Mis libros

Mis libros

sábado, julio 11, 2020

Diario sin tiempo

Ahora
La gata araña la puerta y entonces sé que es de día. G lee un prólogo a Spinoza en el patio, yo intento abrir el frasco con mermelada de pera que hice ayer. Anoche nos acostamos dos veces. La oscuridad nos dejó con los ojos abiertos, tatuados. Hubo que levantarse. La serie polaca se estiró un capítulo más. El artilugio de la ficción a veces salva.

Ayer
Recibí un llamado misterioso de mi verdulero: ¿Te interesa un cajón de peras medio al límite? No las quiero tirar y por ahí te entretenés haciendo mermelada. Fui a buscarlo sin dudar. Hacía dos días que no salía para nada. Subió la persiana lo justo para que pasara el cajón. Te sumé unas ciruelas, algunas bananas. No hay que tirar nada, dijo el verdulero bajando la persiana. Me sentí en un policial, de contrabando. Después, ochenta y siete personas en Facebook me explicaron amorosamente qué hacer con tanta pera. Preparé mermelada, helado y chutney. No los probé todavía.

Ahora
La Turca me manda nota de Horacio González: La inmovilización. ¿Ya la leíste? No, recién me levanto, le digo. Cómo estás. No paro de subir y bajar emocionalmente. Un día es mucho más que el tiempo, dice. Te quiero, le escribo. Yo también. Le envío la nota a G, que está a cinco metros. La lee en voz alta. Coincidimos en el riesgo que implica este ensayo de control poblacional.

Ayer
Primera sesión de análisis por Skype. Problemas técnicos: veo a mi analista, él a mí no. Siento que hago trampa. Tengo información de su cara, a pesar de que él se mantiene casi imperturbable. Le hablo de mis dudas sobre el estado de restricción. De mis dificultades para acatar la norma. Y de mi compromiso por respetar el aislamiento. Estoy encerrada como todos, pero con reparos ontológicos. Mi itinerancia de siempre: creo y descreo a la vez.

Ahora
Miro la tijera, no voy a usarla. Que el pelo crezca. Que algo de la animalidad consentida se me instale en la cabeza. Aunque sea a nivel capilar. Tengo que regresar al trapo y la lavandina, nunca limpié tanto en mi vida. También en contra de la asepsia obsesiva, y a favor. Quiero ser mi propio anticuerpo.

Ayer
Que el virus este tiene un comportamiento ultra neoliberal, le digo al analista. Un momento, la perra quiere salir al patio. Cuando regresa, mi cara aparece sorpresivamente en la pantalla. Que el virus es el otro, le digo. Temor al contagio, distancia. El mal habita al otro. Yo soy el mal de mi vecino. Qué te asusta, me pregunta. Que no se termine, que el miedo sea eterno. No saber.

Ahora
G escucha el nuevo tema de Bob Dylan mientras contesta mails. El correo se ha vuelto intenso. Los amigos, la música, el amor. Las chicharras compiten con Dylan desde el patio. Es verdad que el jardín vibra de un modo sugestivo. Han vuelto las mariposas, el colibrí. La Pandora rosada está exultante. Pero cuando escribo, oscuridad. Apenas unas líneas, el presente anula cualquier avance.

Ayer
Llamado de Orne, desconsolada. No salgan, la situación es terrible. Hablamos los tres por altoparlante. Ahora entendés mejor lo que siento, le digo a G cuando cortamos el teléfono. Las mías en Praga, desde hace año y medio. Juli me enseña a hacer un barbijo reutilizable, estudia, sube fotos de platos veganos increíbles. Valen escribe, compone, pinta. Trabajan cada una desde su casa. Hablamos a diario, las tres. Ya acostumbré el cuerpo a no tener sus abrazos. O eso pretendo.

Ahora
Volvió el sueño recurrente del aeropuerto. El bolso vacío, ninguno de mis pasaportes. El de acá, el de allá. Miro la agenda, hoy debería estar en Málaga presentando Nación vacuna. Iberia no canceló mi vuelo ni me dio un reembolso. Por suerte no viajé, pero. Mis apestados de ficción compiten con los reales. La escritura siempre sabe más que yo.

Ayer
Clase con Julia, la tallerista de Ecuador. Mientras me lee su cuento aparece su hijita. Enseguida el papá se la lleva sonriendo. Si no supiera que hay un virus, la escena sería encantadora. A veces el mal hace bien las cosas.
Tuve que usar la tijera, pero no conmigo. Hago de peluquera para G en el patio. Dónde aprendiste a cortar, me pregunta. En mi cabeza, le digo. Nunca le tuve respeto.

Ahora
Leo a Emily Dickinson: el destino es la casa sin puertas.

viernes, junio 26, 2020

NACIÓN VACUNA, FERNANDA GARCÍA LAO


BLOG LA VIDA NO EXISTE
ANTONIO MOCHON



En Nación vacuna todo resulta extraño. Uno siente que visita un país extraño, le cuesta reconocer conductas donde lo grotesco es la norma, su zarpa oscura en el gris que es color de fondo arañado por un rojo tirando a matanza. La carne funciona como símbolo, imanta todo el libro: desde la sexualidad hasta la ética. La perversión encarnada, literalmente hecha carne.

Extraña la sintaxis a resuellos, golpes fraseológicos duros y concisos. Decididamente abrupto, casi telegráfico, el estilo crea la atmósfera opresiva. Una asfixia sintáctica prepara el terreno. Rotundo como las cuchilladas de carnicería, el lenguaje, que supura irracionalismo, va modelando el mundo. Extraña también la técnica narrativa con aire cinematográfico. Escenas cortas, primeros planos, evocaciones. Y que el espectador se las componga. Todo buen libro plantea un reto. Esta voluntad de estilo es un pilar de la novelita. Y entre escena y escena, una discontinuidad de abruptas elipsis, una antinarrativa.

El humor negro, otro pilar, va haciendo el rodaje hasta que llega un punto (una página) que está en vena. Desatado. Estilo desaforado. Lo que antes incomodaba ahora es poco. Nos ha metido el vicio, el gusto. Entonces la trama, vigorosa y lúcida, deviene un estilo, un arte de contarse, y Fernanda García Lao, en vena, trepidante orfebre de ritmo y fuerza narrativa. Qué envidia de músculo de escritora. La historia, entonces, con su delirante inventiva, no es más que el soporte para esta prosa a retazos, imparable, descosida, salvaje.

Y, claro, el meollo: el discurso moral y político va alzándose como telón de fondo, como sacudida. Ese gris, ahora sí, tan familiar, lo distópico nuestro, guerra y colonización, relaciones deshumanizadas, engullidas, reducidas al instinto postizo de medrar sea contra quien sea. Todo por la empresa, que trabaja el canibalismo y lo sirve en grageas y blísteres, que prostituye por la patria, que quiere salvar una nación construyendo un relato falso, inventando una identidad inventada. La monumental y obscena construcción de la Historia como un bien de consumo más.

El individuo responde con una hiperbolización, deformándose se reencuentra con su verdad: ya no existe. Nuestro Montag, Jacinto aquí, viene a reincidir en la propuesta de manual: la fundación del nuevo individuo pasa por su extravío y por su inutilidad social, su inadaptación y su mutismo en un progresivo aniquilarse. Barrunta la rebelión so pena de perpetuarse en el miedo. Un miedo que petrifica pero que también espolea. Por aquí la tesis, el meollo político, el mundo feliz. Y luego, la revisión histórica, el patrioterismo de la corruptela, con su mala baba y su abyección.

Nación vacuna es un libro sólido, solvente, tenso hasta el final, originalísimo y provocador de una forma poco común. Una demencia sanísima lo recorre y se siente como un caramelo sin fin. O eso quisiéramos en la página última, la 140. Investiga Fernanda García Lao los límites del absurdo vistiéndolo de posibilidad. Invistiéndolo de largo en esta alucinación colectiva que quizás ya ha pasado. El resultado es esta inmensa alegoría tan feroz en lo lingüístico como rotunda en lo conceptual. Una fiesta literaria en toda regla. La ficción da lecciones de historia, alumbra caminos éticos, nos interpela como sujetos políticos. Su osadía es confiar en nuestra inteligencia. Ahí el reto.

¿Qué habría pasado si Argentina hubiese ganado la guerra de las Malvinas?


La escritora argentina Fernanda García Lao publica la novela ucrónica "Nación Vacuna"






LIBRUJULA
Texto: David PÉREZ VEGA


Con Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 1966) había intercambiado algunos comentarios sobre literatura argentina a través de las redes sociales, y cuando vi que la editorial Candaya publicaba en España su última novela –Nación Vacuna– me apeteció leerla. Fue una pena que se suspendiera su viaje desde Buenos Aires a España y sus presentaciones en varias ciudades por motivo del Covid-19; ya tenía anotada la fecha de finales de marzo, en la que sus editores y ella se iban a pasar por Madrid.

El protagonista y narrador de Nación Vacuna es Jacinto Cifuentes, un funcionario sin estudios universitarios que a sus casi cuarenta años considera que su vida ha sido un fracaso. La primera frase de la novela es ésta: «La carnicería de papá se vaciaba de noche». Desde un primer momento diría que García Lao se ha propuesto conversar con una parte de la historia de la narrativa argentina, puesto que su literatura nacional empieza en el siglo XIX con el relato El matadero de Esteban Echeverría. Con esta narración también conversa el cuento El fiord de Osvaldo Lamborghini, donde se vuelve a recrear la violencia inicial de El matadero con referencias a la dictadura de Onganía de la década de 1960. Nación Vacuna se une a esta cadena para hablarnos, desde su «particular matadero», de la dictadura de Videla a finales de 1970 y principios de 1981.

La acción se sitúa en Rawson, fría ciudad costera al sur de Argentina. Un enclave cercano a las islas Malvinas. Además, dentro del contexto de metáforas cárnicas del libro, el nombre de esta ciudad también parece esconder una carga simbólica, puesto que «Rawson» traducido del inglés significaría «hijo crudo». El tiempo narrativo de Nación Vacuna se sitúa a principios de la década de 1980 y se trata de una ucronía, puesto que en la realidad que la autora nos propone, Argentina ganó la guerra de Las Malvinas («de las M.» se dice en la novela, donde nunca aparece el nombre completo de las islas). En realidad, la trama parte de una calculada contradicción lógica: Argentina ganó la guerra en las M., pero el enemigo, antes de dejar las islas, envenenó sus aguas y su población ha sufrido mutaciones. Por tanto, ahora los argentinos han de «reconquistar la victoria» allí. Además, la Junta Militar ha decidido trasladar la capital de país desde Buenos Aires hasta Rawson.

Jacinto trabaja en un proyecto de la Junta (Militar) para reconquistar M. Dicho proyecto consiste en seleccionar a unas mujeres a las que vacunar para que puedan vivir en las islas sin problemas y tener descendencia sana con sus habitantes masculinos. «La maternidad ya es una locura, pero la prostitución patriótica es un despropósito», dirá la madre de Jacinto –psicóloga de profesión– en la página 67. Además de enfrentarse a los traumas de guerra de una nación, Jacinto tendrá que enfrentarse a los suyos propios, puesto que en el espacio de la novela va a ir apareciendo toda su familia: su padre, el carnicero con el que nunca acabó de entenderse; su madre, la psicóloga que los abandonó; su hermano, que además de dirigir el Proyecto y tener más éxito profesional que él, le quitó a Mona, su antigua novia; su tío, que quizá conoce un peligroso secreto del Proyecto cuya transmisión puede salir muy cara al protagonista...

