Mostrando las entradas con la etiqueta Cómo usar un cuchillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cómo usar un cuchillo. Mostrar todas las entradas

jueves, septiembre 03, 2015

Sótano: ser de abajo


Quieto en la parte más imantada. Veo pasar los pies de una humanidad mediocre por el tragaluz. Pares de miembros sin lógica ni proporción, ninguno exacto. Medias caídas, diferentes. Pisadas a la altura de mi coronilla. El cielo está hecho de pies ajenos.
Me consagro a mirar, y desde el suelo la película de su movimiento me acuna hacia mi lado obtuso. Me hago lomo de serpiente mirando lo que se va como en una cinta transportadora.
Pelliza dejó una sopa. Lunas blandas que flotan sobre el caldo. Voy a dejarla así, intacta. Que entienda lo difícil que me he vuelto. Si como la cebolla, lo siguiente será un ajo seco en el fondo. Ya no piensa en mí de un modo inteligente. Soy un estorbo en su cabeza. Besar ya no pasa. Hace años que somos como vecinos sin tema. Gente sin ternura.
Mi silla chirría. Necesita grasa. Pero el frasco se está terminando y no me decido a quedarme sin nada. Entonces lo guardo y la silla sigue metálica. Sobre todo la rueda derecha, que se traba y me lastima. Los rayos se han paralizado, perdieron el dibujo. Me obligan a hacer el recorrido corto: el que va de la cama a la mesa. El suelo parece una vía, el recorrido reiterado ha creado un surco endurecido. Soy una locomotora vacía.
Desde el día uno acá, la ventana de los pies me hizo suyo. Todas mis actividades ligadas a eso: comer con la prisa de los otros, dormir arrastrado por las esquirlas de personas diferidas, taconeos sádicos, mierdita de can. La gente ha perdido cara, torso, sexo.
Recuerdo unos dedos descalzos de costra violeta. Se sentaron conmigo durante muchos días. El tufillo era de tal espesor que traspasaba el vidrio como un diamante. Leía con ellos ahí, pero el impacto de tenerlos diluía cualquier intento literario. Era de noche cuando quedaron más tiesos que nunca. Sobre los pies se plegó una boca partida en dos. Escupió sangre contra la ventana. Pensé en una pecera con un tiburón adentro.
Quién es el tiburón.
Desde siempre, la inseguridad está conmigo. El mundo que se va, es lo que no soy. Mi realidad se unta un poco más abajo. La situación física de mi desventaja provoca violencia en mis turbinas mentales.
Pelliza trae pan. Un poco de manteca. Corta rebanadas sin mirarme ni producir un saludo, una tos. Los pies del tragaluz me distraen un momento y después, el plato frente a mí. Con las cosas blandas a la espera de mi boca. El pan untado, seco. Como un zapato. Mastico con dureza las suelas de la cena, mientras ella hace un solitario o se come las uñas.
Ser de abajo me hace tejer desgracias para los de arriba. Agazaparse es pensar. Organizo una muerte por ametrallamiento de tobillos. Me quedo pegado a la idea del agujero ahí. La protuberancia ósea atravesada por mi tatatatá. Disparos en hilera.
Ella dijo no puede subir, y entonces nos dieron la pieza más baja. Pero la escalera está ahí como una amenaza absurda. Cada escalón, un sarcasmo. Me dice no con su manera de irse para arriba, tan tosca e imposible. Me da vértigo pensar en los pies con velocidad del que se mueve parado. Desconfío de los altos.
Cuando se duerme la miro y me recuerda a su mamá. Los pies de ella no los vi. En esos años vivíamos en un primero. Yo tenía movilidad y empleo. Era uno más en el desfile. Uno más.
Mi hija parece una sandalia. Toda al descubierto. La tapo para no verla. Me turba su presencia. Y el sentimiento es mutuo. Un día no va a venir. Ya huele a hombres que la siguen. Tiene semen en el horizonte. Igual que la otra. Le reviso la cartera y saco plata, un encendedor masculino. Lo toco mucho, me lo quedo.
Se ha hecho de madrugada. Unos pasos automáticos vienen y van desde hace un rato. De pronto, frenan en mi ventana. Se instalan como dos leones junto a una puerta. Son piernas largas y oscuras con las medias rotas. Me acerco. Hace mucho que no me traslado hasta ahí. Que no me pasa nada. Me trabo con ropa sucia que ha caído al suelo.

