todo tiene su reflejo, su doble, su copia. Todos tienen algo deforme comiéndolos por dentro. Todos están solos, atravesados por el deseo de lo que no tienen. Todos quieren ser lo que no son.
Quizás el desafío más complejo de escribir en primera persona sea lograr que las palabras se conviertan en una voz que resulte convincente. García Lao sabe cómo hacerlo. Es inevitable, desde las primeras líneas, imaginar este libro montado en escena.
Los capítulos son breves, precisos en su extraña ambigüedad. Pequeñas postales sarcásticas y desoladas. Se siente el temblor de placer que provoca burlarse del poder, las normas, las jerarquías, las creencias, las certezas; las jaulas donde estamos encerrados. La novela practica la insolencia ante todo lo solemne.
Si uno rastrea el origen de la palabra sarcasmo, encontrará que lo que está en la raíz es la idea de arrancar, morder o cortar un pedazo de carne. Despellejar. Así funciona este libro. Fuera de la jaula usa el filo del humor más negro para hablar del odio, el rencor, la envidia, la hipocresía, la crueldad, la muerte, la venganza, los secretos familiares y los vicios privados. Arremete contra la idea de patria, de deseo, de cordura; cuestiona las prisiones que pueden imponer la iglesia, la ciencia, la sociedad; se burla de la psicología y de los mecanismos que tratan de hacernos homogéneos, “normales”. Es un texto que explota de libertad.
Hace tiempo, en una entrevista, la autora dijo estar interesada en “el destello y, tal vez, la sombra que ese destello deja alrededor.” Ese interés se transparenta en algunas frases perfectas. Pequeñas piedras sobre un río; mojones en los que uno teme permanecer para siempre. Las enfermeras son “patinadoras del infortunio”; un barco es “un sonido de fiebre que avanza”; un personaje dice que sus hijos “son una almendra en la boca del diablo”. Algo en ese estilo habla de Silvina Ocampo. Como si García Lao fuera una heredera que se ha desbocado y ha decidido crear su propia tradición. Alguien que arranca la realidad a mordiscos y luego los devuelve al mundo con una risa oscura.
Fernanda García Lao nació en Mendoza en 1966. Diez años después, su familia se exilió en España. Desde 1993 vive en la Argentina. Fuera de la jaula es su quinta novela. Es actriz, dramaturga, compositora y narradora. La periodista Silvina Friera la definió como “la escritora más rara de la literatura argentina.” En 2011 fue elegida por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de los “25 secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana”. Afortunadamente, el secreto ha sido revelado.


FICHA TÉCNICA
Título: Fuera de la jaula
Autor: Fernanda García Lao
Editorial: Emecé
Páginas: 296
Precio: $149

lunes, octubre 13, 2014

Absurdo extrañamiento

En su nueva ficción, Fuera de la jaula, la mendocina Fernanda García Lao explora, con ayuda del humor negro, la realidad opresiva de unos personajes al borde del ridículo

LA NACION
Viernes 10 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa
Por José María Brindisi



Narrar desde el absurdo implica siempre un desplazamiento de sentido. Ese desplazamiento establece cada vez sus propios códigos, por lo que se da en distintos grados, más cerca o más lejos de lo real. La novela de la mendocina Fernanda García Lao, una de las voces más singulares de la literatura argentina de los últimos años, debe leerse entonces como una apuesta destemplada, aunque progresiva, respecto de ese extrañamiento.

Los elementos concretos o reconocibles sobre los que se estructura la historia son pocos pero rotundos: un coronel retirado, de nombre Domingo; su mujer Aurora, una ex actriz a la que aquél intenta metamorfosear en su obsesión, Lana Turner; un hijo deforme, bicéfalo, primero dos conciencias en una -Man y Fredo- para decantar en la síntesis "normalizadora" o simplemente previsible; un experimento articulado, creación del coronel, que intenta duplicar a la Turner -ícono sexual, pero también sentimental, de las décadas de 1940 y 1950- sin éxito hasta que es desplazado por una muñeca de carne y hueso. Y por último, al margen de cuatro o cinco personajes más o menos secundarios, tres fechas emblemáticas, o al menos imposibles de descontextualizar: los años 1956, 1975 y 1989. Pero más que hurgar en las claves históricas o dialogar con la carga alegórica que propicia, a partir de algunas de estas precisiones, la novela (de un modo tal vez algo vago), habría que hacer pie en su trasfondo social, de múltiples e incómodas resonancias. Porque si hay un hilo conductor que une a los personajes de Fuera de la jaula es su despersonalización, sus mil y una maneras de perderse en la insignificancia o en la bruma de su existencia. Cada uno de ellos corporiza un vacío, una ausencia; cada uno es un sucedáneo de otro, un doble, un reemplazo, alguien que está incompleto, como una falla o un negativo de lo que pudo ser.

Quizá por ello el núcleo dramático esté concentrado en Aurora, la mujer que muere en la primera escena -un disco se le clava en el cuello- y que luego observa y narra cómo la vida sigue sin que su falta modifique demasiado las cosas; y en su hijo, el monstruo de dos cabezas con personalidades antagónicas hasta que un hecho fortuito, más la colaboración benefactora de la ciencia, lo "salva" insertándolo en la normalidad. Aunque esta moraleja final resulte algo remanida, ambas perspectivas potencian los efectos opresores de una realidad que, aquí de la mano del humor negro, con frecuencia sólo puede ser explicada desde el ridículo.

En cuanto a lo formal, dos aspectos se tornan insoslayables en la novela. Por un lado, la fragmentación extrema, un modo categórico de transmitir la incomunicación entre los actores de la historia. Por otro, y aunque de vez en cuando se deje tentar por el chiste, el registro en el que trabaja García Lao es único, al menos entre sus contemporáneos, lejos del realismo delirante de Alberto Laiseca o la realidad trastornada de Sergio Bizzio. Si recuerda a alguien, en todo caso, quizá sea a Osvaldo Lamborghini, desde una prosa que recupera su carácter y, en consecuencia, por momentos también su brutalidad, si bien desde otra plataforma poética.

Con todo, y aun desde su coherencia interna, llega un momento en que el desmadre argumental se torna peligroso: cuando todo es posible, se sabe, el lector ya no espera nada y sólo le queda cruzarse de brazos, listo para que lo lleven de las narices. En ese riesgo, tal vez, Fuera de la jaula resigne parte de su contundencia.

Fuera de la jaula

Por Fernanda García Lao

Emecé

291 página

$ 149.

