viernes, marzo 28, 2008

Amazonas del arte


Hasta el 27 de abril, se realiza en Madrid –y se puede visitar en Internet– una exposición retrospectiva que recupera del olvido a 41 artistas que por diferentes motivos no ocuparon el lugar que merecían en la Historia del Arte Moderno.


Por Fernanda García Lao
Si bien algunas de estas artistas gozaron de prestigio en su época –Chana Orloff, Grete Jurguens, Louise Breslau o Suzanne Valadon– con el transcurso del tiempo sus nombres fueron omitidos de los manuales de arte. El nazismo y la estigmatización con la que sometió tanto a hombres como a mujeres con el rótulo de artistas degenerados, la misoginia de sus pares, la falta de marchand, galerías o críticas, la autorretirada, las dos guerras, los exilios o la locura, son algunos de los motivos que ayudaron a desconocer las obras de estas creadoras de vanguardia.
Según los organizadores: “Las protagonistas de Amazonas del arte nuevo pertenecen a las primeras generaciones de mujeres artistas que, salvo algunas excepciones, se mantuvieron en primer plano dentro del mundo del arte”.
Sin embargo, la gran mayoría son desconocidas, y en su momento sufrieron todo tipo de trabas para mostrar y vender su trabajo. Es más, ni siquiera eran aceptadas en las escuelas de Bellas Artes. Los movimientos de vanguardia necesitaban mujeres musas o amantes, no artistas independientes.
Siguiendo la línea optimista, el curador afirma que ellas “convivieron, se mezclaron, expusieron junto a los hoy identificados como los grandes creadores, masculinos de su época; formaron parte activa de las corrientes artísticas y aportaron puntos de vista que las convirtieron en referentes obligados en la historia del arte moderno”.
La muestra presenta a estas creadoras, verdaderas heroínas del olvido masivo, en grupo. Y el público asistente escucha y observa por primera vez los nombres y las obras de Käthe Kollwitz, Marianne von Werefkin, Francisca Clausen, Mela Muter, Florence Henri, Valentine de Saint-Point, Marie Toyen, María Nocz Borowiak, Marthe Donas o Meraud Guevara, entre otros más familiares como Goncharova, Tamara de Lempicka, Dora Maar, Frida Kahlo, Lee Miller, Claude Cahun, Maruja Mallo o Leonora Carrington.
Un mar de nombres, dos o tres obras por cabeza y un abordaje convencional desde lo teórico o bibliográfico, resultan insuficientes para entender la magnitud del “despiste” de historiadores y galeristas que durante un siglo negaron la presencia de estas artistas. Un proyecto ambicioso, que por su magnitud hace imposible conocer en profundidad a cada una de ellas. Sin embargo, ante la falta de exposiciones individuales, bienvenida sea la colectiva.
Para leer el resto de la nota, acá:
Para ver la exposición, acá:

lunes, marzo 24, 2008

jueves, marzo 20, 2008

Thomas Bernhard

Dibujo sobre hoja FGL

"actividad artística: pura imaginación marginal: sin embargo escriben muchos, componen muchos, pintan muchos, hay muchos excéntricos: estupidez de barraca de feria,

sencillo, simple: no vales nada: complicado: no eres poeta"

jueves laico




Imagen FGL

lunes, marzo 17, 2008

angustia oral

¿Está de moda el exceso de hambre?

"Abundan aquellas partes de mi pensamiento que comen a las más estúpidas, confiadas en su imprevisibilidad, en su genio. Me lleno de pequeñas ideas sin peligro que repito hasta el hartazgo. Olvido misterios y sutilezas y me sumerjo en el fango cotidiano de no pensar nada nuevo. Me hago profesional en eso. Puedo llenar páginas con estas cosas sin inmutarme. Hay batallas que se pierden todos los días. Virulentas guerras gástricas, intestinales. Amenazas biliares, tironeos púbicos, chantajes estomacales. Animo a las fuerzas de mi idiotez a seguir adelante. Las alimento y las obligo a adaptarse. Me hago común y lo perfecciono. Mis esfuerzos hacen brotar naderías grandes como melones jugosos."
Muerta de hambre.

(texto y dibujo: FGL)

viernes, marzo 14, 2008

niños terribles





Heather Nevay was born in Glasgow, Scotland on 13th January 1965. She studied at Glasgow School of Art and graduated with BA Hons., Art and Design (Printed Textiles) in 1988.
Heather exhibits regularly at the Compass Gallery and Cyril Gerber Fine Art, Glasgow, and the Portal Gallery, London.


