Fuera de la jaula

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domingo, agosto 26, 2012

perfil cultura: cuatro escritoras




EL ROL DE MUJER

Cuatro escritoras. Cuatro generaciones

Convocadas por PERFIL, cuatro escritoras argentinas reflexionaron acerca del rol de la mujer en la literatura, el cambio de la industria editorial, cómo se modificó la relación con los editores y, sobre todo, con los lectores.


Por Omar Genovese
26/08/12 - 03:47













De frente. De izquierda a derecha: Luisa Valenzuela, quien acaba de publicar La máscara sarda (Seix Barral), Claudia Piñeiro, autora de Betibú (Alfaguara), Fernanda García Lao con su último libro, Vagabundas (El Ateneo), y Natalia Moret, quien recientemente publicó su primera novela: Un publicista en apuros (Mondadori).
Luisa Valenzuela, novelista, con una extensa obra traducida al inglés, antologada en todo el mundo; La máscara sarda es su último libro. Claudia Piñeiro, contadora, dramaturga y novelista, premio Clarín de Novela 2005, su último libro es Betibú. Fernanda García Lao estudió comunicación en Madrid y la Universidad de Cuyo, directora de teatro, dramaturga y novelista, su último libro es Vagabundas. Natalia Moret, socióloga (UBA), acaba de publicar su primera novela: Un publicista en apuros. Al reunir cuatro escritoras de distintas generaciones argentinas, ¿qué hay en común? ¿Cuáles son las diferencias? ¿Hay una lengua que les pertenece? PERFIL las entrevistó en el espacio de arte de la librería Galerna, lejos del frío de una Buenos Aires cada vez más caótica y menos propensa al diálogo.

