Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

sábado, noviembre 15, 2008

La perfecta otra cosa

"Decidí vivir de las palabras. Todas mis experiencias eran pretextos para ser contados. Escribía cientos de cartas y no me importaba el destinatario. Cada mínima angustia constituía una misiva. El correo se convirtió en un editor atento y generoso que distribuía mi pensamiento. Comencé también a manejar mis sentimientos en función de la narrativa. Lloraba sólo cuando era imprescindible y cambiaba de trabajo una vez que había contado todos los pormenores.
Así conocí a lo más selecto de la isla. Es decir, a la gente más despreciable. Cientos de celulíticas con temores millonarios me adoptaron de bufón. Yo compartía sus tés y sus juegos maricones con total irreverencia. Y vaya uno a saber por qué motivo les encantó mi humor maligno y mis sarcasmos aprendidos de memoria. Incestos, adulterio, frigidez, ninfomanía, eyaculación licenciosa.
Todas guardaban estricto silencio y me miraban con sus ojos infelices. Yo les contaba mis aventuras fuera de sus jardines, entre la plebe. Y sufrían desmayos cuando no especificaba los detalles sangrientos. Estaban ávidas de vida. Y de muerte.
Pronto mi fama se extendió y llegaron lanchas llenas de gordas continentales.
Augusta Think cedió su cancha de tenis e instalaciones aledañas para albergar a las nuevas y cada tarde a las seis me presentaba cubierta de inquietantes adjetivos.
Al cabo de dos meses de verborragia caí desmayada y vacía frente a cien caras huecas. Había abusado tanto de las palabras que mi mente estaba ciega y enfangada. Las señoras me rodeaban con pómulos inflamados y pedían al cielo que no me llevara, al menos hasta que terminara de relatar aquella última experiencia.
Y el cielo no me llevó, pero estuve sin hablar durante tres meses".

(Fragmento elegido al azar)
Editorial El cuenco de plata, Buenos Aires 2007