Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

lunes, agosto 03, 2009

La perfecta otra cosa

Con serios conflictos existenciales abandoné la ciudad. El mundo se iba decolorando por minutos. Los valles se desmayaban de aburrimiento y la tierra se devoraba a sí misma en una gigantesca deglución transparente.
Me dejé caer en el suelo. Todo a mi alrededor estaba cambiando. El sol se había resbalado delante de mí y escupía rayos de fiebre. Sentía crecer la hierba debajo de mi cuerpo y era terrible compartir esa aceleración de la naturaleza. Un municipio corría dando enormes zancadas mientras reía sumido en su descubrimiento. Un grupito de hormigas se deslizaba erótica por las ramas, pretendiendo ser mantis devoradoras. Nada se mantenía indiferente a esta crisis de conducta. Yo misma estaba riendo, desconociendo absolutamente el por qué. Las aves se desvanecían y sus picos seguían volando amenazantes y descontrolados.
Todos nos adentramos en esa esquizofrenia generosa sin querer ser nada más que un placer sin vencidos. Las horas pasaban metálicas y todos queríamos tocarlas y hacer proyectos, pero las muy zorras se diluían en minutos y en segundos y cada vez más inasibles y más muertas, hasta que desaparecían por completo.

Fragmento