(Fragmento)
Este cuento forma parte de Cómo usar un cuchillo.
Fernanda García Lao
Editorial Entropía 2013

lunes, diciembre 22, 2014

Tomamos México por asalto


REVISTA Ñ
POR MARIA LUJAN PICABEA

Hay algo que tienen algunos libros, que otros no tienen, que los hacen deseables nomás a la primera mirada. Algo en las portadas, los juegos de colores, las imágenes y las tipografías, la prolija y potente sencillez de los lomos, el papel, las texturas... Todo eso que conmueve a un lector desde antes de asomarse al título o espiar la bio del autor. Todo eso tienen, además de una enorme fuerza literaria, los libros de la colección La Maga, un paquete de siete títulos de autores argentinos contemporáneos, que por un acuerdo entre la Universidad Autónoma del Estado de México y la Universitá de Salento (Italia) acaban de editarse en México y presentarse en el marco de la Feria Internacional Guadalajara y que hoy a las 19 realizará una presentación informal con los autores en Buenos Aires, en el Hotel Plaza.

“Rayuela, de Julio Cortázar, comienza con un interrogante: ‘¿Encontraría a la Maga?’. El personaje de la Maga, una uruguaya que vive en París, representa la materialización de varios elementos recurrentes en los textos de autores rioplatenses: lo imprevisible, la sorpresa, el truco, lo fantástico, lo entrañable, lo inevitable, lo inalcanzable”, resume el párrafo con que se abre cada una de las ediciones, y remata: “La Colección La Maga rinde homenaje a ese punto cardinal donde la literatura se convierte en magia. En el Marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014, donde Argentina es invitado de honor, La Maga hace aparecer ante el público obras literarias que siguen el mágico rumbo trazado por Cortázar”.

En esta, su primera entrega, dicha colección celebra la literatura argentina –por haber sido el nuestro el país invitado de la Feria–, con el lanzamiento de Moravia , de Marcelo Luján, New Pompey , de Horacio Convertini, Que de lejos parecen moscas , de Kike Ferrari, Cómo usar un cuchillo , de Fernanda García Lao, Anclao en París , de Gabriel Vommaro, Camino de ida , de Carlos Salem y Flotarium , de Guillermo Roz. “Alguien, durante el proceso de producción, debe haber fumado marihuana de muy mala calidad –pensé– para lanzarse a esta aventura, de a de veras”, bromeó entusiasmado el escritor y periodista Paco Ignacio Taibo II en la presentación en Guadalajara, y no se ahorró halagos: “Esto es vanguardia, esto la industria editorial mexicana no se hubiera atrevido a hacerlo, apostar a siete autores desconocidos en México, aunque fuera Argentina país invitado... Nadie hubiera aventado un trompo de este tamaño”.

La selección de contenidos para esta primera edición estuvo en manos de Diego Símini, doctor en filología hispánica y profesor de literatura española de la Universitá de Salento. “Coincidentemente, todas las obras elegidas guardan relación con la llamada ‘novela negra’, con cierto estilo realista y quizá un poco sociopolítico, que refleja ambientes sórdidos o violentos. Sin embargo, no se trata en todos lo casos de novelas policiales propiamente dichas, sino más bien de abordajes donde quizá le negrura proviene de la propia condición humana”, resumió Rosario Rogel, directora del programa editorial de la Universidad del Estado de México.

Cuando se tuvieron los títulos, la colección convocó a artistas plásticos mexicanos para que ilustraran las portadas, con un claro objetivo de calidad pero también con la intención, según mencionaron, de tejer un puente entre la creación literaria y artística. El resultado, como ya se mencionó, son ediciones cuidadas y bellas que no sólo destacan por su valor literario sino como objeto en sí mismo, gracias a los trabajos de los artistas José Luis Vera, Pamela Martínez, Odín Barrios, Elisa Fabiola Aguirre y Adán Vera. Quien estuvo a la cabeza del diseño creativo de la colección fue el argentino Pablo Mitlanian, quien se fijó la tarea de realizar con la colección “un todo armónico”, que refleje el espiritu de libertad de la Universidad. “Cuesta lo mismo hacerlo bien que mal, así que pensamos que valía la pena echarle un poco de cerebro”, comentó el diseñador.