NacionVacunaWebLa novela está construida con frases breves. En más de un caso, García Lao decide cortar el texto con un punto y seguido, cuando podía haber usado una coma y escribir una frase más larga. Así escribe el primer párrafo, que marca ya el estilo narrativo y el tono elegido: «La carnicería de papá se vaciaba de noche. Durante el día, distintos tipos de carne se exponían en el mostrador. Lomo, cuadril, carnaza. Una multitud cortada y desplegada con prolijidad. La muerte se balanceaba como un gato en una soga. Chorreando de sangre que había que limpiar. Lavandina contra el olor viciado que persiste. Que interfiere en la respiración y atraviesa las vías duras de mi sistema. Poner distancia. Como si fuera una pared» (pág. 9).

La voz narrativa de Jacinto es sexista, su opinión de las mujeres no es demasiado positiva; sigue instalado en el rencor contra su madre, que le abandonó, y contra su novia Mona, que lo dejó por su hermano. «Siglos sin afecto. Las mujeres son ilusoria felicidad, un licor, el paréntesis que nos impone el silencio» (pág. 40); «Yo me digo que nunca tocaré a una licenciada. Son sicópatas encubiertas. Algo aprendí de mamá» (pág. 23); «Las mujeres son seres execrables. Ya no quiero más con ellas. Prefiero las mascotas» (pág. 122).

También hace apreciaciones sexuales sobre las mujeres con las que se encuentra. Sin embargo, a pesar de que Jacinto, sobre todo al comienzo de la novela, parece un hombre frustrado y con poca capacidad para interactuar con mujeres de un modo sano, según avanza la trama ésta se irá haciendo cada vez más sexual, y será frecuente la descripción de escenas de sexo. Jacinto, a pesar de provenir de una carnicería, en la que trabajó de joven ayudando a su padre (o precisamente por eso) es vegetariano; sin embargo, en el tiempo de la novela empezará a tomar unas cápsulas elaboradas con carne, que se están probando para que se las lleven las mujeres que han de ir a las M. ¿Están elaboradas estas pastillas con carne de las candidatas a repoblar las M. que han sido descartadas del Proyecto? En la novela existe más de un elemento simbólico de la violencia ejercida históricamente contra las mujeres. «Mujeres salvarán al ejército», se anuncia en los periódicos, cuando en realidad debería decir que «las mujeres se sacrificarán por el concepto de nación de la Junta».

Si bien he hablado de la conversación que esta novela mantiene con clásicos argentinos como Esteban Echeverría u Osvaldo Lamborghini, no estaría de más citar a otro gran autor argentino al que parece evocarse aquí: Roberto Arlt, porque hacia su desenlace la trama de Nación Vacuna (el nombre del barco en el que las mujeres y otros miembros del Proyecto, entre los que se encuentra Jacinto, deben viajar desde la fría ciudad de Rawson a las islas M.) va entrando cada vez más en el terreno de lo inverosímil y el expresionismo simbólico, al estilo de Los siete locos, la magnífica novela de Arlt.

Pese a que en algunos momentos me ha parecido que la historia se deslizaba hacia el terreno de la inverosimilitud (o fantasmagoría) narrativa, lo cierto es que me ha resultado fácil dejarme llevar por la ‒en principio‒ propuesta extravagante (y por tanto original) de Fernanda García Lao en Nación Vacuna. Un libro oscuro, tenso y carnal, con muchas resonancias subyacentes (la violencia de las dictaduras, sobre todo ejercida contra las mujeres, el poder represor de la familia, etc.), que condensa muchas ideas en sus 140 páginas. Esto hace que uno tenga la sensación de haber leído, al finalizarlo, un libro más largo que el que contienen sus páginas.

Bajo la doble lupa de… Nación Vacuna por Anna Miralles y Manu López




Vie. Jun 26th, 2020
SOLO NOVELA NEGRA


RESEÑA DE ANNA

Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina) es narradora, dramaturga y poeta. Ha publicado las novelas Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula, y los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro. Carnívora y Dolorosa son sus libros de poesía. También ha escrito junto a Guillermo Saccomanno la novela erótica Amor invertido y el libro de relatos Los que vienen de la noche. Nación Vacuna se publicó en Argentina en 2017 (editorial Emecé) y gracias al buen criterio de la editorial Candaya podemos disfrutar de su lectura en España.

Nación Vacuna es una falsa ucronía, una particular reconstrucción de la historia más reciente de Argentina. La trama atrae desde las primeras páginas y el lector aprecia enseguida que está ante un libro y autora singulares. Además, su lectura en los tiempos que nos está tocando vivir -tiempos de pandemia, virus y enfermedad- es cuando menos muy oportuna. No es una novela amable, sino dura y oscura: las fake news, la manipulación desde las altas esferas del poder, los populismos, la violencia ejercida sobre la mujer, el intrusismo del Estado en la vida privada de los ciudadanos… serán algunos de los temas que van a tratarse.

La historia nos sitúa en Argentina dos años después de haber ganado una guerra (suponemos que la de las Malvinas). El enemigo antes de su retirada de las islas, las M, emponzoñó las aguas de combustible extendiéndose una enfermedad que provocó la muerte de muchos soldados, mientras que los que lograron sobrevivir están gravemente enfermos. En el continente, en Rawson, gobierna una Junta civil integrada por profesionales -puesto que no quedan militares de rango en tierra- que trama un plan perverso para levantar los ánimos del país, recuperar la gloria pasada y a sus héroes: vacunar e inmunizar a varias mujeres para llevarlas a las islas y que engendren hijos sanos de los soldados enfermos.

La voz narrativa es la de Jacinto Cifuentes, un funcionario gris e insustancial, que será uno de los encargados de llevar a cabo las absurdas pruebas de selección para encontrar finalmente a las candidatas idóneas para la misión patriótica a la que están destinadas.

“La ganadora del Proyecto Vacuna viajará a las M, secundada por dos finalistas. Los treinta infectados las esperan. Nunca nos olvidamos, mienten. Hemos logrado una Vacuna que es un escudo de protección masivo. Pero no solo reanimaremos clínicamente a los sobrevivientes. Nuestra cruzada es moral: hace meses que viven sin hembras. Sodomizados, no son un buen ejemplo para la patria. Las seleccionadas vivirán con los héroes en los barracones hasta quedar preñadas. Las M resurgirán y de ellas nacerán niños sanos. Gracias a las hembras reconquistaremos el mito de nuestro más preciado pedazo de tierra.”

El Estado es un manipulador. Falseará la realidad para conseguir sus objetivos y sofocará cualquier intento de rebelión pues tiene los mecanismos para hacerlo. Ha abandonado a sus heroicos soldados a su suerte y los condena al olvido: son prohibidas las manifestaciones de protesta y se destruye todo aquello que pueda recordar la guerra y una victoria amarga; se decide “jibarizar el tema” de manera que incluso el nombre de las islas desaparece, probablemente ya nadie recuerde qué significa la M, “la inicial devoró a la palabra”. No puede cuestionarse la actuación del Gobierno, los ciudadanos no deben tener opinión propia sino la que les es impuesta sutilmente.


“[…]. Pero hace un año la prensa oficial instaló la idea de suspender la ayuda a los sobrevivientes. Estamos dilatando lo inevitable, dijeron. Y el pueblo les dio la razón. La salud es prioridad, la economía. El sacrificio de unos pocos bien vale el bienestar general. Allí quedaron los héroes apestados y los muertos. Acá, los paladines del bienestar. Un océano en medio.”


Las mujeres son tratadas como ganado, como mercancía. Se las cosifica, solo interesa de ellas su cuerpo. Van a prostituirse en nombre de un Estado, un Estado que también se manifiesta como maltratador. Las candidatas al Proyecto Vacuna son números, mujeres sin nombre y sin identidad. A Jacinto Cifuentes le adjudican cinco: “A partir de hoy, ustedes ya no serán quienes eran. Ahora son Trece, Cinco, Nueve, Cuatro y Doce. Cada cama con su número. Los objetos personales también.” En la página 54 aparecerá por primera vez el nombre de una de las candidatas: Lucero Arrieta, la número 13. Más adelante, cuando ya estamos a mitad de la novela, conoceremos los nombres y apellidos del resto de las mujeres seleccionadas, y así son humanizadas.

El Estado también es muerte. Es necesario el sacrificio. Las mujeres que no son seleccionadas son eliminadas para convertirse en alimento, en cápsulas de carne que alimentarán no solo a los soldados sino también a los que viajarán hacia las M y que forman parte del Proyecto, entre ellos el propio Jacinto Cifuentes. La Junta civil ha pensado en todo:


“Unas son alimentos, las otras vaginas redentoras. Como las vacunaron a todas, inmunizarán pijas y estómagos, todo en uno.”


Los personajes están perfectamente trazados por García Lao. El protagonista y narrador, Jacinto Cifuentes, es una pieza más del engranaje que conforma la Administración, un burócrata que acepta el papel que se le asigna en el Proyecto orquestado por la Junta, y que no tiene más remedio que desempeñar, aunque lo haga con desagrado: “[…]. No me interesa lo que hago. El mundo me disgusta hace rato. Quiero correr. Pero nunca hago lo que quiero.” Siente un profundo rechazo por su padre, alguien simple, rudo y primario, un matarife con muchas carencias que prefiere los cuchillos a los libros. Jacinto Cifuentes odia la carnicería que regenta su progenitor y por eso estudió, para poder asegurarse un futuro lejos de ella; además es vegetariano. Por otra parte, su madre es una madre ausente, fría y distante, que los abandonó; psicóloga de profesión, interesada por la mente y la palabra, y con la que tiene evidentes problemas de comunicación. La foto familiar se completa con Leopoldo, su hermano, un trepa ambicioso que personifica todo aquello que nunca podrá ser Jacinto. Cuando el plenipotenciario Leopoldo Cifuentes toma posesión de su cargo en la Junta como Ingeniero, la familia está de nuevo reunida, pero “[…] Juntos, parecemos actores de una farsa mortecina. Cada uno con su papel. Hace mucho que se hizo el reparto”. Farsa que se verá alimentada además por un secreto familiar que vamos a descubrir al mismo tiempo que lo hará el protagonista. El engaño está presente en esta novela a todos los niveles, también en el ámbito privado.

La evolución de Jacinto Cifuentes es muy interesante. A partir de la segunda mitad de la novela, y especialmente en la parte final, el protagonista se sacude esa sumisión que forma ya parte de él para empezar a tomar sus propias decisiones, para ser él quien dirija ahora su propia vida; pretende ser un agente activo, ya no pasivo: “No seré sombra, sino metralla”. Se desprende de su pasado para centrarse en el presente de manera que “nada de lo que fui me estorba.” Es también un personaje de una gran lucidez, hay que prestar mucha atención a lo que dice, de su boca salen grandes verdades.

Para Jacinto Cifuentes el viaje que se ve obligado a realizar hacia las M acompañando a las mujeres seleccionadas y junto a otros funcionarios resulta casi un viaje iniciático para reencontrarse consigo mismo. Cuanto más se aleja de Rawson, y de su familia, mejor se siente.


“Este Proyecto fracasado me está modificando para bien. El cinismo y la hipocresía de la Junta parecen cuentos de prehistoria. Lejos de la vida pública me siento imprevisible. Casi parezco una persona.”


En la novela la carne está muy presente. El primer capítulo empieza con una descripción muy plástica de la carnicería del padre del protagonista y más adelante se va a describir el Matadero, y el Frigorífico, desde donde se abastece de carne a toda la región. Y la palabra “vacuna” es utilizada por la autora para referirse a distintas realidades llevando a cabo un juego lingüístico muy ingenioso: se refiere a las reses, a las mujeres –“Soy una de las vacas que irá al matadero”–, a la vacuna que inmuniza. La carne, el cuerpo, el sexo son elementos recurrentes en Nación Vacuna.

