domingo, julio 20, 2008

Con las palabras en el estómago



Diario Los Andes
Mendoza
20-07-2008



"Es una de las mejores noticias del mundo de las letras: escritora compulsiva, incorrecta y desafiante. Y algo más: es mendocina".
Mariana Guzzante - mguzzante@losandes.com

"Para su cumpleaños número diez, Fernanda García Lao recibió un regalo inesperado: pasarla en un avión. Fue en ese vuelo (“Mendoza-Madrid, sin escalas”) que la familia García Lao dejó atrás su curiosa casa de la Quinta Sección (“mezcla de estilo español y años ’60”) y esta ciudad donde habían empezado a sentir -allá por el ’76- el garfio de la dictadura. Treinta años después, la chica retiene su marca de exilio (“hablo con la ‘z’ española, ¿oyes?”), pero introduce el recuerdo a la manera mestiza: “Mi vida se podría entender por zancadas: infancia mendocina, adolescencia madrileña, etapa Buenos Aires, idas y venidas pa’ aquí y pa’ allá”. Eso sí, ha sabido convertir en virtud ese “permanente circular” y su desnorte. Lo que hay que saber, de entrada, es que Fernanda es una de las escritoras más fascinantes que hay en el país. ¿Mendocina? Sí, nació acá, pero eso es lo de menos. Trae en su cabeza toda la movida callejera y dark que Madrid desbordó en los ’80, una formación ecléctica que atravesó la danza, la actuación y el periodismo, y una capacidad de autogestión casi kamikaze. “Sí, lo de la autogestión me pegó mal”, ríe, pero me gusta el hecho de escribir, actuar, musicalizar y producir...” Es algo que, en relación con el teatro, le sale de manera natural. De allí que en “La amante de Baudelaire”, esa obra con la que acaba de girar por América Latina, a más de escritora y protagonista, sale a cantar: “Son versiones de los poemas de ‘Las flores del mal’...” dice como si nada. Revisemos el prontuario: dramaturga-novelista-actriz- escritora de columnas semanales donde exhuma a las mujeres olvidadas por la historia; tiene dos hijas y está de novia con un músico de rock. Perfecta combinación: hija de un periodista íntegro y una poeta ibérica, su ADN contiene lo necesario para ser “un peligro”: inteligencia, desborde y pasión. Crear, saber, partir ¿Cómo? “A los 20 volví de España a Mendoza con un peinado a lo The Cure, así que el clima no me sentó muy bien...”, ironiza Fernanda. “Una vez en Buenos Aires, estudié en la escuela de Norman Briski”. ¿Y cómo te fue? “¡De lo mejor!, la experiencia fue corta pero súper intensa; Briski no te permitía la superficialidad porque enseguida, salvajemente, encontraba tu herida... Igual, él me decía que yo no podía actuar porque ya era un personaje construido, que estaba más cerca de una Laurie Anderson que de una actriz”. De modo que, tras experimentar con el monólogo y el mini relato, pegó la vuelta para España, esta vez con una hijita. ¿Por? “Es difícil de resumir: yo veía que la Argentina estaba como al borde de un abismo; me molestaba, quizá, que aquí la gente no se relacionara de igual a igual, que existiera como un karma muy clasista, muy machista, y que se preocuparán tanto por... - busca la frase- travestirse de otros”. Aún así, de aquí partió con cierto efecto: “la introspección desafiante, ¿quién soy?, ¿qué hacer?”, y volvió para convencerse de que, millas más millas menos, era argentina hasta la médula. “Traje toda esa información/desinformación/deformación acerca de lo que había encontrado ya, como persona”.

La nota completá, acá:
Fernanda García Lao: Con las palabras en el estómago

Foto: Juana Ghersa

viernes, julio 18, 2008

desbarajuste entre dientes

relato telefónico


desensillé. le di de comer a los peces. ya sabía cómo iba a ser la noche. estaba confusa. parca. comí. dormimos. nada. me levanté parca. la verdad no sé. no voy a decir nada. estamos cansados. pero no se iba. no, no, dejá. hablemos. llegó el momento. estoy molesta, no sé para dónde. últimamente me siento incómodo con tu entorno, me dijo. qué entorno, si no tengo, dije yo. tus personas. pero si yo no fomento el vínculo. con el dentista me sentí fuera de lugar. pero nadie te obligó. no querías abrir la boca. a vos te digitan de afuera. a mí no. estamos en crisis. me agarró la brecha. qué brecha. la edad, límites, asumirse y el tratamiento de conducto. ah.


