Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

domingo, febrero 19, 2012

Juicio final


Diario Los Andes
Suplemento Cultura
Sábado 18 de febrero de 2012

Esta semana nuestros cuentos estivales rondan por muy diversos tópicos y poéticas. El amor y la ciudades, pero también la oscuridad interior, navegan por las páginas de nuestra edición, con la pluma de autores locales y nacionales. El relato que abre este suplemento pertenece a la mendocina Fernanda García Lao: un talento que deslumbra al mundo.





Usted llegó con los pantalones de otro, no sonría, tenía unas ojeras horribles. Susurraba algo que no pudimos entender. Fueron sus últimas palabras libres. Después se produjo un gran silencio. En la mano izquierda apretaba un poco de pelo. Pelo de vieja teñida. ¿A quién se lo arrancó?

Se acostó en la cama, pidió un té sin limón. Con limón le daba asco, usted lo dijo. Después miró el techo y pidió otro té, decía que estaba sediento. Le cambiamos dos veces el camisón, no, tres. Un asco. ¿Recuerda?

Más tarde, llamaron por teléfono, preguntando “¿Ya llegó, todavía vive?”. Era una voz dulce con un ladrido de fondo. No era música, era un ladrido. A usted lo trajeron a eso de las diez. En realidad, lo abandonaron en la puerta. No podemos decir que hubo preocupación familiar por su estado.

No se ponga nervioso. ¿Nunca lo encerraron, antes? No se nota. Parece hecho para la vida sucia de esta institución.

¿Usted nunca se acostumbró a sufrir, estaba desprevenido? El mal es pegajoso y no puede obviarse. Usted lo intentó todo. Pero no pudo.
No se culpe, procure dormir, mañana vamos a intentar con el agua. Un chorro a presión despabila hasta a los muertos.

No busque conmiseración, usted debe salvarse solo, no se aferre. Mire aquellas rosas, la felicidad no es para usted. Se debe salvar desnudo. Sáquese la camisa, tiene un cuerpo carnoso. Es atractivo pero no se moleste, soy un profesional, me aburren los cuerpos.
Ayer, tomó otro té y ya no le gustaba. Le hacía acordar a esa mujer que no vamos a nombrar. Ya la ha olvidado. ¿Recuerda?

No se abandone, haga un breve resumen, colabore. Nadie más va a pensar en su persona. Usted sólo es imprescindible para usted. Después será un montón de carne y algunas palabras mal avenidas. Es decir, será igual que ahora. Todo es igual o se parece bastante. La evolución no existe. Disfrute de su neurosis, no le puedo decir más.
Hubo un miércoles en que lloró y dijo mierda, también escupió, estaba intenso. ¿No lo recuerda? Haga un lugar para la intensidad, no siempre fue como ahora, usted creyó. Una vez dijo te amo y era cierto. Usted era un tipo interesante aunque tomara alcohol. Ahora es un poco tarde, intente dormir.

Recuerde el día en que se burló de todos por última vez. Suba la cabeza, no importa, llore, la emoción es interesante. Pero cierre la boca, hoy no va a tomar ninguna pastilla, usted será su propio somnífero, tráguese y hágase a un lado. ¿Se ha convertido en un imbécil? No le tema a las palabras, no importan, las acomoda entre los dientes y nadie se lo agradece, escupa.

No las necesita, no son suyas, sólo las repite, ya estaban ahí cuando usted empezó a usarlas. Usted las odia y ellas lo odian a usted. Lo maltratan, ya lo están molestando, no las mire, acuérdese de aquella vez, sentado bajo un sol de tarde. Mire qué hombros tenía. ¿Recuerda esta foto? Usted se tranquilizaba con las palabras graves, se ponía dulce y se creía salvado. No es un hombre indefenso, ya ha cumplido cincuenta veces.

¿La tarde en que insultó a todos sin motivo alguno? Por beber de más. ¿Se acuerda? Había viento y se le volaba la melena. Tenía un vaso de gin en la mano derecha. No sé qué dijo algún familiar vestido de oscuro, hubo un breve silencio y sin más usted estiró los labios, enseñó los dientes y espantó al grupo quedando en evidencia alcohólica. Se largó a llover y usted pensaba que tenía la culpa, fui yo, decía. ¡Yo enciendo la lluvia! ¡La lluvia y mi agonía son parientes!

¿El episodio en el supermercado? Usted robó. Se puso en peligro por desidia. No era la primera vez. Metió por capricho aquel pequeño champú anticaspa en el abrigo. Lo interceptaron en la puerta. En el cuartito de atrás fue humillado. Lo dejaron en ropa interior. Y mintió. A usted le gustaba mentir. Dijo que era pobre. Emocionó al vigilante y le regalaron el envase. Una vergüenza. Pero no le creyeron y quedó filmado: su familia lo vio en esa instancia de miseria. Usted que tenía un posgrado. El más brillante de la promoción.

Más tarde, años en blanco, usted tirado frente al televisor, bebiendo, cambios imprevistos de humor, la noche sangrando entre sus dedos de criatura envilecida, el dolor de cabeza, aquellos besos mal dados con ideas en la frente. Usted y sus ataques de ira: Ella quedó desfigurada sin ese mechón de pelo. ¿Recuerda?

Algunos segundos de lucidez, y luego lo mismo de siempre. Intentos por justificar su existencia. Usted nos aburre. Ha desperdiciado su momento. Acuéstese boca abajo.

Le va a doler.