Heather has also exhibited many times in important mixed shows at The Royal Scottish Academy, The Society of Scottish Artists, The Royal Glasgow Institute, and at the London and Glasgow Art Fairs.





















Heather uses symbolism to express ideas of heroism, weakness, fear and the shifting balance of human relationships. Her paintings are mostly figurative with colour being an important element of her work.









http://www.nevayburke.freeserve.co.uk/hnevay4.htm

Alejandro Zambra y Lispector


“Digo lo que tengo que decir, sin literatura”, escribe Clarice Lispector en “La relación de la cosa”, un cuento bello y muy extraño destinado a investigar el “infernal alma tranquila” de un reloj despertador.
No conozco una mejor definición del acto de escribir, al menos no una más precisa, pues realza un hecho, para mí, esencial: que para hacer literatura es necesario no hacer literatura.Los libros dicen que no a la literatura. Algunos. Otros, la mayoría, dicen que sí –al mercado, al espíritu santo, a los gobiernos, o a la plácida idea de una generación, o a la aún más plácida idea de una tradición. Yo prefiero los libros que dicen que no. A veces, incluso, prefiero los libros que no saben lo que dicen. Por eso es tan difícil, tan incómodo firmar manifiestos o, para no ir tan lejos, escribir una ponencia que, en veinte minutos, concentre, como decía la invitación, “su poética narrativa, su particular manera de concebir la relación de la escritura con lo real, las razones de su escritura, su relación con la tradición literaria (narrativa o no) de su país de origen y asimismo su relación con la tradición literaria en lengua castellana u otras tradiciones en lenguas distintas”. Al pensar en los libros que he publicado –y en los que he escrito y no he publicado, y en los que no he terminado de escribir y, sobre todo, en los que he querido escribir y ni siquiera empecé–, lo primero que pienso es que la literatura que disfruto es muy distinta y hasta a veces antagónica de la que hago. Me costaría un mundo buscar afinidades reales con un estilo o tendencia, nacionales o no, en especial porque preferiría no tener un estilo y no adherir a tendencia alguna. No sabría ser consecuente. No sabría ordenarme bajo una preceptiva o causa común. Y sería innecesario, de seguro. A mí me gusta leer. Puede parecer raro decir esto, pero ya no estoy tan seguro de que a los escritores les guste leer.

El texto completo de Alejandro, acá:
Imagen: Clarice Lispector

mundanal

Dibujo sobre papel FGL









"El nacimiento fue su muerte"
Samuel Beckett

viernes, marzo 07, 2008

8 días menos


Las12
Viernes, 07 de Marzo de 2008
rescates

Cuando se cumplían 15 años de la publicación de La vuelta al mundo en 80 días, la novela de Julio Verne, una chica audaz decidió desafiar a la ficción misma acortando el tiempo del mismo recorrido para después escribir la crónica. Su editor le dijo que estaba loca y que, al menos, debería ser un hombre para intentarlo. ¿Final de esta historia? Un libro que inscribió a Nellie Bly en la historia.


Por Fernanda García Lao
Pionera del periodismo de investigación, aventurera e irreverente, Nellie Bly fue una reportera arriesgada que se animó a infiltrarse en una institución psiquiátrica, recorrer el mundo contrarreloj o cubrir la Primera Guerra Mundial, cuando el mundo de la comunicación dependía exclusivamente del telégrafo.
Tirada en la cama un domingo, Nellie se preguntaba qué nuevo reto presentar al editor del New York World al día siguiente. Un cansancio interminable le dictaba al oído algo muy concreto: necesitaba vacaciones.
Ese agotamiento fue el disparador de Alrededor del mundo en 72 días, la crónica que haría a Nellie Bly célebre internacionalmente. Era el año 1888. Ese lunes, su editor escuchó atónito la propuesta. Dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días y quebrar el record de Phileas Fogg, el personaje de ficción creado por Julio Verne, paradigma del viajero del XIX: británico, excéntrico, millonario y, por sobre todas las cosas, hombre. Ella, una joven periodista de carne y hueso, retaba a duelo al universo masculino y sobre todo, a la ficción.
Su editor fue contundente: “Es imposible. Necesitarías un protector y aunque pudieras viajar sola, tendrías que cargar mucho equipaje. Sólo un hombre puede hacerlo”. Ella dobló la apuesta: “Muy bien. El mismo día que salga tu hombre, lo haré yo para otro periódico y le ganaré”.
Finalmente, consiguió el aval de Pulitzer y el 14 de noviembre de 1889 comenzó su viaje de 21.740 millas desde Nueva York, en el “Augusta Victoria”, rumbo a Londres. Se había hecho confeccionar un vestido sencillo de paño azul y un abrigo de cuadros. Sólo llevaba un bolsito de mano. Y un anotador.

