Fuera de la jaula

Fuera de la jaula

viernes, marzo 07, 2008

8 días menos


Las12
Viernes, 07 de Marzo de 2008
rescates

Cuando se cumplían 15 años de la publicación de La vuelta al mundo en 80 días, la novela de Julio Verne, una chica audaz decidió desafiar a la ficción misma acortando el tiempo del mismo recorrido para después escribir la crónica. Su editor le dijo que estaba loca y que, al menos, debería ser un hombre para intentarlo. ¿Final de esta historia? Un libro que inscribió a Nellie Bly en la historia.


Por Fernanda García Lao
Pionera del periodismo de investigación, aventurera e irreverente, Nellie Bly fue una reportera arriesgada que se animó a infiltrarse en una institución psiquiátrica, recorrer el mundo contrarreloj o cubrir la Primera Guerra Mundial, cuando el mundo de la comunicación dependía exclusivamente del telégrafo.
Tirada en la cama un domingo, Nellie se preguntaba qué nuevo reto presentar al editor del New York World al día siguiente. Un cansancio interminable le dictaba al oído algo muy concreto: necesitaba vacaciones.
Ese agotamiento fue el disparador de Alrededor del mundo en 72 días, la crónica que haría a Nellie Bly célebre internacionalmente. Era el año 1888. Ese lunes, su editor escuchó atónito la propuesta. Dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días y quebrar el record de Phileas Fogg, el personaje de ficción creado por Julio Verne, paradigma del viajero del XIX: británico, excéntrico, millonario y, por sobre todas las cosas, hombre. Ella, una joven periodista de carne y hueso, retaba a duelo al universo masculino y sobre todo, a la ficción.
Su editor fue contundente: “Es imposible. Necesitarías un protector y aunque pudieras viajar sola, tendrías que cargar mucho equipaje. Sólo un hombre puede hacerlo”. Ella dobló la apuesta: “Muy bien. El mismo día que salga tu hombre, lo haré yo para otro periódico y le ganaré”.
Finalmente, consiguió el aval de Pulitzer y el 14 de noviembre de 1889 comenzó su viaje de 21.740 millas desde Nueva York, en el “Augusta Victoria”, rumbo a Londres. Se había hecho confeccionar un vestido sencillo de paño azul y un abrigo de cuadros. Sólo llevaba un bolsito de mano. Y un anotador.

La huérfana solitaria
La vuelta al mundo no era el primer desafío que debía sortear Nellie Bly, seudónimo detrás del cual se ocultaba Elizabeth Cochran (Pink, para los amigos). Aparecida en este mundo en un pueblito de Pennsylvania, el 5 de mayo de 1864, era hija de un magistrado y vivió cómodamente hasta los seis años, cuando murió su padre sin haber hecho testamento. Descubrió entonces las limitaciones que sobre la herencia tenían las mujeres del siglo XIX. Después de enterrar al progenitor y a su pasado en el mismo hoyo, sus bienes fueron subastados y se mudó con su familia a una humilde casita. El siguiente obstáculo en su vida fue el segundo esposo de su madre, un borrachín maltratador, del que consiguieron escapar mudándose a Pittsburg.
Nellie, que aún no es Nellie, escribe cuentos por la noche y busca trabajo en la mañana. Precisamente leyendo los clasificados, descubre una columna que la revela por sus observaciones misóginas. Pink firma como “Huérfana solitaria” una furiosa misiva al Pittsburg Dispatch. El editor, profundamente sorprendido, convoca mediante un aviso a la misteriosa autora. Al día siguiente, apareció una jovencita menuda en las oficinas de Madden. Al verla, le propone una columna donde sitúe con exactitud la nueva “esfera de las mujeres”. Pink escribe un encendido artículo sobre los derechos femeninos y las injusticias que se cometían con las jóvenes solteras que no tenían talento, belleza o dinero, para “salvarse” con el matrimonio. Su estilo eficaz y vibrante consiguió desarmar al editor que le ofreció empleo. El título de su nota era algo desconcertante: La chica puzzle.
Como no estaba bien visto que una mujer firmara sus opiniones y su seudónimo de “huérfana solitaria” era demasiado poético, el editor le sugirió un cambio. Una canción muy popular de la época tenía un estribillo que hacía juego con el carácter de la nueva reportera: “Nellie Bly tiene un corazón, que hace al fuego crepitar”. Así la bautizaron en la redacción. Había nacido un mito.

El resto de la nota, acá:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3953-2008-03-07.html