Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

miércoles, agosto 08, 2012

lo siniestro, desgrabación

Patricio Zunini:
El tema de la convocatoria es hablar de lo siniestro. El diccionario de la RAE da varias definiciones: desde una legal (siniestro como un daño que debe ser indemnizado por una aseguradora), hasta una que casi está en desuso como aquello que está a la mano izquierda. Entre ese abanico de posibilidades aparecen las que más se ajustan a nuestros intereses: “avieso y malintencionado” e “infeliz, funesto o aciago”. Para la presentación del encuentro prefiero quedarme con una frase que, si bien no define precisamente el significado de “siniestro”, tensa una cuerda que, espero, tocaremos durante la charla: «Toda exhibición o muestra de “fenómenos” es un exponente de la crueldad capitalista», dice Juan José Burzi en el cuento “Las siamesas Benn” incluido en su flamante nuevo libro Sueños del hombre elefante. En el encuentro de hoy vamos a hablar con Fernanda García Lao (Muerta de hambre, La perfecta otra cosa, Vagabundas, entre otras) y con Juan José Burzi (además del libro citado es autor de Un dios demasiado pequeño y Tres mundos) sobre “lo siniestro”, quienes, a través de narraciones con ambientes opacos e historias cargadas de ambigüedad, han conseguido estructurar su narrativa en torno a lo siniestro. ¿Cómo consiguen esos efectos; qué buscan con ellos?

Juan José Burzi: Escribí ese cuento pensando en la película Freaks. En una parte del cuento les hacen una entrevista a las siamesas y tergiversan todo lo que dijeron, las hacen parecer como lo que no son, y juegan al circo en la revista, que es una revista dominical de un diario. Reflexionando sobre el papel que tienen estos freaks, estos fenómenos, estos personajes que a mí me gusta poner, en general tienen el papel de una especie de diversión cruel. Y capitalista porque en las ferias se paga para verlos. Habrán visto la película El hombre elefante, que se pagaba para ir a ver al hombre deforme.

Fernanda García Lao: Yo no sé si estoy muy de acuerdo –para empezar a meter un poco de púa– con el tema del capitalismo y el fenómeno. La deformidad siempre ha sido atractiva y hay muchos cuentos anteriores a la sumisión capitalista que ahora vivimos, como “Un artista del hambre”, en los que hay cierto regodeo o deseo y necesidad por lo deforme. Es esta cosa de lo siniestro también. Lo formal es lo derecho, la norma. Sin embargo no puede haber norma si no hay deformidad. Necesitás ambas manos. Yo había encontrado también que lo siniestro está relacionado con lo femenino. En el ying y el yang, incluso en el ayurveda, lo masculino es lo derecho y lo femenino es lo izquierdo. Lo siniestro viene de la toga que usaban los romanos, que a la izquierda tenía un pliegue. Como si el pliegue fuera lo siniestro. Ese algo que se oculta. Y detrás estaba el seno, que es femenino. Pensando en relación al machismo, ya que hablamos de ismos, creo que tiene que ver con el temor hacia lo femenino. Lo femenino es algo que incluso nosotras no terminamos de entender, pero que conlleva cierto peligro. Hay una zona de este sangrado y creación de un ser, esa deformidad de un cuerpo para traer a otro que hace más interesante el juego entre lo derecho y lo izquierdo, entre lo que debe ser y lo que no debe ser. Pero no sé si se puede escribir sin ese otro costado.

Juan José Burzi: Me estaba acordando de Lo siniestro de Freud, que releí hoy y que, otra vez, entendí a medias.

Fernanda García Lao: Ah, yo también lo releí.

Juan José Burzi: ¿Lo entendiste todo?

Fernanda García Lao: [Risas] ¡No! Pero en Freud todos los caminos conducen a la castración, ¿viste? Está en relación al cuento de Hoffmann. El del hombre de arena. Escribió a partir de eso todo un tratado, que no sé si llega a alguna conclusión, además de que hay un nido en la infancia de lo siniestro. Después me quedé pensando en los cuentos infantiles. Los cuentos infantiles son todos de terror.

Juan José Burzi: Freud dice que en los relatos infantiles no hay mucho que buscar porque no aparece lo siniestro. Y lo relacionaba con lo conocido que vuelve a aparecer.

¿Se animan a pensar una definición de siniestro? Hablamos del terror y de lo macabro, pero macabro no es siniestro. ¿Podemos definir cómo piensan lo siniestro?