Para leer en La Nación, click en el título.

domingo, septiembre 21, 2014

EL LUGAR SIN LÍMITES

RADAR libros
DOMINGO, 21 DE SEPTIEMBRE DE 2014

En Fuera de la jaula, su nueva novela, Fernanda García Lao afianza su poética inquietante, donde se unen absurdo y fantástico en un universo con leyes propias. Aquí es la historia de Aurora, una mujer que muere durante un festejo patrio en 1956 y, desde la muerte, se convierte en una conciencia total que sigue viendo, y contando, a su desmesurada familia a través del tiempo.

Por Sebastián Basualdo
“A veces uno cree haber entendido por sí mismo alguna cosa, simplemente porque coincidió en el espacio con un pensamiento ajeno. Entonces, supone que entiende. Que imaginó algo. El mundo ya está inventado. Sólo cambia el punto de vista.” Estas palabras, dichas como al pasar por uno de los personajes de Fuera de la jaula, bien podrían resultar una especie de síntesis del modo en que concibe la literatura Fernanda García Lao. Concepción que lenta, gradualmente, se ha ido constituyendo con la fuerza de una poética desde su novela Muerta de hambre –con la cual obtuvo en 2005 el premio del Fondo Nacional de las Artes– hasta afianzarse definitivamente con La piel dura (2011) y sus cuentos de Cómo usar un cuchillo (2013). Si en sus libros anteriores la escritora mendocina ha demostrado, entre otras cosas, una notable capacidad para dislocar la lógica temporal en sus historias y hacer consciente al realismo de su convención hasta que lo fantástico surja con naturalidad, como consecuencia de un quiebre entre la parodia y la tragedia, en Fuera de la jaula, su última novela, Fernanda García Lao redobla la apuesta haciendo confluir nuevamente el humor en todos sus matices con las leyes del universo onírico, el erotismo al servicio del absurdo y, sobre todo, un trabajo en torno de los personajes estética e ideológicamente cercanos al esperpento de Valle Inclán. “Los alborotos mentales se forman frente a mí como palabras escritas en un espejo humedecido. Veo figuras líquidas en las que me sumerjo”, confiesa Aurora una vez que la maquinaria imaginativa se puso en funcionamiento. Ocurre que Fuera de la jaula comienza con la muerte de Aurora Berro, en 1956, durante un acto conmemorativo de una fecha patria mientras entonaba las estrofas de la Canción a la Bandera. “De algún modo, un elepé se clavó en mi yugular como un bumerán demente. Y no entendí quién o qué me lo había lanzado. Tal vez, la poética sangrienta de la frase se había encarnado en mi cuello.” La muerte de Aurora será el trampolín hacia lo fantástico en el momento exacto en que devenga narradora testigo como una especie no ya de fantasma sino de conciencia totalizadora que puede dar cuenta de la vida de su extraña familia sin ella y, por sobre todo, ahondar en sus secretos. “Una de las pocas cosas que aprecio de mi actual estado es la libertad. La muerte no tiene límites. Comparto los pensamientos del cerebro de cualquiera. Las ideas no se limitan al diámetro de la cabeza, son una mancha amorfa, imprecisa.” Uno de los hallazgos más interesantes que tiene Fuera de la jaula, algo que por otra parte no es nuevo en la autora de Vagabundas, es la manera en que logra que las tramas se abran como un abanico y se desarrollen en varias direcciones simultáneamente, generando giros inesperados, inquietando con una sonrisa cómplice al lector que cree haber encontrado analogías o lecturas alegóricas cuando en realidad apenas hay atisbos o provocaciones de un universo que se nutre de lo real, pero no quiere supeditarse lo más mínimo a sus leyes de verosimilitudes. Así ocurre con Aurora, por ejemplo, cuya vida cambió de repente cuando trabajando en un teatro conoció al Coronel Domingo para luego casarse y soñar con una vida de pequeñaburguesa. Pero éste es el universo de García Lao y no hay posibilidad de pisar firme; apenas comienzan a configurarse las comparaciones, la trama da un giro inesperado y se impone el absurdo con sus dimensiones fantásticas: un hijo bicéfalo que no se soporta a sí mismo y es una especie de víctima de las perversiones de su padre, una mucama disparatada con intenciones oscuras y un coronel retirado que empujado por la viudez y la locura decide construir una mujer artificial para reemplazar a su esposa son algunos de los personajes que lentamente van a comenzar a mostrar hasta el delirio sus excentricidades y miserias, ligados por ocultamientos y deseos inconfesables. “Días sin mí. Ya no me inquieta. Me estoy acostumbrando a la muerte. El Coronel está siempre con Lana. Desde que me vio muerta, se entregó a esa otra sin vida. A Domingo le gusta lo que no existe. La realidad es demasiado rápida.” Dividida en tres períodos históricos como un modo de establecer una genealogía familiar, las distintas voces que integran Fuera de la jaula cobran forma de anotaciones, cartas, diarios íntimos y fragmentos de impresiones, acaso como fotografías de un álbum familiar visto a través de un espejo cóncavo deformante, donde definitivamente no los une el amor sino el espanto.



Para ir a Radar, click en el título.

Libertades totales

Del blog de Vicente Luis Mora

Pablo Katchadjian, La libertad total;Bajo la luna, Buenos Aires, 2013
Fernanda García Lao, Fuera de la jaula; Emecé, Buenos Aires, 2014
Mauro Libertella, El libro enterrado; Mansalva, Buenos Aires, 2013
Ramiro Quintana, El intervalo; Tantalia, Buenos Aires, 2006
Luis Chitarroni, Peripecias del no. Diario de una novela inconclusa; Interzona, Buenos Aires, 2007.

Admiro la literatura argentina, desde adolescente, por su libertad creativa (común a todos los países hispanoamericanos, pero hoy nos centraremos en el caso argentino). Quizá, si le preguntamos a cualquier crítico argentino, sacará a relucir –como haríamos nosotros para la literatura española– diversas fuerzas interiores de reacción, líneas normalizadoras, prácticas institucionales, tensiones con la tradición, etcétera, que atemperarían o limitarían una aserción como la nuestra. Pero debo decir, con honestidad, que desde la férrea normalización literaria peninsular, que atenaza en el realismo ingenuo y sentimentaloide a la narrativa y en la línea figurativo-melancólica a la poesía (con numerosas excepciones en ambas, por fortuna), las convenciones argentinas nos parecen algo así como una playa caribeña para un preso siberiano.

Antes de continuar quiero hacer dos advertencias: 1) no soy experto en literatura argentina, sino mero y rendido admirador, y cuanto sigue debería ser leído como lo que es: la expresión ardorosa de un fan o un supporter de la literatura argentina. Por ese mismo motivo, en cuanto gesto de simple comentario dirigido a compartir mi felicidad con otros lectores hispanohablantes que quizá no han oído hablar de estos libros, 2) he prescindido de incluir notas de la crítica argentina o hispanoamericana que ha estudiado estos textos, actuando como una especie de Adán arrojado a su lectura libérrima, atrevimiento que puede ser criticable, y me disculpo, pero es reproducción a escala, espero, del atrevimiento mayor con que estos escritores hicieron sus libros, haciendo de su capa un sayo.