Las 140 páginas de la novela son suficientes para desarrollar una trama que parece una locura, pero que, y precisamente por ello, engancha al lector que querrá dar respuesta a las preguntas que se va a ir planteando a medida que va leyendo. Y el logro de García Lao es justo este: no dárnoslo todo hecho, dejar que seamos los lectores los que vayamos completando el puzle con las piezas que faltan hasta llegar a un desenlace que, aunque ya se va intuyendo, es muy bueno y no deja de sorprender.

La lectura de Nación Vacuna es ágil, rápida: capítulos breves; párrafos de poca extensión, la mayoría; frases cortas, directas e incisivas que impactan al lector tanto a nivel emocional como físico. Hay descripciones de gran crudeza, imágenes que incluso pueden resultar desagradables, y en la novela subyace una violencia que sin ser explícita no es menos terrible, especialmente por quien la ejerce. No queda espacio para la esperanza en una realidad que se presenta muy negra. Aun con toda su crudeza, la narrativa de García Lao tiene mucho de poética y el contraste es interesante. Y hay también mucho humor…, pero un humor negro.

La novela sorprende tanto por la forma como por el fondo, por su atrevimiento, por ser poco convencional y transgresora. Que actualmente nos encontremos con un texto como el que nos regala Fernanda García Lao, tan osado, se agradece.



RESEÑA DE MANU

Sin tener aún en España el público que merece, toca presentar a esta escritora argentina nacida en Mendoza y que vivió un largo período en Madrid. Residente en Buenos Aires desde 1993, su primer éxito literario lo logra con la novela Muerta de hambre, con la que obtiene en 2004 el Premio Fondo Nacional de las Artes. A ella sigue La piel dura y Nación Vacuna, editada en 2017 por Emecé y que, en el fatídico marzo de este 2020, ha publicado, y tratado de distribuir en nuestro país, Candaya. Como bien advierte su propia autora: «Nación Vacuna está actualmente confinada en librerías, lejos de sus lectores, por este virus atroz que parece se ha propuesto competir con el argumento de mi novela».

Ya he visto por ahí etiquetar a Nación Vacuna como «ucronía» (para quienes por vez primera topen con esta palabra decir que significa una reconstrucción histórica basada en hechos posibles, pero que no ha sucedido realmente). Esta novela tiene como visible tema principal el traslado de cuatro mujeres a unas islas denominadas «M.» para un proyecto eugenésico cuya finalidad persigue la supervivencia de la raza. Durante su atenta lectura voy descubriendo que las islas M. son las Malvinas y que no otra que la Argentina es esa nación triunfante en una guerra que ha tenido como derrotada a la potencia ocupante de esa parte de su territorio. Asimismo comprendo que esta victoria militar ha resultado pírrica (y no en ese sentido de «triunfo por la mínima» en el que equivocadamente persisten generaciones de periodistas deportivos, sino en el real, amargo, de la palabra: el de una victoria que ocasiona grave daño al vencedor y que equivale casi a una derrota); acabada la contienda, en efecto, en las islas M. el poderío naval del ejército argentino se echa a perder en las gélidas aguas del atlántico. Además, como supervivientes, queda un grupo de soldados envenenados y abandonados a su suerte.

Pero lo que aún no veo nombrar son los ingredientes distópicos de esta original historia. «Distopía» define una indeseable sociedad ficticia caracterizada por la deshumanización. Gobiernos tiránicos y desastres ambientales asociados con algún cataclismo acaban por configurarla. Si recordamos el rigor castrense con el que las diferentes juntas militares gobernaron la Argentina durante 1976-1983, esta junta (por no quedar ya militares de rango está constituida por civiles: un ginecólogo, un ingeniero y un comisario) que gobierna en Nación Vacuna, sin ser tan despótica, toma igualmente decisiones perjudiciales para sus súbditos. Ejemplos los tenemos en cómo la junta deja a su vera a los soldados de las islas M., víctimas de una epidemia aún sin vacuna (y caracterizada por la mucosidad, las contrariedades respiratorias, las náuseas –¿les suena?–), o, más adelante, al poner en marcha el aberrante «Proyecto vacuna», en el que tres mujeres deberán ir a las islas para facilitar vacunas y, sobre todo, para cohabitar con esos héroes hasta quedar preñadas, por pretender la junta que las islas M. resurjan y nazcan allí niños sanos para «reconquistar el más preciado pedazo de nuestra tierra argentina».


No estaría mal, por lo tanto, referirse a Nación Vacuna como novela ucrónica y distópica.


El tono kafkiano, sostenido durante los 18 capítulos y las 140 páginas de que consta la novela, es otra importante peculiaridad. Las postergaciones indefinidas fueron la especialidad narrativa del autor de El proceso. Discípula aventajada del genio de Praga Fernanda García Lao sabe sacar provecho de semejantes dilataciones en su Nación Vacuna, ya que vicisitudes de todo pelaje ralentizan la puesta en marcha de ese delirante proyecto de trasladar «cuatro hembras por la patria» (a una paralítica y dos mujeres de sexualidad ardiente, se une, in extremis, Mona, la promiscua compañera de Leopoldo Cifuentes, ideólogo del proyecto vacuna), unas hembras estas seleccionadas, no sin dificultad y muchos esfuerzos personales, por Jacinto Cifuentes –un administrativo encargado de Registro–, el protagonista y narrador de la novela.

Es este Jacinto quien, sufriendo en sus propias carnes el intolerable retraso en la partida (unas activistas radicalizadas y contrarias al proyecto roban el motor y cortan el ancla del barco encargado de transportar a las hembras fértiles) colabora en los fines de la autora para pautar esa inmóvil tesitura en la que, sin embargo, no dejan de suceder cosas. La permanencia sobre tierra, que parece no tener final, resulta asimismo propicia para un desarrollo tanto de los personajes principales (Erizo, Teodolina, Mona, Planes) como secundarios (la madre y el padre de Jacinto, Leopoldo Cifuentes, el capitán del barco o el chófer del micro). Harto de tanto tiempo congelado Jacinto acaba por explotar:

«Diría que este viaje es una condena divina sino fuera porque soy ateo. No logro armar una razón que lo justifique. Quizás Leopoldo lo pergeñó para castigarme. Tal vez los envenenados ya no existen y las M. flotan inútilmente en su lugar».


Jacinto Cifuentes es un amargado que, para su propio sufrimiento, recrea un pasado de postergación familiar del que no intenta renunciar; vegetariano radical en una familia de clase media en Rawson y con un padre dueño de una carnicería, Cifuentes vive obsesionado por su sexualidad, una sexualidad permanente y turbia que no aplaca a pesar de continuos amoríos. A este doliente sujeto, creación de estirpe kafkiana, asimismo puede encontrársele puntos de contacto con aquellos existencialistas héroes que bordaba Juan Carlos Onetti: a veces, escuchando a Jacinto, percibimos los ecos de Eladio Linacero en El pozo o de Díaz Grey en El astillero:

«El mundo se revela a mi alrededor como una montaña asquerosa. Entonces la creencia de no ser más que la pata de un ciempiés. La pasión ya no sirve».

«Las mujeres son ilusoria felicidad, un licor, el paréntesis que impone el silencio».


De tanta negrura Nación Vacuna escapa gracias al sentido del humor con que se airea una trama que, sin su participación, hubiera devenido demasiado ensimismada en su desazón. Sabiéndose vencido de antemano, incapaz de resistirse más a ese viaje que nunca parece echar a rodar (se ha decidido que acompañe a las hembras por la patria formando parte de esa «tripulación técnica» que les insufla ánimos), a Jacinto Cifuentes lo salva su sardónica risa –pobre del que en estos tiempos no se la sepa provocar porque está condenado–, una fina ironía la suya que, si bien es cierto, no es captada la mayoría de las veces ni por su familia ni por sus compañeros de misión, a él sirve para aliviar el absurdo en que se instaló su existencia.

Es esta la primera obra de Fernanda García Lao que cae en mis manos por lo que de momento no puedo compararla con el resto de su producción. Pero a su caracterización de personajes –acertadísima en todo momento– no hay que olvidar remarcar cómo el relato viene manejado con sabiduría y que de sus siempre eficaces diálogos brota esa oscuridad que regala su cinismo, colaborando así a la creación de una atmósfera confusa, poco ventilada, que casi ahoga a quien cae en ella como una trampa. Los vibrantes episodios narrados dejan recuerdos vividos y alarmantes, como de sueños recién sufridos.

Al desgarro de Nación Vacuna –novela trágica y sombría, negra hasta el tuétano– no lo salva el amor; solo, acaso, la ironía del hombre inteligente:


«Que voy a cumplir los cuarenta. Que el fracaso ya lo tengo. Peor que el encierro no hay nada. Al menos me pagan un viaje».

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Presentación de la novela "Nación Vacuna", de Fernanda García Lao

domingo, mayo 24, 2020

Tiempos oscuros

DESESCALADA DE LIBROS | NARRATIVA LATINOAMERICANA
Tiempos oscuros
Marta Sanz ha seleccionado tres títulos entre las últimas novedades
BABELIA
EL PAIS

MARTA SANZ
22 MAY 2020
Tiempos oscuros



“La salud es prioridad, la economía”. Nación vacuna (Candaya, 2020), de Fernanda García Lao, es un libro profético. La piel se eriza al rozar urticantes palabras clave: cuerpo, contagio, vacuna. La violencia poética de Lamborghini y El matadero, de Esteban Echeverría, se conjugan para hablar de mujeres y animales dentro de un mismo campo semántico. Lo impresionante de este libro no es tanto el pronóstico, como la capacidad de su autora para crear un mundo, que es otro y es este, con un estilo que nos recuerda la urgencia de cierto trazo grueso.


Con su jocoso tono metaliterario, Juan Pablo Villalobos compone en La invasión del pueblo del espíritu (Anagrama, 2020) una novela de personajes humanísimos que sobreviven en una geografía migratoria y renombrada. Su ciencia-ficción melancólica se convierte en puro realismo cuando retrata pandemias tan actuales como xenofobia y fascismo. Al final solo nos salvan el amor, los cuidados y el huerto de Gastón donde se cultivan las patatas para el mejor futbolista de la Tierra.

“A los fantasmas hay que palearlos de entrada, Tanito, porque si no se afianzan, ¿sabés?”. En los humedales se sumergen sangre, venganza, infierno, orfandad, locura. Desde la voz de Manoel, Mariana Travacio escribe en Como si existiese el perdón (Las afueras, 2020), con lirismo agrio y ritmo de fatalidad, legitimando la idea de que la escritura es hermafrodita. El western fantasmagórico y la novela de la tierra, enraizada en la mejor tradición latinoamericana, regresan como signo de estos tiempos tal vez demasiado oscuros.

Laboratorios contaminados. Dos novelas en tiempos de pandemia


REVISTA GATOPARDO
Libros
22.5.20
Daniela Tarazona

Hay enfermedades que los humanos hemos ocasionado, en el infatigable intento por modificar al medio ambiente. Estas plagas son difíciles de combatir. Gatopardo invitó a la novelista Daniela Tarazona a repensar los universos distópicos en dos novelas latinoamericanas. Porque los tiempos que vivimos tienen sabor a ficción.