Juan José Burzi: Freud decía que a nadie le va a parecer siniestro cuando Blancanieves o la Bella durmiente despiertan de su especie de muerte.

Fernanda García Lao: Me acuerdo de la primera vez que leí “Caperucita Roja”, la versión corregida, en la que se salvan. Después busqué la versión original, donde no había leñador, donde la abuela moría devorada, y, algo que no sabía, Caperucita entraba en la casa de la abuela y se metía en la cama con el lobo. Allí metidos los dos es que ella hablaba del tamaño de sus orejas… Es un cuento extraño, digamos. En lo siniestro hay cierta marca erótica. No desde el punto de vista fálico, pero está todo lo otro construido alrededor, como si fuera un interruptus. Siniestro no es terror: es más. Lo terrorífico suena ingenuo al lado de lo siniestro. A mí me da risa el terror, no sé si es problema mío.

Juan José Burzi: King dice que uno de los mejores cuentos de terror de Hawthorne es el del velo del clérigo. Ahí no se ve el cuerpo, sino la macha de sangre del cuerpo que sacaron de escena. Capaz que está jugado en eso lo siniestro.

Fernanda García Lao: Claro, como el vestigio de algo tremendo que no llegás a reconocer. Ahí está el pliegue. Completás el cuadro. Son señales donde tal vez se ve cierta marca diabólica. Lo que pasa es que la acepción de lo siniestro como accidente, y por algo se le aplica esa palabra, pero es una palabra indefinible. Las palabras son extrañas, uno las utiliza y las hace propias, las termina de completar, y nadie puede venir a decirte no.

Me gusta que una escritora diga que las palabras son extrañas. De alguna forma lo que escribís se da como una obra en construcción.

Fernanda García Lao: Sí, tal cual. Hay palabras que convocan a otras. Yo escribo como subrayando: saco todo aquello que no subrayaría. Todas las frases o las palabras que siento que son decorativas o informativas, terminan en la papelera.

Juan José Burzi: Somos muy parecidos, Fernanda.

Fernanda García Lao: Me cuesta el desarrollo. Me interesa el destello y, tal vez, la sombra que ese destello deja alrededor.

Juan José Burzi: A veces ese destello en un párrafo puede ser una palabra o dos, o la combinación de una o dos palabras. Últimamente todos mis cuentos son fragmentos. En esos espacios en blanco se dice mucho más de lo que escribo y salgo ganando. Tiendo a reducir. No sé si lo pensé así como que escribo sobre subrayado, pero cuando corrijo es más lo que saco que lo que agrego.

Fernanda García Lao: Me pasa que lo que escribo ya sale breve. Entonces lo que tengo que hacer es embarazar alguna frase. También hay una inyección de conflicto en el lenguaje.

¿Cómo es la precisión de palabras en un texto breve?

Fernanda García Lao: Yo pensaba que había que ser muy precisa. Pero hay momentos en los que una palabra me hace ruido, busco un sinónimo y no me termina de cerrar, y el que le va perfecto es el antónimo. Ahí se produce cierta sorpresa en la ironía, porque también sucede lo que no está previsto. La frase aparece como construida previamente y después uno la pone a prueba, le pone cosas arriba a ver si resiste.

Juan José Burzi: A veces la solución es tan banal como hacer click derecho en Word y que te salgan los sinónimos de la palabra que no te cierra. O, capaz, simplemente eliminarla. Puede ser una tendencia, ahora que lo mencionás, y se lo escuché a autores relativamente nuevos o emergentes, esta idea de reducir y de fragmentar lo que se escribe. Ya no hay mucha gente que escriba una novela de trescientas páginas o un cuento de treinta. Me refiero a los pocos jóvenes narradores que leo.

García Lao es más del diálogo y Burzi más de lo narrado, sin embargo hay un estilo similar de la brevedad. Sin embargo, ambos escriben textos breves pero que piden el tiempo y la atención del lector. Ante el descuido, uno tiene que retroceder. ¿Es producto del tipo de texto, es un efecto buscado?

Juan José Burzi: Yo busco explotar el formato de cuento, trabajar con fragmentos, esquirlas. Me interesa eso. (Además me sale así y después le busco una teoría para hacerme el interesante). Hay un libro no muy conocido que se llama La ley de los espacios en blanco que es hermoso; lo recomendé para el blog. Trabajo con cada fragmento, no como si fueran mini relatos ni nada de eso —no me gustan los mini relatos: me suena a chiste—, pero sí por lo que se va armando en lo fragmentario. Me gusta pensar en una especie de rompecabezas cuando escribo, a veces hasta físicamente: recorto los fragmentos porque sé que los estoy escribiendo y no van en ese orden, y después lo voy armando. Lo que decía Burroughs del Crack-up, esa técnica la implemento literalmente a veces: ando con la plasticola pegando, esto va acá, esto va acá, y me queda toda la hoja pegoteada. Soy feliz con esos collage. Agregale que escribo a mano y tengo fea letra, pero me encanta.

