jueves, mayo 16, 2013

El arte dogmático es un imposible para mí

:: ENTREVISTAS ::
ETERNA CADENCIA

Fernanda García Lao habla del reciente volumen de cuentos Cómo usar un cuchillo.
Por Martín Líbster.



Cómo usar un cuchillo es la primera colección de relatos que Fernanda García Lao publica luego de cuatro novelas que recibieron premios y menciones en diversos concursos. Ahora, a contracorriente de la mayoría de sus colegas que suelen editar libros de cuentos como escalón previo a la novela, se lanza al terreno del relato breve: su último libro contiene 27 piezas cargadas de violencia, vísceras, humor sutil, personajes al borde del colapso mental y material y hasta un manual de instrucciones que explica, a la víctima y al victimario, cómo llevar a cabo un asesinato como Dios manda. Sus palabras se retuercen, se rebelan contra sí mismas y contra la estructura que las contiene y las oprime. Cuando logran zafarse, vuelan como cuchillos enloquecidos dirigidos al rostro del lector.


García Lao, por suerte, es mucho menos amenazante que sus textos: piensa mucho antes de hablar y lo que dice, al igual que lo que escribe, suele tener sentidos que se abren y se multiplican en la mente de quien la escucha. Se ríe con frecuencia, aun cuando habla de cosas serias y hasta un poco siniestras; también en este sentido ella y su literatura se parecen. Hablar con ella es un placer por su generosidad y por la lucidez con que analiza el proceso literario, su papel como escritora y algunas tendencias del arte y el mundo contemporáneo.

–Lo primero que te quería preguntar tiene que ver con el proceso de construcción del libro. Cuando uno lo lee, observa un estilo coherente y una temática recurrente, casi como si fuera una novela en relatos.

–Los cuentos son de distinta data, pero no la corrección del libro, que fue minutos antes de entregarlo. Ahí ya lo trabajé como una unidad. Incluso escribí varios en los últimos días; cuando ya había dado por terminado el libro, no pude menos que sentarme y escribir un par de cuentos más, que envié más tarde a la editorial. Pero había cuentos que tenían un par de años, que siempre formaron parte del libro. No me interesa el cuento como objeto a olvidar en una cartera, sino como parte integral de algo. Me interesa que los textos disputen un poco entre sí y que, a nivel del ritmo, esté logrado cierto sentido de la respiración. Estuve muy pendiente de la sucesión de los textos, y no me daba igual que fuera primero uno u otro. Como en un álbum de música, quedaron muchos temas afuera, y de la última selección eliminé algunos cuentos. Con Valeria Castro de Entropía vimos que todos los textos estuvieran a un nivel no digo parejo, porque eso es imposible… Y además uno trabaja mucho con el desnivel. Pero había cuentos que eran experimentos un poco más fallidos que los que quedaron, entonces decidí sacar un par de cuentos y en esos huecos escribí estos relatos nuevos, como nuevas miradas sobre eso que había quedado ahí.

–¿Te interesa lo fallido como material a publicar o sos perfeccionista?

–Depende de qué fallido estemos hablando. Yo llamo fallido en este caso a que las piezas no terminen de encajar; no me interesan los cuentos cerrados ni los cuentos perfectos. No creo en eso, no creo en el arte perfecto, pero soy bastante obsesiva en cuanto a la selección de las palabras, de la sintaxis, de las imágenes, de las tensiones. Eso lo trabajo como si no hubiera posibilidad de fallo. Pero no me interesan los textos donde observo preciosismo; me gusta que haya tensión, pero también me interesa que queden algunas hilachas que le dan verosimilitud a las cosas más insólitas. En la ficción, como en la construcción de una mentira, a veces uno habla de más para ser creído. Y ahí me parece que hay que recortar lo que queda fuera del universo del relato. Pero estos otros pliegues que uno no entiende muy bien de donde vienen, esos sectores de oscuridad, está bueno dejarlos así. Eso sería el fallido para mí, no intentar iluminarlo todo.

–En el libro hay algunas frases que tienen mucha ambigüedad sintáctica, y también hay ambigüedad en los narradores. La ambigüedad parece ser un tema que te interesa.

–Sí. A mí me interesaba también explorar con total libertad cada uno de esos mundos breves que imagino para dotarlos de cuestiones que tenía ganas de explorar, entre ellas el punto de vista y la puntuación, para probar e intentar hacer estallar algunas cosas que se imponen como convención de trabajo. Como cuando uno se pone a escribir un cuento y te dicen “Para escribir un cuento se necesita a, b, c, d…”.

–El decálogo del cuentista.

–Claro, que es algo que detesto y que tiene engañada a un montón de gente que piensa que hay una fórmula matemática que si uno maneja va a dar a luz algo interesante. Como yo no creo en esa premisa, tenía ganas de demostrarlo y de demostrármelo a mí misma y patear esas cuestiones que parecen casi dogmas. El arte dogmático es un imposible para mí.

– El libro todo el tiempo trata de desacomodar al lector, incluso desde la adjetivación o la sintaxis. Me imagino que esto es buscado.

–Yo te podría contestar que sí o que no y en ambos casos sería absolutamente veraz. Por un lado hay una cuestión de origen en mi modo de escribir que tiene que ver con eso. Mi primer libro de cuentos, que está inédito, se manejaba con los mismos parámetros. Y yo antes de eso no había escrito más que poemas espantosos, con el diccionario en la mano, jugando a saltar, jugando al corte. Porque por algún deseo oculto yo sabía que para que mi vida tuviera sentido tenía que escribir. No como profesión, sino como práctica vital. Y de pronto un día entendí lo que quería escribir y me senté y lo terminé en un mes, más o menos, de escritura diaria y alocada, como dictada. Después ese libro siguió creciendo. Y además no tenía nada que ver con mi vida cotidiana ni con ese presente, sino que era algo absolutamente… no sé si llamarlo “artificial”. Yo en ese momento estaba embarazada, y en lugar de asustarme por mi precocidad, me agarró como un “arrebato metafísico. Algo muy potente, en el que también estaba implicado mi cuerpo y todo ese misterio que se estaba produciendo ahí. Necesitaba equilibrar de un modo intelectual eso tan fuerte que estaba más allá de mí, pero que se producía en mí, para no quedar postergada por el evento que no paraba de crecer y multiplicarse. Entonces empecé a pensar un montón de cosas que eran como didascalias de una obra de teatro que no escribí, donde había vínculos extraños entre objetos y personas. Y ahí empezaron a aparecer un montón de objetos que hacen a la historia de una persona más allá de su cuerpo y sus rutinas, que son cosas que me resultan muy poco interesantes, objetos que tienen que ver con las elecciones de mundos que uno hace. Pero también tiene mucho que ver con la puesta en escena. Yo de algún modo pongo en escena, lo que pasa es que no está pensado para ser visto, sino para ser leído. Es como si postergara la presencia del espectador.

–En ese sentido, me pareció que la tapa de La piel dura, esa fotografía de Marcos López, estaba muy bien elegida, porque en el libro hay mucho de puesta en escena, no sólo en el argumento sino a nivel sintáctico. En este sentido, Cómo usar un cuchillo parece una radicalización de ese procedimiento. Tal vez por la forma breve; todo está mucho más concentrado.

–Yo disfruto mucho de la concentración, de “inquietar” situaciones. En realidad, cuando escribo novelas lo que más me cuesta son los enlaces, porque me gusta escribir núcleos. Por eso también salto tanto; en una página de una novela mía pareciera que pasan muchas cosas. Y eso es porque el detalle me aburre; tampoco me interesan las descripciones.

–Pero más allá de ese “recargamiento”, la prosa es muy vivaz.

–No es pesada; tiene algo de liviandad. Si la frase es un hilo, no le podés colgar tres kilos de ropa. Espero que la cosa fluctúe, que pase aire, que sucedan cosas en ese colgajo.

–¿Sos lectora de poesía?

–Sí. Leo y escribo poesía. Y esa ligereza de la que yo hablo viene emparentada con estas ráfagas de humor que en la poesía no aparecen. Mis novelas tienen más humor que mis cuentos y mis cuentos, a su vez, tienen más humor que mis poemas. En esa destilación hacia la síntesis se va perdiendo el absurdo y va quedando una pasta un poco más densa. Y a mí me parece que la poesía y las palabras que van apareciendo y van atrapando cosas también me atrapan a mí de algún modo. Siento que la poesía es una actividad de riesgo. Soy más lúdica en las novelas, siento que es un terreno para jugar.

–El humor en los relatos es más sutil que en La piel dura, por ejemplo. Ahí usás el humor más abiertamente.

–Sí, lo que pasa es que en los relatos queda reducido a un mínimo moñito. En la novela tengo más espacio; tal vez en los relatos el humor queda reducido a dos frases, porque está todo más concentrado.

–El humor en los relatos aparece muchas veces asociado a la crueldad y lo siniestro. En realidad, es algo que atraviesa toda tu literatura. En ese sentido también me pareció que la foto de Marcos López era muy apropiada.

–La elegí yo. De hecho, elegí todas las tapas de mis libros.

–¿La que empuña el cuchillo en la tapa de este último libro sos vos?

–Sí, es una autofoto. En realidad son dos fotos, una mía y una de Paula Mariasch. Pero la del cuchillo soy yo. Estuve buscando fotos y ninguna me convencía, así que decidí producirla.

–Hablando del cuchillo, el cuento que da nombre al libro ¿es una parodia de Cortázar?

–Un poco, sí. Y también de esa manera de construir. A mí hay un libro que me tranquilizó mucho que es Del asesinato como una de las bellas artes, de Thomas De Quincey. Cuando lo leí, me dije: “no es para preocuparse, todo esto que a mí me pasa ya le pasó a otro”. Lo leí hace como mil años, entonces yo siento que tengo el permiso de algunos maestros para utilizar las herramientas de otros modos. Evidentemente uno también es resultado de sus lecturas, pero a sus lecturas las elige uno.

–Sin embargo, es difícil encontrar influencias en tu literatura más allá del surrealismo.

–Lo que pasa es que yo escribo muy hacia adentro. No es tan simple encontrar ahí influencias porque yo tampoco adscribo a ninguna escuela; soy fanática de mi libertad.

–¿Pero qué autores te interesaron, en tus años de formación o ahora?

–Yo empecé leyendo teatro del absurdo. En general, me interesan los escritores que son dramaturgos: Beckett, Gombrowicz, Copi, Jean Genet. Casi todos son dramaturgos, y no sé si es casualidad. En general suele suceder que cuando un escritor que primero es narrador escribe para teatro escribe enormes parrafadas y escribe para nadie, no escribe para un actor. Escribe para sí mismo, para una platea, y se pone pretencioso, pesado, interesante… En cambio cuando es un dramaturgo el que escribe narrativa dota a los momentos de otra intensidad, es como si inyectara vitalidad y cuerpo a una idea.
También hay cierta influencia quevediana en lo que yo hago, aunque no tenga nada que ver. Lo leí en la escuela y quedé fascinada. También la lectura del Quijote, que me divirtió muchísimo, La Celestina, textos muy alocados, donde hay un erotismo extraño que también me interesa. Pero supongo que todas esas lecturas quedan palpitando en algún lugar del inconsciente y después se resuelven de un modo del que uno tampoco es tan responsable. Yo no sé si uno es responsable de su estilo.

–En uno de los cuentos, la narradora dice “la falta de variedad es la muerte”. Y yo pensé “acá debe estar hablando…”

–En contra de la pureza. Y de la escritura monótona. Pero lo pienso en todos los órdenes de la vida, no sólo en la literatura.

–El libro se lee un poco como una novela porque hay muchas situaciones repetidas, mucha gente al borde del suicidio…

–Las mujeres. Son las mujeres las que se suicidan y los hombres los que matan.