A estos cinco libros podrían añadirse muchos más, claro, pues la libertad en Argentina es la norma, y no la excepción (de hecho, podíamos añadir los de Alinovi y Peyrou que ya comentamos aquí). Pero para no cansarles con la extensión, me he centrado en los que siguen.

...

Libertinaje. Otro ejemplo de libertad mayúscula es el que se ha permitido Fernanda García Lao en su última novela, Fuera de la jaula (Emecé, 2014), un delirante retrato polifónico de dos familias o dinastías que comienza en 1956 y acaba en torno a los años 90, lo que permite a la autora hacer una especie de tríptico à la El Bosco de la historia argentina, vislumbrada aquí más a través de los comportamientos privados de los personajes que por el recuento explícito de los sucesos históricos. Imposible punto de encuentro entre Mientras agonizo (1930) de Faulkner y la película de Tod Browning Freaks (1932), Fuera de la jaula presenta como normal la anormalidad y como cotidiana la aberración, con sano humor y un excelente estilo sustentado en la frase breve y vigorosa, aliñada de cuando en cuando con toques de irracionalidad. La novela se levanta a partir de una variada sucesión de voces, comenzando por la de Aurora, quien rompe a hablar una vez muerta. Sobre este particular, que no es nuevo en literatura pero al que García Lao ha sacado excelente provecho, ha reflexionado la autora en términos que me parece muy interesantes:

Por otro lado, hay un juego con el narrador omnisciente, un narrador que ha quedado medio exiliado de nuestros textos. Si muere la idea de Dios, entonces ¿cómo vas a saber todo? Podés tener un narrador pegado a la nuca que te sigue y comparte tu punto de vista, pero no puede saber lo que sentís, a no ser que lo hagas evidente. Me dije que la muerte me daba un permiso genial; desde ese punto de vista me sentía muy libre, la primera persona siempre es impune, pero acá era el colmo. Decidí que Aurora podía saber lo que estaban pensando y que accede a un recorte de su propia vida del que no había tenido noción mientras estaba viva porque su presencia era incómoda dentro del entramado familiar.[1]

Como puede verse, ese “permiso” que se ha concedido la autora y que le concede libertad total para contar, es uno de los medios de hacer de la necesidad virtud, a la vez que se salva uno de los problemas narrativos más frecuentes en la narrativa de este lado del charco. Virtuosa de la construcción elocutoria, García Lao da voz en su novela a una muerta, a varios vivos, a una androide e incluso a las dos cabezas del bicéfalo ManFredo, quizá el mayor hallazgo del libro y una de las reflexiones sobre el Doppelgänger más estimulantes que he podido leer los últimos años (y he dedicado parte de mi tesis doctoral a ese tema).

Para leer el artículo completo, click en el título.

lunes, septiembre 08, 2014

La vida es una herida absurda


LUNES, 8 DE SEPTIEMBRE DE 2014
PÁGINA12
LITERATURA › FERNANDA GARCIA LAO HABLA DE FUERA DE LA JAULA, SU ULTIMA NOVELA

Es la escritora más rara de la literatura argentina. Su última novela, Fuera de la jaula, confirma y redobla la excepcionalidad magnífica de esa rareza. Nacida en Mendoza, exiliada en España entre 1976 y 1993, hay en ella una permanente invitación a la extrañeza. “Esta novela en la que me burlo tanto de lo patrio es la más argentina de todas las que publiqué”, subraya.
Por Silvina Friera

“Los personajes existen, hay que excavar para encontrarlos”
La narradora de su historia está muerta. Esa es sólo una de las “anomalías” de la cautivante historia concebida por García Lao, que siempre atraviesa lo absurdo: “Vivir es milagroso. Creo que por eso me doy el permiso de fantasear con la muerte”.



Nadie como ella para narrar lo absurdo. No hubo, no hay ni habrá otra igual. Fernanda García Lao es la escritora más rara de la literatura argentina. Su última novela, Fuera de la jaula (Emecé), confirma y redobla la excepcionalidad magnífica de esa rareza. Un elepé se clava en la yugular de Aurora Berro –actriz retirada casada con Domingo, un coronel retirado– como un bumerán demente. No entiende quién se lo lanza al tiempo que ella canta la “Canción de la Bandera”. “Tal vez, la poética sangrienta de la frase se había encarnado en mi cuello. Ensangrentada, dije algo que nadie entendió, mientras un coágulo manchaba mi vestido. Me brillaron las pupilas encandiladas de muerte y después me agité –reconstruye Aurora el preámbulo de su extinción–. Los ojos se detuvieron en pleno vuelo y quedaron aleteando sin ver, llenos de imágenes de la familia que, ausente, se derretía como manteca al fuego. Ellos seguían cantando despacio, imperturbables. Fue tan inesperada y hermosa mi muerte que, por un instante, nadie reparó en ella. Ni siquiera yo.”

Fuera de jaula empieza en 1956, continúa en 1975 y concluye en 1989. Muerta Aurora no acabó la rabia. Ella deviene narradora; con cierta ferocidad esboza lúcidos “textos en el aire”: “A pesar de la conciencia, cuando uno muere no puede escribir. Las palabras pierden sentido y se convierten en dibujos huecos. Sólo se puede hablar por ahí, por los rincones de la casa cuando está oscura. Una bellísima soledad me toma de la mano y aprieta. La palabra es eterna”. Aunque nació en Mendoza en 1966, García Lao pronuncia la zeta como una española. Su pronunciación quedó tatuada por los años del exilio familiar en España, entre 1976 y 1993. “Hay que liberarse de las jaulas mentales y físicas”, postula la escritora de carcajada contagiosa en la entrevista con Página/12. “La conciencia también puede ser una jaula. La novela arranca con alguien que no puede liberarse de este mundo y termina con alguien que se quiere liberar pero su cuerpo ya está ocupado por otra cosa. Existir es eso: sale uno, entra otro. Es tremendo, ¿no?”, agrega la autora de las novelas Muerta de hambre, La perfecta otra cosa y Vagabundas.

–¿Por qué la novela tiene como epígrafe los versos de la poeta Mina Loy: “Años como polillas corroen los órganos internos”?