En la realidad que habitamos cunde la ficción. A lo largo del tiempo, se ha examinado a la enfermedad como tema principal de muchos libros, a veces determinada por el orden social, y otras como recipiente de instintos humanos fuera de proporción: de modo que pareceríamos ser más animales cuando estamos enfermos. Entre los registros de las enfermedades o temas derivados de ella en la literatura reciente, vienen dos novelas a mi recuerdo, dos textos de autores disímiles que ponen en entredicho la conformación de lo real e indagan en los umbrales de acontecimientos distópicos.

Sus ojos son fuego (Fondo de Cultura Económica, 2007) es la primera novela de Gonzalo Soltero, nacido en 1973 en la Ciudad de México. Con ella obtuvo el VI Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia. Es autor del libro de relatos Crónicas de neón y asfalto (1996) y de la novela Nada me falta (Textofilia, 2014). Soltero va solo, como su propio apellido lo señala, su escritura se muestra libre y es notoria la diversión en el momento de plasmarla: juega y extiende su tablero a los lectores conminándolos a disfrutar de los guiños de la imaginación.

La novela establece ambientes de laboratorio inmersos en la burocracia, en los que Adrián Ustoria lleva a cabo experimentos con animales. Soltero eligió disponer a sus personajes en la Ciudad de México y atendió a las señales de lo real: la ciudad es el gigantesco laboratorio en donde estamos hacinados, el asfalto podría ser la piel que carcomen millones de animales convertidos en plaga: las ratas, cuya inteligencia pareciera superar a la de los humanos.


El autor descompone las ideas fijas que establecen un orden. Adrián lleva a cabo procedimientos con los especímenes —en un proyecto confidencial—, les suministra sustancias, como hidrocarburos en el cerebro, y observa sus reacciones. En la gran ciudad el peligro estriba en las criaturas que se multiplican y evolucionan para amenazar el orden; acechan al personaje y parecen haber invadido las calles, muerden cables, provocan apagones de luz; mientras que otras especies como las aves, su existencia ha sido mermada a consecuencia de la contaminación provocada por el hombre. De esta manera, se establece la relación entre lo que ocurre en el laboratorio y lo sucedido fuera de él. La violencia en las calles y la representación de una sociedad que se destruye a sí misma y a su medio, es semejante a la violencia que Adrián observa en los especímenes con los que experimenta. La plaga no sólo es animal, sino también humana. Y así como las reacciones de los animales dentro del laboratorio son expuestas de manera velada, sin que consigamos dilucidar sus causas, fuera del laboratorio la presencia de los roedores se muestra de manera siniestra. La desgracia subyace, es subterránea.

El científico que pone los ojos sobre sus experimentos, que establece analogías entre el comportamiento animal y el de los humanos, que observa y anota las variaciones para la investigación de su proyecto, se parece a cualquiera de nosotros: definimos nuestras propias fórmulas y, a la vez, provocamos la destrucción. Las observaciones en estos animales de laboratorio conducen a posibles acontecimientos fatídicos en la ciudad. La enfermedad estriba en la voracidad, la depredación y la competencia incesante entre los hombres. Y como alma que lleva el diablo, Soltero desliza preguntas relevantes: ¿Cuál sería la realidad natural de una ciudad como esta? ¿Y si la manifestación verídica de la Naturaleza en la ciudad es nuestra existencia?

“Hoy más que nunca resuenan los laboratorios invadidos por deseos burocráticos y patrióticos. Las enfermedades no pueden ser combatidas porque el hombre ha modificado hasta el colmo al medio ambiente y a sí mismo”.

Desde otro territorio geográfico, Fernanda García Lao, escritora, dramaturga y poeta argentina, ha estrenado este año en la editorial española Candaya su novela Nación vacuna, publicada en Argentina por Emecé en 2017. Es autora de las novelas Muerta de hambre, La piel dura, Vagabundas, entre otras y del libro de relatos Cómo usar un cuchillo, además de los de poesía Carnívora y Dolorosa. En Nación vacuna despliega un reino singular y, desprovista de patrones rígidos, la escritura se desenvuelve como si la voz narrara una escena teatral. Lo que leemos ocurre de forma instantánea. Sus ambientes componen circunstancias, con personajes que, en efecto, se encuentran arriba de las tablas.

A lo largo de su lectura, se tiene la sensación de atestiguar las andanzas de Jacinto Cifuentes, encargado del registro de mujeres que serán usadas para curar enfermos y procrear, como si estuviéramos espiando a través de una mirilla. La lascivia y los fluidos corporales se liberan a lo largo del texto. Aquí también la burocracia ha dispuesto una realidad sui generis. Tras una guerra que ha dejado soldados enfermos en una isla, se ha elegido a un grupo de mujeres, “vacunadas contra todo mal” para que sean cuerpos que curan y que serán entregados y darán a los héroes enfermos la posibilidad de reproducirse. Inmersos en las frases rítmicas de García Lao, el mundo desplegado tiene colores grises y verdes, la prosa es metálica y feroz. El narrador se relame los labios. Su diversión estriba en el sarcasmo y en los bordes afilados de una realidad absurda.

El padre de Jacinto Cifuentes es carnicero. La novela rezuma sangre. No es sólo el tratamiento hacia los cuerpos femeninos lo que expone García Lao, el asunto se distiende para dejarnos ver más: somos también animales que enferman. La crueldad se parece a la inutilidad de la prisa. Las tripas que asoman de los vientres de las vacas y los cerdos podrían ser las nuestras en días de guerra. Jacinto Cifuentes trabaja para la Junta, allí las decisiones son tomadas por el bien de la nación, ya que la patria dispone de los cuerpos y se sabe que en ellos se encontrarán las vacunas.

Ambas novelas son serpientes que se deslizan entre los órganos del cuerpo para decirnos que los recuerdos son futuristas. Hoy más que nunca resuenan los laboratorios invadidos por deseos burocráticos y patrióticos. Las enfermedades no pueden ser combatidas porque el hombre ha modificado hasta el colmo al medio ambiente y a sí mismo. Los experimentos se han contaminado y no hay una vacuna posible. La enfermedad la produce el ser humano.

Envases con forma de mujer

BABELIA
EL PAIS


Fernanda García Lao ofrece un baile delirante y reconocible de seres a los que las estructuras sociales han convertido en bienes consumibles

CARLOS ZANÓN
9 MAY 2020
Envases con forma de mujer

Nacida en Mendoza (1966), Fernanda García Lao vivió en España desde 1976 hasta 1993 y es una propuesta muy personal de la actual narrativa ­argentina que nos llega. Dramaturga y poeta además de narradora, es autora de las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula y los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro. En coautoría con Guillermo Saccomanno ha publicado la novela erótica Amor invertido y el libro de relatos Los que vienen de la noche.


Nación vacuna fue publicada en el año 2017 en Argentina (Emecé) y ahora Candaya nos la sirve en tiempos imprevistamente inhóspitos. De todos modos, para cuando abran las librerías, no estaría de más que busquen esta ucronía perversa, escrita con el pulso de un tictac que todo el tiempo sabes que es una bomba y no un reloj. Y en esas que llegas al final, te estalla en las manos y piensas en cosas como talento, erotismo, denuncia, feminismo, familia, carnicería o genética. Y oficio al hacer servir todo eso con un muy trabajado lenguaje feroz y un buen manejo de la estructura.

García Lao, a base de estampas, párrafos, enfoca nuestra atención en el funcionario Jacinto Cifuentes, a quien se le encarga por parte de la Junta de Gobierno seleccionar a un grupo de mujeres para un servicio patriótico en unas islas llamadas M. que han sido devastadas por un conflicto bélico. En M. han quedado una serie de soldados afectos de una enfermedad extraña que puede desestabilizar el país. Las mujeres seleccionadas son utilizadas como vacunas y, al mismo tiempo, como cuerpos para la procreación, patriótica, por supuesto. Y Cifuentes va dando tumbos de un cuerpo a otro, escapando y buscando, chocando y abandonando.

Lo talentoso de García Lao es cómo, a partir de un planteamiento posapocalíptico, conseguir que lo leamos en una clave realista, de pasado paralelo casi profético, y evitar algunos de los déjà vu del género. Asistimos al baile delirante y reconocible de seres a los que las estructuras sociales han convertido en bienes consumibles, en envases que pueden ser rellenados de hijos, rencor o patriotismo. Nación vacuna tiene muchas lecturas, desde la denuncia al poder en cualquiera de sus manifestaciones y mentiras hasta el del uso del cuerpo femenino como cáliz, trofeo, producto desechable. Una devastadora mirada a la familia, a la procreación o el sexo como territorios de los que siempre salimos abollados y confusos, caníbales con medio cuerpo devorado. Ningún afecto o relación puede acabar bien y uno siempre es rehén y, al mismo tiempo, secuestrador y maltratador de alguien o de algo. El tono seco del texto, a ratos onírico, siempre tremendo, es modulado —otro acierto de García Lao— por una comicidad negra, que lo aleja tanto del nihilismo adolescente como del pastiche.

NACIÓN VACUNA
Autora: Fernanda García Lao
Editorial: Candaya, 2020
Formato: tapa blanda (144 páginas, 15 euros).

miércoles, abril 22, 2020

Por un puñado de vacas


ESTADO CRÍTICO
Crítica Literaria Diletante



JOSE TORRES

Trabajé hace mucho tiempo en un matadero. Canales de ternera, solomillos enormes, cartílagos, huesos, quijadas, y sobre todo el olor de la sangre seca en todas partes, el regusto pastoso de carne masticada en la boca. No, no es imprescindible contar con esta experiencia carnosa para disfrutar de Nación Vacuna, de la autora argentina Fernanda García Lao. Pero en mi caso, la novela ha conseguido, cual magdalena de Proust, que vuelva hasta esos años sangrientos hasta convertirme en un personaje más de su novela, un operario de ese Frigorífico Central, en el que el padre del protagonista ordena y distribuye la producción de carne de la nación.

Imaginemos. Argentina ganó la Guerra de las Malvinas, pero pagó un alto precio. El enemigo emponzoñó las aguas, y provocó en la población una enfermedad mortal. La Junta Civil (pues no quedan militares de alto rango), que gobierna el país, encarga a Jacinto Cifuentes, un anodino funcionario administrativo, que seleccione a un grupo de mujeres con el fin de viajar a las islas y procrear con un puñado de soldados enfermos que sobrevivieron a la guerra, para así salvar el futuro de la nación. Esta pesadilla burlesca es el punto de partida de Nación Vacuna. A partir de ese momento la autora argentina nos toma de la mano y, a través de un lenguaje cortante, afilado como el cuchillo de un matarife, y de un negro, negrísimo sentido del humor, nos muestra un presente burocrático y absurdo, en el que sus personajes son tratados como reses sin voluntad por la inverosímil Junta gobernante. Este carácter “vacuno”, animal, de los personajes, se afianza durante toda la novela mediante el uso de los humores y los bajos instintos de los protagonistas, que encuentran en el sexo furtivo una forma de transacción comercial, de ascenso social, y también de escape vital ante un régimen que todo lo controla e intoxica, incluso las relaciones afectivas de los ciudadanos. Un padre poseído por el amor de la carne, un madre ausente y carente de cualquier empatía emocional, un hijo, Leopoldo, que es el reverso triunfador de nuestro protagonista Jacinto Cifuentes, una arribista anterior novia de Jacinto, y ahora esposa de Leopoldo, que utiliza sus encantos sexuales para ascender socialmente. Y una galería de personajes secundarios que hacen avanzar la novela entre absurdos protocolos burocráticos, cuestionarios sin ningún sentido, y pruebas inútiles para seleccionar a esas hembras, o reses, que mediante el patriotismo y la prostitución garantizarán el resurgimiento de una nueva raza nacional.