Imagen: Joel-Peter Witkin

martes, julio 15, 2008

Libro de voyeur



Pablo Gallo es un artista plástico español. Está por editar un libro/objeto erótico y he colaborado con un minirelato. Muchos escritores latinoamericanos y españoles hicieron lo propio. Y nos dibujó a todos con enfoque circular y trazo fino.

Entre los argentinos, Gus Nielsen, Andrés Neuman y yo.
A mí, me hizo así (con mi corte de antes).

El resto, acá

sábado, julio 12, 2008

No pasarán


LAS12
Página12
11 de julio de 2008
Cuenta la leyenda que hace más de mil años una mujer usurpó la silla sagrada de Roma convirtiéndose en papisa. Y que terminó apedreada, empalizada o arrastrada por su caballo. Las versiones se multiplican (aunque todas terminan mal). Y como en las religiones nada es casual y cada parábola tiene su moraleja, valga la desventura de una para mantener a las demás alejadas del Vaticano. Sí, se coló una, pero que no vuelva a repetirse.

Por Fernanda García Lao
Para la Iglesia Católica, las mujeres tenemos dos opciones. Ser vírgenes o pecadoras. Desde el principio ha sido así y parece imposible modificar el estereotipo. Se pueden elegir entonces dos modelitos básicos: castidad, pureza y mutismo a la manera de la Virgen María, o desobediencia y provocación de Eva con manzana en la boca y diablo entre las piernas, al tono.
Si arrancamos tirando el paraíso por la borda, muy difícilmente seamos aceptadas para dirigir un rebaño. Ni siquiera postularíamos para oveja. Y si aceptamos la castidad, menos. Hay que permanecer en silencio. Así que pura o depravada es igual, las limitaciones son claras: se niega absolutamente la participación activa de las mujeres en las élites de poder eclesiástico. Y fundamentalmente, se prohíbe abrir la boca. Sin voz propia, la interpretación de la palabra divina es un imposible.
El Nuevo Testamento nos alecciona así:
“...pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore” (1ª Cor. 14:33-40).
“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1ª Timoteo 2:11-12).
Pero tranquilas, no solamente nos cierran las puertas del Vaticano. La Iglesia Anglicana enfrenta en este momento una amenaza de ruptura, encabezada por 500 sacerdotes, que abandonarían la comunidad si prospera la propuesta de ordenar mujeres obispos en el sínodo general previsto para este mes de julio. Unas 15 provincias episcopales votaron a favor del nombramiento de mujeres obispos incluyendo Australia, Brasil, Canadá, América Central, México, Filipinas, Sudáfrica y Estados Unidos, pero el ala conservadora provocaría un cisma antes que aceptar semejante posibilidad.

La historia de Juana

Las versiones acerca de la existencia de la papisa la sitúan a mediados del 800 después de Cristo y fueron publicadas en el siglo XIII por varios historiadores de la época. Su existencia fue aceptada por la Iglesia Católica hasta el siglo XVI, momento en el que decidieron negar el asunto. A partir de entonces llegaron a decir que la fantasía habría surgido como una burla al papa Juan VIII, de mano blanda y carácter ambiguo, al que sus detractores llamaban Papisa Juana. El papa Juan VIII murió en 882, en circunstancias extrañas. Algunos apuntan que fue envenenado y que tardaba tanto en morir que fue rematado a martillazos. Otros aseguran que la mujer era Benedicto III. Sin embargo, en varias representaciones medievales de la papisa Juana, aparece con el nombre de Juan VII. Su imagen se encuentra en multitud de grabados y tablas medievales, o en crónicas de la época, como “Crónica Universal de Metz”, escrita alrededor de 1250 y en ediciones subsecuentes de la “Mirabilia Urbis Romae” del siglo XII.
Juana, Agnes, Gilberta o Margarita, era hija de un clérigo y desde muy chica fue instruida por su padre en las artes liberales: gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música, además de estudiar latín y otras lenguas modernas.
Como Juana deseaba continuar sus estudios fuera de la casa paterna, la única opción posible era la carrera eclesiástica, absolutamente vedada para las mujeres. Por lo que decidió modificar su aspecto con un hábito de fraile y adoptar un nombre masculino. Como Johannes Anglicus –Juan el Inglés– consiguió un trabajo de copista. Más tarde, viajó por distintos monasterios de Europa y se relacionó con las figuras más influyentes del momento, sorprendiendo a todos con su carisma y erudición. Después de codearse con la emperatriz Teodora de Constantinopla, pasó por la corte alemana y llegó por fin a Roma.
Según algunos cronistas, en Roma fue admitida como profesor de la Schola Graecorum, antiguo colegio de diáconos, donde enseñó y obtuvo el título de Príncipe de los sabios. Gracias a sus brillantes disertaciones, la nobleza, los cardenales y los sacerdotes admiradores de su palabra la postularon como sucesora de León IV, del que había sido secretario de asuntos internacionales. Fue consagrada en San Pedro en el año 855 por unanimidad.
Los problemas para Juana habrían comenzado en el segundo año de su papado.