–Esa poeta me entusiasma, es una rara difícil de rastrear y tuvo una vida increíble, casi parece una vagabunda de mi novela anterior. Esta cosa de que los años son polillas tenía mucho que ver con esta familia instalada en el tiempo. Suelo dejar a mis personajes colgados, sin tiempo ni espacio, pero en Fuera de la jaula aparecieron claramente situados. Los personajes tienen algo de insectos; son parásitos unos de otros. Trabajé bastante con esa idea de lo parásito y quién es el huésped. El primero en surgir fue Manfredo; suelo trabajar con el doble, siempre hay gemelos, mellizos pero me faltaba alguien bicéfalo, una mochila más pesada. Primero lo escribí casi como un relato sobre el hombre parásito y me preguntaba cuál era el parásito del otro. Después entendí que esa disfunción era bastante orgánica porque cada uno se ocupaba de un terreno que al otro le estaba vedado. Entonces pensé en otro parásito y apareció el coronel retirado como parásito social. Estaban estos personajes y no había madre, ya los había puesto en varias escenas y situaciones y nunca aparecía la mujer. Entonces decidí que estaba muerta y ahí cambió el punto de vista de todo porque decidí que sería Aurora la que narraría. Pero Aurora es un poco esclava de este mundo, no puede irse completamente y no sabe por qué. Y ahí apareció el otro parásito que es Lana Carne.

–¿Cómo es narrar desde la muerte? ¿Qué desafío implica darle voz a una narradora que está muerta?

–La muerta apareció una noche, hace unos años, cuando mi tía, la hermana de mi papá, había muerto. Mi madre fue al entierro en Mendoza y yo me quedé acá. Esa noche, cuando me acosté a dormir, me puse en posición horizontal, cerré los ojos y me dije: “Ella y yo en este instante estamos iguales, salvo que yo estoy pensando en ella y ella se está descomponiendo...”. Obviamente abrí los ojos para diferenciarme de ella y no pude dormir. Cada vez que me acostaba pensaba en las dos en la misma posición: ella bajo tierra y yo en mi cama. Me puse a escribir pensando que mi tía seguía viva, que había asistido a su entierro, que la vida continuaba y que es una fantasía pensar: “¿Cómo siguen sin mí?”, “¿quién me va a llorar?”, el colmo del egoísmo, ¿no? Igual que el mundo existía antes de mí, continuará después de mí. Por otro lado, hay un juego con el narrador omnisciente, un narrador que ha quedado medio exiliado de nuestros textos. Si muere la idea de Dios, entonces ¿cómo vas a saber todo? Podés tener un narrador pegado a la nuca que te sigue y comparte tu punto de vista, pero no puede saber lo que sentís, a no ser que lo hagas evidente. Me dije que la muerte me daba un permiso genial; desde ese punto de vista me sentía muy libre, la primera persona siempre es impune, pero acá era el colmo. Decidí que Aurora podía saber lo que estaban pensando y que accede a un recorte de su propia vida del que no había tenido noción mientras estaba viva porque su presencia era incómoda dentro del entramado familiar. Trabajé también el permiso en relación con el tiempo. Como el presente de ella es muerto pero consciente, el pasado se le aparece sin cronología. Si estás fuera del tiempo, ¡qué más da ayer que mañana! El tiempo sigue corriendo, Aurora no lo puede medir, no puede modificar lo que sucede pero lo padece.

–La muerte de Aurora es absurda. ¿La idea de patria también le parece absurda?

–Sí, me parece absurda la idea de patria y la de matria también, esos inventos como para cachetear el símbolo. Me exilié de muy chica y justamente fue la patria sangrienta la que expulsó a mi familia. Y fui a un país que recién se liberaba de toda una simbología fascista vinculada con la idea de nación y de fronteras selladas que tuvo (Francisco) Franco. La generación a la que pertenecía en España descreía también de cualquier símbolo patrio, que era identificado con el fascismo. Cuando llegué a Madrid, todavía había grupúsculos fascistas que salían a la calle a hacer cantar el himno y levantar el brazo a los que ellos sospechaban que no eran españoles. Si no sabías la letra, te ligabas un cadenazo. Siempre me dio miedo esa identificación porque es en contra de otro, no a favor. Cuando regresé, seguía acá el tema de la bandera, el himno, las canciones patrias y me resultó bastante cómico y curioso. Evidentemente hubo un intento de adueñarse de nuevo de la calidad de aquello que representaba y había quedado hueco. Ahora la bandera significa otra cosa, pero igual reconozco que me genera temor. Que no confío mucho. La identidad no tiene que ver con los colores. Cuando sabés quién sos, no necesitás disfrazarte de nada.

–¿Se podría interpretar que en la última parte de la novela el motor de Severino es la venganza?

–Hay algo de los humillados, del hijo no deseado, de una venganza doméstica también porque la madre está expuesta en las fotos. Norma es la única creyente, cree en el coronel que la ha abandonado, ella es como la medium de esos mundos. En ese sentido me parecía que estaba emparentada con Aurora, pero desde un lugar más patético. Puede haber Normas a la vuelta de casa; es ingenua y más bien pura, como todos los ingenuos. Todos los personajes están muy solos. Nadie se ve o se ve a destiempo, cuando el otro no está. Y ahí aparece la cuestión de heredar odios que no son propios, fuera de lugar y de tiempo.

–Severino escribe un diario y plantea que escribir se parece un poco a excavar las ideas. ¿La excavación de la idea es el trabajo de la escritura?

–Sí, coincido. Crear un personaje es como sacarle la tierra que tiene encima, como el trabajo de un arqueólogo. Los personajes existen y uno tiene que excavar para encontrarlos. A veces estás más ligado a los muertos que a los vivos, sobre todo en la literatura donde todo el tiempo leés cabezas que ya no existen y que son tus faros. Uno desconfía un poco de los vivos. Coincidir con ideas de alguien es tan vital como besar a alguien que tenés enfrente. Con este permiso de estar muerto y sentir de cualquier modo las ideas, pensaba qué maravilla qué es el cuerpo porque muchas veces la pongo a Aurora a observar el coito de su marido con Lana Carne. Aurora se siente liberada porque el cuerpo es un objeto que molesta, que aprieta y que falsamente define lo que uno es, que te dice “vas de acá hasta acá” y todo lo que está fuera no sos vos. Cuando era muy chiquita, mi hija Valentina antes de jugar a las muñecas, las situaba delante de ella en fila, las miraba y cuando elegía con cuál iba a jugar, la agarraba y decía: “libre”; liberaba a un par de la parálisis y se ponía a jugar. Me pareció una idea genial que tiene un poco que ver con lo que uno hace porque tenés el mundo a tu disposición, pero cuando escribís se va achicando y decís: “Voy a jugar con esto, con esto y con aquello y esto no me interesa”.

–Aurora no sabe si está atravesando un estado de vigilia paranoica o de poesía post mortem, una vacilación atractiva...