“Esto no es habitual dentro del contexto de producción del libro universitario. Este es un diamante de quilates. El libro universitario se dedica a publicar los manuscritos malos de profesores de sus universidades, esa es su función esencial; pero esto, lo que tenemos en esta colección es lo que yo entiendo que debe hacer una editorial universitaria”, sentenció Taibo II con la acidez que ya es su marca registrada. El autor destacó la selección de novela policíaca argentina jóven y apuntó: “Conocía a casi todos los autores convocados y a los que no conocía, qué bueno, porque ahora los conozco”.

La Maga será presentada en 2015 en la Semana Negra de Gijón y en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

sábado, noviembre 22, 2014

Colección La Maga.



En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014, la Universidad Autónoma del Estado de México y la Università del Salento presentan la "Colección La Maga", que reúne siete obras literarias de importantes autores argentinos. Tendremos el honor de contar con la participación de Paco Ignacio Taibo II y de Diego Símini. Domingo 7 de diciembre, 10 hrs, salón D.

Cómo usar un cuchillo, presente.

martes, enero 07, 2014

Cómo usar un cuchillo

El ranking de los cien libros más vendidos de 2013:
Fuente: Eterna Cadencia

El viento que arrasa, Selva Almada (Mardulce)
Una muchacha muy bella, Julián López (Eterna Cadencia)
Ladrilleros, Selva Almada (Mardulce)
Plano americano, Leila Guerriero (UDP)
Glaxo, Hernán Ronsino (Eterna Cadencia)
El traductor, Salvador Benesdra (Eterna Cadencia)
Los detectives salvajes, Roberto Bolaño (Anagrama)
Los años de peregrinación del chico sin color, Haruki Murakami (Tusquets)
El hombre que amaba los perros, Leonardo Padura (Tusquets)
Éramos unos niños, Patti Smith (Lumen)
Novelas breves, Juan Carlos Onetti (Eterna Cadencia)
Cómo usar un cuchillo, Fernanda García Lao (Entropía)
Los pichiciegos, Fogwill (Interzona – El Ateneo)
La virgen cabeza, Gabriela Cabezón Cámara (Eterna Cadencia)
Lumbre, Hernán Ronsino (Eterna Cadencia)
Zama, Antonio Di Benedetto (Adriana Hidalgo)
El loro que podía adivinar el futuro, Luciano Lamberti (Nudista)
Atrapa el pez dorado, David Lynch (Mondadori)
La conjura de los necios, John Kennedy Toole (Anagrama)
El discurso vacío, Mario Levrero (Mondadori)
Cuna de gato, Kurt Vonnegut (La bestia equilátera)
El Eternauta, Oesterheld – Solano López (Doedytores)
El camino de Ida, Ricardo Piglia (Anagrama)
Libro del desasosiego, Fernando Pessoa (El Acantilado – Emecé)
Opendoor, Iosi Havilio (Entropía)
El desierto y su semilla, Jorge Baron Biza (Eterna Cadencia)
Desayuno de campeones, Kurt Vonnegut (La bestia equilátera)
Cuadernos de Lengua y Literatura. Vols. V, VI y VII, Mario Ortíz (Eterna Cadencia)
El mármol, César Aira (La bestia equilátera)
Para una autopsia de la vida cotidiana, James Graham Ballard (Caja negra)
Nuestro iglú en el Ártico, Mario Levrero (Criatura)
Seda, Alessandro Baricco (Anagrama)
Conquista de lo inútil, Werner Herzog (Entropía)
Desconfiar de las imágenes, Harun Farocki (Caja negra)
Los cuentos siniestros, Kobo Abe (Eterna Cadencia)
Mi libro enterrado, Mauro Libertella (Mansalva)
París era una fiesta, Ernest Hemingway (Lumen)
Cuentos reunidos, Felisberto Hernández (Eterna Cadencia)
En el camino, Jack Kerouac (Anagrama)
Las partículas elementales, Michel Houellebecq (Anagrama)