–En esto yo leía una referencia política muy sesgada.

–Los objetos que uno crea son, de algún modo, máquinas ideológicas. Desde la elección del punto de vista en adelante, todo implica una intervención sobre la realidad. Y uno puede presumir quién es ese que está del otro lado por las elecciones y los recortes que hace. Cuando vos empezás a escribir cualquier cosa, tenés el mundo; todo está por escribirse. Empezás a elegir por determinado sendero y se empieza a cortar el terreno; ese recorte que uno hace es profundamente ideológico. Yo creo que esa elección es mi modo de ser contemporánea con este caos sin nombrarlo. No me interesa ser fiel a lo coyuntural, a lo que parece que sucede. Siempre me sentí un poco fuera de lugar, posiblemente por el exilio, los múltiples cambios de domicilio y de lengua y esas cosas, y un poco fuera del tiempo, no en el sentido esotérico, sino que siento que hay como un continuo. Adelante y atrás me dan igual; no siento que hayan cambiado mucho los grandes temas, pero sí se presentan de modos nuevos. La violencia disfrazada de ley, por ejemplo, es más del siglo XX; la obscenidad actual, el exhibicionismo, el mostrar absolutamente todo para existir, me parece que es algo de lo que participa cierta ideología a la que uno adscribe sin preguntarse y pensando que las ideas han muerto. Se ha conseguido una cosa muy tremenda: que los actos no tengan nombre. Y la gente, yo incluida, se entrega a esto, a hacer un montón de cosas obsesivas o neuróticas.

–Más allá de tu mirada crítica ¿te atrae ese exhibicionismo? ¿Consumís, por ejemplo, trash televisivo?

–Televisivo no. Tengo Facebook, por ejemplo. Pero yo soy consciente de que estoy utilizando una herramienta. Creo que ya todo el mundo se dio cuenta. Pero también me parece muy interesante a nivel vincular. Da una sensación de saber quién sos, o quién es aquél al que estás visitando momentáneamente, y en realidad uno se edita, y para mí eso es un acto tan complejo como la publicación de un texto. Me interesa el componente poético que hay en eso, la síntesis a la que te obliga, y la construcción de una personalidad que no sé si es propia.

–En los relatos aparece mucho el tema del voyeurismo. Hay mucha gente que mira por las ventanas a sus vecinos. ¿A vos Facebook te sirve un poco para observar vidas ajenas?

–Sí, obvio. Y me sorprende que mucha gente comparta imágenes tan privadas.

–En tus libros hay varios personajes que sufren de esa neurosis exhibicionista.

–Sí. Es que yo creo que todos la padecemos en mayor o menor medida. Lo que pasa es que se ha viralizado. También se ha viralizado el deseo de tener un nombre y una cara asociada a ese nombre. Antes uno quería firmar las notas; ahora no es sólo la firma sino también la cara.

–¿Te interesa el arte contemporáneo? Te lo pregunto porque en tus textos se nota una apertura hacia otras formas como el cine, la música y sobre todo las artes plásticas.

–Sí, mucho. Me parece que, epistemológicamente hablando, avanzaron mucho más que la literatura, y tienen códigos mucho más complejos. En literatura, todavía estás luchando para lograr la simultaneidad de escenas, algo que ya está ampliamente superado. En el arte contemporáneo conviven varios lenguajes; la imagen es aceptada con más naturalidad que la palabra y a la vez impacta de otro modo. Estaba pensando en el escándalo que se armó con las obras de León Ferrari; todo eso generó muchísima molestia porque es algo absolutamente visible, algo a lo que cualquiera que pase por ahí tiene acceso. En la literatura, en cambio, te tenés que meter en el libro y ver qué sucede. Y no creo que haya muchos fanáticos religiosos que lean.
Me interesa que la literatura sea un riesgo para el que lee. A mí no me basta con que me cuenten un cuentito. Y me parece que en la literatura deberían convivir las otras artes. De hecho yo pienso mucho en términos de imágenes, en cuestiones que se manejan cuando uno construye visualmente un objeto: la contradicción, el claroscuro, el punto de vista, la perspectiva, las líneas en tensión, en que no todo esté plano. No somos egipcios. Hay mucho texto muy plano, que no tiene ni sombra.

–¿Te interesa la teoría?

–Sí. Pero me parece que es el texto el que lo tiene que decir y no yo. Hay grandes teóricos que, cuando se sientan a escribir ficción, son tediosos o ingenuos o se les nota demasiado el trazo grueso. Y si yo hay algo que no soy es teórica. Yo intento corporizar todo eso que otras cabezas más lúcidas que yo plantean de modo teórico. Para mí, fondo y forma narran juntas; el modo en que aparecen las cosas también es el conflicto.

–¿Cómo te llevás con la idea de lo posmoderno y la falta de referencias?

–Supuestamente lo posmoderno ya está perimido. Estamos sin palabra ahora. Me parece que esa falta de referencias dio el permiso para ser conservadores a muchos personajes de la cultura. Esta cuestión del fin de las ideologías dejó el terreno allanado para una suerte de mediocridad y mucho cinismo. Pero me parece que es un momento interesante para plantar la bandera de la anarquía en el mejor sentido del término; cada uno, como creador, debería construir su lógica y no repetir fórmulas. Me da la sensación de que, a nivel teórico, no hay mucho recambio de cabezas. Los grandes pensadores del siglo XX desaparecieron y ese hueco se nota mucho.

–Esto te lo preguntaba no sólo por vos sino también por tus personajes. Dan la sensación de estar perdidos por la falta de referencias sociales, como desenganchados, y muy pauperizados no sólo a nivel material sino también mental. Aunque lo contradictorio es que lo piensan con una sintaxis y una adjetivación que no serían propios de esos personajes.
Lo que pasa es que ahí está la elaboración. Si voy a hablar de gente simple, necesito un lenguaje más elaborado. Como cualquiera, yo estoy expuesta a un montón de situaciones absurdas y, cuando se las cuento a alguien cercano, me dicen “tenés que escribir eso”. Y yo digo “no, eso ya me pasó”. Uno no escribe sobre lo que ya le pasó, y estoy en contra de la escritura como fotografía de un momento pasado. Uno no es personaje de su ficción. Si no, es como el diario íntimo: el primer estadío de la escritura. En definitiva, mi anécdota personal es igual de aleatoria que cualquiera que yo pueda inventar; no me parece que lo vivido tenga más peso que lo imaginado. Me parece que, si un escritor se limita a hablar de su vecina, su literatura tiene mucho que ver con a dónde se haya mudado. Hay que construirse el silencio para sentarse a escribir. Y hay mucho ruido. Si voy a escribir personajes con ruido, tengo que pensar cuál es mi estrategia narrativa para hacerlo. Y nunca es la literalidad.

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martes, mayo 14, 2013

García Lao, Cómo usar un cuchillo

Instrucciones a mí misma para pensar cómo usar un cuchillo.
Por Mariana Komiseroff
Revista Otro cielo




Pongo música francesa. Ésta música me acompaña tácitamente desde hace años, pero no es una compañera muy fiel. ¿O debo decir que la infiel soy yo? A veces incursiono por otros universos sonoros, pero hoy termino de leer Cómo usar un cuchillo de Fernanda García Lao, me siento a escribir y casi de manera instintiva armo una lista de reproducción que arranca con Paris Combo, pasea por “Siberie m’etait Contée” de Manu Chao, y llega a Pauline Croze pasando indefectiblemente por Yan Tiersen y Edith Piaf. “La falta de variedad es la muerte”, escupe Rudolf en este libro. Voy eliminando los temas hasta quedarme sola con el gorrión. Cierro los ojos atravesada por la música de “Le petit monsier triste”, cargada de la lectura de los cuentos y siento un filo que me abre la boca del estómago.

Miro las marcas que hice en el texto. «Me asustan las miradas tibias», dice en “Desierto al revés” y me lleva a pensar en los narradores. Sorprenden: nunca son inocentes Un ejemplo de esta delicadeza es “Eclosión”, mi cuento preferido del libro, dónde una mujer virgen de treinta y seis años se masturba pensando en el vecino después de comer pulpo y se embaraza a sí misma. «Un proyecto de pulpo ha quedado oculto bajo la lengua y terminará siendo fecundado en un orgasmo extravagante: ella lo traslada de su boca a su cloaca de hembra». En este cuento la autora construye un narrador en apariencia no involucrado que sale a la luz en una última frase. La historia no se modifica pero nos obliga a preguntarnos quién es ese testigo que nos la cuenta.

Releo y copio los párrafos que marqué en el libro. Descubro párrafos completos que funcionan como perfectos microrrelatos. Extracto de “Sentencia”: «A los once, sus ojos se llenaron de muerte. En un accidente doméstico, sus padres explotaron por el aire al compás de la caldera. El fuego la dejó sola, con sus ojeras azules. Se quedó con la bolsa de lácteos, contemplando el desastre. El pasado había fagocitado de un bocado a su familia. Y a la biblioteca. Amalia sonrío, excedida de infortunio». Fragmento de “Sótano: ser de abajo” (cuento que viene con mapa de ubicación): «Mi hija parece una sandalia. Toda al descubierto. La tapo para no verla. Me turba su presencia. Y el sentimiento es mutuo. Un día no va a venir. Ya huele a hombres que la siguen. Tiene semen en el horizonte».

Leo los cuentos en voz alta. Leí varias veces “Libidine” porque más allá de ser un cuento impecable y original, me gusta como suena. Pienso en Ivonne Bordelois que en Etimología de las pasiones dice que las palabras, como nuestros cuerpos, se resisten y hacen ruidos, toda clase de ruidos, que las palabras son ruido e idea y que también están hechas de aire rudamente modulado por la garganta, los dientes, la lengua y siguen teniendo mucho de los primeros gruñidos, cercanos a los de los primates que estuvieron en su origen.

Pienso en escritores con el cuerpo muerto. Hay autores que reniegan del cuerpo, aunque no lo asuman o no lo sepan, eso se siente en la lectura. Como dijo Foucault, «si la sexualidad está reprimida, destinada a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo, el solo hecho de hablar de ella produce una transgresión deliberada». Pero más allá de eso hay autores que pueden hablar de sexo y aun así su literatura puede carecer de él, del componente animal. Tal vez sin proponérselo comulgan con esa idea de Aristóteles de que todas las pasiones son malas si conducen a la desmesura. Y hay resultados muy interesantes pero no me entusiasman particularmente. En cambio Fernanda García Lao sostiene el lenguaje con narradores y personajes con cuerpos vivos, con latidos y circuitos de fluidos. Los desnuda y embellece en un manual de instrucciones cruel: «Hay algo sucio en tu persona. Se te intuye la humedad y el jugo. Tengo una sed terrible, me voy a atragantar y voy a dejar que me mojes los zapatos».

Me distraigo y recuerdo cosas que mejor olvidar. Le envío un mensaje a mi amiga contándole un comentario mala leche de alguien. Ella me responde: hay que sacar el cuchillo”. Y yo: “hay que saber cómo usarlo”.

Presto atención a la música. Suena “La vie en Rose”. Una balada francesa cantada con la garganta, por momentos apenas un sonido gutural onomatopéyico. Algo en el ritmo invita a moverse. Se escucha bien, se disfruta, pero se puede percibir por debajo cierta oscuridad, la sensación de que cualquier cosa puede venir a modificarnos el baile agradable. El lenguaje de Cómo usar un cuchillo es musical y perturbador como un tema de la Piaf, como una cajita de música o la risa de un niño en una película de terror.

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sábado, mayo 11, 2013

Escribo lo que suena en mi cabeza


En su libro de relatos "Cómo usar un cuchillo", Fernanda García Lao convoca una gran diversidad de personajes sórdidos y conflictivos en el marco de situaciones crueles y absurdas, pero donde el gran protagonista es una escritura entre lírica y narrativa y con mucho humor negro.