Fernanda García Lao: Yo no busco efectos. Es más, si siento que estoy utilizando un efecto, reescribo. El efecto es un truco. Por momentos me dejo llevar por lo que aparece. Siento que los procedimientos literarios no son moldes en los que uno se repite. Últimamente estoy escribiendo distinto, algo del proceso se modifica a medida que pasa el tiempo y que algunas cosas ya las dije, algunas cosas ya las pensé, y cada libro es como una excusa para pensar distinto. No solamente el asunto, sino para pensar desde una cabeza nueva. Será porque vengo del mundo teatral, entonces estoy atenta a cierta oralidad y a cierta… no construcción del personaje porque no me gusta lo de construir un personaje: me parece que hay que destruir un personaje.

¿Leés en voz alta lo que escribís?

Fernanda García Lao: Escribir es estar dispuesto a escucharse en voz alta. Saltan un montón de errores y repeticiones, rimas que no son buscadas. La voz para mí también le da existencia. Debe tener que ver con el hecho de decir para otro, en voz alta. Cuando escribo es como si le estuviera diciendo a ese otro. Como no puedo estar utilizo el libro. Antes me pasaba que era asaltada por estas frases, sentía que tenía que escribir y casi no corregía. Estructuralmente sí, pero no mucho escudriñando. Ahora soy más reptadora, si se me permite la expresión [se ríe]. Últimamente veo el libro claramente como si fuera un animal o un ser vivo, entonces estoy muy pendiente de que sea tocable, que respire, que se canse, que desee, que se duerma. Es algo que utilizo no como sistema, porque sería horrible pensarlo así, pero sí digo: bueno, acá yo tengo la cabeza, me falta un poco caminar. Así que voy y vengo mucho en el texto.

Juan José Burzi: Yo casi al contrario: el libro lo veo como algo que se va expandiendo. Este libro acabo de publicar tiene relación con el anterior (así que al que le gusta este va a tener que buscar Un dios demasiado pequeño). El último relato está compuesto por fragmentos de los cuentos que leyeron, como si fueran las escenas no incluidas de cuentos que no publiqué nunca, de hecho hay algunos que no terminé de escribir. Y trato de pensar –trato, después veremos, el tiempo dirá– a los libros de cuentos como un único libro de cuentos. Había una saga de una familia en el libro anterior y acá metí de nuevo un personaje que es Reina, que aparece por ahí. Iba a seguir esa saga familiar y el cuento ese me quedó colgado, no lo pude empezar a escribir. En algún libro futuro aparecerá. Sigo con la idea del rompecabezas, lo pienso como algo que va encajando. Quizás por influencia –que no se nota en la escritura, lo advierto– de Faulkner, que vos vas leyendo las novelas y volvés a encontrar personajes, lo que pasa en una novela termina de quedar en claro en otra. Onetti también, otra influencia. Uno a veces escribe pensando: esto lo voy a escribir como si fuera…

Fernanda García Lao: No.

Juan José Burzi: ¿No? A mí me pasa. Ahora estoy escribiendo una cosa como si fuera Thomas Bernhard. Ni ahí que me va a salir como Thomas Bernhard, ojalá. Y ahí dejo el fragmento, creo que va a ser una nouvelle, no sé. Pero dejo el fragmento porque es todo sin puntos aparte.

Recién Juan José hablaba sobre los rompecabezas. Cuando vos decís “tengo la cabeza, necesito los pies”, estás armando una especie de rompecabezas.

Juan José Burzi: Ella dice que no para armar una polémica, así la gente se divierte.

Fernanda García Lao: No, yo no dije que no. Él dice que se expande y yo me contraigo. Lo que pasa es que yo no me animaría a pensar en perspectiva “mi obra” (pongámosle unas comillas ahí). Creo que se va construyendo un poco a pesar de mí. No podría retomar el personaje de Muerta de hambre, por ejemplo. Siento que ella dijo y dio todo lo que tenía, y prefiero no volver a verla. ¡No la quiero ver! Si me la cruzo, me corro [se ríe]. Yo creo que me quedo sin pólvora. Utilizo todo lo que tengo en ese momento para poblar ese universo y soy medio como mala madre: una vez que ya están armados, los abandono. No me vuelvo a leer, por ejemplo. Ahora cuando salió la traducción en francés, tuve que volver a leer y no tenía recuerdo. Es más: como nos invitaste a leer acá, me traje algo de lo primero, de La perfecta otra cosa.