La supremacía Tolstoi, Fabián Casas (Emecé)
Historia del dinero, Alan Pauls (Anagrama)
Mi ángel tiene alas negras, Elliott Chaze (La bestia equilátera)
Temas lentos, Alan Pauls (UDP)
Mi vida querida, Alice Munro (Lumen)
Gólgota, Leonardo Oyola (Salto de págna)
Dejen todo en mis manos, Mario Levrero (Mondadori)
Agosto, Romina Paula (Entropía)
Subrayados, María Moreno (Mardulce)
Fauna. Desplazamientos, Mario Levrero (Mondadori)
El camino total. Tecnicas no ingenuas de autoayuda…, Salvador Benesdra (Eterna Cadencia)
Modo linterna, Sergio Chejfec (Entropía)
Desarticulaciones, Sylvia Molloy (Eterna Cadencia)
Manual de supervivencia, Werner Herzog (Cuento de plata)
Beya. Le viste la cara a dios, Gabriela Cabezón Cámara – Iñaki Echeverría (Eterna Cadencia)
Sangre en el ojo, Lina Meruane (Eterna Cadencia)
Los enamorados, Alfred Hayes (La bestia equilátera)
Limonov, Emmanuel Carrere (Anagrama)
Operación Dulce, Ian McEwan (Anagrama)
Historia de las pulgas que viajaron a la luna, Kobo Abe (Eterna Cadencia)
Entre los indios, César Aira (Mansalva)
Elegía. Joseph Cornell, María Negroni (Caja negra)
El equilibrio, Pedro Mairal (Garrincha club)
Fauna. El tiempo todo entero. Algo de ruido hace, Romina Paula (Entropía)
La vida de las mujeres, Alice Munro (Lumen)
Los pollos no tienen sillas, Copi (Cuento de plata)
La novela luminosa, Mario Levrero (Mondadori)
Muy lejos de Kengsinton, Muriel Spark (La bestia equilátera)
Literatura argentina, Pablo Farrés (Pánico el pánico)
Putas asesinas, Roberto Bolaño (Anagrama)
¿Vos me querés a mí?, Romina Paula (Entropía)
Entre hombres, Germán Maggiori (Edhasa)
La vegetariana, Han Kang (Bajo la luna)
Un testamento de los años 70, Héctor Ricardo Leis (Katz)
Viajero solitario, Jack Kerouac (Caja negra)
Postpunk, Simon Reynolds (Caja negra)
Tres veces al amanecer, Alessandro Baricco (Anagrama)
Las primas, Aurora Venturini (Mondadori)
Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan (Anagrama)
Las ciudades invisibles, Italo Calvino (Siruela)
Ficciones, Jorge Luis Borges (Debolsillo)
Clases de literatura, Julio Cortázar (Alfaguara)
Y las montañas hablaron, Khaled Kosseini (Salamandra)
Una vida plena, L. J. Davis (La bestia equilátera)
Héctor. El hombre extraordinariamente fuerte, Magali Le Huche (Adriana Hidalgo)
Manigua, Carlos Ríos (Entropía)
Cuentos reunidos, Clarice Lispector (Siruela)
Cuentos completos, Fogwill (Alfaguara)
Mis modelos de conducta, John Waters (Caja negra)
Bellas artes, Luis Sagasti (Eterna Cadencia)
Los malditos, AAVV (Leila Guerriero, comp.) (UDP)
Siete fuegos, Francis Mallman (V&R)
El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki (Siruela)
Matadero cinco, Kurt Vonnegut (Anagrama)
Que el mundo me conozca, Alfred Hayes (La bestia equilátera)
Tres luces, Claire Keegan (Eterna Cadencia)
Felicidad clandestina, Clarice Lispector (Cuento de plata)
Vivir afuera, Fogwill (El Ateneo)
Lo infraordinario, Georges Perec (Eterna Cadencia)
La trama nupcial, Jeffrey Eugenides (Anagrama)
Así es como la pierdes, Junot Diaz (Mondadori)
Un silencio menos (Mario Levrero), Mario Levrero (Mansalva)

jueves, agosto 01, 2013

A Tandil


Viernes 2 de Agosto, Fernanda García Lao presenta "Cómo usar un cuchillo" en la Feria del Libro de Tandil. Dialoga con ella la escritora tandilense Patricia Ratto.
El encuentro es a las 20 hs., en la Sala Jorge Luis Borges.