10/05/2013 19:27 | Gustavo Pablos
La Voz del Interior
CiudadX


En la Feria del Libro de Guadalajara 2011 se dijo de Fernanda García Lao que era uno de los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana. Ahora acaba de publicar el libro de relatos Cómo usar un cuchillo (Editorial Entropía), el quinto después de las novelas Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura y Vagabunda.
La mayoría de estos textos breves tienen su origen en una matriz onírica o en el espesor de una escritura que le da a una intuición o imagen apenas entrevista un sustrato extraño y nunca verosímil o realista. La escritura sigue un registro entre lírico y narrativo y esquiva los esquemas más o menos transitados para apostar, en todo caso, a la creación de fragmentos confesionales, escenas sueltas o abiertas, introspecciones desenfadadas. En este marco de argumentos astillados una voz casi siempre descarnada y visceral avanza y exhibe los mínimos elementos de una situación que apenas se arma y ya se pasa a la siguiente.
El comienzo esquivo e indecidible de "Desierto al revés" es un ejemplo: "Cómo confundí tu oreja con el plato de canapés, no sé. Pero allí estaba. Blanda como una nalga muerta. Recién al morderla te descubrí. Eras tan apetecible como tu lóbulo. Aquella dentellada anticipó lo que vendría después: una velada difícil". O también el de "Juicio Final": "Usted llegó con los pantalones de otro, no sonreía, tenía unas ojeras horribles. Susurraba algo que no pudimos entender. Fueron sus últimas palabras libres. Después se produjo un gran silencio. En la mano izquierda apretaba un poco de pelo. Pelo de vieja teñida. ¿A quién se lo arrancó?".
En "Rudolf", un vendedor de raíces llega a un pueblo y una de sus variedades, un bulbo, terminará modificando la vida de sus habitantes y adueñándose de todo; en "Tiburones con rodete", un concurso de belleza destina a sus participantes un sinfín de desgracias; en "Mesita", el narrador decide dejar en la escena del crimen un cuchillo encima de la mesa del teléfono para así conferirle al mueble algo de protagonismo; en "Navidad impúdica", una familia es testigo de cómo la empleada doméstica enloquece la tarde del 24.
"Son 27 mundos en donde hay de todo –cuenta García Lao sobre el origen de estos relatos-. Un mínimo porcentaje llegó de noticias que leí por ahí y que me inquietaron. Noticias que instalaban una duda, sin lógica a la vista. En otros casos es el inconsciente el que me dictaba las primeras frases, esas engendraban a las que siguen y así. Sólo tengo que estar atenta, es casi como escuchar. Escribo lo que escucho, lo que suena en mi cabeza".
Por una ficción oscura
Para la autora la realidad es "una usina de sinsentido" y no le parece que el mundo "sea un lugar simple, ordenado y sin fisuras".
"El realismo tuvo su razón de ser en el siglo XIX. La reproducción ya no tiene sentido, lo social es múltiple, está desencajado. Y por eso falsificar escenitas simples y hacerlas pasar por ficción me parece una operación poco interesante", afirma. Y añade: "Prefiero asumir la oscuridad, borrar lo ordinario y apuntar al detalle insólito: a quién le pasa qué y cómo lo escribo".
García Lao es hija de periodistas que debieron exiliarse, durante la última dictadura, en España, y allí vivió ella hasta 1993. Además de narradora es cantante y actriz, tiene varias obras de teatro en su haber, y con muchas de ellas ha recorrido el continente como actriz, oficio que también la llevó al cine en varias ocasiones.
En sus libros anteriores ya estaba presente esa capacidad para mirar y narrar desde la conciencia de personajes por momentos absurdos y delirantes, cuyas acciones y pensamientos parecen responder a una lógica que está más allá -por encima o por debajo- de lo convencional.
–¿De dónde surge la comunión con esta clase de personajes y/o narradores?
–Creo que de mi entrenamiento actoral he aprovechado el hecho de asumir el personaje desde la encarnación misma de un pensamiento, una rutina, una particularidad física, un modo lingüístico. Aplicado a la narrativa, puedo detenerme en la creación de espacios de conciencia más amplios, de mayor complejidad. Y encontrar diversas perspectivas, puntos de vista. Construir cuerpos con palabras, ideas, con presunción de profundidad. No conozco a nadie que sea plano, que no tenga aristas absurdas, deseos que a simple vista ni sospechás. Hay mucha preocupación por que se vea el personaje en algunos autores. A mí me interesa que se sienta que hay alguien ahí. Me da igual si tiene el pelo negro o gris.
–Este es el primer libro de cuentos que publicás. ¿Fue fácil el trabajo con textos breves?
–Yo soy breve por naturaleza, de hecho empecé escribiendo textos híper concentrados en sí mismos. De no más de 10 líneas. Así que en mi caso, debo hacer el esfuerzo inverso cuando escribo novela. Y es que me aburren los enlaces. Me gusta la velocidad, escribo rápido, de una sentada. Cuando corrijo ya estoy más tranquila y puedo permitirme el lujo de estar algunos días frente a los textos.
Las palabras
En estos relatos la prosa avanza y actúa como un cuchillo que deja jirones a un costado y desdibuja o deja en un segundo plano la anécdota. "Para mí el lenguaje es siempre el protagonista, más que la acción. Y en este libro quise hacer foco, cerrarme sobre las palabras. Abordar la sintaxis como un elemento más en conflicto -reflexiona la autora-. Me gusta pensar que no hay distancia entre fondo y forma, que hay simbiosis entre lo que se dice y el cómo. La excusa del asunto sigue estando, pero es opacada por el estado de la narración, en tensión permanente".
Si bien se trata de un mundo de personajes sórdidos, oscuros, por momentos patéticos, siempre conflictivos, hay un humor no adherido desde afuera a la frase sino que es más bien su condición de posibilidad, y que compensa la supremacía de la muerte, la crueldad, la destrucción, el absurdo y la metamorfosis física o emotiva. "Creo que vengo un poco así de fábrica, con humor afilado. Hubiera sido raro que no apareciera en mi literatura", dice García Lao. Y añade: "De cualquier manera, en la vida no soy tan negra. Pero hay algo lúdico presente, y la muerte es parte del juego. Prefiero reírme de ella. Como dice el narrador de 'Bisturí': 'Yo he visto a la muerte en persona paseándose por ahí como una putita en celo'. Le anulo solemnidad, la convierto en un personaje más de lo patético".
 
Cómo usar un cuchillo
Fernanda García Lao
Editorial Entropía
Buenos Aires
140 páginas
$ 69
 
Perfil
Fernanda García Lao nació en Mendoza y estudió piano, danza clásica, actuación y periodismo. Ha escrito y dirigido varias piezas teatrales. Publicó las novelas Muerta de hambre (1º Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa (3º Premio Cortázar), La piel dura y Vagabundas. Colabora en distintas publicaciones en Latinoamérica y Europa. Su obra ha sido publicada en la Argentina y en Francia.

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martes, mayo 07, 2013

A sí misma


Entró en estado de irrisión. Grácil como un látigo, el zapatito le sangraba en la boca.
Elma se desliza entera hacia adentro. Como una idea de camino al revés.
Con dirección a su entrepierna, nada se bifurca.
El Músculo puro es festín o accidente geográfico.
Según la luz.

lunes, abril 29, 2013

eterna cadencia

Una de las librerías más lindas de Buenos Aires dice:

"El ranking de esta semana altera las posiciones respecto de la anterior: el libro de perfiles Plano americano, de Leila Guerriero, deja el primer lugar en manos de la novela El viento que arrasa, de Selva Almada. Curiosamente, las dos reaparecen en el ranking: Guerriero con la compilación Los malitos, Almada con Una chica de provincia. Completa el top tres de un ranking muy femenino, Cómo usar un cuchillo, flamante volumen de cuentos de Fernanda García Lao.

Si hubiéramos tenido en cuenta los libros de la editorial, la presencia habría sido abrumadora, con cinco títulos entre los diez primeros: La Virgen Cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara, Glaxo, de Hernán Ronsino, Figuras de la historia, de Jacques Rancière, Cuadernos de Lengua y Literatura, de Mario Ortiz y Tres luces, de Claire Keegan.

En la misma semana del año pasado, la Bahía Blanca de Martín Kohan se quedaba con la cima de las ventas".


Estos son los libros más vendidos de la semana pasada en Eterna Cadencia:

1. El viento que arrasa, Selva Almada (Mardulce)
2. Plano americano, Leila Guerriero (UDP)
3. Cómo usar un cuchillo, Fernanda García Lao (Entropía)
4. Liquidación final, Petros Markaris (Tusquets)
5. El entenado, Juan José Saer (Seix Barral)
6. Un hotel con mi nombre, Cecilia Pavón (Mansalva)
7. Para una autopsia de la vida cotidiana, JG Ballard (Caja Negra)
8. Los malditos, Leila Guerriero – comp. (UDP)
9. Una chica de provincia, Selva Almada (Gargola)
10. La inquietud por la verdad, Michel Foucault (Siglo XXI)

jueves, abril 25, 2013

mis actividades en la Feria del libro


FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES 2013

sabado 27 de abril en (Pabellon blanco, sala Alfonsina Storni.)
20h30 De qué está hecha una novela
Con la participacion de Patricio Zunini (moderador), Ariel Magnus, Mathias Enard y Fernanda García Lao.

Sábado 4 de Mayo
20:30 Diálogo de Escritores Latinoamericanos. Fundación El Libro. Mesa redonda: "Los grandes temas o la fuerza del detalle. El tamaño de las historias en la literatura latinoamericana actual". Participan: Fernanda García Lao, Luiz Ruffato, Marcelo Mellado y Edgardo Rodríguez Juliá. Coordina: Florencia Garramuño. (Alfonsina Storni.)


Martes 7
14:30 Entrevista en vivo en el stand de El Ateneo.

Jueves 9 de mayo
18hs Diálogo con Silvia Hopenhayn Tres novelas para celebrar la democracia
Stand n° 1922 / Pabellón Amarillo (acceso calle Cerviño). 

Sábado 11 de mayo
Escritores que venden.
18 a 20 hs.
Miguel Vitagliano y Hernán Ronsino, junto a Fernanda García Lao y José María Brindisi recomiendan libros en nuestro stand (1722, Pabellón Amarillo)

lunes, abril 22, 2013

Al filo

Dramaturga, gran lectora de teatro, preocupada por el rol de los diálogos, Fernanda García Lao es sin dudas una singularidad de la narrativa argentina. Cómo usar un cuchillo la confirma en esa originalidad y la muestra como una escritora capaz de explorar la fantasía, el humor y el lado escatológico de la vida.

RADAR LIBROS
DOMINGO, 21 DE ABRIL DE 2013
Por Ana Fornaro




El año pasado, cuando estaba en París, Fernanda García Lao visitó por primera vez la tumba de Baudelaire. No había una lápida, sólo unas flores azules que la desconcertaron. Para esta escritora mendocina, exiliada de chica a España y repatriada de grande, el poeta francés seguía vivo. En alguna parte, en algún lugar. Pero lo que encontró fue un pedazo de tierra convertido en mausoleo. La muerte del héroe del mal se hizo patente y lloró a moco tendido. Espantó turistas. Ese fue su homenaje.

Dramaturga, poeta y novelista, García Lao fue considerada en 2011 como “uno de los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana” en la Feria de Guadalajara. Después de varias obras de teatro y cuatro novelas (Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura y Vagabundas) publica ahora Cómo usar un cuchillo, un libro de relatos inclasificables que integran listas, manuales, radiografías de espacios y cuentos que son poemas o poemas que eligen narrar. Mata a todos, o a casi todos. Le da rienda suelta a su instinto asesino y pocos personajes sobreviven. García Lao se ríe mucho. En sus textos y en la vida. Porque el brote fantástico –tan presente en su literatura– suele nutrirse del humor.

