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Demetrio juntaba su semen en vasos de vidrio. Era una actividad ociosa. A pesar del contenido filosófico. Le gustaba imaginar los millones de Demetrios que albergarían aquellos úteros fríos.
Después de llenar los cuerpos de vidrio, acomodaba en el alfeizar a su frustrada descendencia. El sol resplandecía y reflejaba su multiplicidad. Los hijos se secaban y formaban una costra. Al cabo de dos días, los enjuagaba. Seguro de ser irrepetible.
viernes, agosto 26, 2011
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