–Antes de sentarse a escribir uno anda rumiando; escribir es la manera de hacer físico aquello que ya tenés en la cabeza. El hecho de empezar a bajarlo te modifica. Las ideas originales se convierten en otra cosa. La vigilia paranoica es como un círculo de vicio en la palabra; pero como Aurora no se termina de declarar muerta, por eso está en la duda. Yo sentía que Aurora tenía necesidades creativas y que no la iba a privar del permiso de la escritura, aunque no la pueda materializar, la piensa y arma sus preceptos. Me interesó mucho quedarme detenida en mi propia casa imaginando que estoy ahí y que no me voy. ¿A qué le prestaría atención? Entonces era igual de importante una visita que una canilla goteando. Vivir me parece milagroso. Creo que por eso me doy el permiso de fantasear con la muerte o de burlarme un poco porque soy muy militante del vivir. Ahora hay tanta gente que tiene temor a vivir... está de moda ser fóbico, está permitido. Las conciencias modernas son esclavas de sí mismas, no sé si por un exceso de psicoanálisis o un exceso de cordura, que es otra forma de locura. Yo prefiero estar loca y suelta (risas).

–A propósito del tema, la doctora Heine le dice a Manfredo que está curado de su psicosis, pero que a partir de ese momento va a ser una persona aburrida y previsible. El texto sugiere que es más interesante la enfermedad mental que la salud.

–Sí, la gente parece más interesante cuantas más fobias y problemas tenga. Es algo interesante desde el punto de vista de la creación literaria, pero muy complicado a nivel social. La inestabilidad emocional pareciera un valor y creo que para escribir disfuncionalmente tenés que estar muy en eje. La gente más descolocada es la que escribe de modo más conservador, como si en esa contradicción se terminara de armonizar con aquello que crea. Me parece buenísimo que haya tantos modos de entender la literatura o de escribir que permitan este tipo de apuesta y la contraria. Que ambas sean paralelas, no sé si complementarias. A lo mejor te influye más alguien que es diametralmente opuesto que uno que considerás similar o que está en un terrenillo parecido. No hay nada más aburrido que el consenso, que todos opinen igual. El único modo de generar ideas propias es estando en contra de algo. Uno siempre está en contra de algo; es más poderoso estar en contra que a favor. Yo prefiero un personaje enojado que uno sometido. Me fui a la mierda, ¿no? (risas).

La carcajada de Fernanda es tan avasallante que ni las piedras podrían evitar reírse. “Esta novela en la que me burlo tanto de lo patrio es la más argentina de mis novelas –subraya la escritora–. Para mí fue un tema sentirme siempre afuera. Incluso cuando estoy en una reunión cualquiera y otros se acuerdan de sus infancias, yo no me acuerdo de nada porque mis recuerdos están en otro lado y mi presente está acá. Yo soy de acá, aunque hable con la zeta. Cuando voy a España intento buscar sinónimos para no usar la zeta porque quiero que sepan que soy argentina.”

–Qué esfuerzo, ¿no?

–Sí, siempre me esfuerzo al pedo (risas). Ahora me relajo más con mi eclecticismo fonético. Cuando era chiquita deseaba tener una vida normal, que la vida se desarrollara en un entorno estable, tener referencias. Pero eso lo pensé cuando para mí era imposible ese modo de vida. Uno tiene el deseo de ser como imagina que son los demás porque la normalidad no existe. No hay una sola persona que pueda decir que es normal, por suerte. Ya no hay normas, por más que algunos las extrañen.

(Para leer la nota en Página12, click en el título)

jueves, septiembre 04, 2014

Una delirante historia guiada por la mística peronista

Telam
3 de septiembre de 2014

En su nueva novela Fuera de la jaula, Fernanda Garcí­a Lao compone una delirante historia, acompasada por la mí­stica peronista y giros que parecen ciencia ficción, como la construcción de una especie de Frankestein femenino-tercermundista a manos de un Coronel que le es infiel a su esposa, el alma errante que cuenta esta historia desde un espacio interdimensional.


El texto comienza con la inesperada muerte de su protagonista, Aurora, decapitada por un vinilo volador mientras suena la "Canción de la bandera" en pleno acto patriótico de 1956, y se extiende hasta los años 90, en un exclusivo edificio de Puerto Madero que ocupan oprobiosos coleccionistas de arte.

"Elegí el peronismo porque es el único movimiento que está repleto de símbolos, es prácticamente una religión con todos sus elementos, las estampitas, los objetos, los fetiches y hasta el cuerpo, entero o sesgado, el de Eva embalsamado o las manos de Perón", grafica la escritora en diálogo con Télam.

Tiene que ver, además, con "hacerlo historia íntima, no historia con mayúscula, porque mientras la gran historia ocurre (puertas afuera del hogar, en las calles e instituciones) la gente vive otro tipo de vínculos, un poco contagiados por ese afuera", resume la autora nacida en 1966 en Mendoza.



El libro "se construye a partir de las herencias, pero la idea no fue hacer una reconstrucción poética del momento sino traer lo que para mí implicaba. Acá no hay pretensiones de verdad", sentencia.

De esta manera, los 90, que pasaron a la historia como la “desvirtuación” de lo ideológico, en la novela se expresan con personajes más ocupados en acumular que en generar sentido, "pero esa no fue la única faceta de esa época -advierte-, pasaron otras cosas, por eso incluyo hechos como la caída del muro de Berlín".

La jaula a lo largo del relato es esos cuerpos, es también mente y pensamiento, hasta cada escenario en que García Lao coloca a sus decadentes personajes, como la enana renga que posa en un set fotográfico porno-deforme con Man Fredo, el engendro de dos cabezas que parió Aurora, la etérea y omnisciente narradora de esta tragedia.

Ocurre que a esta hija de exiliados -Fernanda vivió entre 1976 y 1993 en España donde estudió piano, danza, actuación y periodismo- le interesaba también "trabajar la deformidad en un contexto de supuesta normalidad".

"Por ahí estamos acostumbrados a ver la deformidad en territorios imposibles -dice-, pero acá tiene una bandera, sus obligaciones y convive en una casa", que podría ser cualquiera de los chalecitos de techos bajos del barrio suburbano que ella misma habita, en Olivos.

"El hecho de su imperfección es lo que la hacía atractiva, de tan horripilante tan especial se vuelve, hablo de la belleza de la deformidad, porque el sexo no tiene que ver con la belleza sino con el deseo", reflexiona.

En su disparate, la novela publicada por Emecé alcanza visos metafísicos, "toma la fantasía mórbida de cada uno en relación a su final, eso de quién te va a llorar o qué pasa después de que uno muere y a veces no pasa nada...", sonríe la autora de La perfecta otra cosa y Muerta de hambre entre otras novelas.

Así, la protagonista deviene “voyeaur” absoluta de la intimidad de su familia que sigue como si nada, casi liberada de su presencia que era bastante tortuosa y, por otro lado, "comienza a entender después de muerta cosas que habían sucedido mientras estaba viva pero que no había registrado porque estaba viviendo, un poco lo que pasa con la literatura cuando uno se pone a escribir".