¿Cómo fue el pasaje de la dramaturgia a la narrativa? ¿Qué te llevó a mudarte de género?

–En realidad fueron actividades paralelas siempre. Era más visible lo teatral y lo otro crecía a la sombra. Yo empecé a escribir relatos desde chica y después me puse a escribir dramaturgia. Pero sobre todo era una gran lectora de teatro. Yo imaginaba todo, leía pensando en puestas en escena. Todo eso empezó de adolescente. El teatro del absurdo fue una gran escuela para los diálogos que para mí son vitales. Creo que muchas veces en la narrativa se olvidan. A mí me gusta escuchar a los personajes en la vía directa. Prefiero recurrir a la voz concreta.

En Cómo usar un cuchillo hay una escritura performativa, de palabras convirtiéndose en acciones. ¿Buscaste deliberadamente ese movimiento?

–Sí. Para mí las protagonistas del libro son las palabras y el modo en que se alían para crear sentido. Siempre recurrí a diferentes disparadores y que tienen que ver con concentrar, nuclear. Las palabras como un ejército alucinado que no puedo manejar. Hay mucho de escritura automática, abrirse al inconsciente, olvidarse del presente. Aparece todo lo que uno calla para vivir socialmente. Como cuando me despierto de un sueño y me pongo a escribir todo eso que pasó en el otro mundo. No creo en la causalidad. El naturalismo es mentira.

En este libro hay mucha oscuridad, pasa de lo gótico a lo gore. Lo escatológico, el asco y la náusea están presentes en casi todos los relatos. ¿Qué estabas buscando?

–El asco me parece que es una emoción muy activa. No es paralizante. El asco provoca físicamente alteraciones. Está la náusea, el vómito. Algo muy sartreano, obviamente. El asco está muy emparentado con este momento que vivimos, en que hay tanta saturación, exceso y eso lo provoca. Creo que son manifestaciones físicas a la vida absurda que pretendemos llevar. Y yo veo mucha gente que quiere manipular sus vidas con actividades y el cuerpo las vive traicionando. El cuerpo necesita otras cosas. No sé muy bien cuáles. Tampoco sé de dónde me vienen esas imágenes. Lo que sí sé es que cuando estoy escribiendo sobre fluidos, sangre y cuchillos, dejo de ir por un tiempo a la carnicería. Lo que pasa fuera de los textos empieza a impresionarme.

La mayor parte de los personajes de tus cuentos derrapan, pierden el control.

–Yo sentí eso mucho tiempo en mi vida. Porque me llevaron a España de chica en el exilio y no fue mi decisión. Después mi viejo se murió de un día para el otro, nos volvimos a Mendoza, y los planes empezaron a parecerme una estupidez. Pasé una etapa muy anárquica. Me transformé en una terrorista de los planes. Y creo que eso también se refleja en la escritura. Yo no trazo un mapa antes de ponerme a escribir. No construyo castillos en el aire...Si ni siquiera tengo un ladrillo.


La náusea

Fernanda García Lao tiene una prosa extraña, una escritura que parece venir de un lugar que no es humano, ni siquiera terrestre. Si las palabras tuvieran un revés, un negativo, ésa sería su materia prima. Cómo usar un cuchillo es un ejemplo extremado de estos mecanismos del lenguaje. Se presenta como un libro de cuentos pero el lector se encuentra con fragmentos de algo que podría ser más grande, como si las historias ya estuvieran empezadas y los personajes –condenados– se mostraran justo en el momento en que llegan al límite. Muchas veces no sabemos qué los llevó a estar así o si, simplemente, el malestar, la náusea, y el asco son los elementos constitutivos de esas vidas instaladas en ambientes que los encorsetan. Extrañamiento, absurdo y una belleza que sólo se encuentra en el mal evocan cuentos, poemas y autores de otros tiempos. Desde Mary Shelley hasta Baudelaire, pasando por Beckett y Poe. El libro empieza con “No hay mantra”, un texto que podría funcionar de prólogo o declaración de intenciones. Es el diferente, el más próximo a la voz de la autora y a su vez el que anticipa lo que se viene. “Sí, ya sé. Reencarnaré en algo inmundo. Invertebrado. Cuanto menos actividad cerebral, mejor. Volveré como miniatura helada. Mi buda será de cristal. No me rompan.”

El resto de los 26 relatos, cambian varios registros, rompen con las causalidades al elegir lo fragmentario y lo onírico. Pero no hay caos. La anarquía va por otro lado. Se siente en el exceso, en los cuerpos siempre expuestos, deseantes, en el alcohol, la carne, el sexo y la muerte. Mucha sangre corre en el libro; casi una carnicería. Cómo usar un cuchillo es un combo multiforme donde el humor se agazapa pero está presente todo el tiempo. Los relatos “Sótano” “Chalet” y “Buenos Aires” valen el libro entero y se transforman en estudios sobre espacios. El manual de instrucciones, “Cómo usar un cuchillo”, que le da nombre al libro, es el más brillante. Y el que da más miedo.

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domingo, abril 21, 2013

A fondo

VIERNES, 19 DE ABRIL DE 2013
LITERATURA › FERNANDA GARCIA LAO Y LOS CUENTOS DE COMO USAR UN CUCHILLO

“Me gusta tener esa libertad del demiurgo de inventar todo”
La escritora ofrece veintisiete mundos-relatos comprimidos que se escapan de todo convencionalismo. En buena parte de ellos prevalece la oscuridad, lo que lleva a la autora a definir: “En mis cuentos hay más nubarrones que luz”.




Por Silvina Friera
El bisturí de Fernanda García Lao es una victoria de la ficción breve a gran escala. No hay libretos previamente establecidos. Las sorpresas no se esperan ni se sueñan ni se anticipan: suceden, estallan. El aguijón se clava veintisiete veces, en veintisiete mundos-relatos comprimidos y deformados por ese salto repentino que se produce cuando cambia el sentido. Deformar es revolver las aguas, desarticular las convenciones y exprimir el lenguaje hasta desconcertar como máxima. “La primera vez que mordí tu lóbulo, no pude prever lo que encontraría. Una mujer que contiene el universo”, dice el narrador de uno de los cuentos de Cómo usar un cuchillo (Entropía). A la escritora no le tiembla el pulso: hunde la cuchilla con la certeza de que “no hay nada más real que la muerte”. Algunos relatos surgieron de noticias exóticas que se cruzaron con las pupilas de la autora, como “Abejas atacan a Delia”. “Leí que un montón de abejas atacaron un pueblo y que fueron concretamente a tres puntos. Imaginé cómo el sistema del pueblo sacrificaba a una persona para librarse de las abejas”, cuenta García Lao en la entrevista con Página/12. Otros relatos, en cambio, tienen un antecedente remoto en una anécdota real intervenida, transformada. “Las anécdotas me aburren; trasladar una anécdota con verosimilitud me parece una pérdida de tiempo. Las anécdotas de mi vida que me interesan fueron tan perfectas que las quiero guardar como verdad; están en otro sector de mi cabeza. Cuando construyo, me gusta tener esa libertad del demiurgo de inventar todo.”

–En los relatos de Cómo usar un cuchillo hay más oscuridad. ¿Las formas breves le permiten ser más oscura?

–Sí, totalmente. Tiene que ver con el espacio: entra menos luz. Cuando laburo en extensión, aflojo algunas cuerdas, pero naturalmente me sale cierta oscuridad, siempre con un humor muy negro. El humor también está oscuro. Y en este caso, al tener todo más condensado, tal vez ese humor que en una novela ocupa un capítulo o que va tiñendo determinadas frases, acá queda reducido a un par de pequeños momentos. Y hay más nubarrones que sol. Igual no me psicoanalizo los textos, los dejo ser (risas). Son así; es gente así la que aparece: gente nublada. No hay una explicación. No me pongo como premisa ser densa. Hay algo que se construye más allá de uno. Ahora que estoy dando talleres me doy cuenta de que muchas cosas que yo destilo en los textos tengo que pasarlas a conciencia para poder explicar a otro lo que podría llamarse técnica, que en mi caso está muy cerca de lo inconsciente. Entonces tengo que intentar encontrar cuáles fueron esos detalles para poder reproducirlos. Por otro lado, también tuve mucho interés en laburar el lenguaje. Que el conflicto no estuviera puesto sólo en el asunto o en el marco, sino que las frases estuvieran cargadas. Que fueran potentes y extrañadas.

–En el primer relato, “No hay mantra”, se lee: “Hagan un esfuerzo lingüístico para introducir el concepto de tensión”. ¿Se podría pensar esta consigna en un sentido más amplio? ¿Que a la literatura, a ciertos textos, les falta conflicto?

–Sí. Si no hay tensión en el arranque, me cuesta mucho confiar en un texto ajeno y personal también. Es pensar los objetos de un relato como fuerzas en oposición y tensar ahí esas líneas. No porque abogue por el relato tradicional. Pero estoy muy pendiente de que en el desenlace quede en evidencia qué es lo que estuvo enlazado que uno debe soltar. Y pareciera que hay muchos textos donde el desenlace es simplemente el abandono de un objeto por el aburrimiento del autor o por un intento de desentenderse del asunto. Y en general tiene que ver con que no hubo nada enlazado, nada realmente que hubiera que de-sentrañar. Y si no hay nada que de-sentrañar, el material es muy unilateral, no había claroscuros. En literatura se puede mentir más la falta de pincelada, de perspectiva, de punto de fuga, la falta de tensión entre los cuerpos. El foco puesto en un ojo es muy de Giotto. Me gusta ese tipo de imagen pictórica fuerte, con una iluminación muy expresiva. Pero eso no significa que haya que escribir de un modo. Me parece que es muy saludable que haya distintas maneras de entender lo literario. Que no haya nadie que nos quiera vender “la” fórmula para escribir un relato. El cuento no tiene fórmula. Y si la tuvo, está obsoleta. Cada cuento requiere de una lógica. No quiero ponerme en un lugar normativo porque yo misma lo pervertiría, si encontrara que hay una manera única. La literatura feliz no existe. Nace de la muerte, no en un sentido literal, sino en un sentido de modificación. Hay muchas formas de abordar los textos y de hecho acá quise jugar a distintas maneras. “Navidad impúdica” es para mí un cuento más clásico: el segundo hilo surge al final y queda en evidencia todo eso que estaba oculto. En otros, no laburo así. La opción era jugar con el formato, no crear un solo modo de construir: “García Lao escribe relatos así”. No. Uno lo escribo “así” y el otro lo niego.

–A propósito de la cuestión de la muerte, en “Bisturí” hay una frase en que se plantea que “no hay nada más real que la muerte”. ¿Los cuentos del libro están unidos por la muerte?

–Sí, aunque hay muchos cuentos en que no es tan claro dónde está el cuchillo. Pero está. Hay que buscarlo. A veces son cuchillos sin filo; pero está la inquietud de algo que se puede cortar. En ese relato en particular, también fue la profesión del personaje la que me llevó a pensar cómo es alguien que trabaja en una morgue, cómo se enamora, cómo se comporta, en qué cree. Son excusas para ponerse en los zapatos de los demás.

–Las personas que suelen trabajar en las morgues o en cementerios suelen generar cierto enigma. Quizá porque tenemos una relación con la muerte negadora, temerosa, ¿no?