miércoles, julio 17, 2013

Las criaturas salvajes


Cómo usar un cuchillo (cuentos)
de Fernanda García Lao
Editorial Entropía 2013
137 páginas
 
“Toda conciencia es una enfermedad” dice el epígrafe de Dostoievski con el que abre el libro. Y esa frase, que anticipa la naturaleza de los cuentos que vamos a leer, también nos remite a esta otra: “La enfermedad es el lado oscuro de la vida. Una ciudadanía más cara”*. Basta con leer los primeros relatos de Cómo usar un cuchillo para descubrir que Fernanda García Lao se sumerge con destreza y precisión en la conciencia de estas criaturas que narran porque tienen un motivo para sufrir. Mis formaciones mentales están teñidas de muerte, dice la narradora del primer cuento (“No hay mantra”) y la narradora del último, que parece haber aprendido más, dirá: Me he acostado con la desgracia, pero no suelo comentarlo (“Inmunda”). Eso que sucede en el medio de una voz resignada que dejó de buscar y otra que se ríe de sí misma en continua búsqueda, es el universo delicado, risible, inesperado que se nos presenta en los otros cuentos. Y en cada uno, los/las protagonistas suelen pagar el precio de esa “ciudadanía más cara” en la que viven.
Las voces masculinas y femeninas que narran siempre son distintas, como la forma de percibir el mundo o su manera de terminarlo. Hay muertos, asesinos, suicidas, farsantes, casados, amantes despechados y seres abandonados. El talento de la autora consiste en darle a cada uno de ellos un tono y un estilo preciso para hacer de su realidad algo más claro de lo que parece. La primera persona nos mete de lleno en la cabeza del que narra, pero rápidamente nos damos cuenta que García Lao no recae en la moda de eso que se dio en llamar “literatura del yo”, y acaso su mayor mérito consiste en que esas voces nunca sean las mismas. El sentido de lo que dicen está atomizado en cada oración, como puntadas filosas que marcan el pulso de lo que ven y piensan, en sentencias mínimas. Aunque la realidad que los contiene los diferencia sutilmente, ellos tratan de conceptualizarla:
Hice todo, respiré, perforé la mente. Pero no logré deshacerme del mundo. (No hay mantra); Los necios son los nuevos hermosos (Asterisco); Miro hacia delante con la certeza del que no tiene nada (Desgracia en tres sets); El amor es un tobogán ingrato (Mi pequeña molotov); Una vez fui linda. Pero la belleza es un desperdicio (Tiburones con rodete); Las maduras son un colchón delicioso y transpirado (Buenos Aires); Yo voy al amor en cuentagotas (Desierto al revés); Creo que la inutilidad se compensa con la carne (Naufragio); Si ve a una mujer feliz seguida por un perro, huya (Cómo usar un cuchillo); Yo no tengo nada que decir, lo supe desde siempre (Chalet); No se venga un corazón tomando otro; No hay nada más real que la muerte (Bisturí); Disfrute de su neurosis. No le puedo decir más (Juicio final).
  