Un médico genetista, una prostituta lisiada, una cyborg -"Lana fotovoltaica" en su primera versión y "Lana Carne" perfeccionada- y un asistente artístico completan la fauna con que García Lao da vida a esta historia que a su entender nada tiene que ver con ficción científica.

"Estoy formada en el absurdo, en la potencia del lenguaje, en su uso y abuso, no me importa tanto qué pasa sino cómo se cuenta. Vos decís ciencia ficción, pero hace unos meses vi en Internet el nacimiento de una bebé que tenía dos caras, y la renguera de Norma fue desplazar a territorio poético el brote de poliomielitis de los 50. Eso es literatura para mí", se despide.

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domingo, agosto 24, 2014

Radiografía de la Patria: nada es lo que parece

Por Laura Giussani
24 de agosto de 2014
Muy Bueno El Programa, Radio Nacional

Fuera de la jaula.
Quizás sea la novela más perturbadora que leí en mi vida. Sacando aquellas que me partieron el bocho durante la adolescencia, claro.
“Fuera de la Jaula”, de Fernanda García Lao, es un libro difícil de afrontar pero muy fácil y entretenido de leer. Si tuviera que buscar algún adjetivo, diría que se trata de una novela original,inquietante, divertida, perversa, prostibularia, desfachatada, irreverente,satírica, filosófica. Y, sobre todo: rara, muy rara. Una rareza seductora.Imposible abandonarla.
Todos los personajes arrastran algún secreto, son dramáticos, cada cual a su modo. Absolutamente esperpénticos, como un chico con dos cabezas que provoca curiosidad, rechazo y ternura. Un Coronel, del cual solo sabemos eso: es un Coronel obsesionado por una mujer. Una ex bataclana, hija de exiliados españoles, que se casa con el Coronel y pasa sus días en el Comité. Nadie sabe de qué se trata el Comité.
Ficción pura. Nombres acordes al estilo: Aurora, Domingo, ManFredo, Yedra, Buda, Lana, solo el Contador tiene un nombre banal: Horacio. Y la psicóloga: Silvia.
Para darles una idea, les cuento el final: la protagonista se muere.
Ahí empieza la historia. Aurora muere en las primeras páginas, mientras canta el himno en el patio de su casa junto a su hijo con dos cabezas , degollada por un disco LP que aparece volando de la nada. Muere pero no pierde la conciencia. Asiste a su entierro y a los cambios que se producen en la familia.
La narradora y protagonista es una muerta, Aurora, que por esta vez no está alta en el cielo, es un ser intangible que merodea su casa.
Un aquelarre del principio al fin. “Lo real me produce cierto rechazo metafísico” dice uno de los personajes. Y seguramente algo así le pasa a Fernanda, por eso se ampara en la ficción al mil por mil.
Un relato en donde se entreveran el sexo y los himnos patrios con los muertos que no lo son. Vaya una frase de ejemplo: “El doble pubis patrio me produjo una molestia revolucionaria”.
Esta novela es un verdadero esperpento, en sentido literal: «Esperpento: Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán. En el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos, a la vez que se degradan los valores literarios consagrados; para ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado, en el que abundan expresiones cínicas y jergales». Tal cual.
Fernanda García Lao eligió un formato de “culebrón punk” para hacer una descripción despiadada de la historia del país. Aprovecha la demencia de sus personajes para soltar frases reveladoras. “Enferma de toda realidad, nada me queda bien. Me falta el cuerpo, ¿o es falta de memoria?Antes era una niña tórrida. Ahora, una mujer fallida. Una muertita a medias, ni cruda ni cocida”.
Solo le falta tener a Segismundo encerrado en el altillo al grito de: Ay mísero de mí, ay infelice. Apurad cielos pretendo ya que me tratais así, qué delito cometí entre vosotros naciendo?”. Frase que bien podría caberle a Manfredo, el hijo de Aurora que se va transformando una y otra vez.
Alegoría de una patria perdida, plagada de banderas e himnos, con hijos en busca de identidad, coroneles perversos, mujeres cómplices, muertos que no lo son.

A esta altura la pregunta es: ¿de dónde salió esta autora? ¿Quién es Fernanda García Lao?
Primera sorpresa: En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2011 la distinguieron como “uno de los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana». Por entonces ya había publicado 4 novelas: Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel Dura y Vagabundas. En 2013 publicó Cómo usar un cuchillo volumen de relatos y cuentos.
Formó parte de la delegación argentina al Salón del Libro de París, junto con Selva Almada, de quien ya hablamos, y varios escritores jóvenes más.
Hija del periodista mendocino Ambrosio García Lao, se exilió a los diez años, junto a sus padres y hermanas, en Madrid, donde vivió desde 1976 hasta 1993. Estudió piano, danza clásica, actuación y periodismo.A su regreso a Buenos Aires, se formó como actriz con Norman Briski y Ricardo Bartís y como dramaturga con Mauricio Kartun.
Su padre murió en Madrid cuando ella tenía 16 años. Fue una fisura. Después se volvió punk y dark y chica mala.El primer intento de regreso a sus pagos natales fue en 1986.“Cuando volví de Madrid a Mendoza no tenía ganas de estar, no me podía relacionar, era demasiado punk, demasiado oscura, no encajaba. Un poco así fue el primer personaje que escribí”. Así que después de sentirse excéntrica un tiempo, se volvió a Madrid.
Hija de una española y un argentino,dice que llegó al mundo con esa impronta del ‘no lugar’. Sus padres, además, se conocieron en el Atlántico, en un barco. “De ahí en más, el rumbo ha sido incierto.”
En el 93 se instaló definitivamente en Buenos Aires. Cuando España ya no era la España de su adolescencia, Almodovar andaba por Hollywood, y Buenos Aires la encantaba con su variedad de opciones y estilos.
Hoy ya no es solo una promesa de la literatura nacional. Ya se la reconoce como una gran escritora que invito a que descubran y se asombren como lo hice yo.

viernes, agosto 08, 2014

La muerta que habla

Por Silvia Hopenhayn | Para LA NACION
8.8.2014

¿Pero acaso quien sigue hablando, realmente ha muerto? ¿O subsiste en un limbo de la lengua, ubicado a cierta altura de la realidad?



En la literatura, la vida pasa por las palabras. Hay personajes que siguen hablando una vez muertos. Otros reclaman el derecho a la palabra cuando se les acaba la vida. ¿Pero acaso quien sigue hablando, realmente ha muerto? ¿O subsiste en un limbo de la lengua, ubicado a cierta altura de la realidad?