–Sí, sobre todo en nuestra cultura. Me hace mucha gracia la frase: “pobre, se murió...”, como si uno se salvara de la muerte. Es una cuestión de tiempo. Uno puede decir: “¡Puta, se fue muy rápido!”. Mi viejo se murió en un accidente, en el mar. En ese momento yo estaba escribiendo una obra de teatro con una amiga, en vacaciones, matando a un personaje con mucha liviandad. Y sonó el teléfono y era mi vieja... y de pronto la realidad sepultó a la ficción. Y me quedó esa sensación de incertidumbre absoluta, de que los minutos no existen, de que lo único real es la muerte. Hay una necesidad de burlarse un poco de la muerte como sistema de gobierno que nos domina. Me da ganas de no ser temerosa, de sacarle la lengua y de reírme con todos los personajes que pueda concebir en el fondo de mi cabeza. Prefiero cierta anarquía frente a la gravedad de la muerte.

–También aparece la idea de asco en varios relatos. “Tengo una desagradable tendencia, casi nerviosa, al asco”, se lee en “Sentencia”. También está en el cuento “Buenos Aires”: “Yo mismo me recuerdo con asco, aunque esté un poco ausente”. ¿Encuentra una conexión entre muerte y asco?

–El asco podría ser parte de mi tradición literaria. Está presente en muchos autores franceses. También en (Witold) Gombrowicz. Es esa sensación de saciedad y de conflicto físico de alguien que ha tragado mucho y necesita evacuar. El organismo se libera, mediante la náusea, de un montón de inmundicias. El asco es muy urbano, no sé si imagino la palabra en un contexto de naturaleza. Tiene que ver con la cantidad, con el exceso. El asco es medio punk y aparece más allá de mí como elección. A mí algunas cosas también me dan asco y seguramente les contagio ese sentimiento a los personajes. Pero no lo tengo muy pensado, no sé de dónde viene. Además, tampoco me lo pongo como objetivo. Si el personaje siente asco, lo dejo sentir. “Buenos Aires” surgió de ver mucha gente sola en una ciudad tan repleta, tan colmada y tan gótica. La gente tangencial me interesa. Cuando vivía en el centro, miraba bastante por la ventana y siempre me interesó lo que casi no se veía. También ahí está Corana con el vecino en “Eclosión”, que surgió de la lectura de una noticia. Una mujer que había comido pulpo crudo y supuestamente le habían quedado entre los dientes espermatóforos latentes. Imaginé en el cuento cómo hacer para que ella se embarazara. Necesitaba crearle una situación erótica para que aquello llegara a ser fecundado. Tal vez son noticias inventadas por algún periodista infame, pero me sirvió para imaginar cómo. Y también para pensar la herencia más allá de lo humano que sean tus hijos. Cómo se traslada tu propia naturaleza, tus limitaciones. Me daba gracia que fuera un pulpo y no un hijo que se comportara como ella, un pulpo fóbico (risas). En la rutina de la escritura muchas veces suele infiltrarse cierta desidia. O la comodidad de encender el piloto automático. Como escritora, estoy pendiente de seguir experimentando con el material propio y de no reiterar mis estrategias. Hay una ruptura con el libro anterior y eso es premeditado. Más allá de que aparezcan cuestiones en las que me reconozco como Lao, no quiero quedar presa de nada. Menos de mí. En este libro, al tener la libertad de no ahondar en un solo mundo, sino en muchos –casi como esos millones de pulpos que le crecen a Corana en la bañera–, invento brotes de mundos y veo además qué pasa si les regulo la luz.

–Al regular la luz, ¿qué pasa con el verosímil?

–Hay un trabajo de tensión con el verosímil para escapar del dogma realista, que es imposible de cumplir. En un relato muy absurdo, vos adherís a la trama si hay una lógica interna que lo sostiene. Entonces construyo esa lógica para que pueda ser posible, sobre todo en el terreno de la imaginación. La literatura es el lugar de prueba, no es el lugar de dogmas y de traslación de saberes. No es un lugar para que el autor opine. No quiero escuchar al autor. Quiero que hablen sus criaturas, sino que escriba un ensayo. De hecho, hay muy buenos ensayistas que como novelistas me aburren. Y varios en la literatura argentina. Si vas a trabajar con la ficción, está bueno darse el permiso de ser monumental y doméstico. Las dos cosas. A mí me gusta la intimidad. Casi todos los personajes están en situación de intimidad. No hay grandes multitudes ni espacios abiertos.

–Quizás uno de los más abiertos sea “Naufragio”.

–Sí, porque la protagonista es más expresiva, está todo el tiempo queriendo llegar al otro, pero no lo logra. Lo social termina hundido. Todos los sistemas que uno inventa como ser humano terminan deglutiéndote: el sistema familiar, el sistema social. Las convenciones terminan siendo una losa. También es más expresiva la participante de “Tiburones con rodete”; siempre son mujeres más desbordadas. Siento que el desborde es un terreno más femenino. Los hombres tienden al mutismo. Hay más suicidas mujeres que hombres en el libro.

–¿Vas a cantar en la presentación del libro?

–Sí, es un modo de entregar algo lúdico y ligero porque la música tiene algo más acuático. Voy a cantar dos temas que escribí: “Linfa lunática” y “Palabras de no amor”. Va a ser una forma de tomarme un poco el pelo a mí misma; que no sea una presentación seria ni solemne. Que nadie se duerma. Siempre en las presentaciones de libros hay hombres durmiendo (risas). Mi pareja (Tito Fargo) va a tocar una guitarra Gretsch, que era del guitarrista de Tom Waits. Es como un guitarrón que está bajado de afinación y yo tengo la voz medio grave. La idea es charlar un rato con Mariana Enriquez y Cecilia Szperling y luego cantaremos y beberemos hasta que nos echen (risas).

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fotos de la presentación



Cómo usar un cuchillo
Editorial Entropía 2013
En Alamut libros, Buenos Aires.
(Fotos de Alamut libros, Soledad Abril, Sebastián Lidijover y Juan Manuel Candal)

viernes, abril 19, 2013

Anarquía de la forma breve


Por Daniel Gigena
La Nación ADN

El primer libro de cuentos de una novelista consagrada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de los veinticinco secretos de la literatura latinoamericana actual hace de la ruptura un método. Historias breves, bocetos narrativos, casos, confesiones y croquis verbales acompañados por planos de espacios parecen trazados con la lengua afilada. En dos sentidos: por un lado, para podar la frase de "obstáculos" (artículos, preposiciones, locuciones causales); por otro, para pulir de un tema posibles accesorios o desvíos. Esa temática, también bajo el signo del cuchillo, ampara historias de asesinatos, venganzas y suicidios; instrucciones criminales y retratos de vidas imposibles; perversiones y adaptaciones domésticas forzosas. Cómo usar un cuchillo , raro volumen conceptual de cuentos unidos por la voz, por el aparente carácter espontáneo de las tramas y por cierta regularidad semántica que convierte la escritura en un indicio culpable, fantasea con humor macabro y distancia brechtiana sobre el carácter biempensante de la literatura: "Te propongo ser ingrato y nacer de noche. Este aullido serás, y te llamarás persona".

Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) asiste a los personajes -cuando hay algo así como personajes en sus textos- con un atributo que sobrepasa la retórica aturdida con que la, en general, exponen sus propios dramas: una moral nueva, fresca y sin pretensiones de ejemplaridad (ni piedad). Se manifiesta y desaparece en frases breves y complejas. ¿Alguien está a punto de suicidarse? "Había sangre y dolor en el sector de las rosas." Una chica que participa de un concurso de belleza, antes de fracasar con todas sus fuerzas, advierte sobre las damas de la comisión: "Todas sospechosas. Cuántas serían humanas, no sé". Internado en un hospicio administrado por monjas, un paciente deduce: "No hay nada peor que las cosas inconclusas. Aunque un ano parezca feo, es una tranquilidad". El habitante de un chalet, luego de enterarse o convencerse de que su mujer lo engaña: "No soy un mediocre. Yo era hermoso y besaba a las chicas con un trago en la mano". En las instrucciones del cuento que presta el título al volumen: "Un criminal quiere matar y ninguna muerta quiere morir, lo que anticipa una batalla violenta". En un tren: "Madre de familia la observa con regocijo. Sabe de ella algo que la otra no debería saber que sabe". En un crucero: "Estaba muy excitada con mi nueva vida, pero me quedé dormida". Con una continuidad mínima, las historias semejan bombas molotov que estallan, contradictorias, durante la lectura.

Autora de cuatro novelas ( Vagabundas , Muerta de hambre , La piel dura y La perfecta otra cosa ), cantante, dramaturga y actriz, García Lao llega al cuento -género a veces confortable y hospitalario con los maniqueísmos bien adornados- con brío creativo, con el que quiebra convenciones y desequilibra cierta endogamia o agotamiento argumental. En lugar de establecer universos verosímiles o razonados, ofrece indicaciones didascálicas, anárquicas formas breves, puestas en escena programadas de manera cromática y mutis por el foro narrativos: "Apagón final acuchilla el espacio. Música funcional".

Plegadas sobre sí mismas, las ficciones de Cómo usar un cuchillo albergan seres únicos en su especie: la niña prodigio nietzscheana, el héroe sin pueblo, una mujer pulpo, una trastornada virreina de belleza, la visitante inoportuna en un country , un "chongo" envuelto como golosina para señoras acomodadas, el ser que vive a ras de la suela de los zapatos ajenos... Los relatos son, si no sus epitafios o prontuarios, descripciones de los efectos no deseados de la civilización, detallados de manera tan sorprendente como homeopática

Cómo usar un cuchillo
Fernanda García lao
Entropía
140 páginas
$ 69

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Leer es un placer: Cómo usar un cuchillo



Charla radial con Natu Poblet y Carlos Crérici en Leer es un placer.

jueves, abril 18, 2013

Hoy viernes, presentación



Cómo usar un cuchillo.
Editorial Entropía y Fernanda García Lao
Viernes 19 de abril, 19hs.

Con:
Cecilia Szperling y Mariana Enriquez oficiando de presentadoras.

En Alamut libros. Borges 1985. CABA
Entrada libre y gratuita

Música en vivo:
Voz Lao
Guitarra Tito Fargo
Babybass Martín Aloe

(Sensibles abstenerse)

Brindis final

martes, abril 16, 2013

Personajes en el filo

En ‘Como usar un cuchillo’ (Entropía), la mendocina Fernanda García Lao reúne casi una treintena cuentos que asombran por su singularidad y crudeza.

Cronista Comercial
Sebastián Salvador, Buenos Aires
ssalvador@cronista.com
16-04-13


Un perverso forense que necesita vengarse; apuntes para ser un exitoso serial killer o el ataque de un enardecido enjambre de abejas.

Así son algunas de las disímiles tramas de estos relatos que reúne la escritora Fernanda García Lao en ‘Como usar un cuchillo’, su libro de cuentos, novedad editorial de Entropía.

En estos veintisiete relatos, la autora nacida en Mendoza, recorre además de vidas criminales, personajes al límite. Algunos encerrados en la locura y otros obsesionados con la muerte. Lo hace desde el género policial, pero también propone sorprendentes relatos cercanos a la ciencia ficción y lo fantástico.

Mientras avanzan las páginas de ‘Como usar un cuchillo’, García Lao desgarra los cuerpos de las distintas víctimas de sus relatos, con tal destreza como lo hace sobre el lenguaje. Hace tajos, extirpa, amputa. Y llegado el caso, puede alcanzar la ausencia de forma. O tambien coser, con nuevas significaciones, frases e imágenes cercanas al surrealismo. ¿Será casualidad que en una foto reciente la autora posa y recuerda con el gesto a la escena inicial de ‘Un perro andaluz’ donde se hunde el filo de una navaja en el ojo de una mujer?

Estos breves y sanguíneos relatos de ‘Como usar un cuchillo’ no caen en la sórdidez ni en lugares comunes. Sino que se deslizan con desfachatez, algunos incluso se ríen la muerte.