—Hace dos meses, en un debate sobre novela negra se impuso el tema de la violencia de género. Circulaba la noticia de que un sujeto le dijo a su pareja: “Te quemo, que está de moda”, cosa que hizo.
GARCIA LAO: No es un fenómeno nuevo ni moderno. De hecho estoy leyendo El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza, en la que cuenta la historia de su madre quemada por el padre, con ácido... Ya nos quemaron, y no tuvimos alma...
GL: En España hay muchos crímenes que cometen los maridos, como una cuestión doméstica.
MORET: Es con los movimientos feministas que la violencia contra la mujer se tematiza de esta forma, como algo de género que tiene una raíz histórica.
PIÑEIRO: A mí me impresiona que en este momento de la civilización haya mujeres esclavas, que desaparecen de su hogar secuestradas para la trata.
—O la militarización de la infancia, en Africa, Centroamérica. Está el caso de la escocesa conocida como la viuda blanca, quien reconoce que educará a sus hijos para ser suicidas.
VALENZUELA: Es el problema del fundamentalismo. Hay una conversación maravillosa en el libro Hitchens vs. Blair. Allí Blair defiende la religión porque es normativa y no cometas ciertos pecados. Y el otro le contesta: “La gente buena siempre va hacer el bien, la gente mala siempre va hacer el mal, y la única situación en donde la gente buena hace el mal es dentro de los contextos religiosos”. La fe lleva a la guerra religiosa, a las persecusiones, por eso el fundamentalismo crea esta situación.
M: Hace poco leí una entrevista a Graham Greene y citaba una frase de un libro del que no recuerdo el título, y decía: “El alma nunca es negra o blanca, sino negra y gris”.
P: El alma casi siempre es negra y gris, pero hay almas negras que han hecho cosas que no hay posibilidad de decir que no es una mala persona.
P: Un torturador o asesino, va a su casa y en la noche arropa al hijo dormido. Pero tiene una característica así para que el personaje sea razonable...
GL: Mucha gente que se considera buena en determinadas ocasiones es capaz de las peores aberraciones.
M: Y con la maldad, ¿leyeron Las benévolas? Es el libro de Johnatan Littell, donde narra con la voz de un oficial nazi y construye la trama desde la maldad de una manera que terminás entendiendo lo que hace, porque está tan bien explicado el contexto en donde le tocó estar y del lado bueno o malo, él dice: me tocó del lado malo del fusil. Y es un libro tremendo, porque el personaje es sádico, cruel, malvado, y lo entendés, lo que produce muchas preguntas.
P: Un poco el significado de Las benévolas es que nadie que es malo cree que lo es. Todo el mundo cree que lo que hace es por un motivo y se quieren justificar. Ahora, cuando te trazan una línea, hay gente que queda de un lado y del otro, y del lado de los malos hay quien ciertas cosas no las hace.
M: A nivel personal nunca estuve en una situación límite de esas características. No sé cómo podría responder ante eso.
V: En un libro de los torturadores brasileños llamado Pao de arara, que es un sistema de tortura, uno de estos tipos cuenta que lo llevan a la primera sesión de tortura –se trata de un militar–, y cuando enfrenta la situación reacciona vomitando, no puede dormir por tres noches. A la segunda vez ya vomita menos. A la quinta se acostumbró y el otro dejó de ser un humano, ya es una cosa. Y ahí volvemos a lo que pasa con la mujer considerada como objeto.
—Existe un habla femenina que no es presidencial y está mucho más presente por la actividad de la mujer. Hay más mujeres trabajando, al frente de familias, juezas, periodistas, con trascendencia cultural...
V: En mi juventud había muy buenas escritoras: Silvina Ocampo, Martha Lynch, Estela Canto, Sara Gallardo, Silvina Bullrich, Beatriz Guido. En un momento Paidós me pide hacer una selección de textos, y encontré treinta escritoras muy buenas, literarias. Ellas tenían una presencia muy fuerte en la sociedad. Pero, por otra parte, cuando tenía 22 años e ingresé en La Nación, tenía que ser cronista porque la mujer no podía llegar al nivel de redactor. En aquella época había una presencia femenina importante, Syria Poletti, gente a la que no se recuerda.
—También hay más disposición de las editoriales para dar lugar a las escritoras. En los 90 eso no ocurría, y cambia con el siglo XXI.
GL: Luego de la crisis de 2001 se empezó a publicar más. En realidad porque ya no tenías que ir a una gran editorial con tu manuscrito, y el criterio de edición fue diferente, con muchas mujeres editando.
M: En los 90 ya empezaban a publicarse mujeres, pero en la poesía.
P: En estos días, viajo a la Feria del Libro en Perú. Participo en una charla que trata sobre qué estás leyendo de Argentina. Y da la casualidad que elegí tres libros de tres escritoras argentinas y de tres editoriales independientes. Me van a decir como a Fogwill: elige solamente hombres. Pero en realidad son los tres libros que más me gustaron, ¿por qué tengo que elegir libros de hombres?
M: Los nombres quedan bastante sepultados. Cuando a un escritor le preguntan por los escritores fundamentales, nunca hay una mujer o hay una.
V: Son los cánones, al punto que si ponen alguna es aquella que no les incomoda.
GL: Creo que está más claro desde la literatura, en relación al discurso, cierta potencia femenina en detrimento de la masculina. Porque el hombre se ha quedado sin lugar. Si el libro de Natalia (Moret), narrado en primera persona masculina, lo hubiese escrito un hombre habrían dicho: qué machista, es una imagen de lo masculino. Hoy el hombre no se puede permitir ser tan incorrecto porque políticamente debe ser sensible. En todas las encuestas a mujeres surge que el hombre debe ser sensible.
P: A la mujer nunca se nos planteó: no voy a leer un libro de un hombre porque es para hombres. El universal masculino es el universal nuestro. En cambio, para los hombres, hubo siempre un prejuicio: lo que escribe una mujer es del universo de las mujeres, y no del universal.