Resulta estremecedor que el lanzamiento de esta novela por parte de la Editorial Candaya, haya coincidido en el tiempo con la actual epidemia que sacude al planeta. Encendemos la televisión, que, cual Junta Mediática Gobernante, puntualmente nos informa del presente de la epidemia: número de infectados y fallecidos, progreso de la pandemia… ¿Nos hemos convertido quizá en una Nación Vacuna? ¿Somos en realidad personajes de una novela de Fernanda García Lao?

Quizá todo esto ya haya sucedido y no hemos sido conscientes. Como en Nación Vacuna, el presente es una forma de mostrarnos ese pasado que sucedió ante nuestros ojos y del que no pudimos escapar.



Nación Vacuna (Editorial Candaya, 2019) | Fernanda García Lao | 140 páginas | 15 €

Donne da macello, di García Lao

24 aprile 2020 | "uno dei segreti meglio custoditi della letteratura latinoamericana"

“Donne da macello”, di Fernanda García Lao
(Musicaos Editore, Vela Latina, 2)



A Rawson, città sperduta nel sud dell’Argentina, si insedia la nuova Giunta di governo che sostituisce i comandanti militari morti nelle isole M, a causa di una sindrome misteriosa contratta durante le celebrazioni per la conquista delle tanto agognate isole. Jacinto, un grigio impiegato statale, partecipa a un folle progetto di cui non coglie subito tutti gli aspetti. Si tratta di selezionare alcune donne da inviare nelle isole M, dov’è rimasto segregato un manipolo di soldati sopravvissuti alla malattia letale e contagiosa che ha decapitato lo Stato maggiore. Le donne vengono scelte per soddisfare gli appetiti sessuali dei soldati, che dovranno renderle gravide per dare vita ai figli della patria, i primi bambini nati nelle isole riconquistate. La famiglia di Jacinto è composta dal fratello Leopoldo, facente parte della Giunta e ideatore del piano, dalla madre psicologa, che predilige il fratello a Jacinto, dal padre, macellaio, il cui carattere stride con quello del figlio vegetariano, suo bersaglio prediletto. Su questi elementi si fonda una narrazione piena di eventi imprevedibili, con una scrittura densa, fluida, implacabile.

Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 1966), vissuta in Spagna tra tra il 1976 è il 1993. Scrittrice, drammaturga e poeta. Ha studiato recitazione, drammaturgia, musica, danza e giornalismo, in Spagna e in Argentina. Da notare i suoi romanzi “Muerta de hambre” (Primo Premio del Fondo Nacional de las Artes, 2004), “La perfecta otra cosa”, (terzo premio Cortázar), “Vagabundas” (finalista Premio Sur de Novela), “Fuera de la jaula” e “Donne da macello” (Nación vacuna, 2017). Ha pubblicato due libri di racconti, “Cómo usar un cuchillo” e “El tormento más puro”, ben accolti dalla critica argentina. Come poeta ha pubblicato “Carnívora y Dolorosa”, per le edizioni della Universidad de La Plata. Insieme a Guillermo Saccomanno ha pubblicato il romanzo erotico-epistolare “Amor invertido” e la raccolta di narrazioni brevi “Los que vienen de la noche”. È stata invitata a Fiere internazionali di Letteratura in diversi Paesi dell’America latina e d’Europa. Suoi testi sono stati tradotti in francese, portoghese, inglese, svedese e greco per riviste digitali e cartacee. I suoi libri sono pubblicati in Francia, Spagna, Messico, Perú, Bolivia, Costa Rica e altrove. Alla Fiera Internazionale del Libro di Guadalajara (Messico) del 2011 è stata celebrata come "uno dei segreti meglio custoditi della letteratura latinoamericana”.

“Donne da macello”, di Fernanda García Lao
(Musicaos Editore, Vela Latina, 2)
a cura di Diego Símini
formato 12,7x20,3 cm, pagine 172, prezzo euro 15, isbn 9788894966763, ebook 9788894966787

photo © Ale Meter

‘Nación vacuna’, Argentina ante una epidemia

El Cultural
La Vanguardia

ELENA COSTA
25 marzo, 2020




Nación vacuna
Fernanda García Lao
Candaya. Barcelona, 2020. 140 páginas. 15 €

Novelista, dramaturga y poeta, Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 1966) plantea en Nación vacuna una curiosa ucronía: ¿qué hubiera ocurrido si Argentina hubiese ganado la guerra de las Malvinas, pero tras la derrota, el ejército enemigo hubiese envenenado las aguas y enfermado a la población, provocando una enfermedad mortal? ¿Y si solo hubiesen sobrevivido en las islas algunos soldados, abandonados a su suerte por la Junta que dirige el país, “un terceto civil”, pues “no quedan militares de rango en tierra”?

Tiempo después, al funcionario Jacinto Cifuentes, vegano a pesar de ser hijo del brutal matarife de un matadero (o sobre todo por eso) y de haber ayudado de niño a su padre en su sangriento trabajo, debe participar en un curioso experimento eugénesico, sin demasiado sentido, para seleccionar a cuatro mujeres que deberán viajar a las islas M. para acostarse con los soldados supervivientes y así la raza argentina pueda sobrevivir. A partir de este despropósito burlesco la novela combina la sórdidez de la historia con un desopilante sentido del humor, cargado de intención, hasta llegar a un desenlace inesperado.

García Lao juega con los dobles y triples sentidos de nación y vacuna, pero también con las relaciones de la alimentación, el deseo sexual y la violencia, a través de capítulos breves que encierran sutiles cargas de profundidad. El resultado es un relato sorprendente, repleto de poderosas imágenes, talento e intención.




SANT JORDI 2020


Jueves 23 de abril, a las 18.30 (hora española) en el canal de la Editorial Candaya, charlaremos sobre Nacion vacuna, en modo virtual.
Los esperamos.

miércoles, marzo 04, 2020

Nación vacuna sale a la ruta



Presentación de la novela, hoja de ruta
CANCELADA por Coronavirus

Barcelona

Miércoles 18 de marzo, 19.30 horas

Lata peinada

Música invitada: Valentina Sandxval

Presenta: Carlos Zanón



Sabadell

Jueves 19 de marzo,

Librerío de la Plata

Club de lectura



Madrid

Sábado 21 de marzo, 18.30 horas

Sin Tarima


Presenta: Florencia del Campo



Granada

Lunes 23 de marzo, 20 horas

Ubu Libros


Presenta: Erika Martínez



Córdoba

Martes 24 de marzo, 19.30 horas

República de las letras


Club de lectura a cargo de Enrique Benítez



Málaga

Miércoles, 25 de marzo, 19 horas

Librería Áncora


Presenta: Vicente Luis Mora



Murcia

Jueves, 26 de marzo, 19.30 horas

Libros Traperos


Presenta: Vega Cerezo



Els divendres de Candaya. Contrapunts

Viernes, 27 de mazo, 19.30

Candaya, Bòbila 4


Tema: El secreto

Palabras iniciales: Fernanda García Lao

Un novelista: Javier Moreno

Un poeta: Toni Clapès

Una bailarina: Noemí Padró

Una cerveza: CitraMango Juice Ipa



jueves, febrero 27, 2020

Nación vacuna, Candaya 2020

Nación Vacuna
Género: Narrativa
Autor: Fernanda García Lao
«Un viaje a la locura colectiva.»
Candaya Narrativa, 65



Primera edición: febrero de 2020
Diseño de la colección: Francesc Fernández
©Imagen de la cubierta: Christian López Walker|Dreamstime.com
ISBN: 978-84-15934-72-1
21×14 cm; 144 páginas

15,00€


Al funcionario Jacinto Cifuentes se le encarga una delicada misión: seleccionar un grupo de mujeres para un «servicio patriótico» en una isla devastada por una guerra reciente y una enfermedad desconocida, que amenaza la estabilidad del país. Así empieza Nación Vacuna, un viaje hacia la locura colectiva, una falsa ucronía donde el engaño altera hasta el absurdo la percepción del presente y de la historia.

En la era de las Fake news, la mentira política y el neoliberalismo radical, Fernanda García Lao relata, con sorprendente y a veces perverso humor, la suerte de estas mujeres arrastradas a un proyecto delirante, donde cualquier intento de rebelión ha sido previsto y anulado por el sistema.

«Nación Vacuna es la memoria argentina de un futuro histórico que ya pasó sin que lo viéramos. Una realidad fantasma que enloquece nuestras percepciones sin que sepamos si se aleja o se acerca, camuflada bajo la telaraña de los días» Juan José Becerra.

«La narradora más rara y original de la literatura argentina contemporánea» Silvina Friera, Página 12.

Fernanda García Lao nació en Mendoza (Argentina), aunque vivió en España desde 1976 hasta 1993. Es narradora, dramaturga y poeta. Ha publicado las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa, La piel dura, Vagabundas, Fuera de la jaula, y los libros de cuentos Cómo usar un cuchillo y El tormento más puro. Ha escrito también los libros de poesía Carnívora y Dolorosa. En coautoría con Guillermo Saccomanno ha publicado la novela erótica Amor invertido y el libro de relatos Los que vienen de la noche. Algunos de sus textos han sido traducidos al francés, al portugués, al inglés, al sueco y al griego.

Ha colaborado en distintas publicaciones a ambos lados del atlántico (Babelia, Revista Quimera, Letras Libres, El Buensalvaje, Página/12, Revista Ñ) y desde 2010 coordina talleres de lectura y escritura.

DE LA OBRA DE FERNANDA GARCÍA LAO SE HA DICHO:

«Hay una ferocidad cómica desviada en lo que escribe la narradora más rara y original de la literatura argentina contemporánea. La más radical por su manera de auscultar y sacar los trapitos al sol de las miserias familiares, por cuestionar y burlarse del rol de las madres, por husmear en las aguas turbias de la incomodidad y regresar a la superficie para escribir como si estuviera perpleja, lisiada y rota por algún pequeño hallazgo, una lucidez que duele.» Silvina Friera, Página 12

«García Lao logra crear, con una prosa exacta y filosa, un apocalipsis de los vínculos. Las relaciones terminan mal, porque es el único destino posible para sus criaturas atormentadas. La herencia, la genética y el azar son cargas que los protagonistas arrastran por las páginas como piedras, que los condicionan a la fatalidad, a lo prohibido y al autoboicot.» Laura Bertolé, Fundación La Balandra

«Desde ya, la estética de García Lao no responde a la doctrina de lo bello, sino a la posibilidad de lo sensible: entre el instinto poético, el gesto teatral y el erotismo onírico, pasando por el realismo más perturbador y los recovecos aterradores del inconsciente, su escritura no se parece a nada y abarca todo el espectro.» Luz Azcona, LATFEM, Periodismo feminista

«Esta extrañeza de lo que se ve y se toca está emparentada con un mundo onírico, o por decirlo con más precisión: pesadillesco. Porque los personajes de García Lao podrían tener esa cualidad. No son producto del amor, claramente, sino del espanto sin límites que engendra la idea de familia.» Mercedes Álvarez, Clarín

«La novela nos enfrenta en un plano de lectura con la dictadura argentina, el autoritarismo, el populismo. Y por otro lado, con la soledad del individuo, la búsqueda de poder, las manipulaciones. García Lao apela a la ucronía, a una suerte de travesía al pasado para hablarnos del presente.» Carlos M Sotomayor, Perú On-line

«Como en todos sus libros, la de García Lao se revela como una imaginación enardecida.» Valeria Tentoni, Revista Acción

«En esta oscura trama pesadillesca, en que la incertidumbre es la única certeza, el presente, convertido en historia delirante, parece anticipar otro presente igualmente absurdo más allá de las páginas, como si la literatura fuera también profecía.» Mónica López Ocón, Tiempo Argentino

«Como en otras narraciones de la autora, la alimentación, el erotismo y la violencia forman un trío inquietante de sentidos que migran. En Nación Vacuna, el deseo muchas veces adquiere el viso de una pasión caníbal.» Daniel Gigena, La Nación

Nación vacuna es una novela cien por ciento argentina porque las formas de la estafa se multiplican desde un discurso quebrado y vacío de sentido, que sin embargo sirve para eslabonar los cuerpos y las conciencias de una sociedad que sobrevive de digerir con fervor sus propias mentiras. Luciana de Mello, Página 12.