“Estos relatos son como apuntes para futuras novelas y sin embargo no parecen incompletos o tentativos...”, afirma con toda razón Alejandro Zambra en la contratapa del libro. Podría agregarse que algunos de ellos son excelente material para proyectos audiovisuales y llaman con urgencia a ser transformados en guiones.

Este viernes 19 de abril, a las 19 hs., de la mano de Cecilia Szperling y Mariana Enríquez será la presentación oficial de ‘Cómo usar un cuchillo’ en Alamut Libros (Jorge Luis Borges 1985, Palermo). En un inusual evento, la música estará a cargo de la misma autora: Fernanda García Lao en voz, estará acompañada por Tito Fargo en guitarra y Martín Aloe en bajo.

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lunes, abril 08, 2013

Primera nota sobre Cómo usar un cuchillo

CUENTOS
García Lao deviene asesina serial y desacraliza la muerte
TELAM CULTURA
8 de Abril de 2013
Por Dolores Pruneda Paz para Télam

En el libro "Cómo usar un cuchillo", la escritora Fernanda García Lao deviene asesina serial -mata mujeres, varones, comunidades; suicida adolescentes; destruye familias, parejas y objetos- a lo largo de 27 textos breves y delirantes que se ríen de la muerte, con humor fino, surrealistas.

La autora partió de algo arquitectónico, ver cómo los escenarios modifican cada situación, cómo definen un cuento, y ahí se metió por todos los recovecos y literalidades de Buenos Aires, además de fábula a la Lovecraft, misterios sórdidos que no se resuelven y cuestiones sobre "cómo se vive la muerte" en el presente.


El libro editado por Entropía funciona como un plano inmenso, con muchas plantas y diferentes vistas de la ciudad, "quería ver cómo la arquitectura modifica o pervierte las historias. Son tres planos: interior, exterior y cimientos, dice a Télam la novelista.
"No es lo mismo vivir en un contrafrente urbano -en el interior de esas cajitas crecen un montón de teorías de costado grafica sobre el cuento `Buenos Aires`- que en el `Chalet`, otro relato, del golpeador que busca enamorarse o en el subsuelo de `Sótano: ser de abajo`", donde un tullido construye su mundo emocional a través de lo alcanza a ver por la ventana alta de su cuarto.

Algunas historias surgieron de noticias reales, no especialmente policiales, pero la Corana que devora un pulpo que la fecundó en "Eclosión" tuvo su disparador "en una nota muy loca de Yahoo -rememora-, sobre un calamar que eyaculó en la boca de una mujer".
Mientras que a la joven sacrificada del cuento "Abejas a Delia", de alguna manera la encontró en los periódicos: "Leí sobre un enjambre que había atacado a todo un pueblo. De la comisaría, al cine y de ahí a la municipalidad", se sonríe con la curiosidad.
"Me interesa lo fantástico verosímil, hasta dónde uno me puede creer, hasta dónde me van a seguir -considera-. Deformás, deformás, pero hay una lógica propia en ese delirio, no es capricho, un delirio solamente patético no me interesa, me importa que además pase por momentos livianos y casi candorosos".



Ocurre que "me crié leyendo absurdos -explica-, mamá tenía mucho en casa de Eugene Ionesco, Samuel Beckett. Alfred Jarry, Witold Gombrowicz, me gustan mucho los narradores dramaturgos, me atrapa esa tensión del recorte, saber que abajo de esa narración algo late pero que sólo ves los destellos, el sobrante".
García Lao dice que le gusta trabajar con el lenguaje, como en el relato "No hay mantra" donde el conflicto está en la forma de decir y con los personajes. ahí esta `Navidad impúdica`, un cuento donde el verdadero conflicto va creciendo bajo la superficie y se ve al final, cómo matar una familia sin que haya un cadáver: "Yo también estoy usando el cuchillo como escritora", sentencia.
Sus personajes son seres desesperados: "Soy más oscura en la brevedad, cuando me extiendo aparecen otros terrenos míos, se ve que con el poco espacio entra menos luz", advierte.


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sábado, marzo 30, 2013

diabolique




No tardes mucho, dijo el diablo hermoso a un joven que se apuntaba en la frente. Después, salió a dar una vuelta para no perturbar la tragedia. Se peinaba para atrás y vestía un traje sencillo, a juego con sus principios escasos. Caminó sin rumbo sorteando las pequeñas maldades del vecindario. En la esquina del bulevar, llenó su copa exquisita. El joven tragó saliva y con un dedo tembloroso hizo girar el tambor. De su frente brotó, en perfecta elipsis, una bala muerta.

Cómo usar un cuchillo, adelanto en Ñ



En revista Ñ de hoy, uno de los cuentos que conforman Cómo usar un cuchillo: Navidad impúdica.

lunes, marzo 25, 2013

Cómo usar un cuchillo, en librerías

CÓMO USAR UN CUCHILLO
Fernanda García Lao
_cuentos | $69
ISBN: 978-987-1768-10-3


"Me he acostado con la desgracia, pero no suelo comentarlo". Así dice un personaje de Fernanda García Lao, en este libro de cuentos de un humor fino, desopilante. Aunque esto parece demasiado sentimental hablando de Lao, demasiado realista; somete a su escritura a una torsión tan violenta, a tal desacomodo, que la cara del lector avanza en la trama de sus cuentos con un gesto de desvarío, sin saber a dónde va, sin que haya ruta en el espacio o en el tiempo para seguirla y seguir a sus criaturas, que van de un cadáver a otro y saben cómo usar un cuchillo?
Me hago a un lado de la voz tan dulce de su autora para escapar de la estocada, pero no puedo, porque ya ensartó mi corazón.
Diana Bellessi

Estos relatos son como apuntes para futuras novelas, y sin embargo no parecen incompletos o tentativos, más bien al contrario: la autora ha querido evitarnos cualquier forma de palabrería, de ahí esa rara contundencia de cada texto y del conjunto.
Nunca se insistirá lo suficiente en su capacidad para revolver los lugares comunes y hallar giros imprevistos y valiosos en escenas que de tan cotidianas parecían inenarrables o intrascendentes. Este libro es una inmersión deleitosa en la obra de una escritora originalísima.
Alejandro Zambra

Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 1966) fue seleccionada por la Feria Internacional de Libro de Guadalajara 2011 como uno de "Los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana". Hija de periodistas que debieron exiliarse en Madrid, vivió en España desde 1976 hasta 1993. Ha escrito y dirigido varias piezas teatrales con las que viajó por Latinoamérica. Publicó las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa (Tercer Premio Cortázar), La piel dura y Vagabundas. Su obra ha sido publicada en Argentina y en Francia.

jueves, marzo 21, 2013

Tratado de la errancia

Extracto de Vagabundas
El Ateneo 2011




Preámbulo
De hurtos y periódicos encontrados en la arena, obtuve información fundamental para confeccionar este listado, que es una promesa de autoconstrucción. Las Evadidas vinculadas al principio errante y yo, deberíamos ser una. Con ellas, soy extraordinaria. Sin ellas, una serpiente sin veneno.

- Ludfila alimenta mi costado romántico/naif: Simpleza provinciana.
- Sylvia desarrolla mi yo snob: Imprevisibilidad.
- Isabelle es el yo desnudo: más allá de la superficie.
- Elizabeth: mi estado de orfandad.
- Isabella simboliza la incorrección: Mis pésimos modales.
- Emilia soy yo, como personaje ficticio: El exceso de asunto.
- Eugénie, la verdad: mi Liberación, o la Síntesis.

LSIIEE: La señorita inefable e indómita Eusebia Escobar.




1. Ludfila Booz
(Wulfila Edita Maria Wignard Von Triuwag)
(1841-19??)
Nacionalidad: Desconocida
Género: Mujer
Ocupación: amante, exploradora.
(Solenopsis desterrata)
Características: Ambigua, enigmática, servicial.
Qué hacía en 1904: Buscaba la fuente de la Juventud.

Wulfila Edita Maria Wignard Von Triuwag fue una viajera infatigablemente vilipendiada. Sus intimidades la convirtieron en un éxito. Su discreción no le había servido para nada. Mientras su amante y gurú sentimental era condecorado y tratado como un héroe de guerra, ella debió permanecer en casa clasificando dientes de cocodrilo. La Reina Victoria nunca la aceptó en la corte. La sociedad londinense tampoco.
“Fue hallado en Londres un viejo diario femenino. Expertos coinciden en atribuirlo a la amante de uno de los exploradores más brillantes de todos los tiempos, cuyo nombre nos está vedado. Además de relatar sus viajes, la señorita Von Triuwag abunda en episodios eróticos sobre los árboles”. (Extraído de un diario local, sección Curiosidades)
La expedición más recordada que realizaron los amantes fue a Etiopía en 1904, en busca de la fuente de la Juventud. Sin éxito. Sin embargo, embotellaron, comercializaron y distribuyeron un novedoso aceite extraído de la joroba de camellos vivos, muy eficaz para combatir dolores de espalda.
Según la señora del ático: “...la pobre Wulfila padeció enfermedades contagiosas, brotes, intoxicaciones, hambre, heridas de animales salvajes y de lores sueltos, motines de tribus exaltadas y hurtos varios. Además de chocitas sin retrete, climas agrestes y el hecho de tener que cortar jorobas mientras su amante esperaba a la sombra. Era alérgico”.
Según su amante, tenía "sangre fría para lidiar con salvajes. Además de ser sumamente colaboradora y eficiente. En sus días de descanso embotellaba conservas, cosía mis pantalones y preparaba la celebración del té en medio de la selva. Siempre con una sonrisa y algún botón desbrochado. La mujer ideal...”
El falso héroe murió en su casa de Times Square en 1895, al resbalar con un colmillo en la ducha. Ella sorprendió al mundo con sus escritos eróticos en 1946. Desde entonces, se desconoce su paradero.


* Nota de G: Wulfila Booz sería una tergiversación de Florence Baker, conocida como La dama del Nilo por sus viajes a África, junto a su amante esposo Sir Samuel Baker. Las frases entre comillas serían auténticas.

sábado, marzo 16, 2013

Donde voy está mi casa


CLARÍN
16/03/13
SOCIEDAD MUNDOS ÍNTIMOS

A los 10 años inicié un exilio que no terminó: donde voy está mi casa
POR FERNANDA GARCÍA LAO ESCRITORA ARGENTINA. ENTRE SUS LIBROS FIGURAN “LA PIEL DURA” Y “VAGABUNDAS”

Nuevo nombre. La necesidad de sus padres de dejar la Argentina violenta de 1976 se vivió, primero, como un juego. Luego vino el deseo de ser invisible y una crisis de identidad que incluyó el cambio de nombre y la sensación de sentirse –acá y allá– un poco extraña.


Mi primer quiebre, uno de los fundamentales que viví, se produjo en octubre del 76. Fui subida a un avión y en pleno vuelo hacia el exilio cumplí diez años. Había viajado en varias ocasiones a España porque mi madre es española. Pero, en ese momento, todo era diferente. No había placer, ni vacaciones. Hubo que elegir algunos objetos que volarían con nosotros. El resto, quedaría en el departamento de Mendoza hasta nuevo aviso.

Quizá por eso nunca he podido sentir que mi vida fuera una línea continua. Es que mi historia personal sufrió varios cortes similares.

Cuando pienso en mí en pasado, debo situarme por domicilio para recordar mejor qué acontecimientos son los que corresponden. Mi vida está signada por el movimiento, por la mudanza.

Mi padre, Ambrosio García Lao, tenía 50 años en 1976, había sido pionero de la televisión mendocina, multipremiado, y dos años antes, su productora de TV había sido estatizada por el gobierno de Isabel Martínez de Perón. A ese motivo se sumaron otros en el 76, y entonces se decidió a dejar el país.