—Hoy están promocionando un género de novela enfocada a la sexualidad, como “Cincuenta sombras de Grey”.
M: ¿Está escrita por un hombre?
P: La autora de esa novela es una productora de televisión que era fanática de la saga Crepúsculo, donde los vampiros son asexuados, se casan vírgenes y no tienen sexo. Ella empezó a escribir en un blog sobre las aventuras sexuales que faltaban. El blog fue un éxito y le propusieron hacer la novela. Cambió los nombres, los personajes, pero dejó aquello que había fantaseado en torno a los vampiros. Lo importante es que la protagonista se deja hacer cualquier cosa, pero con amor.
V: Es malo, está escrito con las patas.
P: El género se llama mummy sex, sexo para mamis. De todas formas, vendió 35 millones de ejemplares.
—O sea, hay muchas mamis bobis.
V: Y muchos tarados a los que les debe gustar la idea de este tipo que domina a la mina de la manera más estúpida.
M: Es como un chit-lit más porno. Porque el chit-lit tiene algo erótico, y esto tal vez sea algo más avanzado.
V: Hay una cosa que quiero destacar. Freud decía que la única pregunta que uno se contesta es qué quiere la mujer desde el punto de vista de lo erótico, porque no sabe decir su erotismo, que es lo que Lacan retoma. Y se lo venimos cantando desde hace tanto tiempo... (Risas)
—Tal vez el hombre tiene miedo de quedar en el lugar de la mujer.
V: O no, porque si vas a Palermo tenés a los travestis que se ponen en el lugar de la mujer.
—Hay una interpretación lacaniana llamativa: el travesti es el partenaire edípico con pene.
V: Creo que ahí está uno de los quids. La noción lacaniana del falo no lo es en el sentido masculino, es aquello que el niño quiere que tenga la madre. La madre es el ser poderoso. De pronto la madre no tiene falo, y el falo no está en ninguna parte, entonces la ligamos. Nosotras por no tener falo, y los otros que tienen apenas un pene, que les funciona o no, más o menos se salvan. Pero tampoco se salvan, porque el falo no está en ninguna parte.
—Eso me está confirmando que la voz de la mujer es irrepetible, como la voz de la madre.
GL: Algo ahí hace ruido. Yo soy mujer, es algo obvio, pero no me siento compelida a escribir desde un lugar femenino para nada. Soy un ser humano, casualmente tengo vagina.
P: Pero no tiene que ver desde dónde nosotras escribimos, lo que él plantea tiene que ver con dónde te coloca la industria editorial. Nosotras obviamente escribimos desde el ser humano, pero después existe un aparato que funciona de esa manera.
GL: El mercado es una entelequia.
P: Si vamos a ver los libros que más se leen no todos son de mujeres, creo que el número uno es de Dolina.
M: ¿Pero es literatura?
—A Dolina lo va a desplazar el best seller mal escrito por la guionista de televisión.
GL: Como dice Claudia, una cosa es cómo te ubican para venderte, y otra qué es una sentada a escribir con su imaginario, con su obra concreta, mujer u hombre, no sé si tiene importancia.
V: Lo que yo sí siento es a la mujer posicionada frente al lenguaje desde otro lugar. El lenguaje siempre te ninguneó, te invisibiliza. En mi época no podías decir ni malas palabras. En la cosa femenina el dinero está vedado hasta el día de hoy, como tabú.
GL: Hemos sido criadas en otro contexto. Es más, dentro del núcleo familiar, mi madre siempre tomó la palabra con mucha potencia.
M: En mi casa también.
GL: Y lo hacía por encima de nuestro padre que nos trataba de usted. Ponía distancia. La literatura más revulsiva la trajo ella.
P: Mi papá era absolutamente consciente con respecto a este tema con las mujeres, y lo que hacía era no dejarme tener actividades típicas. El no podía ir contra la sociedad y entonces no me dejaba ir a corte y confección.
L: Mi padre esperaba un hijo varón y fuimos tres mujeres. Dado el fracaso evidente, lo que propuso fue la inteligencia para estas tres: vamos a sacar el máximo partido. Estaba muy pendiente en cuanto al uso del lenguaje. En la mesa, traías una anécdota escolar y te corregía al vuelo: “Ya dijo entonces tres veces, piense una alternativa”.
—Al momento de escribir tenés que librarte de la atadura al lugar del amo que tiene el hombre. El gran problema del escritor argentino es la materia del lenguaje, qué va a utilizar. Caso contrario escribe un informe legal y técnico...
GL: Creo que casi todos los grandes escritores argentinos son homosexuales. Los que tienen un lenguaje más potente son homosexuales. Copi, Puig, Osvaldo Lamborghini... Es que al correrse del lugar de macho cabrío los coloca en una posición de muchísima libertad, porque ya perdiste ese falo...
P: Barthes decía que donde mejor se escribe es desde los márgenes.
M: Más allá de la homosexualidad o género, intento pensar en todos los escritores que me parecen geniales y todos tienen algo marginal.
P: Hoy en Estados Unidos la marginalidad literaria está relacionada con los inmigrantes que escriben en inglés.
—Si pienso el estilo como un caudal de voz, en la respiración como la capacidad lingüística, pienso en Pynchon y Lispector.
V: Yo pienso en Elvira Orphée que mantiene una voz maravillosa y no la tenemos tan presente.
GL: Si la literatura viene a derribar determinados cánones no podés ser parte del establishment, estás a un costado, en una orilla opuesta. Los escritores que pueden vivir de sus publicaciones, ¿cuántos son?
M: Son los únicos no marginales...
GL: Y el resto es todo marginal. Si uno quiere vivir de la literatura, ¿cómo facturás ante el Estado? Si sos un inestable...
—En otras épocas la vanguardia estaba en la marginalidad.
CP: Hasta que la asimila el sistema.
M: Está la frase: la vanguardia empieza de pie y termina sentada.
P: En cuanto se descubre, la vanguardia pasa a lo oficial.