La huérfana solitaria
La vuelta al mundo no era el primer desafío que debía sortear Nellie Bly, seudónimo detrás del cual se ocultaba Elizabeth Cochran (Pink, para los amigos). Aparecida en este mundo en un pueblito de Pennsylvania, el 5 de mayo de 1864, era hija de un magistrado y vivió cómodamente hasta los seis años, cuando murió su padre sin haber hecho testamento. Descubrió entonces las limitaciones que sobre la herencia tenían las mujeres del siglo XIX. Después de enterrar al progenitor y a su pasado en el mismo hoyo, sus bienes fueron subastados y se mudó con su familia a una humilde casita. El siguiente obstáculo en su vida fue el segundo esposo de su madre, un borrachín maltratador, del que consiguieron escapar mudándose a Pittsburg.
Nellie, que aún no es Nellie, escribe cuentos por la noche y busca trabajo en la mañana. Precisamente leyendo los clasificados, descubre una columna que la revela por sus observaciones misóginas. Pink firma como “Huérfana solitaria” una furiosa misiva al Pittsburg Dispatch. El editor, profundamente sorprendido, convoca mediante un aviso a la misteriosa autora. Al día siguiente, apareció una jovencita menuda en las oficinas de Madden. Al verla, le propone una columna donde sitúe con exactitud la nueva “esfera de las mujeres”. Pink escribe un encendido artículo sobre los derechos femeninos y las injusticias que se cometían con las jóvenes solteras que no tenían talento, belleza o dinero, para “salvarse” con el matrimonio. Su estilo eficaz y vibrante consiguió desarmar al editor que le ofreció empleo. El título de su nota era algo desconcertante: La chica puzzle.
Como no estaba bien visto que una mujer firmara sus opiniones y su seudónimo de “huérfana solitaria” era demasiado poético, el editor le sugirió un cambio. Una canción muy popular de la época tenía un estribillo que hacía juego con el carácter de la nueva reportera: “Nellie Bly tiene un corazón, que hace al fuego crepitar”. Así la bautizaron en la redacción. Había nacido un mito.

El resto de la nota, acá:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3953-2008-03-07.html

domingo, marzo 02, 2008

Molineros del Borda


"En el hospital neuropsiquiátrico José T. Borda, funciona un programa de alta, donde algunos pacientes trabajan el tema de su externación. Se hacen distintas actividades y una de ellas es la de los 'Molineros del Borda'. Aquí fabrican papel artesanal con el cual hacen tarjetas de casamiento, de cumpleaños, personales, diplomas y varias cosas más. Tienen muy buena calidad de papel y buenos precios.

La propuesta es que hagamos entre todos una cadena de mail para que este emprendimiento pueda hacerse conocer cada vez más. Ellos necesitan trabajar, y cada producción que hacen y venden es un ingreso y esto, como para cualquier persona, es necesario y gratificante".

Cualquiera que necesite alguna tarjeta puede comunicarse:

sábado, marzo 01, 2008

Minae Mizumura


El amor trágico en clave japonesa
Por Leopoldo Brizuela y Oliverio Coelho
Para LA NACION


La literatura japonesa escrita por mujeres es tan escasa como cree Occidente?

-Quizá les interese saber que, en el Japón premoderno, cualquier tipo de narración era considerado femenino. No porque fueran mujeres quienes escribían las historias, sino porque estaban escritas en la lengua vernácula, en la lengua japonesa. Todos los textos de prestigio -los documentos oficiales, los estudios religiosos, los tratados escolásticos- se escribían en chino. Y se consideraban masculinos. Ninguna mujer escribía en chino, salvo un número extremadamente pequeño de oscuras mujeres poetas. Esta estructura bipolar desapareció en el Japón moderno. Escribir en la lengua vernácula se volvió la norma y escribir novelas en japonés, una actividad prestigiosa. Pero como sucede con toda actividad prestigiosa, las mujeres no fueron bienvenidas ni apreciadas. Muy pocas persistieron y a ninguna se le dio demasiado crédito... Hoy, ese prejuicio patriarcal ya casi no existe, pero tampoco en este sentido hay mucho que festejar. Es el mismo acto de escribir novelas lo que ya no se valora.

La nota completa, acá:

Feria del Libro de Madrid, firmas 2026