Empezar de nuevo. El periodismo se había convertido en una profesión de alto riesgo.

Resolvió que lo más conveniente era no vender el departamento y dejar todo como estaba, por si acaso. Viajar con lo mínimo. Mi padre dudaba de conseguir empleo a su edad en un lugar donde era un absoluto desconocido.

“Hasta las toallas en el toallero”, fue la consigna. Así que pudimos elegir un libro y una muñeca cada una, somos tres hermanas, y ropa que entrara en pocas valijas. Viajaríamos ligero.

A pesar de la gravedad de la situación, yo subí emocionada al avión. Era cinco de octubre por la tarde. Sabía que después de cenar, en medio del Atlántico, iba a ser mi cumpleaños. Mis padres se habían conocido sobre esas mismas aguas, pero dentro de un barco y en sentido inverso. Detrás de mi asiento, había jugadores de básquet del Real Madrid. A las doce en punto, me cantaron el cumpleaños feliz en el aire y no soplé ninguna vela. Pero recibí una foto del equipo firmada, y un escudito. Sentí que había empezado bien el tema del exilio.

En mi cerebro, hay lagunas de agua pantanosa en torno a la llegada. Lo único que sé es que pasamos algunos días en León, en la casa de mi abuelo Manolo, un tipo seco y de pocas pulgas. Nos dedicábamos a jugar, a esperar, a espiar por la ventana a las niñas que vivían enfrente. Ejercían sobre mí una enorme fascinación. Porque hablaban distinto.

Decían cosas como “jolines”, “chavalinas”, y “¿qué miráis?” Mi abuelo nos dejaba solas mientras se iba a la librería, o al bar, y entonces nosotras aprovechábamos para utilizar los objetos del comedor. Había vitrinas enormes llenas de copas, jarras y cositas que nunca se usaban. Recuerdo una tarde en que habíamos sacado prácticamente todo y yo me había disfrazado de cura. Estaba oficiando una misa, con mis hermanas vestidas de devotas, cuando apareció Manolo.

Se quedó dislocado por un instante, y enseguida comenzó a cambiar de color hasta convertirse en un hombre carmesí y vociferante. “¿Pero qué hacéis? ¿Sois bobas?“. Era tan excedido que daba risa. Mi abuelo era un tipo complejo. Había hecho sufrir a todos sus hijos, por turno. Nunca había tenido un gesto de cariño en su casa. Solía estar solo, esquivaba cualquier conversación. Nunca pudo entender nuestra libertad para jugar con las cosas o las situaciones serias. Y que no le tuviéramos miedo. Sus amenazas de sacarse el cinto tampoco resultaron. A nosotras nos habían educado de otra manera. Sin violencia ni intimidaciones.

Nuestras carcajadas lo dejaron desarmado y nos miró confundido.

Yo también estaba descolocada. El mundo había mutado sin aviso. Incluso el cielo era diferente. Con qué asombro descubrí que las Tres Marías no estaban. En su lugar, miles de estrellas desconocidas brillaban con naturalidad. De un plumazo, la infancia se diluía.

Ya no teníamos casa, mi abuela y mi tía de Mendoza estaban muy lejos. Mi pasado se había esfumado. Y mi acento tenía los días contados.

El exilio es una herida y cada miembro de la familia lidia como puede con la propia.

No teníamos amigos en Madrid.

Aunque al poco tiempo, comenzaron a llegar algunos. Escritores, músicos y artistas. Cada tanto, había un encuentro signado por la nostalgia.

Escuchaban tango y hablaban de política. También de muertos.

Argentina se convirtió en una película sin color para mí. Los amigos más cercanos de mis padres eran Antonio Di Benedetto y Enrique Sobisch. Un escritor y un pintor de una cultura impresionante. Empecé a pensar que el país, además de violento, estaba ciego.

¿Cómo podía expulsar a tipos tan cultos y sensibles? Me enojaba la melancolía. Decidí que había que empezar de cero. Construirse, como si uno fuera nuevo. Sería una niña sin historia.

Mi padre se encerraba en el escritorio y allí pasaba horas. Sólo se escuchaban las teclas y el encendedor que a cada rato prendía un nuevo cigarrillo. Pronto, consiguió trabajo en RTVE, aunque no podía salir al aire por su acento argentino. Colaboraba esporádicamente en El País, pero ganaba poco. Tuvo un pre infarto.

Las clases ya habían empezado. Yo no había terminado cuarto grado y de pronto, estaba en quinto. Franco había muerto un año antes y la educación española aún conservaba intactos valores muy cuestionables. Había dos alas en esa escuela para separar por género: niños por un lado, niñas por otro. Cada grado tenía un moñito identificativo. En mi caso, era anaranjado. O como decían allí: color butano.

Fui adoctrinada por una profesora franquista, que me exprimió cual naranja mecánica en el uso debido de zetas, cés, y eses con silbido. Sonar como argentina era un síntoma de incorrección fonético-política. La madre patria exigía la entrega absoluta de mi lengua, de mi identidad.

Me bombardeaban con preguntas de todo tipo. Mis compañeras no sabían ni qué idioma se hablaba en Argentina. Convengamos que cuarenta años de dictadura las había privado de información sobre el mundo exterior. Los primeros recreos los pasé en el baño, encerrada y sentada sobre el inodoro para que no se me vieran los pies. Hubo momentos en que deseé ser invisible.

Además, la geografía era otra. De pronto, nacieron miles de ríos con sus afluentes frente a mis ojos, montañas que no había oído mencionar. El mapa entero era un enigma.

En breve, mi cáscara fue perfecta. Logré construir sobre mi corteza a una españolita más. Quería mimetizarme con el entorno para sobrevivir.

¿Mi rebeldía se había anestesiando?

No. Porque yo sabía de mi impostura, y en el fondo me sentía poderosa. Y débil. Nada es simple. Será por eso que empecé a desear la simplicidad ajena. Me parecía de una complejidad impresionante. Ser simple, qué técnica. Digamos que practicaba la contradicción. Gran escuela.Mi primer quiebre, uno de los fundamentales que viví, se produjo en octubre del 76. Fui subida a un avión y en pleno vuelo hacia el exilio cumplí diez años. Había viajado en varias ocasiones a España porque mi madre es española. Pero, en ese momento, todo era diferente. No había placer, ni vacaciones. Hubo que elegir algunos objetos que volarían con nosotros. El resto, quedaría en el departamento de Mendoza hasta nuevo aviso.




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viernes, marzo 15, 2013

La tierra se tragó a otro


Cada tanto un hombre es absorbido. Los terrenos secos del mundo se abren como bocas hambrientas. Y no comen a cualquiera. Se alimentan de hombres solos, inútiles. Alguno en situación de siesta, otro con su palo de golf. Los sujetos se hunden en un pozo sombrío y en pocos segundos están en el estómago del silencio. Lo vegetal es mudo.
Al cabo del tiempo, crecerá una pradera de hombres en aquellas zonas viejas. Sus sombras van a estirarse con el sol y los pájaros les serán esquivos. La belleza inquietante de sus brazos no dará frutos. Los hombres sin hojas deberán aguardar la noche como único método de alivio.
Pero es sabido, si alguien se durmiera junto a ellos heredaría la sangre espesa. La desidia será su condena.
FGL

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jueves, marzo 07, 2013

Cómo usar un cuchillo, en breve

Esto escribió Diana Bellessi para la contraportada de mi libro Cómo usar un cuchillo:
Editorial Entropía
2013


“Me he acostado con la desgracia, pero no suelo comentarlo”. Así dice un personaje de Fernanda García Lao, en este libro de cuentos donde un humor fino, desopilante, te hace reír y llorar al mismo tiempo. Aunque esto parece demasiado sentimental hablando de Lao, demasiado realista; somete a su escritura a una torsión tan violenta, a tal desacomodo, que la cara del lector avanza en la trama de sus cuentos con un gesto de desvarío, sin saber, acto seguido, adónde va, sin que haya ruta en el espacio o en el tiempo para seguirla y seguir a sus criaturas, que van de un cadáver a otro y saben cómo usar un cuchillo… Me hago a un lado de la voz tan dulce de su autora para escapar de la estocada, pero no puedo, porque ya ensartó mi corazón.

Diana Bellessi a écrit cela pour la quatrième de couverture de Comment utiliser un couteau

"Je me suis couché avec le malheur, mais je n'ai pas l'habitude de le commenter". Ainsi un personnage de Fernanda García Lao dit, dans ce livre de contes où un humour fin, débordé, te fait rire et pleurer en même temps. Bien que cela semble trop sentimental en parlant de Lao, trop réaliste; elle soumet à son écriture à une torsion si violente, à telle incommodité que le visage du lecteur avance dans la trame de ses contes avec un geste de délire sans savoir, tout de suite, où c'est qu'elle va, il n'y a pas de route dans le temps ou dans l'espace pour la suivre et pour suivre à ses créatures, qui vont d'un cadavre à l'autre et savent comment utiliser un couteau … je laisse ma place à la douce voix de l'auteur pour échapper à l'estocade, mais je ne peux pas, parce que déjà, elle a traversé mon coeur.

miércoles, marzo 06, 2013

La peau dure

En mayo, en las librerías francesas.
Por Editions La dernière goutte

Le livre
Comédienne sur la touche, Violeta est dans une impasse : sa carrière s’enlise, ses amours sont un fiasco. Quand, à la suite d’un banal accident, elle perd une main, sa vie bascule soudain : même si elle a pu bénéficier d’une greffe, la cohabitation avec ce corps étranger est loin de se passer comme prévu, d’autant que sa main greffée semble dotée d’une personnalité singulière. D’où vient-elle ? A qui a-t-elle appartenu ? Et quel message tente-t-elle de faire passer à sa nouvelle propriétaire ? Bien décidée à découvrir la vérité, Violeta se lance alors dans une enquête pour le moins rocambolesque, à la recherche de celle à qui a appartenu sa main.

Métaphore de la difficulté d’apprivoiser l’étrangeté en soi, ce roman décapant explore avec humour l’insoumission des corps pour mieux dévoiler l’omniprésence des pulsions.

L’auteur
Fernanda García Lao est née en 1966 à Mendoza en Argentine. Contrainte de s’exiler à Madrid avec sa famille en 1976, elle retourne dans son pays d’origine en 1993 et s’installe à Buenos Aires. Comédienne et dramaturge, elle est l’auteur de plusieurs pièces de théâtre ainsi que de nombreuses nouvelles. La peau dure est son troisième roman publié par La dernière goutte.

Le blog de Fernanda García Lao: http://fernandagarcialao.blogspot.com

L’illustrateur
Auteur de nombreuses bandes dessinées, parues entre autres à L’Association, chez Atrabile, à La Cafetière, aux Requins Marteaux, chez Delcourt et aux éditions The Hoochie Coochie, Baladi crée des univers foisonnants où l’étrange tutoie l’absurde.