El escritor referente

—¿Hay éxito en la literatura? Me refiero al término en lo social.
MORET: El éxito existe, siempre que no se compare a un escritor con una estrella de rock o un deportista. En la literatura hay escritores exitosos en cuanto a reconocimiento del público, crítica, dinero que ganan con sus libros, del lugar autorizado que ocupan en el ámbito intelectual.
PIÑEIRO: Hace años el escritor era un referente social y hoy no lo es. Si el Gobierno quiere hacer una campaña contra la droga, por ejemplo, convoca a personas que son visibilizadas por la televisión. Pero no hay un escritor diciendo algo hacia la población en general.
GARCIA LAO: Me parece que es una gran suerte que nos liberen de ocupar un lugar de referente. También es muy delicado que un escritor ocupe un lugar político. El escritor no debería ser referente social. Hay algo interesante en conservar ese lugar de paria, desde donde el escritor señala y cuenta aquello sobre lo que la humanidad no escucha. No hay éxito en la literatura porque no se lee, se escribe más de lo que se lee y todo el mundo quiere escribir.
P: Me impresiona la cantidad de gente que escribe. Al final de una conferencia se me acerca una persona y dice: compré tu libro. Bien, le contesto, espero que lo leas. No, si los compro los leo, es el segundo que compro en mi vida y voy a leerlo. Era un señor de 60 años, ¿qué le voy a decir a una persona que en 60 años leyó un libro? Pero a renglón seguido agrega: tengo diez novelas escritas y quiero ver cómo hacer para publicarlas. Alguien que había leído un libro tenía diez novelas escritas. Qué suerte tiene alguna gente en tener tanta autoestima y seguridad sobre lo que hace.
GL: Lo que existe es una exagerada cantidad de libros publicados que terminan invisibilizando todo. Se publican alrededor de mil libros por mes.

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