Nación Vacuna, la última novela de Fernanda García Lao, comparte varios tópicos vinculados al relato postapocalíptico, pero al mismo tiempo se desmarca de las reglas del género y transita caminos que la hacen diferente, podríamos decir única. José Luis Cutello, Gaceta Mercantil



CINCO CLAVES SOBRE EL LIBRO

1. Nación Vacuna es una novela sobre el poder mediático, burocrático y performativo de los gobiernos contemporáneos: en una sociedad tecnócrata, donde los ciudadanos son tratados como ganado, una Junta administrativa organiza la recuperación de un territorio después de una guerra con una potencia extranjera; para lograrlo, organiza un proyecto de rescate y sacrificio patriótico en el que tres mujeres y unos cuantos funcionarios públicos habrán de enfrentar una epidemia que amenaza la soberanía nacional.

2. Fernanda García Lao es una de las autoras argentinas con mayor proyección en la actualidad. Su prosa, incisiva, llena de humor negro, profundiza en la intimidad de sus personajes de forma casi clínica, diseccionando para el lector una historia que va desde los recovecos más privados hasta las repercusiones públicas de los deseos humanos. Nación Vacuna es un libro que indaga en el combate entre esos deseos íntimos y su colisión con el mundo público.

3. En Nación Vacuna hay un interés por abordar la forma en que los gobiernos interfieren con la vida privada, pero también nos habla de las mascaradas en que las instituciones incurren cuando buscan perpetuar una status quo, una imagen pública, un dominio sobre la población. La mentira política, las fake news, la propaganda y el control de la información, son algunos de los temas de esta falsa ucronía contemporánea.

4. Pero esta es, también, una novela sobre las relaciones afectivas, sobre todo en los momentos de crisis (crisis personal, crisis social, etc.). Los personajes de Nación Vacuna, en especial Jacinto Cifuentes, el protagonista, viven en un mundo fabricado por el ejercicio del poder, donde los vínculos, desde la familia hasta las parejas sexuales, se entienden casi como transacciones comerciales, tráfico de influencias rebeliones o luchas de poder. ¿Cómo afecta a nuestras relaciones personales el mundo político y el entorno de consumo contemporáneos?, se pregunta Fernanda García Lao.

5. Más allá del simbolismo y de la prosa incisiva, Nación Vacuna es una novela que encierra una serie de misterios: ¿qué enfermedad es esa que se esparció en la isla a la que van los protagonistas?, ¿cuáles son las verdaderas intenciones que tiene la Junta de Gobierno?, ¿cuál fue el verdadero desenlace de la guerra?, ¿qué encontrarán los protagonistas a su llegada a esa isla enferma? La estructura del libro, la voz del narrador, nos mantienen en vilo durante la lectura hasta el enloquecido desenlace.

lunes, febrero 10, 2020

Nación vacuna se publica en España



Editorial Candaya, 2020.

Presentación en Barcelona: 18 de marzo.
Lata Peinada
Carrer de la Verge, 10, 08001 Barcelona

miércoles, febrero 05, 2020

El tormento más puro, reseña

Cultura
LIDTERATURA // RESEÑAS
Sábado 14 de diciembre de 2019
LA IZQUIERDA
DIARIO

El tormento más puro, de García Lao (o placeres y fobias de la sociedad actual)
La escritora argentina nacida en Mendoza nos trae un conjunto de relatos cargados de ironías, magia, muerte y amor. Una escritura que muta en cada libro y renace como sus personajes.

Facundo Tisera

@facu.tisera.11



El tormento más puro, título del último libro de relatos de Fernanda García Lao (2019, ed. Emecé), responde con acierto a los textos que lo contienen. Hay en los relatos un juego entre lo hermoso y lo horrendo, lo natural y lo siniestro, lo real y lo fantástico, que condensan el espíritu de los escritos.

Son 36 relatos, la mayoría breves, en los cuales la autora sorprende por su capacidad para alterar el orden natural de las cosas y conducir las historias hacia lugares inesperados.

Leyendo a García Lao me pregunto acerca del realismo. ¿Será posible un nuevo realismo? Ahí en donde el realismo mágico extiende los límites hasta lo inverosímil y el realismo de Aira juega con el absurdo, ¿será posible pensar en un tercer realismo que coquetee con ambos márgenes y desafíe las leyes de lo perfectamente posible? Pareciera que la autora construye un nuevo horizonte: sus personajes llegan hasta el final de las cosas y eso muchas veces parece un juego fantástico.

Las temáticas son variadas: muñecas parlantes que se hermanan, ardillas que son adoptadas por una adolescente, cerebros que son robados de una universidad, una mujer que se enamora de un maniquí, una anciana negada a dejar herencia, un triángulo amoroso nacido de un viaje en barco, un velorio sobrevolado, etc. La inventiva parece no agotarse.

Lo interesante de los textos es que a pesar de parecer inverosímiles actúan como piezas reveladoras de realidades que son cotidianas. Y es que los protagonistas van al fondo de sus síntomas y se bañan en lo bizarro. Son puertas que una vez abiertas no pueden cerrarse. Al respecto, si me permiten una sugerencia, lean primero el cuento “Ácaros”. El mecanismo es representativo. Aquello que vemos a conciencia una primera vez no puede volver a mirarse con inocencia.

En general la línea que sobrevuela los relatos es la cuestión de la familia, el linaje y la descendencia. García Lao tiene un estilo muy propio y da la sensación de que en “El tormento más puro” no se privó de nada. Juegos de palabras, deformaciones del lenguaje (confieso que Dislexia es un cuento que me hubiese gustado escribir), verdaderos fragmentos de escritura poética y, sobre todo, una narrativa poderosa que se rompe constantemente con imágenes potentes que espabilan sin dejarnos dormir en la prosa.

Se trata de un libro en apariencia ligero -dada lo longitud de la mayoría de los textos- pero cargado de realidades condensadas. En “El tormento más puro” Fernanda García Lao presta su ojo clínico para desnudar a una sociedad cada vez más compleja.

Entrevista a Fernanda García Lao
Por Tomás Villegas
El Diletante

Pergeñando cuerpos y familias anómalas, deseos incestuoso y voraces, Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) le ha dado voz a El tormento más puro (Emecé), su nuevo libro de cuentos. Relatos –por lo general de corto aliento– que hacen del lenguaje, la muerte, el deseo, el incesto y el cuerpo su materia viva.

Niños sádicos que comen serpientes y lamen arañas antes de besar a sus noviecitas; hombres que copulan con pianos; mujeres que forman familia con maniquíes; padres que piden distanciarse de sus propios hijos; babosas que se hospedan en el estómago de una empleada doméstica para mantener a raya la humedad de una mansión; jardines que se humanizan. Ante lo extraño o lo absurdo de estos textos, la racionalidad del lector desearía intervenir para frenar algunos actos, para impedir hechos, para defender ciertos personajes. En vano. Si Kafka deseaba resquebrajar con el filo de su literatura el mar helando en nosotros, García Lao nos impone un cachetazo, una afrenta a nuestro sentido común, y su carcajada irreverente avergüenza nuestros –valga la paradoja– instintos civilizados.

El tormento más puro es tu segundo libro de relatos. ¿De qué manera dialoga con el primero –Cómo usar un cuchillo–, de 2013?

Creo que la conversación sería más bien oscura entre ambos (risas). Mis cuentos se disponen en terrenos de tensión entre la obturación de la luz y cierto brillo pernicioso. Hay una búsqueda de goce, en ambos, de experimentación de la forma. Y la presencia erótica, no tanto porque relate situaciones en esa tónica sino porque el cuerpo contagia sus fragores. Me gusta que el mundo del relato esté contaminado.

"El tormento más puro" es, también, el nombre del primer cuento. El proceso de escritura se observa allí en primer plano y pareciera ser el punto de partida necesario para el resto del libro: de él (de la escritura, del lenguaje) surge el "cuerpo" de los relatos y de los personajes. Todo en este cuento, no sólo los conflictos intrafamiliares y amorosos, sino la existencia misma de la familia, se plantea como un producto o consecuencia de la escritura. El narrador sostiene, por ejemplo, que "Mis hermanos tuvieron una vida potente pero breve. Los hubiera hecho durar más, pero el cuaderno donde los escribí tenía pocas páginas".

¿Toda experiencia posible es efecto del lenguaje?

El lenguaje no sólo es un virus, es un vicio. Cuando se empieza a vivir pensando en la escritura, no hay asunto que no caiga bajo su influencia. No llevo diario, pero la escritura ficcional me nombra y me remito a ella para saber cómo me encontraba en tal o cual libro. Aunque en apariencia esquive lo confesional, yo sé qué asunto oculté ahí, en cada texto. Por otro lado, el lenguaje es el tema. Con él hacemos sentido. Y, por alguna razón que desconozco, he asociado desde el principio al lenguaje, no sólo con la revelación, sino con el cuerpo. Las palabras son táctiles para mí. Y respiran.

Hay diversos pasajes en este primer relato que exhiben a personajes que se independizan del yo que los enuncia. El narrador los escribe, se desinteresa momentáneamente de ellos para luego retomarlos u observar su desarrollo. El soplo escritural o literario les ha otorgado una vida propia, con cierta autonomía respecto de su creador.

¿Qué tipo de vínculo establece un autor/a con sus personajes?

Creo que en ese cuento dejo en evidencia que sospecho de los personajes. Es decir, cada vez me hace más ruido la definición. Esta especie de convención que dice que uno construye al personaje, vengo del teatro, me cansa. No necesito eso porque no sigo la lógica del realismo, más bien creo en las apariciones. No llegan a ser ni siquiera personas estos seres. Aunque persona es voz, el agujero de la máscara griega por donde sonaba el actor, prefiero eso, que suenen. Que sean lenguaje o ruido. Y mejor no instalar la idea de la construcción, que es una lata.

La muerte asoma en la mayoría de los cuentos, pero como un acontecimiento más. Sin grandes escándalos, sin espectacularidad y, sin lugar a dudas, ajena a toda solemnidad. En el relato "Tan de cerca" una mujer comienza a "ahuecarse" el cuerpo con intervenciones quirúrgicas. Primero, por cuestiones de salud, y luego por una suerte de compulsión.

La protagonista de "Tan de cerca", sin morir exactamente, es una de las que más se acerca al fin de una experiencia humana. ¿Coincidís?

No sé si coincido, pero me encantan tus observaciones. A ver. En esta suerte de higiene pálida promovida por el capitalismo digital, tener un cuerpo enfermo es casi una perpetración delictiva. Por no enfermar o envejecer se realizan todo tipo de acciones delirantes. Además, somos impacientes. Ya podemos adelantarnos y saber de qué vamos a enfermar. Leí sobre una actriz que había decidido operarse para no morir de cáncer de mama, que no tenía, pero del que había sido advertida por algún mediquillo oracular, y así nació el cuento. Pero es verdad, la muerte ronda el relato. La muerte es pérdida, entre otras cosas. Así que tenés razón. Ella se aniquila en cuotas.