Violeta está en un callejón sin salida: su carrera como actriz se hunde, sus amores son un fracaso. Cuando, en consecuencia de un accidente banal, pierde una mano, su vida vuelca de repente: aunque puede gozar de un injerto, la convivencia con este cuerpo extraño es imprevisible, más aun cuando esa mano nueva parece dotada de una personalidad singular. ¿ De dónde viene? ¿ A quién perteneció? ¿ Y qué mensaje intenta comunicar a su nueva propietaria? Bien decidida a descubrir la verdad, Violeta se lanza entonces a una encuesta por lo menos fantástica, en busca de aquella a la que perteneció su mano.
Metáfora de la dificultad en domesticar la extrañeza en sí, esta novela corrosiva explora con humor la insumisión de los cuerpos para descubrir mejor la omnipresencia de las pulsiones.

lunes, marzo 04, 2013

Le Marathon des mots



Buenos Aires / Toulouse

Pour la première fois depuis sa création, le Marathon des mots passe l’Atlantique et s’aventure en terres sud américaines. On le sait, de Carlos Gardel à l’Aéropostale : les liens réels ou fantasmés qui unissent Toulouse et l’Argentine sont légion. Cette 9e édition du Marathon des mots sera l’occasion d’y revenir, de rendre hommage aux grands classiques de la littérature d’Argentine (Borges, Cortazar, Bioy Casarès, Sabato, Puig), de saluer les œuvres de Saint-Exupéry (Courrier Sud) ou de Bruce Chatwin (En Patagonie), d’accueillir les Argentins de Paris (Martial di Fonzo Bo, Alfredo Arias, hommage à l’Académicien Hector Bianciotti) – et surtout d’inviter en Midi-Pyrénées les figures contemporaines de la littérature et de la culture argentines, celles qui font aujourd’hui de l’Argentine un pays d’une très grande vitalité culturelle.

Un partenariat est également en cours d’élaboration avec l’association Tangopostale, festival international de Tango argentin de Toulouse.


> Du 27 au 30 juin 2013, à Toulouse

Photo : Buenos Aires © Franco Cappellari

Por primera vez desde su creación, el Maratón de las palabras pasa el Atlántico y se aventura en tierras meridionales americanas. Lo sabemos, de Carlos Gardel al Aeropostal: los lazos reales o fantaseados que unen Tolosa y la Argentina son legión. Esta 9a edición del Maratón de las palabras será la ocasión de volver allá, de rendir homenaje a los grandes clásicos de la literatura de Argentina (Borges, Cortazar, Bioy Casarès, Sabato, Puig), de saludar las obras de Saint-Exupéry (Correo Meridional) o de Bruce Chatwin (En Patagonia), de acoger las argentinas de París (Marcial di Fonzo Bo, Alfredo Arias, homenaje al Académico Hector Bianciotti) - y sobre todo de invitar en Midi-Pyrénées a las figuras contemporáneas argentinas de la literatura y de la cultura, las que hacen hoy de Argentina un país de una gran vitalidad cultural.

jueves, febrero 28, 2013

la papisa Juana


Cuenta la leyenda que hace más de mil años una mujer usurpó la silla sagrada de Roma convirtiéndose en papisa. Y que terminó apedreada, empalizada o arrastrada por su caballo. Las versiones se multiplican (aunque todas terminan mal). Y como en las religiones nada es casual y cada parábola tiene su moraleja, valga la desventura de una para mantener a las demás alejadas del Vaticano. Sí, se coló una, pero que no vuelva a repetirse.

Por Fernanda García Lao
Para la Iglesia Católica, las mujeres tenemos dos opciones. Ser vírgenes o pecadoras. Desde el principio ha sido así y parece imposible modificar el estereotipo. Se pueden elegir entonces dos modelitos básicos: castidad, pureza y mutismo a la manera de la Virgen María, o desobediencia y provocación de Eva con manzana en la boca y diablo entre las piernas, al tono.
Si arrancamos tirando el paraíso por la borda, muy difícilmente seamos aceptadas para dirigir un rebaño. Ni siquiera postularíamos para oveja. Y si aceptamos la castidad, menos. Hay que permanecer en silencio. Así que pura o depravada es igual, las limitaciones son claras: se niega absolutamente la participación activa de las mujeres en las élites de poder eclesiástico. Y fundamentalmente, se prohíbe abrir la boca. Sin voz propia, la interpretación de la palabra divina es un imposible.
El Nuevo Testamento nos alecciona así:
“...pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore” (1ª Cor. 14:33-40).
“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1ª Timoteo 2:11-12).
Pero tranquilas, no solamente nos cierran las puertas del Vaticano. La Iglesia Anglicana enfrenta en este momento una amenaza de ruptura, encabezada por 500 sacerdotes, que abandonarían la comunidad si prospera la propuesta de ordenar mujeres obispos en el sínodo general previsto para este mes de julio. Unas 15 provincias episcopales votaron a favor del nombramiento de mujeres obispos incluyendo Australia, Brasil, Canadá, América Central, México, Filipinas, Sudáfrica y Estados Unidos, pero el ala conservadora provocaría un cisma antes que aceptar semejante posibilidad.

La historia de Juana

Las versiones acerca de la existencia de la papisa la sitúan a mediados del 800 después de Cristo y fueron publicadas en el siglo XIII por varios historiadores de la época. Su existencia fue aceptada por la Iglesia Católica hasta el siglo XVI, momento en el que decidieron negar el asunto. A partir de entonces llegaron a decir que la fantasía habría surgido como una burla al papa Juan VIII, de mano blanda y carácter ambiguo, al que sus detractores llamaban Papisa Juana. El papa Juan VIII murió en 882, en circunstancias extrañas. Algunos apuntan que fue envenenado y que tardaba tanto en morir que fue rematado a martillazos. Otros aseguran que la mujer era Benedicto III. Sin embargo, en varias representaciones medievales de la papisa Juana, aparece con el nombre de Juan VII. Su imagen se encuentra en multitud de grabados y tablas medievales, o en crónicas de la época, como “Crónica Universal de Metz”, escrita alrededor de 1250 y en ediciones subsecuentes de la “Mirabilia Urbis Romae” del siglo XII.
Juana, Agnes, Gilberta o Margarita, era hija de un clérigo y desde muy chica fue instruida por su padre en las artes liberales: gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música, además de estudiar latín y otras lenguas modernas.
Como Juana deseaba continuar sus estudios fuera de la casa paterna, la única opción posible era la carrera eclesiástica, absolutamente vedada para las mujeres. Por lo que decidió modificar su aspecto con un hábito de fraile y adoptar un nombre masculino. Como Johannes Anglicus –Juan el Inglés– consiguió un trabajo de copista. Más tarde, viajó por distintos monasterios de Europa y se relacionó con las figuras más influyentes del momento, sorprendiendo a todos con su carisma y erudición. Después de codearse con la emperatriz Teodora de Constantinopla, pasó por la corte alemana y llegó por fin a Roma.
Según algunos cronistas, en Roma fue admitida como profesor de la Schola Graecorum, antiguo colegio de diáconos, donde enseñó y obtuvo el título de Príncipe de los sabios. Gracias a sus brillantes disertaciones, la nobleza, los cardenales y los sacerdotes admiradores de su palabra la postularon como sucesora de León IV, del que había sido secretario de asuntos internacionales. Fue consagrada en San Pedro en el año 855 por unanimidad.
Los problemas para Juana habrían comenzado en el segundo año de su papado.

Visita inoportuna
Nadie había notado sus facciones femeninas, ni su inmaculada palidez, lo único destacable era su tamaño. El Papa crecía como el Nilo. Pero es sabido que los altos cargos provocan ensanchamiento de estómago y apetito sin freno. Sin embargo, Juana no había engordado. Estaba embarazada: uno de sus asistentes era el padre de la criatura y la criatura no tuvo mejor idea que nacer en una procesión de rogaciones desde San Pedro a Letrán, en el camino que va del Coliseo a San Clemente.
Imagine usted al cortejo solemne interrumpido por la caída intempestiva del líquido amniótico, los dolores de parto y los berridos del recién llegado. El espanto se dibujó en las sotanas, las palabras sacrilegio y demonio llenaron las bocas beatas y aquello pasó de procesión a vía crucis, en menos que canta un gallo. Las versiones hablan de turbas enfurecidas, piedras, caballos desbocados con la papisa a la rastra, muerte instantánea, prisión, convento y otras formas de castigo non sanctas. Según Martín de Troppau, quien fuera capellán penitenciario en Roma hasta 1278, tras el parto Juana fue destituida e hizo penitencia hasta el último de sus días. Su hijo sobrevivió y llegó a ser obispo de Ostia, donde fue enterrada la rebelde.
Otros aseguran que en el lugar del nacimiento fue enterrada junto a su hijo, oportunamente ahogado por los sacerdotes, y que sobre su tumba erigieron más tarde una capillita con estatua de mármol alusiva, donde aparecía la papisa con hábitos sacerdotales y bebé en brazos. Benedicto III habría ordenado destruir la construcción, aunque las ruinas se conservaron hasta el siglo XV.
El caso es que a partir de entonces las procesiones papales esquivaban el camino donde se había producido el hecho. Tal vez para evitar nuevos alumbramientos o quizá para negar el insólito suceso.

Del Vaticano al tarot
La figura de Juana era conversación recurrente a la salida de la iglesia medieval. Su existencia no era puesta en duda, aunque se multiplicaran principios y finales para ella o su descendencia. Si bien la historia está llena de interrogantes, no es fácil desmentir la existencia de la papisa. Una cantidad nada despreciable de documentos –alrededor de 500– dan cuenta de su papado. Autores como Petrarca o Boccaccio la mencionan en sus escritos, documentos del siglo XV hablan de la estatua de “La mujer papa con su hijo en brazos”.
El monje benedictino Marianus Scotus (1028-86), en algunos de sus manuscritos de su Historiographia escribe sobre lo acontecido en el año 854: “El Papa León murió en las Calendas de agosto. Fue reemplazado por Juana, una mujer, que reinó por dos años, cinco meses, y cuatro días”.
Gotfrid de Viterbo, secretario de la Corte Imperial, en su obra el Pantheon, de 1185, señala que “después del papa León IV, Juana, el papa femenino, reinó durante dos años”.
A partir de la reforma católica en el XVI, la Iglesia comienza a negar progresivamente a Juana, mientras los protestantes aseguran su existencia. Algunos autores han llegado a decir que fue un invento luterano para desprestigiar a la Iglesia romana. También se comentaba que estando camino a San Pedro, Lutero se encontró frente a una estatua ubicada en una de las vías, en la que aparecía una mujer con el cetro y la mitra papal, sosteniendo a un niño. “Estoy sorprendido –habría declarado– de cómo los papas permiten que la estatua permanezca allí.” Cuarenta años más tarde, la estatua había desaparecido.
Hay quien afirma que la aventura femenina fue la causante de esa fea costumbre vigente hasta el siglo XVI de palpar las partes pudendas de los aspirantes a papa antes de ser consagrados. Sin embargo, otros sostienen que la silla en cuestión era para desalentar a eunucos. En una ceremonia conocida como de “inspección”, el candidato a Papa ocupaba la Sella Stercoraria y un diácono sopesaba genitales, verificaba que estaba todo en su lugar y declaraba por fin: “Habet!”, mientras la concurrencia daba gracias al Señor.
En fin, algunos negaban y otros afirmaban su existencia, pero el acervo popular la inmortalizó en forma de naipe. Efectivamente, el tarot de Marsella, nacido en la Edad Media, concedió a la Papesse la carta número dos de los Arcanos mayores. El naipe que representa la sabiduría femenina. Aunque años más tarde su figura fuera rebautizada, oportunamente, como la Sacerdotisa.

Esclarecimiento papal
Por si alguna despistada no hubiera comprendido que las mujeres están excluidas de las jerarquías de gobierno y de las estructuras del poder católico, y frente a reclamos femeninos de igualdad en los estamentos religiosos, Juan Pablo II emitió el siguiente comunicado, antes de abandonarnos:
“...con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.
Carta Apostólica. Ordinatio sacerdotalis del papa Juan Pablo II, sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres.
No sorprende que frente a este panorama se niegue la existencia de Juana. Tal vez fue sólo una violenta alegoría para demostrar lo que podía esperar una mujer si se atrevía a ocupar el sillón de San Pedro.
Lo que sí sorprende es cómo han resistido hasta nuestros días algunas estructuras tan explícitamente misóginas.


link al diario:
La papisa Juana y el eterno rechazo cristiano a las mujeres