Visita inoportuna
Nadie había notado sus facciones femeninas, ni su inmaculada palidez, lo único destacable era su tamaño. El Papa crecía como el Nilo. Pero es sabido que los altos cargos provocan ensanchamiento de estómago y apetito sin freno. Sin embargo, Juana no había engordado. Estaba embarazada, uno de sus asistentes era el padre de la criatura y la criatura no tuvo mejor idea que nacer en una procesión de rogaciones desde San Pedro a Letrán, en el camino que va del Coliseo a San Clemente.
Imagine usted al cortejo solemne interrumpido por la caída intempestiva del líquido amniótico, los dolores de parto y los berridos del recién llegado. El espanto se dibujó en las sotanas, las palabras sacrilegio y demonio llenaron las bocas beatas y aquello pasó de procesión a vía crucis, en menos que canta un gallo. Las versiones hablan de turbas enfurecidas, piedras, caballos desbocados con la papisa a la rastra, muerte instantánea, prisión, convento y otras formas de castigo non sanctas. Según Martín de Troppau, quien fuera capellán penitenciario en Roma hasta 1278, tras el parto Juana fue destituida e hizo penitencia hasta el último de sus días. Su hijo sobrevivió y llegó a ser obispo de Ostia, donde fue enterrada la rebelde.
Otros aseguran que en el lugar del nacimiento fue enterrada junto a su hijo, oportunamente ahogado por los sacerdotes, y que sobre su tumba erigieron más tarde una capillita con estatua de mármol alusiva, donde aparecía la papisa con hábitos sacerdotales y bebé en brazos. Benedicto III habría ordenado destruir la construcción, aunque las ruinas se conservaron hasta el siglo XV.
El caso es que a partir de entonces las procesiones papales esquivaban el camino donde se había producido el hecho. Tal vez para evitar nuevos alumbramientos o quizá para negar el insólito suceso.

Del Vaticano al tarot
La figura de Juana era conversación recurrente a la salida de la iglesia medieval. Su existencia no era puesta en duda, aunque se multiplicaran principios y finales para ella o su descendencia. Si bien la historia está llena de interrogantes, no es fácil desmentir la existencia de la papisa. Una cantidad nada despreciable de documentos –alrededor de 500– dan cuenta de su papado. Autores como Petrarca o Boccaccio la mencionan en sus escritos, documentos del siglo XV hablan de la estatua de “La mujer papa con su hijo en brazos”.
El monje benedictino Marianus Scotus (1028-86), en algunos de sus manuscritos de su Historiographia escribe sobre lo acontecido en el año 854: “El Papa León murió en las Calendas de agosto. Fue reemplazado por Juana, una mujer, que reinó por dos años, cinco meses, y cuatro días”.
Gotfrid de Viterbo, secretario de la Corte Imperial, en su obra el Pantheon, de 1185, señala que “después del papa León IV, Juana, el papa femenino, reinó durante dos años”.
A partir de la reforma católica en el XVI, la Iglesia comienza a negar progresivamente a Juana, mientras los protestantes aseguran su existencia. Algunos autores han llegado a decir que fue un invento luterano para desprestigiar a la Iglesia romana. También se comentaba que estando camino a San Pedro, Lutero se encontró frente a una estatua ubicada en una de las vías, en la que aparecía una mujer con el cetro y la mitra papal, sosteniendo a un niño. “Estoy sorprendido –habría declarado– de cómo los papas permiten que la estatua permanezca allí.” Cuarenta años más tarde, la estatua había desaparecido.
Hay quien afirma que la aventura femenina fue la causante de esa fea costumbre vigente hasta el siglo XVI de palpar las partes pudendas de los aspirantes a papa antes de ser consagrados. Sin embargo, otros sostienen que la silla en cuestión era para desalentar a eunucos. En una ceremonia conocida como de “inspección”, el candidato a Papa ocupaba la Sella Stercoraria y un diácono sopesaba genitales, verificaba que estaba todo en su lugar y declaraba por fin: “Habet!”, mientras la concurrencia daba gracias al Señor.
En fin, algunos negaban y otros afirmaban su existencia, pero el acervo popular la inmortalizó en forma de naipe. Efectivamente, el tarot de Marsella, nacido en la Edad Media, concedió a la Papesse la carta número dos de los Arcanos mayores. El naipe que representa la sabiduría femenina. Aunque años más tarde su figura fuera rebautizada, oportunamente, como la Sacerdotisa.