Así, los relatos suelen alternar entre personajes que asumen diferentes posiciones: la de quienes no entienden lo que pasa, la de aquellos que entienden demasiado y la de aquellos que se dejan llevar, no sin malicia, por el entorno. Pero la angustia de los primeros se compensa con el humor implacable de los segundos y la curiosidad de los últimos. Mientras que algunos personajes deciden poner un final drástico a esa incomprensión, otros salen a relucir el cinismo con que observan todo, desde un lugar distanciado. Del mismo modo, los narradores masculinos tienen una tendencia al crimen como las voces femeninas al suicidio. Pero todos parecen jugar con su destino y aceptar que el lugar que ocupan nunca es igual, porque ese momento que se narra es la inminencia de una transformación en otra cosa, que también los modifica. Los personajes no tienen un pasado que necesite ser contado: ellos viven en el más puro presente, y ese lapso de tiempo, esa instantánea, es lo que se describe.
Las situaciones que viven estas criaturas oscuras, mordaces, son muy diferentes, no obstante, su actitud desprejuiciada es lo que, en ocasiones, los hermana. En “Mi pequeña molotov” la narradora cuenta la aventura de incendiar una refinería de gas junto a su novio, y lo que para ella está punto de explotar es la relación misma. Esa mirada distanciada es semejante a la del padre en “Chalet/Epístola Punk” que observa a su ex mujer enamorada de un hongo deforme y a sus hijas como lagartos; también es comparable a la acidez de la narradora de “Naufragio”, una cantante cuyo único talento es coquetear con un periodista ridículo que la pretende y un trompetista que la rechaza, mientras ella se ríe de esa estrategia desesperada a bordo de un crucero. Y los relatos más destacados, “Juicio final” junto con “Vertical”, donde se narra en tercera persona la historia de una chica que decide pasar la noche con un grupo de chicos ricos (“estúpidos”, “subnormales”) a los que les grita, dentro de una fuente de agua: “manga de hijos de puta, oligarcas del averno, me cago en Cariló” constituyen un grupo sólido donde la observación sagaz hace posible entrever, al mismo tiempo, la risa desencajada, patética, de su narrador o protagonista. Como dice Diana Bellessi, ese humor fino, desopilante atraviesa todo el libro, tanto para contar los minutos finales de alguien como para ofrecer instrucciones a la hora de cometer un crimen perfecto.
Podríamos decir que en los 27 cuentos de Cómo usar un cuchillo el lector encontrará varios relatos que burlan los esquemas, las convenciones del género y hasta el lugar convencional de la corrección política, que es, al fin y al cabo, una suerte de estilo con el que la literatura suele dar lo mejor de sí.
 
 
* Susan Sontag. La enfermedad y sus metáforas. 
Por Germán Lerzo
Revista Los Invisibles
Click al título para ir a la revista

sábado, julio 13, 2013

lunes, abril 29, 2013

eterna cadencia

Una de las librerías más lindas de Buenos Aires dice:

"El ranking de esta semana altera las posiciones respecto de la anterior: el libro de perfiles Plano americano, de Leila Guerriero, deja el primer lugar en manos de la novela El viento que arrasa, de Selva Almada. Curiosamente, las dos reaparecen en el ranking: Guerriero con la compilación Los malitos, Almada con Una chica de provincia. Completa el top tres de un ranking muy femenino, Cómo usar un cuchillo, flamante volumen de cuentos de Fernanda García Lao.

Si hubiéramos tenido en cuenta los libros de la editorial, la presencia habría sido abrumadora, con cinco títulos entre los diez primeros: La Virgen Cabeza, de Gabriela Cabezón Cámara, Glaxo, de Hernán Ronsino, Figuras de la historia, de Jacques Rancière, Cuadernos de Lengua y Literatura, de Mario Ortiz y Tres luces, de Claire Keegan.

En la misma semana del año pasado, la Bahía Blanca de Martín Kohan se quedaba con la cima de las ventas".


Estos son los libros más vendidos de la semana pasada en Eterna Cadencia:

1. El viento que arrasa, Selva Almada (Mardulce)
2. Plano americano, Leila Guerriero (UDP)
3. Cómo usar un cuchillo, Fernanda García Lao (Entropía)
4. Liquidación final, Petros Markaris (Tusquets)
5. El entenado, Juan José Saer (Seix Barral)
6. Un hotel con mi nombre, Cecilia Pavón (Mansalva)
7. Para una autopsia de la vida cotidiana, JG Ballard (Caja Negra)
8. Los malditos, Leila Guerriero – comp. (UDP)
9. Una chica de provincia, Selva Almada (Gargola)
10. La inquietud por la verdad, Michel Foucault (Siglo XXI)

domingo, abril 21, 2013

fotos de la presentación



Cómo usar un cuchillo
Editorial Entropía 2013
En Alamut libros, Buenos Aires.
(Fotos de Alamut libros, Soledad Abril, Sebastián Lidijover y Juan Manuel Candal)

