Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

jueves, abril 17, 2008

abejas muertas



Antes del humo, pero después del desabastecimiento, observé un fenómeno extraño en mi jardín. Las abejas se estaban muriendo. Los síntomas de su agonía se podrían resumir así: alienación voladora, desorientación, derrumbe, giros en el suelo y deceso.

Al comprobar que otros miembros de mi familia habían sido testigos de esas mismas muertes, temí estar frente a un fenómeno intrigante.

Consulté entonces, al Gran Booscador que todo lo sabe y descubrí que era más preocupante de lo que había imaginado: Millones de abejas han muerto.

Mientras algunos hacen hincapié en los mercados y las pérdidas, otros alertan sobre el significado apocalíptico de esas muertes. Y es que hace cincuenta años, Einstein creó una relación de dependencia entre las abejas libadoras y el ser humano: “Si las abejas desparecen del planeta, al hombre sólo le restarían cuatro años de vida”.

Después del dato científico, necesitaba el antropológico. Y llegué al profesor Rivera Zamora (Las abejas y la miel en los Códices Mayas):
"En la América indígena, la abeja estaba estrechamente asociada con la tierra y los obscuros poderes que de ella provienen. Los mayas de Yucatán tenían un término, "Cab", que designaba al mismo tiempo a la tierra y a la abeja. Cabinal era la diosa de la tierra y de la fertilidad, además de poseer la función de protectora de las colmenas. La abeja nace o viene del interior de la tierra, y a esta debe retornar después de muerta.
Para los mayas las abejas son las hacedoras de la fertilidad, por eso todas las abejas muertas deben ser enterradas, para que la abeja muerta en el mundo de la muerte construya vida a partir de las cosas muertas. Es por eso que los meliponicultores enterraban y escondían los cadáveres de las abejas debajo de las piedras, (colocaban en el Mundo de lo Oculto, en el Mundo de la Oscuridad, en el Mundo de los Muertos).

Entonces, digo:
1. Si ve una abeja muerta, dele sepultura.
2. Sí, me di cuenta. El calendario Maya termina en cuatro años.

Último momento:
Aunque suene demasiado absurdo, cuatro horas después de escribir sobre abejas me picó una en el pié. Sólo atiné a arrancar el agijón en plena calle.
¿Estaré frente a una alegoría?
¿Casualidad?
¿Ingenua venganza de un abejorro dominado por el rencor?
Frente al pie hinchado, no hay Einstein.