La niña de "El día que murió papá" parece estar vacía de emociones o sentimientos ante la muerte del padre. La noticia la encuentra en casa de su amiga Emma. Su madre se lo comunica por teléfono:

"–Tu papá se murió

–Bueno

–Cómo bueno. Vení urgente para casa"

En todo caso, el proceso de la niña es un proceso corporal puesto que casi en simultáneo tiene su primera menstruación.

¿Creés que esto se debe a que la psicología está profundamente arraigada en el cuerpo del personaje o al hecho de que el cuerpo (en este y en muchos de los relatos) pesa más que la psicología?

La psicología no sirve para escribir ficción, tampoco la moral, así creo, un relato no se pueda pensar por fuera de la lógica de la literatura. La muerte del padre me pasó a los dieciséis, entonces aprendí que no hay reacciones previsibles y que si las hay no me interesa escribirlas. Que cada duelo es particular. Y por otro lado, la muerte de la palabra padre habilita a la hija a ser, a constituirse. No siempre en sentido literal, claro. Pero en ese relato, la incomodidad de la propia sangre anula la noticia terrible. El cuerpo de ella puede más, aunque también sea negado hasta la escena del final.

La presencia de algunos niños/as terribles, el clima siniestro, lo cruel y lo absurdo de algunas tramas evocan una tradición rioplatense que se remonta a Felisberto Hernández, a Quiroga, a Silvina Ocampo. ¿Han influenciado de alguna manera estos autores tu literatura?

Te digo sí porque me gusta pensarme en esa tradición, sentirme pariente. Aunque empecé a escribir muy temprano sin haberlos leído. Yo me inicié a los dieciséis leyendo a Genet, a Beckett, a Ionesco. Y bueno, toda la tradición picaresca española. Mis primeras lecturas a esa edad incluyeron a Pizarnik y a Borges. Luego aparecieron los demás. Al regresar a Argentina descubrí ese otro mundo que devoré locamente. El de la oscuridad rioplatense.

En "El postizo" la cabellera artificial de la abuela que la protagonista usa resulta ser una asesina, pinchando mortalmente traseros, degollando... ¿Qué relación percibís entre el humor y la muerte?

El humor es hay algo muy genuino en mí que he trasladado a la escritura, no sé de dónde vino, pero lo practico desde que tengo memoria. Supongo que la lectura del teatro del Absurdo, sumado a Gombrowicz, a Bierce, a Quevedo, no hizo más que acentuar mis naturales instintos hacia ese terreno. Descreo de la solemnidad y el humor me parece muy cercano a la poesía, en la dislocación del sentido aparece. Reírse de la muerte es un modo de combatirla. Además, disfruto y encuentro humor en algunos autores considerados terribles. Kafka me hace reír.

Los personajes de El tormento más puro se muestran tensionados entre el poder del lenguaje y su cuerpo (por lo general, animalizado). En "Diablo salía de noche" a una mujer que sobrevive a un accidente la médica le aconseja que exprese su trauma, que no permanezca muda: "La doctora insiste con que lo escriba. Que cuente la desgracia. Así el dolor pierde potencia en el organismo y se muda a las palabras. Parece que son más duras que el cuerpo".

¿Qué anudamientos se traman entre la lengua y el cuerpo?


Esas ideas surgen en la escritura, pero luego resultan casi preceptos para mí. No sé qué anudamientos se traman, pero sé que la lengua y el cuerpo se alían de un modo bien profundo, que se provocan. Más allá de cualquier razón que pueda improvisar ahora, hay algo que hace la palabra fuera de su cáscara que impacta en los sentidos. ¿La palabra es una parte del cuerpo o viceversa? Aún no me decido.

Más allá de que los relatos de García Lao no tengan un anclaje en temáticas sociales, ni pretendan ser formas de denuncia cultural, hay polémicas, problemáticas político-sociales que los atraviesan. Por ejemplo, los estigmas sociales y prejuicios con los que la clase media piensa a las culturas populares en "Útero fácil". En "Cuánto vive un óvulo" la supuesta intención de un hombre es exhumar a su mujer muerta para fertilizar un óvulo, lo único que ha quedado vivo de ella.

En "Cuánto vive un óvulo" la idea de que la mujer no es dueña de su cuerpo ni siquiera muerta, de que es utilizada solo en función del deseo del hombre es una lectura, creo, posible. ¿Coincidís?


Bueno, sí. No somos dueñas aun, estamos en manos del Estado. Sigue siendo muy perturbador para varios el asunto de reclamar por la potestad del propio cuerpo. Y la ciencia, por otro lado, se las ingenia para sortear, o intentar al menos, los límites de lo posible. La otra cuestión es hasta dónde llega un hombre con tal de no desaparecer, de ser padre, de perpetuarse. O hasta dónde llega para acostarse con su cuñada, porque el asunto del embrión parece una excusa, ¿no? La soledad del varón es un tema inquietante.

En una entrevista definiste a un Best seller como "Un objeto de fácil acceso". ¿Cómo definirías a El tormento más puro?

Ruta sin señalizar. Profusión de túneles.

Retomando el "Decálogo del perfecto cuentista" de Horacio Quiroga, ¿qué máxima no podría faltar en el decálogo de la cuentista García Lao?

Tiro una mínima, para no esquivar la pregunta: Con sufrir no alcanza.



Lo raro: de aparecidos, monstruos y niños perversos

Taller para lectores/escritores/artistas.
(No es de escritura):

Lo raro: de aparecidos, monstruos y niños perversos
Por Fernanda García Lao
Miércoles 12, 19, 26 de febrero, y 11 de marzo de 18:30 a 20:30.
Biblioteca de Malba.




Este curso propone un acercamiento crítico a aquellos textos de ficción o ensayo que se refieren al límite de la imaginación y de los cuerpos. Que dan cuenta de personajes y registros por fuera de la Norma, que esquivan el mal llamado realismo o la imitación de lo que vemos. A partir de la lectura de fragmentos teóricos y literarios, se ahondará en las formas con las que se nombra lo desconocido, con que se recrea el imaginario en torno a los muertos, demonios, criaturas deformes o niños perversos. Cuáles son las estrategias narrativas de las que hacemos uso para escribir esos materiales. De qué modo esos experimentos de la carne, del alma o de la locura son narrados, cómo organizan su discurso.

Costo: $2600. Descuentos especiales para Malba Amigos. Jubilados y estudiantes con credencial: -15%. Descuentos no combinables. Inscripción en recepción de lunes a domingos (inclusive feriados, excepto los martes) de 12:00 a 19:30.
Inscripción a todos los cursos en la recepción del museo, de lunes a domingos (incluidos los feriados,
excepto los martes) de 12:00 a 19:30.

+54 11 4808 6545
literatura@malba.org.ar

Clase 1. De aparecidos y signos espectrales. Seres errantes y paseo por los infiernos han sido narrados para provocar espanto desde la antigüedad.
Se citarán fragmentos de Schopenhauer, Poe, Bierce, Charlotte Bronte, María Luisa Bombal, Juan Rulfo, Antonio Di Benedetto, Mark Fisher.
Clase 2. Lo monstruoso: de los bestiarios de la edad media, los libros de maravillas y relatos de falsa crónica de viaje, a las ficciones del XIX, en adelante. La modificación en su representación, el contenido moralizante/evangelizador, la falsa ciencia. La carne fuera de sistema: siameses, gigantes, amazonas, cinocéfalos, etc.

Se citarán fragmentos de Shelley, Nerval, Kafka, Wilcock, Pizarnik, Diamela Eltit, Piñol Lloret.

Clase 3. Niños considerados perversos nos han perturbado desde la literatura popular y los cuentos de hadas, a la literatura japonesa contemporánea. Lo ingenuo fuera de lugar produce perturbación y rechazo. La confrontación del lenguaje oscuro con la fragilidad con que se asocia lo infantil tensa cualquier material, lo impulsa hacia su borde.

Se citarán fragmentos de Jules Michelet, Silvina Ocampo, Jean Genet, Marosa di Giorgio, Agota Kristof, Kenzaburo Oé, Fleur Yaeggy.

Clase 4. Estrategias del narrador. De la pesadilla a la locura. El uso del punto de vista. Narradores erráticos, estrafalarios o mentirosos. La puntuación como respiración del texto. Distancia y temperatura con que se provoca el relato. Lo raro, lo fantástico, lo maravilloso.

(Imagen: Michele Mikesell)

El tormento más puro

VERANO/12, Página/12
25 de enero de 2020

EL CUENTO POR SU AUTOR
Por FGL




Si hay un territorio idealizado es el de la infancia. Se dice, equivocando mil veces la fuente, que la patria es la infancia. Como si con eso bastara para calmar el desequilibrio que significa aparecer en un mundo armado y demencial que no te necesita. En la infancia descubrimos el miedo, lo fantástico, dudamos del tiempo y jugamos con la muerte. Pero la infancia como fenómeno burgués niega el hambre, el terror, y hace hincapié en la inocencia, mientras fomenta el consumo de actividades y fuerza la mímesis de las criaturas con sus progenitores bien pensantes. Nadie se asume idiota. Heredamos mucho más que bienes muebles, o inmuebles, problemas gástricos o disfunciones de variado tenor. Heredamos dogmas, mentiras, duelos y formas de ejercer la violencia sobre los otros, más o menos solapadas por la velocidad de existir.

Estos tres relatos breves forman parte de El tormento más puro, y hacen ancla en ese campo oscuro del principio, donde los límites son borrosos, que resulta tan fructífero para imaginar. A pesar de las apariencias, son seudo realistas.

Los hechos de “Fragilidad” acontecieron, leí la noticia en un diario local. No así el desarrollo de su intimidad, que desconocía e inventé. Lo mismo sucede con “Las parlantes”. Aunque a veces dudo de mis fuentes y me da por suponer que también fueron inventadas. “Primer amor” es fruto de una pesadilla. Soy adicta a mis sueños, de ellos extraigo la libertad que la vigilia me roba.

Elijo esta secuencia para escapar de la obligación del cuento largo, y para obligar a quien lea a saltar un poco en el vacío, aunque ese vacío no sea más que un hueco entre párrafos.




FRAGILIDAD

Leonardo tiene dos años y nueve dientes. Juega solo entre las macetas del patio. La luz del mediodía cae sobre la baldosa que ocupa. Y así, tan iluminado, parece bendecido desde el cielo.

Junto al malvón hay un ser extraño, como un muñeco largo que saca intermitente la lengua finita, nerviosa. A Leonardo le pesa el pañal, pero igual se arrastra, seducido. Gatea y la cosa se paraliza, se deja atrapar. El nene la pesca con las dos manos, la reduce y se la mete en la boca. La muerde con sus colmillos recién nacidos. Le mastica la cabeza. Oprime ese cuerpo como si fuera un demonio al que someter. El juego consiste en aguantar el tironeo. Perder un poco el equilibrio sin soltar. Las baldosas se humedecen bajo el pañal.

A la madre le resulta raro tanto silencio. Y asoma medio cuerpo por la ventana de la cocina. Lo que ve, la espanta. Su hijo tiene la cara y las manos llenas de sangre. Una víbora entre los dientes. No te asustes, Leonardito, mamá te salva.

Frente a ella, el nene se niega a abrir la boca. La madre tira, pero de una patinada se golpea contra al suelo. La cabeza de la bicha sigue adentro de Leonardo, que la muerde con felicidad. La madre teme. La víbora parece mala. El nene mordisquea un ojo. Lo desprende, se lo traga. La madre no sabe qué hacer y le golpea la espalda para que escupa. Pero no funciona.