lunes, marzo 25, 2013

Cómo usar un cuchillo, en librerías

CÓMO USAR UN CUCHILLO
Fernanda García Lao
_cuentos | $69
ISBN: 978-987-1768-10-3


"Me he acostado con la desgracia, pero no suelo comentarlo". Así dice un personaje de Fernanda García Lao, en este libro de cuentos de un humor fino, desopilante. Aunque esto parece demasiado sentimental hablando de Lao, demasiado realista; somete a su escritura a una torsión tan violenta, a tal desacomodo, que la cara del lector avanza en la trama de sus cuentos con un gesto de desvarío, sin saber a dónde va, sin que haya ruta en el espacio o en el tiempo para seguirla y seguir a sus criaturas, que van de un cadáver a otro y saben cómo usar un cuchillo?
Me hago a un lado de la voz tan dulce de su autora para escapar de la estocada, pero no puedo, porque ya ensartó mi corazón.
Diana Bellessi

Estos relatos son como apuntes para futuras novelas, y sin embargo no parecen incompletos o tentativos, más bien al contrario: la autora ha querido evitarnos cualquier forma de palabrería, de ahí esa rara contundencia de cada texto y del conjunto.
Nunca se insistirá lo suficiente en su capacidad para revolver los lugares comunes y hallar giros imprevistos y valiosos en escenas que de tan cotidianas parecían inenarrables o intrascendentes. Este libro es una inmersión deleitosa en la obra de una escritora originalísima.
Alejandro Zambra

Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 1966) fue seleccionada por la Feria Internacional de Libro de Guadalajara 2011 como uno de "Los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana". Hija de periodistas que debieron exiliarse en Madrid, vivió en España desde 1976 hasta 1993. Ha escrito y dirigido varias piezas teatrales con las que viajó por Latinoamérica. Publicó las novelas Muerta de hambre (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa (Tercer Premio Cortázar), La piel dura y Vagabundas. Su obra ha sido publicada en Argentina y en Francia.

jueves, marzo 07, 2013

Cómo usar un cuchillo, en breve

Esto escribió Diana Bellessi para la contraportada de mi libro Cómo usar un cuchillo:
Editorial Entropía
2013


“Me he acostado con la desgracia, pero no suelo comentarlo”. Así dice un personaje de Fernanda García Lao, en este libro de cuentos donde un humor fino, desopilante, te hace reír y llorar al mismo tiempo. Aunque esto parece demasiado sentimental hablando de Lao, demasiado realista; somete a su escritura a una torsión tan violenta, a tal desacomodo, que la cara del lector avanza en la trama de sus cuentos con un gesto de desvarío, sin saber, acto seguido, adónde va, sin que haya ruta en el espacio o en el tiempo para seguirla y seguir a sus criaturas, que van de un cadáver a otro y saben cómo usar un cuchillo… Me hago a un lado de la voz tan dulce de su autora para escapar de la estocada, pero no puedo, porque ya ensartó mi corazón.

Diana Bellessi a écrit cela pour la quatrième de couverture de Comment utiliser un couteau

"Je me suis couché avec le malheur, mais je n'ai pas l'habitude de le commenter". Ainsi un personnage de Fernanda García Lao dit, dans ce livre de contes où un humour fin, débordé, te fait rire et pleurer en même temps. Bien que cela semble trop sentimental en parlant de Lao, trop réaliste; elle soumet à son écriture à une torsion si violente, à telle incommodité que le visage du lecteur avance dans la trame de ses contes avec un geste de délire sans savoir, tout de suite, où c'est qu'elle va, il n'y a pas de route dans le temps ou dans l'espace pour la suivre et pour suivre à ses créatures, qui vont d'un cadavre à l'autre et savent comment utiliser un couteau … je laisse ma place à la douce voix de l'auteur pour échapper à l'estocade, mais je ne peux pas, parce que déjà, elle a traversé mon coeur.

La sonrisa fantasma de una familia

Juan Mattio lee Estación Saturno (Entropía), el nuevo libro de Fernanda García Lao. Eterna Cadencia Por Juan Mattio. Se dice, en e...