De vez en cuando algún escritor reaviva la palabra de estos rebeldes difuntos, en narraciones de apariencia desopilante, como la genial novela del clásico escritor brasileño del siglo XIX, Machado de Assis, Memorias póstumas de Blas Cubas. El título lo anticipa: se trata de memorias póstumas, una evocación después de la muerte (o desde allí) con la certeza de que lo vivido ya culminó. Y bienvenido sea el fin. El libro cuenta con una divertida dedicatoria: "Al gusano que royó primero las frías carnes de mi cadáver, dedico con recuerdo añorante estas memorias póstumas".

Para seguir en nuestro continente -no voy a reclutar a todos los muertos de la literatura-, pienso en los murmullos perpetuos de Pedro Páramo, la increíble novela de Juan Rulfo. ¡Qué incansable tumulto, como si a los habitantes de Comala, el hablar les devolviera la vida...!

Pienso en los murmullos perpetuos de Pedro Páramo, la increíble novela de Juan Rulfo
Y ahora llega Aurora. Tan alta en el cielo y cómo se hace escuchar. Es el nombre de la muerta protagonista de la nueva novela de Fernanda García Lao: Fuera de la Jaula, recién editada por Emecé. Mezcla de mujer invisible con zombie resentida -murió a causa de un elepé que se le incrustó en el cuello-, decide quedarse en su casa como testigo atónito de su disfuncional familia. Desde allí, en estado de voluptuosa codicia, Aurora nos asegura que la muerte viene con garantías. Van algunas de ellas, esparcidas en el libro:

"La muerte elimina el pasado", "La muerte no se acaba nunca, luego es infinita", "libera al cuerpo del incómodo peso de los órganos", "La muerte es pura insurrección, la vida patalea en el subsuelo y ya no importa". Y una más: "el humor es excelente entre los descendidos".

Aurora es el nombre de la muerta protagonista de la nueva novela de Fernanda García Lao: Fuera de la Jaula
Hay frases de García Lao que son de colección, golpes al corazón al estilo David Lynch, más tiernos que sórdidos (como los gemelos monstruosos de Aurora que no pueden el uno con el otro, ni con el discurso científico que al querer dividirlos, es como si los penetrara). Van algunas: "A Domingo le gusta lo que no existe, la realidad es demasiado rápida.", "El placer se parece mucho a una enfermedad mental.", "Veo la luna desaparecer y una soledad inmensa que inicia el camino contrario.", "Presente y pasado son de una mezquindad apabullante. No se pudo, no se puede. Lo que vendrá es sana ambición. Cultivemos el futuro."

O las extrañas y luminosas palabras de Lana: "Recuerdo el vacío, ese atrás sin dibujar."

Así como Aurora es una mezcla de tiempos, Lana es una combinación de materiales. Un ovillo irresuelto de fetiches: mujer máquina, muñeca inflable, autómata como Olimpia, réplica fatal. Los dobles se hacen un festín en esta novela; como si el otro de uno mismo pudiera ser su propio ex. Es una novela de ex: extravíos, expatriados, exuberantes, exagerados... todos extraños en el tren de la vida. Y el pasado... ¡es el gran Ex!

Fuera de la jaula es bella y demoledora. Sus páginas son bocados de carne ilusoria, no sabemos si este libro nos muerde o nos permite comérnoslo. Quizá lo podamos averiguar esta noche, en su presentación (Alamut Libros, Borges 1985, 20 hs).

(Para ir a La Nación, click en el título)

sábado, agosto 02, 2014

Tiempo Argentino

Fuera de la jaula, el nuevo libro de Fernanda García Lao

"Cuando escribo también actúo, me pongo en el lugar de cada uno"
Su última novela es el relato de una mujer muerta sobre los extraños personajes que componen su familia. En su personal escritura, tanto en sus cuentos como en sus novelas, se mezclan lo oscuro, lo humorístico y lo erótico.
Natalia Páez




El día de mi muerte, estaban todos." Con esas siete palabras empieza Fuera de la jaula, la nueva novela de Fernanda García Lao (Emecé). La historia podría resumirse así: es el relato de una mujer –que está muerta– sobre su familia compuesta por un hijo bicéfalo, un marido ex coronel que está enamorado de una muñeca que él mismo fabricó con trastos de ferretería y carne. O también podría resumirse así: es una historia que pone la lupa sobre los vínculos, sobre la plasticidad del deseo, sobre los ritos patrióticos y –finalmente– sobre los misterios de la vida y de la muerte.
Como siempre, tanto en sus cuentos como en sus novelas anteriores (Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura), García Lao explora sobre el lenguaje. Si bien la suya podría enmarcarse en la tradición de la literatura dark, sus oscuridades tienen elementos que lejos de ser góticos o románticos son trabajados en escenarios domésticos y con muchos toques de humor y de erotismo. Sus entornos no realistas, bien podrían serlo, porque al decir de la autora: "finalmente la realidad siempre puede ser más absurda".
Para los lectores atentos, en la estructura de la novela dividida en tres partes, hay marcas temporales que se relacionan con momentos clave del peronismo (1956, 1975, 1989) pero esto no es más que para pintar un momento al que no alude directamente.
La muerte, la decadencia, atraviesa toda la historia. "Al estar privada del cuerpo, soy conciencia pura. No hay filtro para mí. Me siento liberada de la culpa, del amor, de mis dolores de espalda. Me detengo a sentir cualquier cosa. Estoy a un costado de la realidad y es tan dulce no participar, ser testigo", reflexiona la protagonista a dos días de muerta.
Fernanda García Lao nació en Mendoza en 1966. Cuando tenía diez años su familia se exilió en Madrid. Regresó cuando tenía 20 años y se volvió a ir al año, con una pequeña hija. Tras estar un tiempo más en España se radicó, finalmente, en Buenos Aires. Aquí estudió actuación con Norman Briski, Ricardo Bartís y Mauricio Kartun a quien ella señala como un maestro que la liberó creativamente como escritora.
Como actriz trabajó y reflexionó mucho sobre el cuerpo. Y en Fuera de la jaula los hay a montones: mutilados, dobles, latentes, descompuestos…