Corre a buscar cualquier cosa. Un elemento contundente. Piensa en la tijera, pero vuelve con un martillo. Lo primero que encontró. Leonardo se asusta al verla armada y tira lejos a su presa, que cae muerta junto al malvón. La madre la golpea con el martillo para asegurarse de que ya no existe. Después, levanta al nene y busca la moto, lo sienta adelante. Acelera.

Las diez cuadras hasta el hospital parecen doscientas. Sube la rampa, sortea unas camillas y entra a los gritos. Las enfermeras de la guardia se lo arrancan de las manos. Leonardo llora fuerte, la madre no puede pasar. Los chillidos del nene retumban en la sala de espera.

La tarde se dilata en la observación de las lesiones mientras la madre moquea, desesperada. Cuando por fin se abre la puerta, un médico la calma. No hay heridas ni síntomas de envenenamiento. La sangre no era del nene. Pueden volver a casa. Si hay fiebre, paracetamol.

El regreso en moto es lento. Por ser tan valiente, Leonardo se gana un cucurucho. El sol se retira del cielo.

La puerta del patio quedó abierta y llamó la atención de las libélulas, están por todos lados. La madre las espanta con la escoba, y con su furia.

Leonardo quiere salir, pero es hora de bañarse. No desea que la madre lo moje, lo seque, lo perfume. Un pañal limpio significa que es hora de dormir, la retirada. Pero la madre sabe cómo convencerlo. Primero se bañará ella, mientras él toma la leche en su sillita.

El vapor borra rápido la imagen de los dos. La madre se mete veloz bajo el agua, corre la cortina. Se enjabona. Al cerrar la ducha, silencio. ¿Leonardito estás bien? Se asoma. El nene salió. En su lugar, la mamadera goteando.

Afuera, hasta hace un instante, la cabeza sin vida de la víbora era picoteada por un pájaro negro. Un mirlo corregía esa muerte inútil, convirtiéndola en su improvisada cena. La carne de la serpiente es blanda, deliciosa.

Leonardo salió al patio y gateó hasta la carroña con el martillo en la mano. Tenía la seguridad de un ingenuo. El ave no lo vio llegar. Por eso ahora, aletea y se desangra. Leonardo golpea como su mamá, con la boca abierta. Hay plumas negras junto al pañal.


PRIMER AMOR

Qué limpita fue tu infancia, aunque mataras insectos. Nunca te vi sucia. Y mirá que arrancar con los dientes alas de mosca no es asunto delicado. Pero usabas delantal. Los cuerpitos heridos iban a tarros de vidrio. Había que verlos de noche, qué brillo. Nos invitabas a pasar, de a uno. Cerrá los ojos y elegí. A ciegas, el bullicio crecía. Los zumbidos se enredaban. Cuando fue mi turno, señalé sin ver. Es un grillo, dijiste, tuviste suerte. Abrí la boca sin mirar. Voy a destapar el frasco, no te asustes. Escuché tu risita muy cerca. Cuando abrí los ojos, la vi. Con tu lengua infantil chupabas el cuerpo de una araña. Después la guardaste en el tarro. Ahora besame, dijiste. El terror me cerró la garganta.


LAS PARLANTES

Eran mofletudas, con los ojos fijos y las pupilas de vidrio. Los tirabuzones secos, el tronco de metal, miembros articulados. Fueron realizadas a fines del XIX. La producción de estas muñecas fue un fracaso. Demasiado raras, las boquitas entreabiertas mostraban mucho los dientes. Filas en carey diminuto, de sonrisa falsa. Algunas se vendieron, por la novedad. Estas dos quedaron sin dueño, en la vidriera de la juguetería Fingen. El dueño del local, Álvaro Fingen, se negaba a dejarlas ir. Era amigo del fabricante y por eso, su hija Rosie, de seis años, les había prestado la voz.

En cuanto salieron a la venta las muñecas, la nena cayó enferma. El infortunio mostró su perfil más macabro y, a los tres meses, Rosie murió sin decir una palabra.

Después del entierro, el cielo parecía un bache, una depresión oscura. El señor Fingen pasó en el local toda la noche, dando cuerda a las muñecas. Quería escuchar a la fallecida.

En el cuerpo de la rubia, Rosie cantaba una vieja canción de cuna. Y centelleo, centelleo, a través de la noche. Su voz era triste, distante. Parecía venir del sepulcro. A través de la pelirroja, repetía otra frase como un mantra. Según Fingen, hablaba del paraíso. Los labios del cielo dicen cosas, parecía decir. Nunca se entendió qué cosas. A la vocecita quebrada, se le sumaba el crujido de la grabación.

Se hizo rutina en él pasar la noche con ellas. Temía dejar sola a Rosie, apagarle la luz. Nunca cierren los ojos, les decía. Como si pudieran. Esperaba a que el primer rayo rozara la persiana para subir a su casa y dormir hasta el mediodía. Su mujer no abandonaba la casa, detestaba a las muñecas. Y los empleados tenían prohibido tocarlas. Renovaban la vidriera cada mes, salvo por esos cuerpitos duros de robadoras de garganta. Una junto a la otra, la rubia y la pelirroja fueron cercadas por juguetes menos sofisticados que se vendían bien: pistolas, caballos mecedora, bloques de madera, burbujas, bancos mecánicos y monos a cuerda.

Cuando nació Rosie B, la segunda hija del matrimonio, el señor Fingen dejó de visitar a las muñecas. Su mujer murió en el parto y él debía concentrarse en la sobreviviente. Pero prohibió que las parlantes fueran retiradas de vidriera.

Una tarde, el encargado rozó a la rubia con un plumero y tuvo ahí mismo una convulsión nerviosa. Se atribuyó al contacto. Quedó como extraviado, la boca seca. Fue internado. Dos meses más tarde regresó, pero nunca se recuperó del todo. Temblaba o se quedaba duro, agarrotado de miedo.

El personal comenzó a temer. Las parlantes encarnaban el horror. Si se cortaba la luz de golpe, eran ellas. Un rayón en el vidrio de color rojo, ellas. Dolores, pérdidas, ellas, ellas. Quedaron más aisladas que nunca. Los cilindros escondidos bajo sus ropas enmudecieron. Nadie giraba la manivela de aquellas espaldas. El polvo hizo un dibujo sobre sus bucles más espeso que la niebla.

Durante meses, los nenes que se detenían a contemplar la vidriera de la juguetería, lloraban frente a la visión de las parlantes. Algo siniestro, un imán amargo, hacía imposible no perturbarse delante de aquel doble rictus congelado de bocas entreabiertas. El empleado, resentido, resolvió tapar ese sector con un teloncito de corazones rojos. Pero el sol fue destiñendo el color y, al poco tiempo, el aspecto era tétrico de nuevo.

Al igual que su padre, la pequeña Rosie B se sintió, en cuanto pudo bajar al local, cautivada por las muñecas. Les pasaba un algodón cada semana para retirarles la mugre. Les cepillaba los tirabuzones con un peine chino. Y pidió que, en las tardes, le fuera servido un té para tomar con ellas en la vidriera, ocultas por el telón descolorido. Ya no quería salir, ni subir a la casa. Fingen tuvo que traer un maestro para que le diera lecciones, la nena se negaba a ir al colegio. Aprendió algunas cosas sin moverse de la vidriera, pero los asuntos mundanos no le interesaban.

Algunos dicen que, a los quince, Rosie B tenía largas conversaciones con las parlantes sin darles cuerda. Pero son habladurías. No se cansaba nunca de las frases repetidas.

Nuestro mundo habla más alto que el paraíso, cantaba con las Rosie. Las muñecas parecían menos severas, incluso infantiles. El señor Fingen se sentía casi feliz. Sus hijas derrotaban a la muerte. Él no pudo, murió bastante joven. Su fortuna pasó a Rosie B, pero ella eligió mal. Así dijeron. En lugar de quedarse con la casa y alquilar el local, hizo al revés. Los empleados recibieron un telegrama de despido.

La primera noche que pasó sola en el local, alguien forzó la puerta. Varios sospecharon del encargado, resentido por el asunto del plumero y sus secuelas. Pero no pudo probarse. Fue junto a las parlantes que el extraño la forzó, a cara bien cubierta. Ni se bajó el pantalón. Con una mano pudo inmovilizar a Rosie B, con la otra, dio cuerda a las muñecas. Pero se quedaron mudas, ni pestañearon.

En cuanto el atacante huyó, ella cerró la puerta. Nunca más puso un pie en la vereda. Vivía en la vitrina, con la persiana baja. Le gustaba la noche porque la gente está menos consciente y las rarezas se notan menos. Permanecía sentada junto a las muñecas, hablando de sus visiones. Mientras tanto, adentro suyo, se gestaba otra. Una distinta, carne nueva.

Los inquilinos de la casa le dejaban comida caliente y la asistieron en el parto. Pero Rosie B parió a una Rosie que no se parecía a las otras. Los ojos diminutos, muy pegados: parezco un pájaro. Huí en cuanto pude. Ayer me informaron que murió. Su madre murió, dijeron. Y tardé en asociar esa palabra con ella.

Hoy tomo el control, un avión. Tengo ideas. Al llegar, encuentro las persianas del local bajas. Un abogado me espera en el restorán de enfrente. Papelerío, certificados. La llave. Lo primero que hago al entrar es buscar a las muñecas. Es lo único que sé de mi familia.

La rubia estaba bajo una viga de madera que se desplomó por falta de mantenimiento. El mecanismo descompuesto, la cabeza rota. La meto en una bolsa de basura. A su lado, la pelirroja ha salvado su cuerpo. La examino. Le doy cuerda. Una vocecita antigua susurra una frase idiota. Me parece cómica, inofensiva. Decido venderla. Hago lo mismo con la casa y el local.



martes, noviembre 26, 2019

Con la furia del presente

Por Laura Bertolé
El tormento más puro
Fundación La Balandra



La escritura de Fernanda García Lao tiene una libertad extrema y El tormento más puro no es la excepción. Libertad en el sentido de que no se restringe, no se censura. Expone los órganos narrativos hacia afuera como un animal al que se le sacó el cuero después de la cacería.

Cada cuento, de los 36 que componen El tormento más puro, es una experiencia vital, un viaje no planeado y por momentos absurdo. No es liviano, al contrario, los temas que aborda son trascendentales, medulares de la existencia. La soledad, la muerte en sus distintas formas, el desamparo, la carga erótica, lo familiar, la maternidad, el secreto, son tópicos que fluyen de un relato a otro, que los desbordan y que ponen al lector en un estado de perplejidad absoluta.

García Lao logra crear, con una prosa exacta y filosa, un apocalipsis de los vínculos. Las relaciones terminan mal, porque es el único destino posible para sus criaturas atormentadas. La herencia, la genética y el azar son cargas que los protagonistas arrastran por las páginas como piedras, que los condicionan a la fatalidad, a lo prohibido y al autoboicot.

La extensión de cada historia es perfecta, lo suficientemente larga como para desplegar la destreza poética de la autora, lo suficientemente corta como para no asfixiarnos. Porque nada de lo que sucede es convencional, la locura siempre está ahí, en el borde, aunque a veces solo se insinúe. Con personajes por momentos frívolos, que aceptan su humanidad sin reservas y caen, necesariamente, en el desprecio hacia sí mismos, en la perversión o en la tragedia.

Tengo la suerte de tener varios libros firmados por Lao y “Con la furia del presente” es mi dedicatoria favorita. Esa unión de palabras refiere a ella, a su escritura, a la urgencia de decir, a crear con un estilo compacto y lúcido un mundo que reemplaza al mundo. También habla de este libro que encuentra en lo cotidiano el vértigo de las emociones, la belleza del horror en exhibición permanente.