Esclarecimiento papal
Por si alguna despistada no hubiera comprendido que las mujeres están excluidas de las jerarquías de gobierno y de las estructuras del poder católico, y frente a reclamos femeninos de igualdad en los estamentos religiosos, Juan Pablo II emitió el siguiente comunicado, antes de abandonarnos:
“...con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.
Carta Apostólica. Ordinatio sacerdotalis del papa Juan Pablo II, sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres.
No sorprende que frente a este panorama se niegue la existencia de Juana. Tal vez fue sólo una violenta alegoría para demostrar lo que podía esperar una mujer si se atrevía a ocupar el sillón de San Pedro.
Lo que sí sorprende es cómo han resistido hasta nuestros días algunas estructuras tan explícitamente misóginas.


link al diario:
La papisa Juana y el eterno rechazo cristiano a las mujeres

viernes, julio 04, 2008

Muerta de hambre, fragmento






Cerca del plato


”Yo no era nada, por lo tanto,
podía permitírmelo todo”
Witold Gombrowicz



1.
He sido gruesa y desgraciada desde que tengo memoria. En mis sueños, sin embargo, llevaba cascabeles o meaba en un frasco, alocadamente.
Me recuerdo corriendo por las praderas inmaculadas de mi infancia siendo infeliz y transpirando. Tenía secretos escondidos detrás del sillón. Cosas inservibles pero frescas. Tijeras y cucharitas de postre. Las pasaba por mi cara siempre acalorada por la furia de ser y pensar como una gorda de treinta y nueve años.
Mis padres se escabullían en fiestas y en viñedos y yo fumaba los restos que dejaba la empleada, en el cenicero de servicio.
El hecho de no tener hermanos me dio la libertad de ser desgraciada sin testigos. Pero observaba con rencor a la familia numerosa que vivía enfrente. Allí ninguno era imprescindible. Si faltaba algún miembro, nadie lo echaba en falta.
En mi caso la presencia era un factor determinante. Mis padres pasaban revista a mis orejas cada mañana.
Los días de mi niñez eran una sucesión de momentos interminables y sin cierre. Todo se alargaba más de lo normal. La noche se recostaba sobre la mañana y juntas caían sobre la tarde sin definir claramente sus límites.
En mi casa había habitaciones donde era de día y otras donde la luna brillaba sobre los mármoles. También los climas eran simultáneos. Mi madre prefería el balcón de invierno y mi padre, la calidez de los cuartos de baño. Yo gozaba de la indefinición templada del salón de juegos.
Después de tomar el jugo de naranjas recién exprimidas, probaba las mermeladas sobre diversos tipos de panes crudos o tostados. Dedicaba horas a la deglución matinal. Un vecino me pasaba a buscar y me trasladaba hasta el colegio. Es un dato importante porque siempre fui a colegios lejanos. Recorríamos media provincia y afortunadamente esperaban mi presencia para comenzar las clases. El vecino era un taxista sin papeles, que siempre lavaba el auto.
Recuerdo mi cuerpo deformado, peleando su libertad contra la tela cuadriculada. Sentía las miradas de desprecio en cuanto descendía del automóvil. Mis compañeros eran altos y rubicundos. Todos con los dientes perfectos y con olor a crema de enjuague.
Sin embargo esas magníficas piezas debían esperar a que la gorda inaugurara la jornada escolar. Siempre tuvimos contactos en el ministerio.
Yo destacaba en gimnasia a pesar de mi tamaño. Era muy resistente. Corredora de fondo. Siempre quedaba segunda porque el primer puesto era rotativo, pero yo no.
Nunca pude saltar el potro por un tema psicológico. Así que cuando se armaba la fila, me iba al baño.
Fui una alumna mediocre. Mis cálculos eran aproximados. “No vas a necesitar de las matemáticas”, era la frase que repetía la inútil de turno, bajo el delantal blanco.