No te volvés a leer ¿por desinterés, porque te da vergüenza, porque te enojás con lo que escribiste?

Fernanda García Lao: No, porque yo escribí eso para entender algo que ya entendí. Y ahora me interesa ir a otra cosa nueva. A lo mejor resulta que era todo lo mismo y yo estoy entretenida pensando que soy muy original en cada libro. Igual me parece genial porque cada escritor se plantea una serie de riesgos. Es un riesgo volver sobre el mismo mundo, encontrar ese tono o volver cambiado. Yo no termino igual que cuando arranco un libro, entonces no sé para qué volver, es como volver con el primer novio. No volvería, me interesa más uno nuevo [risas].

Juan José Burzi: Yo tampoco volvería, pero los personajes reaparecen de un modo lateral a veces. De hecho hay un personaje de unos fragmentos que hay acá que es de un cuento que todavía no publiqué completo. Es el cadáver de un cuento sobre un tipo que trabaja en una morgue, yo sé que ese cadáver reventado es de esta mujer y todavía no terminé de escribir su muerte. Sé que se llama Ruth. Ese cadáver yo sé que aparece nombrado lateralmente en “Severo” y que “Severo” a la vez tiene que ver con “Mil ojos”, que era del libro anterior. Ahí había una señorita que trabajaba de muerta, su trabajo era posar en un bar donde la gente se emborrachaba y se drogaba creyendo que había muertas. Las señoritas se maquillaban como si estuvieran pútridas y, para hacerlo realista, ella buscaba fotos de cadáveres en internet y uno de los cadáveres que ve es el de esta mujer, Ruth. Son cosas que nadie se va a dar cuenta, ¿quién va a estudiar todos mis libros? Me interesan a mí y me divierten a mí nada más.

Fernanda García Lao: Yo ese laburo lo hice en La perfecta cosa. Es un libro construido por siete personajes. Aparecen todos en el relato del otro desde un punto de vista totalmente diferente. Hay una lista de personajes secundarios, hay una lista de aparición y yo me había hecho una lista enorme con la que me daba cuenta de si me faltaba alguno para lo traerlo de los pelos al relato siguiente, y así, salvo uno que solo aparece una vez, que también es un juego para mí. Los cagué [risas].

Volviendo a lo perverso: estoy leyendo un libro muy extraño de un científico que se llama Cereijido y está buscando el “gen” de la hijoputez. Se llama Hacia una teoría general sobre los hijos de puta. Él trata de decir que el mal es físicamente, fisiológicamente inherente. Es muy bueno y muy divertido pero también discutible, porque le quita el factor ambiental a la maldad. Pero en todo caso él desarrolla una hipótesis, que es que en cierta medida la maldad es productiva. ¿Lo siniestro es productivo en su obra?

Juan José Burzi: Sí, me parece que sí. No digo que todo lo que escribo ronda lo perverso o lo siniestro, pero me parece que es un componente importante, aunque sea lateralmente. El día que presenté el último libro, Mariana Enríquez me preguntó con qué personaje me identifico más, y obviamente con los más hijos de puta y monstruosos del libro, con las víctimas no me identifico para nada. Me divierte más el que descuartiza a uno, y gozo más pensando y describiendo a ese personaje, que el que es descuartizado. Me divierte más lo que sufren las siamesas que las siamesas en sí, que son una especie de cangrejo humano por cómo están pegadas y cómo tienen que caminar, pobres. No sé si está en lo siniestro, en lo perverso, en lo horroroso o en lo bellamente incorrecto, capaz. Vos titulaste así una nota que me hiciste y me encantó ese título. Tiene que ver con eso. No es nada nuevo, no descubrimos la pólvora.

Fernanda García Lao: Yo creo que la literatura no existe sin la anomalía, sin el accidente.

Me estás tirando todos subrayados.