–La luz que ilumina este escenario está puesta en lo incompleto, en lo informe.
–Sí, pero esos elementos (los hijos deformes, la muerta, la muñeca erótica, la prostituta tullida) luego se naturalizan en el relato. En definitiva estamos hablando de vínculos. Del deseo. De otras cosas. Porque lo que a mí me interesa es que todo lo relacionado con la deformidad no impacte. Lo primero que apareció fue el personaje de ManFredo, el chico de dos cabezas. Fue una especie de residuo de otros trabajos porque me gusta trabajar el tema del doble, o de la imposibilidad del doble. Empecé a escribir el vínculo entre ellos dos atrapados en un solo cuerpo sin saber todavía cuál iba a ser el mundo, ni quiénes iban a ser sus padres. Entonces apareció el coronel. Porque este hijo monstruoso necesitaba un padre que no lo dejara en libertad, que lo tuviera recluido en los límites de lo doméstico y entonces que la sexualidad tuviera que ser resuelta también ahí. Porque era un fenómeno, un hijo que no se condecía con lo esperado. En general me aburre el deseo de perfección.
–La madre muerta queda atrapada en este mundo pero sin tiempo.
–Claro, empecé a pensar que su presente era el presente del muerto, un no tiempo. Y en cambio su familia iba a seguir viviendo entonces se iba a someter a situaciones nuevas para ella porque es testigo de una realidad en la que no se puede involucrar. Pero yo también quería conocer su pasado. Entonces tenía tres tiempos para investigar: su propia descomposición, el devenir de la familia y el pasado. Pensé: si la muerte es la ausencia de tiempo, escribir es un poco morirse. No en el sentido de sufrimiento –yo disfruto al escribir– pero me saco cosas de encima, que incluso desconocía. Y van quedando algunos cadáveres, uno está hecho de cadáveres.
–¿Cómo se le presentó la protagonista de la novela?
–Un día me avisan que acababa de morir mi tía de Mendoza, hermana de mi papá. La noche que la enterraron, yo me acosté a dormir y se me vino a la cabeza una imagen. Y era que las dos estábamos en posición horizontal. Sólo que mientras yo estaba pensando en ella, ella se estaba descomponiendo. Entonces decidí escribir sobre ese "estado de irse". Pero cuando escribo –aunque sea de una experiencia directa o personal– siempre la ficcionalizo. Me gusta extraer esos asuntos de la vida o de la muerte y adueñármelos para el terreno literario, construirles un objeto que los contenga. No pensar en escribir sobre mi tía muerta sino en otra cosa. Cuando fui a la que había sido su casa, que había quedado vacía, había muy poco de ella. Casi no había dejado huellas. De ahí surgió uno de los personajes de la novela, Buda, la hermana de la protagonista. Me sirvió para pensar en esa previa de retirarse de este mundo.
–¿Y los rituales patrióticos?
–Cuando me fui a vivir a España en la primaria, yo estaba en cuarto grado. Me llamó mucho la atención que no hubiera esa actividad escolar patriótica. Allá el himno no se canta, no se sube la bandera… y hay un montón de esas cosas que formaban parte de mi universo infantil, que desaparecieron. Cuando regresé me resultó muy encantador recordar todo eso, por ejemplo la Canción a la bandera. Era interesante para mí trasladar este ritual nacionalista al interior de una casa donde eso se realiza en el patio. Algo así como simulacros de creencias. Me gustó mucho jugar con eso: construir un pequeño Estado adentro de la casita en la que están inmersos.

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lunes, julio 28, 2014

La muerte le sienta bien

CRONISTA.COM

Cartelera
28/07/2014 | 08:00


La muerte más exótica de la historia de la literatura se llevó en un giro inesperado la vida de Aurora Berro, la protagonista de “Fuera de la jaula”, la nueva novela de Fernanda García Lao (Emecé).
Con el cuerpo aún sangrante, su conciencia se liberó y como alma en pena, vaga confundida e indolente por la casa familiar. “Me falta el cuerpo. Antes era una niña tórrida, ahora soy una mujer fallida, una muertita a medias, ni cruda ni cocida”, dice Aurora, que parece no haber perdido el humor ni muerta: “No soy sólido ni líquido, algo así como un vaporcito”.
La mujer se siente libre de esa jaula que fue su cuerpo, de la vida en sí: opina sin filtros acerca de su pálido matrimonio, de sus singulares hijos. Pero también es esa misma situación la causante de sus nuevos pesares.
Es que en este estado, puede ver lo poco que sus familiares extrañan su ausencia y los secretos que se tejieron a sus espaldas.
Su marido “el Coronel”, con el cuerpo aún tibio de su mujer, reemplazó carne y hueso por metal y madera: posee una autómata a la cual somete carnalmente (si es que podemos llamarlo así) una y otra vez.
“El introduce su armamento en todas las hendijas de ella, que gira como rosca engrasada. Lana se retuerce y sacude la espalda. Parecen arco y flecha. Dan ganas de aplaudir, si hubiera con qué”, dice el ánima de Aurora testigo incorpórea del acto.
Tampoco lloran la desaparición física de su madre los dos hijos que comparten un sólo cuerpo. Las mitades del bicéfalo ManFredo están más ocupadas en una pugna de conflictos psicológicos y fisiológicos. Según la analista de ambos, la desaparición del otro, tener privacidad y desahogar sexualmente la mitad del cuerpo correspondiente, “No va a ser nada fácil, habrá que probar”.
Sólo la enigmática criada Yedra y la hermana de Aurora, Buda, parecen preocupadas por investigar las circunstancias inusuales de la muerte, aunque Buda esté perdiendo la fe de a poco.
Este es solo un ápice de lo que sucede en el comienzo de esta destacada y extravagante quinta novela de Fernanda García Lao. La autora de “La piel dura” y “Vagabundas” volvió a las librerías con una novela surrealista y de un desatado humor negro que profana con gusto a instituciones como la familia, el matrimonio, las buenas costumbres. También algunas profesiones y grupos de la sociedad son blanco de la escritura de García Lao.
Algo de este estilo de la escritora mendocina pudo verse ya en su anterior libro de cuentos “Cómo usar un cuchillo”, donde proponía algunos relatos desde puntos de vista insólitos, pero aquí con el de la etérea Aurora, llega a un nivel extremo.
La novela es un deleite para el lector que disfrute con el cruce que propone de esos dos géneros con lo morboso y esa predilección de la autora por lo enfermizo, lo truculento. Una fascinación por lo malsano que teje cicatrices, deformidades. Por los cuerpos anómalos, sus limitaciones e imitaciones.
Aunque el personaje principal es Aurora, con el correr de las páginas aparecen las voces de los demás personajes a través de anotaciones y diarios personales que Aurora puede husmear.
La narración allí se torna algo sinuosa, aunque es terreno fértil y situación ideal para descolocar al lector en un desconcierto de voces.
"Fuera de la jaula" está dividida en tres partes que corresponden a tres momentos importantes de la historia del peronismo. Aparecen guiños políticos hacia sus líderes históricos y también los hay cinéfilos. Ambos suman tanto relaciones como incógnitas en el lector y afilan un novela de escritura tan original como descarnada e ineludible.
El próximo 8 de Agosto a las 20 hs. será la presentación oficial en Alamut Libros, Borges 1985, Caba. La autora dialogará con Silvia Hopenhayn con entrada libra y gratuita sujeta a capacidad de la sala.

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