2.
Tengo la boca llena de hambre. Sin embargo mi cuerpo está demasiado pesado para seguir engullendo. He aumentado varios kilos en los últimos días. No soporto lo nítido de la existencia: mis rollos se confunden con el sillón donde estoy encajada.
La señora que me ayudaba se fue hace miles de postres. Ahora pido todo por teléfono. Creo que soy el primer caso, en esta ciudad de esqueletos vengativos, que se ha fijado un objetivo tan grasiento. Quiero estallar.
Mi cuerpo es mi discurso. Espero que alguien me entienda.


3.
La primera vez que vino la hija del taxista a jugar a mi jardín dijo: ¡Una plaza! Y no volvió a dirigirme la palabra. Estuvo tres horas tirándose por el tobogán y hamacándose con rabia. Ese era mi problema. Demasiado rica para la clase media, demasiado gorda para la clase alta. Pensé en crear un club y puse anuncios que diseñó mi profesor particular que era arquitecto y lampiño. Pero nadie respondió a la convocatoria. Era la única en mi situación. Inmensa en todos los sentidos. Igual me hice presidenta y socia honoraria. El profesor también diseñó mi carné de socia que hasta tenía banda magnética y código de barras. Lloré mucho el día en que se juntaba la comisión directiva. Recién en ese momento me di cuenta de que estaba sola. Quemé el carné, la gorra, los banderines y el póster, junto a los montículos de hojas secas que dejó el jardinero.


4.
Como mi padre trabajaba constantemente, mi madre no lo necesitaba. Faltó a mi nacimiento y creo que tampoco estuvo en mi concepción. Él tenía los ojos verdes, la piel lechosa y los pies planos. Yo sin embargo me parezco al jardinero. Soy oscura.
Mi madre cantaba en el coro de la iglesia y se hacia brushing. Pesaba la mitad que yo. Nadie podía explicarse cómo había logrado parirme. Jamás nos acariciamos ni me dijo nada bueno. Por otra parte en mi casa nunca se personalizó ninguna conversación. Se usaba la elipsis, la sinécdoque o el silencio.
Cuando cumplí siete años me sorprendieron con un triciclo con música que me trajo mi padre de Estados Unidos. Era un aparato inmenso y llamativo que además tenía luces y cable, lo que me obligaba al mismo recorrido inútil para no desenchufarme. Los chicos del barrio se amontonaban en la reja para verme dar vueltas al cantero de magnolias.