Fernanda García Lao: ¡Pienso subrayado! [risas]. Drama es acción, eso es lo que significa la palabra. Por tanto, si no hay un accidente no hay avance, la trama se paraliza. Pero sale natural. Si uno es consciente de su humanidad, de su pequeñez y de su propia oscuridad, cuando escribís, ¿por qué no va a estar? Yo tengo una vida onírica bastante agitada, entonces también me resulta sencillo adueñarme de eso que aparece y resignificarlo. Hay algunos sueños que directamente pasaron a la página porque vinieron como construidos, sueño con nudo y desenlace, no sé por qué. Cuando me levanto le cuento los sueños a mi pareja o a mi hija para que no se me olvide aquello que venía tan bien armado. Y siempre hay una situación de anomalía que yo naturalizo. Yo me arriesgo porque sé que no me va a pasar nada. No sé por qué tengo la sensación de que hay que probar, que no probar es un fracaso.

Venís de una familia que tuvo que irse a vivir a España, volver, y la vida siguió corriendo. Por ahí lo tomás desde ahí.

Fernanda García Lao: Sí, puede ser. Yo pensaba que mi biografía y yo no teníamos nada que ver [se ríe]. Pensé que yo escribía de otras cosas.

Juan José Burzi: Aclaremos algo: me parece que igual lo disfrazamos y capaz que vos o yo podemos ver lo que hay de nosotros en el cuento, pero quien lo lee no.

Fernanda García Lao: Tal cual, la protagonista de Muerta de hambre es una gorda que pesa 120 kilos, pero la escribí en primera persona y hay un montón de cosas mías. Esa rebeldía… Soy anarquista, y bueno. No puedo escribir un personaje tranquilo, de su casa, con conflictos domésticos. No me sale. Uno está ya poblado por determinado material visto, sentido, soñado, olfateado, leído, escuchado, rockeado…

Juan José Burzi: Sí, yo me reconozco en todos los cuentos, en algunos momentos particulares o en algunos personajes, y en general sé de dónde vienen. Capaz los identifico después de escribirlos, cuando los corrijo, a veces mientras escribo. Pero me parece que el que lee no se da cuenta de eso. Además hay toda una capa, el que piensa que con mi pareja me voy cortando y mutilando de a poquito por lo que leyó en un cuento, no, la verdad que no. El que piensa que soy cruel por lo que escribo, siempre digo: no mato una hormiga. Sin embargo los personajes hacen cosas terribles y dentro de esas tramas reconozco cosas mías. Pasa que yo reconozco en dónde estoy, el que me lee no, y lo más lineal es leer un cuento y tomarlo todo como parte del autor.

Fernanda García Lao: También tiene que ver con el disfrute de lo literario. Si voy a leer una crónica quiero que se asemeje lo más objetivamente al hecho acontecido, vivido. Pero si me voy a sentar a escribir literatura, quiero ser sorprendida por otros mundos que no sean tan chatos. Además cuando uno trabaja con esas enfermedades que inventa se cura. Hay que ser muy optimista para escribir algo noir. Yo tenía amigos muy punkies en Madrid que eran muy ingenuos. En la vida soy muy alegre, pero tengo una predisposición hacia lo perverso, como objeto de estudio, te diría. ¿Cuál es el objeto de estudio del escritor?

Juan José Burzi: ¿Es una pregunta?

Fernanda García Lao: Sí.

Juan José Burzi: No sé, supuestamente el ser humano. No, no creo. La propia locura de uno. Yo creo que pasa por ahí: la propia obsesión y las propias locuras. Volviendo a que pienso los libros como si a futuro fueran uno, desmenuzando no hay más que dos o tres temas. Si publico cinco libros más, capaz que no tengo muchos temas más que esos dos o tres que se pueden llegar a descubrir. De hecho casi lo afirmaría.

Fernanda García Lao: Si tuviera que encontrar el común denominador en lo que hago, está la pregunta sobre el cuerpo, por ejemplo. Cómo el cuerpo articula discurso. Y siempre son personajes no integrados, como si la sociedad fuera por un lado y el personaje estuviera un poco al margen. Yo me reconozco en este sentido por haber sido trasplantada de Mendoza a Madrid, de Madrid a Mendoza, de Mendoza a Buenos Aires, de Buenos Aires a Madrid, de Madrid a Buenos Aires. Eso te da ese no lugar que yo reconstruyo literariamente con distintas excusas y con distintos paisajes y protagonistas.

Juan José Burzi: Es raro lo que decís porque me pasa lo mismo con mis personajes y yo toda la vida viví en Lanús. Viví unos añitos a unos kilómetros, pero nada más, y mis personajes igual son solitarios y están apartados. Quizás por la obsesión, o por lo que los hacemos ser y hacer a estos personajes, tampoco se pueden integrar mucho socialmente.

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