miércoles, julio 02, 2008

Nueva narrativa argentina

NUEVA NARRATIVA ARGENTINA. RELATOS DE LOS QUE NO SE LA CREEN.
"QUIENES SON, QUE ESCRIBEN, QUE LOS DIFERENCIA DE LAS GENERACIONES ANTERIORES"
NACIERON EN LA DECADA DEL 70. LA MAYORIA TIENE VARIOS LIBROS PUBLICADOS. EN LOS ULTIMOS DOS AñOS, SE EDITARON TRES ANTOLOGIAS DE RELATOS QUE OFRECEN UN MAPA DE LA NUEVA LITERATURA ARGENTINA.
Los que nacieron alrededor de los 70 en la Argentina tienen para contar cosas demasiado diferentes de las que, por ejemplo, podemos contar quienes fuimos adolescentes o jóvenes cuando ellos nacían. ?Las escuchamos? ?Nos interesan?
...
Recorriendo novelas y cuentos. Aunque estén incompletos, aunque falten nombres, aunque muchas de estas series se entrecrucen y no haya espacio para desarrollarlas, tracemos recorridos en la NNA: Infancia e iniciación, narradas pocas veces desde el realismo “puro”, casi siempre desde uno agujereado por el exceso expresionista: Pablo Ramos, Selva Almada, Paula Varsavsky, Fabian Casas, Juan Incardona, Ariel Bermani. Textos relacionados lejanamente con el “realismo social”, ahora despojado de dramatismo y urgencia, hasta tenido de humor (Marcos Herrera, Bermani, Fabian Casas, Alejandro Parisi, Ramos), o de absurdo, o siniestro, o casi de fantastico (Alejandra Zina, Mariana Enriquez, Beatriz Vignoli, Luis Sagasti, Claudia Feld). Irrupciones del fantastico donde, a diferencia de Borges o Cortazar, no se busca ni un centro del mandala ni un saber (Gustavo Nielsen, Samanta Schweblin, Fernanda Garcia Curten, Alejandro Lopez). Minimalismo para narrar (segun autodefinicion de Felix Bruzzone) una “juventud sin prioridades”: Eduardo Muslip, Federico Falco, Romina Doval, Ignacio Molina, Claudio Zeiger (en ellos funciona, pero se esta volviendo receta). Pasado en el presente: el traumatico 1976 como fantasma, generaciones con la conciencia atormentada por el peso de muertos que no conocieron y por la complicidad nunca asumida de los vivos (Bruzzone, Ignacio Apolo, Mariano Dupont, Alejandra Laurencich, Patricia Suarez, Martin Kohan, Carlos Gamerro, Patricia Ratto, Mariano Pensotti, Guillermo Martinez). Visita cuidadosa a generos masivos: ciencia-ficcion (Alejandro Alonso), policial clasico (Guillermo Martinez, cuentos de Eloisa Suarez), policial negro expresionista (Gamerro, Vignoli, Pablo Toledo). El viaje, reformulado respecto de la antigua y brillante serie que trazara David Vinas (Gabriel Vommaro, Suarez, Jose Maria Brindisi, Carlos Schilling, Patricio Pron, Maximiliano Matayoshi). La pregunta por vivir y escribir en las fronteras, en las obras de dos orillas de Ana Kazumi Stahl y Andres Neuman. La frustracion politica argentina: Miguel Vitagliano, Florencia Abbate, Gamerro y Pedro Mairal (en cruce con ciencia-ficcion). Los excesos del cuerpo, como si a falta de certezas fueran lo unico confiable (Fernanda Garcia Lao, Garcia Curten, Gabriela Liffschitz, Andrea Rabih, Viviana Lysyj, Lopez, Gamerro). Fascinacion critica ante los medios masivos (Juan Terranova, Ingrid Proietto, Bettina Keizman, Mairal, Vignoli). Claro que muchos recorridos se entrecruzan y hay otros posibles, ?y mas nombres! Ademas, en las cuatro antologias de cuentos (centradas en los mas jovenes) hay obsesiones: el exilio economico y el futuro clausurado en La joven guardia; la perversion y lo bizarro en Una terraza propia; cercanias entre el sexo y el consumo mercantil, preguntas por los limites y los riesgos del placer, historias de iniciacion en En celo; fascinacion por los margenes de la ciudad portena, sarcasmo ante sus pretensiones de Primer Mundo y Europa en Buenos Aires escala 1:1. Como pasa con cualquier antologia, las cuatro muestran panoramas con piso y techo, aunque la unica que fija un limite al piso es La joven guardia, y las otras tres son demasiado permisivas. En todas faltan prologos mas profundos, y hubieramos preferido que el gran cuentista Abelardo Castillo, en La joven guardia, leyera los escritores que presenta y no los subestimara con paternalismo (tambien prefeririamos que los nuevos no permitieran ese prologo). Sin embargo, el valor de muchos cuentos (a veces la mayoria) justifica plenamente los cuatro emprendimientos. En En celo y Buenos Aires escala 1:1 sobresalen de modos distintos, junto con otros escritores, los textos de Oliverio Coelho (definitivamente, lo suyo es el cuento corto), Maximiliano Tomas, Nicolas Mavrakis, Leonardo Longhi, Federico Levin, Joaquin Linne, Sebastian Martinez Daniell, Hernan Vanoli, Josefina Licitra, Mariela Ghenadenik, Natalia Moret y Hernan Arias.

Feria del Libro de Madrid, firmas 2026